Enfermedad de Parkinson
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¿De qué hablamos?
La enfermedad de Parkinson (EP) es un proceso crónico, progresivo y neurodegenerativo, que afecta al movimiento. Se debe sobre todo a la pérdida de neuronas dopaminérgicas, no solo en la sustancia nigra, sino también en otras zonas del cerebro y tronco encefálico, que estarían involucradas en la aparición de los síntomas no motores de la enfermedad.
La EP es más frecuente a medida que aumenta la edad. En mayores de 45 años, la prevalencia ronda las 500-600 por 100.000 personas. En mayores de 65 años, la incidencia llega a 108-212 casos por 100.000/año. Aproximadamente un 5% de los casos debuta antes de los 40 años de edad. La enfermedad es más frecuente en hombres, con un riesgo casi el doble que en mujeres, especialmente en edades más tempranas. A escala mundial se observa un incremento continuo de la prevalencia y la incidencia, relacionado con el envejecimiento de la población y con la exposición a diversos factores ambientales (Tanner CM, 2024; SEN 2024; GATM, 2022; Ben-Shlomo Y, 2024).
En su etiología está descrita la combinación de factores genéticos, edad, dieta (Peters M, 2025; Bianchi VE, 2023) y exposiciones ambientales (pesticidas, disolventes, traumatismo craneoencefálico, traumatismos, etc.). Por el contrario, la actividad física, la cafeína, la exposición a estrógenos (etapa fértil de la mujer) y ciertos factores metabólicos se asocian a menor riesgo (Tanner CM, 2024; SEN 2024; GATM, 2022; Grotewold N, 2024). Algunos factores ambientales como pesticidas y traumatismos son más frecuentes en hombres, mientras que otros, como la anemia, afectan más a mujeres. Es decir, que el sexo influye en los factores de riesgo (Patel R, 2023).
| Tabla 1. Factores de riego de EP (Patel R, 2023; Vieira SRL, 2024, Ben-Shlomo Y, 2024, Bianchi VE, 2023; SEN 2024; Tanner CM, 2024; Menozzi E, 2023). | |
| Factor de riesgo | Característica |
| Edad avanzada | Aumento progresivo del riesgo a partir de los 60 años. |
| Sexo masculino | Riesgo aproximadamente doble que en mujeres, especialmente en edades tempranas. |
| Antecedentes familiares / Genética | Aumenta el riesgo 2–3 veces en familiares de primer grado. Variantes en los genes GBA1 y LRRK2 son los factores de riesgo genético más comunes de la EP. En menores de 45 años el más frecuente es PRKN (herencia autosómica recesiva). |
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Exposición a pesticidas (paraquat, rotenona, organoclorados) |
Uno de los factores ambientales más consistentes (≥40% del riesgo). |
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Exposición a disolventes (tricloroetileno, percloroetileno) |
Asociado a mayor riesgo. |
| Trabajos agrícolas / vivir en áreas rurales | Por estar relacionado con mayor exposición ambiental a tóxicos. |
| Traumatismo craneoencefálico (TCE) | Riesgo aumentado incluso décadas después del TCE. |
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Factores cardiovasculares (diabetes, obesidad, dislipemia) |
Relación variable, potencial factor de riesgo. |
| Anemia | Más frecuente en mujeres. |
¿Cómo se manifiesta clínicamente?
Su inicio es insidioso y progresivo, con combinación de síntomas motores y no motores. Estos últimos pueden preceder a la clínica motora más de una década e incluyen trastorno de conducta del sueño REM (el marcador prodrómico con mayor valor predictivo), hiposmia, estreñimiento, alteraciones autonómicas, síntomas afectivos y dolor, aunque su especificidad diagnóstica es limitada (Patel R, 2023; SEN, 2024; Balestrino R, 2020; Vieira SRL, 2024).
Síntomas motores
Los síntomas motores que guían el diagnóstico suelen comenzar de manera asimétrica y se vuelven bilaterales conforme progresa la enfermedad, generando limitación funcional progresiva (Tanner CM, 2024; SEN, 2024; Patel R, 2023, Armstrong MJ, 2020):
- Temblor de reposo: presente hasta en el 70% de los pacientes. Puede afectar manos (cuenta de monedas), pies, cara (mueca de conejo) o mandíbula; desaparece al iniciar el movimiento y puede reaparecer tras un periodo de latencia al mantener una postura (temblor reemergente). Suele ser de pronosupinación. Se puede evocar con la distracción (por ejemplo, contando hacia atrás). Desaparece con el sueño y empeora con el estrés (como cualquier temblor).
- Rigidez: aumento del tono muscular con resistencia al movimiento pasivo (“tubo de plomo” o “rueda dentada” -cuando hay temblor-). Se presenta hasta en el 90% de los pacientes y comienza en la misma extremidad que el temblor si este está presente.
- Bradicinesia (enlentecimiento de los movimientos), acinesia (ausencia de movimiento) e hipocinesia (reducción de la amplitud de los movimientos): debe demostrarse en extremidades para el diagnóstico de parkinsonismo, aunque puede afectar también a cara y músculos axiales. Es uno de los síntomas más incapacitantes, condiciona dificultades para iniciar actividades, caminar, girarse en la cama o realizar tareas finas como abotonarse o escribir (micrografía).
- Inestabilidad postural: característica de fases más avanzadas. Proporciona una postura en retropulsión al andar o un caminar inclinado hacia delante de hombros y cabeza. Aumenta el riesgo de caídas.
- Otros síntomas motores: hipomimia, disminución del parpadeo, disartria hipocinética, hipofonía, disfagia, sialorrea, alteraciones oculomotoras, distonía, alteración de la marcha y deformidades posturales (cifosis o escoliosis).
La EP es una enfermedad multisistémica y los síntomas no motores pueden aparecer en cualquier fase.
- Trastornos cognitivos y demencia en fases avanzadas.
- Depresión, ansiedad, apatía, alucinaciones y psicosis.
- Trastornos del sueño, incluidos insomnio, somnolencia diurna y trastorno de conducta del sueño REM.
- Problemas del habla y la deglución.
- Dolor, síndrome de piernas inquietas y síntomas sensoriales.
- Disfunción autonómica: estreñimiento, urgencia urinaria, incontinencia, hipotensión ortostática, alteración de la sudoración y termorregulación.
¿Cómo se diagnostica y qué pruebas complementarias son útiles?
Su diagnóstico es fundamentalmente clínico y debe reevaluarse periódicamente para detectar signos atípicos o datos que sugieran otros parkinsonismos (NICE, 2017, SEN, 2024). Los criterios diagnósticos actuales se basan en los propuestos por Movement Disorder Society (MDS) (ver tabla 2).
| Tabla 2. Criterios para el diagnóstico de la enfermedad de Parkinson (Postuma RB, 2018; Bloem BR, 2021; Patel R, 2023; SEN, 2024; GATM, 2022). | |
| Criterios de parkinsonismo |
Presencia de bradicinesia y, al menos, uno de los siguientes criterios:
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| Criterios clínicos básicos de EP |
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| Criterios de apoyo diagnóstico de EP |
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| Criterios de exclusión diagnóstica de EP |
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| "Banderas rojas" |
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En función de la combinación de estos elementos, se habla de (Walter U, 2024; Postuma RB, 2018; Bloem BR, 2021):
- EP clínicamente establecida: criterio esencial más ≥2 criterios de apoyo, sin exclusiones ni banderas rojas.
- EP clínicamente probable: criterio clínico básico sin criterios de exclusión. Si existen banderas rojas (máx. 2), deben compensarse con criterios de apoyo; si >2 banderas rojas, no debe diagnosticarse EP.
- Analítica general: (hemograma, bioquímica, función tiroidea, vitamina B12, serologías, estudio de metales pesados o autoanticuerpos) se orienta a excluir causas secundarias de parkinsonismo (metabólicas, inflamatorias, tóxicas).
- Estudio genético: no se recomienda de forma rutinaria. Se reserva para: inicio precoz (<40–50 años), fuerte agregación familiar o fenotipos atípicos donde conocer la mutación pueda tener implicaciones pronósticas o de consejo genético (Vieira SRL, 2024).
- Pruebas de imagen: no existe evidencia suficiente para recomendar el uso rutinario de pruebas de imagen (resonancia magnética convencional [RM], RM volumétrica, espectroscópica, por difusión, tomografía de emisión de fotones o de positrones) para su diagnóstico, salvo en el contexto del diagnóstico diferencial o ensayos clínicos (NICE, 2017; Tönges L, 2024; Patel R, 2023; Torres-Parga A, 2025). La ecografía transcraneal (TCS) permite visualizar la hiperecogenicidad de la sustancia negra, presente en la mayoría de los pacientes con EP, y ayuda a diferenciarla del temblor esencial y de algunos parkinsonismos atípicos. La TCS no sustituye al examen clínico ni a otros estudios; su valor depende de que la realice un explorador acreditado y entrenado, y su uso queda reservado habitualmente a unidades especializadas (Walter U, 2024).
- Biomarcadores: actualmente no existe ningún biomarcador bioquímico aprobado para el diagnóstico rutinario de la EP, la α-sinucleína se encuentra en estudio y se restringe al ámbito de investigación (Walter U, 2024, Tönges L, 2024; Shu H, 2024; Torres-Parga A, 2025)
- Test olfativos: La hiposmia es frecuente, pero las pruebas olfatorias no se recomiendan como rutina; pueden apoyar el diagnóstico sin sustituir la evaluación clínica (NICE, 2017; Theyer C, 2026).
| Tabla 3. Escala de Hoehn y Yahr para valorar la progresión y gravedad de la enfermedad de Parkinson (SEN, 2024). | |
| Estadio 0 | No hay signos de enfermedad. |
| Estadio 1 | Enfermedad unilateral. |
| Estadio 2 | Enfermedad bilateral, sin alteración del equilibrio. |
| Estadio 3 | Enfermedad bilateral leve a moderada con inestabilidad postural; físicamente independiente. |
| Estadio 4 | Incapacidad grave, aún capaz de caminar o permanecer de pie sin ayuda. |
| Estadio 5 | Permanece en silla de ruedas o encamado si no tiene ayuda. |
El diagnóstico diferencial se debe hacer con las patologías que figuran en la tabla 4 (SEN, 2024; Balestrino R, 2020):
| Tabla 4. Diagnostico diferencial de EP. | |
| Patología | Características |
| Temblor esencial |
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| Parkinsonismos degenerativos atípicos |
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| Parkinsonismo secundario |
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| Otras enfermedades degenerativas |
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| Hidrocefalia normotensiva |
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¿Cuál es su pronóstico y sus complicaciones?
Los pacientes con EP presentan un incremento del riesgo relativo de mortalidad, que se estima entre 1,8 y 2,3 (Bloem BR, 2021). La edad avanzada al diagnóstico y la presencia de rigidez/hipocinesia se consideran factores de riesgo para un deterioro motor más acelerado. Asimismo, la presencia de comorbilidades como accidente cerebrovascular, diabetes mellitus y déficits sensoriales (auditivos y visuales) aumentan la fragilidad y el riesgo de caídas recurrentes (Tanner CM, 2024; Peng Y, 2026).
Por el contrario, un debut con temblor predominante es un factor pronóstico favorable asociado a una progresión más lenta. El desarrollo de deterioro cognitivo y demencia se relaciona con la edad avanzada al inicio, la presencia de alucinaciones visuales y la gravedad de la inestabilidad postural y los trastornos de la marcha (Armstrong MJ, 2020; SEN, 2024).
¿Cómo se trata?
Tratamiento no farmacológico
Se recomienda realizar un abordaje multidisciplinar que incluya una correcta comunicación con el paciente y miembros del entorno familiar, adaptando la información que se transmita en función del grado evolutivo de la enfermedad, así como proporcionar apoyo emocional y psicológico (SEN, 2024; GATM, 2022).
Es importante mantener un buen estado nutricional, recomendar una dieta rica en fibra, equilibrada, y una adecuada hidratación, sin necesidad de restringir las proteínas, salvo en pacientes con EP en estadios avanzados que precisen control de los efectos secundarios de la levodopa. La dieta mediterránea se asocia a una menor incidencia y progresión del parkinsonismo en pacientes adultos mayores (NICE, 2017; Bianchi VE, 2023; Aktas E, 2025). Los probióticos podrían aportar mejoría en síntomas intestinales y algunos no motores, aunque con evidencia moderada (Foltynie T, 2024; SEN, 2024).
El ejercicio físico regular es la estrategia no farmacológica más eficaz, con demostrada mejoría de la función motora, el equilibrio, la marcha, el sueño y la calidad de vida. Incluye modalidades como ejercicio aeróbico, fuerza, qigong, tai chi o yoga. Los dos últimos destacan por ser los que cuentan con la evidencia científica más sólida para su recomendación en el equilibrio y la prevención de caídas. Más importante que el “tipo” de ejercicio es que la persona haga actividad física varias veces por semana de manera constante e intensidad moderada-alta (Li Z, 2025; Guidetti M, 2025; Ernst M, 2024, Foltynie T, 2024).
La derivación a fisioterapia forma parte del abordaje multidisciplinar recomendado en la enfermedad de Parkinson. Es especialmente útil cuando existen alteraciones de la marcha, inestabilidad o caídas, y cobra especial importancia en pacientes con estimulación cerebral profunda subtalámica, donde existe consenso en que potencia los beneficios del tratamiento quirúrgico (Guidetti M, 2025, Foltynie T, 2024).
La terapia ocupacional debe considerarse en pacientes con dificultades para realizar actividades de la vida diaria, como parte del mismo enfoque multidisciplinar orientado a optimizar la funcionalidad y la autonomía. No obstante, la evidencia sobre la efectividad de la terapia ocupacional en la enfermedad de Parkinson continúa siendo limitada (NICE, 2017; Ernst M, 2024; SEN, 2024).
Tratamiento farmacológico
El objetivo del tratamiento farmacológico es mantener la autonomía e independencia del paciente el mayor tiempo posible mediante el control de los síntomas. No existe ningún fármaco con eficacia demostrada para frenar la progresión de la EP (Tanner CM, 2024, SEN, 2024).
Debe comenzarse valorando la necesidad clínica de su uso y la discapacidad que provoca. La presencia de esta última sería indicación de comienzo de tratamiento, utilizando la dosis más baja posible de fármaco para el control de la sintomatología (Bloem BR, 2021). Así, la decisión debe hacerse de forma individualizada y para ello se tendrá en cuenta (NICE, 2017; GATM, 2022):
- Gravedad de los síntomas.
- Afectación de la mano dominante.
- Presencia de bradicinesia y trastornos de la marcha.
- Interferencia de los síntomas en las actividades laborales o de ocio.
- Riesgo de complicaciones motoras y neuropsiquiátricas.
- Preferencias del paciente.
Levodopa (LD)
Es el fármaco de primera elección, principalmente en estadios iniciales, cuando predominan los síntomas motores. Se administra combinada con un inhibidor periférico de la dopa-descarboxilasa (carbidopa o benserazida), que evita su metabolización extracerebral permitiendo reducir efectos adversos y disminuir los requerimientos diarios. (NICE, 2017; SEN, 2024; Aktas E, 2025).
Tras su absorción, produce picos breves de dopamina, que pueden desencadenar su efecto secundario más frecuente: discinesias. Su rápida metabolización provoca la caída de niveles dopaminérgicos, reapareciendo los síntomas de la enfermedad (periodos OFF). Con el tiempo, tanto las fluctuaciones motoras (periodos OFF) como las discinesias tienden a aumentar, en relación con la progresión de la enfermedad, la dosis acumulada de levodopa, el sexo femenino y el bajo peso corporal (Balestrino R, 2020; Burton M, 2026; Aktas E, 2025). Se podría considerar la necesidad de suplementar con vitaminas B12, B6, B9 para evitar la hiperhomocisteinemia provocada por el uso de levodopa prolongado (Foltynie T, 2024; SEN, 2024). Se puede asociar domperidona durante los primeros días para mejorar la tolerabilidad gastrointestinal y reducir el efecto hipotensor de la levodopa. Su uso debe ser individualizado, a la dosis mínima eficaz, durante el menor tiempo posible, con evaluación de QT y comorbilidades.
Está disponible en formulaciones de liberación inmediata y liberación prolongada. Estas últimas proporcionan un control más estable de los síntomas, especialmente durante la noche, sin incrementar de forma relevante las complicaciones motoras. En fases avanzadas está disponible la formulación enteral en gel para administración continua, indicada cuando las fluctuaciones son difíciles de manejar por vía oral. Como alternativa, existe la administración subcutánea continua, orientada principalmente a reducir los periodos OFF mediante el mantenimiento de niveles plasmáticos más estables y evitando la intervención quirúrgica requerida para la administración enteral de levodopa y la vía inhalatoria, terapia de rescate a demanda de acción rápida (20 minutos) para periodos OFF súbitos a acinesia matutina.
Otra vía de administración en desarrollo e investigación clínica es la vía intravenosa. (Balestrino R, 2020; Armstrong MJ, 2020; Bloem BR, 2021; Burton, M 2026). La dosis diaria del fármaco debe ser individualizada. Conviene iniciar el tratamiento con dosis bajas. Se recomienda ingerir el medicamento separado al menos 1 hora de las comidas, ya que la absorción de levodopa puede retrasarse por el vaciamiento gástrico lento y bloquearse por la ingesta simultánea de proteínas (Foltynie T, 2024; de Bie RMA, 2025). La respuesta al tratamiento es rápida, de forma que si con dosis de 1.000-1.500 mg/día los pacientes no mejoran habrá que pensar que no se trata de una EP idiopática (Foltynie T, 2024; Tanner CM, 2024).
Agonistas dopaminérgicos (AD)
Se clasifican en dos grupos: derivados ergóticos (bromocriptina, cabergolina, pergolida) y no ergóticos (pramipexol, ropinirol, rotigotina y apomorfina). Debido al riesgo de fibrosis pulmonar y valvulopatía cardiaca descrito con la bromocriptina, las guías actuales recomiendan priorizar el uso de agonistas no ergóticos, entre los que se incluyen apomorfina, pramipexol, ropinirol y rotigotina (NICE, 2017; SEN, 2024).
Los derivados ergóticos solamente estaría indicado utilizarlos asociados a levodopa cuando las discinesias y fluctuaciones no se controlan con un derivado no ergótico (NICE, 2017; SEN, 2024).
Pramipexol, ropinirol y rotigotina son una alternativa terapéutica a la levodopa en fases iniciales de la enfermedad, especialmente en pacientes jóvenes o cuando se desea retrasar la aparición de complicaciones motoras asociadas a la exposición acumulada a levodopa. Pueden emplearse como monoterapia en etapas tempranas o como tratamiento adyuvante para reducir el tiempo OFF en pacientes con fluctuaciones. Presentan menor riesgo inicial de discinesias que levodopa, pero mayor probabilidad de somnolencia, edema y trastornos del control de impulsos, como comportamiento sexual compulsivo, compras compulsivas, ludopatía, celotipia o cleptomanía. Este riesgo está incrementado si existen antecedentes de estas conductas o antecedentes de consumo de alcohol y/o tabaco y, aunque puede desarrollarse en cualquier momento del tratamiento, es más frecuente con el uso a largo plazo (NICE, 2017; SEN 2024; Tanner CM, 2024). Estos síntomas se resuelven con la retirada progresiva de los agonistas dopaminérgicos para evitar un posible síndrome de abstinencia si se realiza de forma brusca. Además, estos fármacos pueden aportar beneficios adicionales sobre síntomas no motores, como trastornos del sueño, dolor o disfunción autonómica. En el caso de pramipexol, es recomendable advertir al paciente sobre la posibilidad de episodios de somnolencia diurna de inicio súbito, especialmente si conduce vehículos o maneja maquinaria (SEN, 2024; GATM, 2022).
Están disponibles en diferentes formulaciones: pramipexol y ropinirol en administracion oral y rotigotina en formulación transdérmica. Esta última es útil en pacientes con disfagia o dificultades para mantener la adherencia. La apomorfina, debido a su vida media corta, se utiliza para el control de las fluctuaciones motoras en la EP avanzada y su vía de administración es subcutánea (bolus o infusión) o sublingual (Li H, 2025). Otras formulaciones, como la inhalada, se encuentran actualmente en desarrollo y evaluación clínica (SEN, 2024).
Inhibidores de la MAO-B
La rasagilina, la selegilina y la safinamida tienen un efecto sintomático moderado o leve. Se usan como monoterapia en fases tempranas o como coadyuvantes para reducir periodos OFF (SEN, 2024, Foltynie T, 2024). Aunque la interacción es infrecuente en la práctica clínica, se recomienda precaución en su asociación con antidepresivos (tricíclicos o ISRS), ante la posibilidad teórica de desarrollar un síndrome serotoninérgico. A diferencia de los inhibidores no selectivos, a dosis terapéuticas habituales estos fármacos no requieren restricciones dietéticas de tiramina (queso), ya que mantienen su selectividad por la enzima MAO-B (SEN, 2024).
La safinamida tiene un mecanismo de acción dual: IMAO-B y modulador del glutamato. A diferencia de rasagilina y selegilina, no está indicada en monoterapia. En combinación con levodopa reduce el tiempo en OFF, mayor que con rasigilina. Tiene gran selectividad por la MAO-B, por lo que hay menor riesgo de desarrollo de síndrome serotoninérgico.
Inhibidores de COMT
La tolcapona, la entacapona y la opicapona son fármacos que bloquean la degradación periférica de la levodopa, prolongando su vida media y aumentando su disponibilidad en el cerebro, llegando a reducir sus necesidades hasta en un 30%. Su uso está indicado solo en pacientes con fluctuaciones motoras que presenten periodos OFF (NICE, 2017; Balestrino R, 2020; SEN, 2024, Foltynie T, 2024). Su empleo puede incrementar la aparición de discinesias, que suelen manejarse mediante ajustes en la dosis total de levodopa. Otros efectos secundarios comunes incluyen diarrea y, en el caso de la entacapona, una coloración naranja inocua de las secreciones corporales. El uso de tolcapona está permitido bajo estricta vigilancia de la función hepática. La opicapona destaca por su alta potencia y la comodidad de una única administración diaria (SEN, 2024, Foltynie T, 2024).
Amantadina
Aunque no es un fármaco de primera elección, puede valorarse su empleo durante un periodo corto de tiempo en pacientes menores de 65 años con EP leve y presencia solo de temblor. Su uso está indicado en estadios avanzados de la enfermedad cuando aparecen discinesias que no puedan ser controladas de otra forma, siendo el único fármaco con eficacia demostrada en esta complicación. Este efecto antidiscinético se mantiene a largo plazo y su retirada brusca puede provocar un empeoramiento significativo de estos movimientos en pocos días (NICE, 2017; Balestrino R, 2020; SEN, 2024). Puede ofrecer beneficios adicionales sobre otros síntomas motores, incluyendo la fatiga y determinados episodios de freezing de la marcha, si bien su utilidad en estos ámbitos es más limitada (Foltynie T, 2024). Está disponible en formulaciones de liberación inmediata y prolongada (no comercializada en España), lo que permite adaptar su uso a las necesidades del paciente (de Bie RMA, 2025). Su empleo suele estar restringido por su perfil de efectos adversos, destacando la aparición de alucinaciones, confusión, edema maleolar y livedo reticularis, más frecuentes en pacientes de edad avanzada o con deterioro cognitivo (Foltynie T, 2024; SEN, 2024).
Anticolinérgicos
Los anticolinérgicos como el trihexifenidilo, la benztropina y el biperideno son fármacos cuyo papel principal en la EP es el control del temblor, especialmente cuando este no responde adecuadamente a la levodopa. Su empleo está más restringido por el riesgo de deterioro cognitivo y efectos anticolinérgicos en mayores. Se pueden usar en monoterapia en pacientes menores de 65 años con temblor predominante sin alteración de la marcha o bradicinesia. Están desaconsejados en pacientes de edad avanzada o con sospecha de deterioro cognitivo, por el alto riesgo de precipitar cuadros confusionales y alucinaciones (GATM, 2022; SEN, 2024).
Antagonista adenosina A2A
La istradefilina se utiliza como complemento de la levodopa para disminuir los periodos OFF, aunque su impacto clínico se considera modesto en comparación con otras opciones. Sus efectos secundarios más frecuentes incluyen el estreñimiento y la pérdida de peso (Foltynie T, 2024; de Bie RMA, 2025; Tanner CM, 2024). La Agencia Europea del Medicamento denegó su comercialización.| Tabla 5. Principales fármacos utilizados (SEN, 2024; Foltynie T, 2024; GATM, 2022; Li H 2025) | |||
| Fármaco |
Vías de administración |
Características descritas |
Efectos adversos señalados |
| Levodopa + carbidopa / benserazida |
Oral:
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Tratamiento más eficaz para síntomas motores; recomendada como primera línea; Dosis: iniciar con <400 mg/día e ir progresando. | Discinesias, fluctuaciones motoras, riesgo de hiperhomocisteinemia (controlar B12/B6/B9 en pacientes con dosis altas). |
| Inhalatoria | Tratamiento a demanda para periodos OFF. Dosis:66 mg por dosis (rescate). | Tos, además de los propios efectos adversos de levodopa (discinesias, etc). | |
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Levodopa/carbidopa intestinal (LCIG) Infusión intrayeyunal continua mediante PEG-Y |
Aporta estimulación dopaminérgica continua, reduce periodos OFF. | Efectos adversos frecuentes relacionados con dispositivo: infección, problemas de sonda. Neuropatía periférica. | |
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Foslevodopa / foscarbidopa Subcutánea continua |
Alternativa menos invasiva a LCIG. | Reacciones locales en el punto de infusión. | |
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Agonistas dopaminérgicos |
Oral:
|
Monoterapia (pacientes jóvenes) o coadyuvante en fluctuaciones. Pueden mejorar también síntomas afectivos y de sueño. Dosis: Pramipexol: 0,26-2,1 mg/día. Ropinirol: 2-24 mg/día. |
Náuseas, edemas, alucinaciones, trastornos del control de impulsos. Somnolencia diurna de inicio súbito (pramipexol) |
|
Rotigotina Transdérmico |
Útil si hay disfagia o mala adherencia. Liberación estable 24 horas. Dosis: 2-16 mg/24 horas. | Reacciones locales. | |
Apomorfina
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Reduce periodos OFF; útil como rescate o como sistema continuo; indicada en fluctuaciones graves. Mejora nicturia, urgencia, fatiga e hiperhidrosis en EP avanzada. Dosis:
|
Efectos adversos más frecuentes que agonistas dopaminérgicos de administración oral. Reacciones locales en el punto de infusión. Reacciones locales en mucosa oral, como irritación o eritema |
|
| IMAO-B |
Oral: |
Monoterapia en EP inicial. Adyuvantes para fluctuaciones. Safinamida: acción dual (dopaminérgica y antiglutamatérgica), no en monoterapia. Dosis:
|
Insomnio (selegilina). Riesgo de síndrome serotoninérgico con ciertos antidepresivos. |
| ICOMT |
Oral:
|
Aumentan tiempo en “ON” sin discinesias o con discinesias no molestas. Dosis:
|
Diarrea. Discinesias. Entacapona: orina color marrón-anaranjado o rojizo (no significancia clínica).. Tolcapona: hepatotoxicidad. |
| Amantadina |
Oral:
|
Único fármaco con eficacia confirmada en discinesias. Puede mejorar fatiga y freezing. Dosis: 100 mg cada 8-12 horas. ER: hasta 340 mg/día. |
Alucinaciones, livedo reticularis, edemas. |
| Anticolinérgicos |
Oral: |
Utilizados principalmente para el temblor refractario en pacientes jóvenes (<60 años). Dosis Trihexifenidilo: inicio 1-2 mg cada 8 horas. |
Confusión, deterioro cognitivo, sequedad de boca, visión borrosa, retención urinaria. |
| Antagonista adenosina A2A |
Oral: Istradefilina |
Podría permitir una mejora del periodo OFF al tiempo que reducen la dosis dopaminérgica general. Dosis: 20-40 mg una vez al día. |
Estreñimiento y pérdida de peso. Denegada su comercialización en Europa por la EMA. |
| Notas adicionales |
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Otros tratamientos
- Melatonina: eficaz para el insomnio y los trastornos de conducta del sueño REM. Segura y bien tolerada en personas mayores. Se recomienda en dosis de 3 a 12 mg para el trastorno de conducta del sueño REM y trastornos del ritmo circadiano (SEN, 2024; Foltynie T, 2024).
- Acupuntura: puede emplearse como adyuvante, no como sustituto del tratamiento farmacológico. La electroacupuntura destaca como la modalidad más eficaz, especialmente para tratar complicaciones motoras inducidas por fármacos (discinesias) y síntomas no motores como el dolor, el insomnio, la depresión y la ansiedad (SEN, 2024; Yu P, 2025).
- Fitoterapia china: compuestos como la curcumina (de la cúrcuma) o el resveratrol (de la uva) están en estudio por su potencial neuroprotector. Actúan reduciendo el estrés oxidativo y la agregación de alfa-sinucleína. Sin embargo, por el momento no tienen una indicación establecida en el tratamiento de la EP (Aktas E, 2025).
- Trasplante de microbiota fecal: esta terapia se basa en la evidencia de que la disbiosis intestinal contribuye a la patogenia de la EP. Aunque se considera una estrategia prometedora para restaurar la diversidad microbiana y mejorar la función de la barrera intestinal, sigue siendo experimental y carece de indicación en esta enfermedad (Nabil Y, 2025; Peters M, 2026).
| Tabla 6. Opciones terapéuticas según síntoma no motor predominante (SEN, 2024; GATM, 2022). | |
| Síntoma | Tratamiento principal |
| Insomnio / sueño nocturno fragmentado | Higiene del sueño, melatonina, clonazepam, pramipexol, acupuntura (mejora calidad del sueño). |
| Somnolencia diurna |
Ajuste medicación dopaminérgica. Estimulación lumínica. |
| Depresión | ISRS / IRSN, pramipexol. |
| Ansiedad | ISRS / benzodiacepinas puntuales. |
| Alucinaciones/delirio |
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| Fatiga |
Optimizar control motor. Acupuntura (eficacia variable en ensayos). |
| Estreñimiento |
Medidas dietéticas, laxantes. Electroacupuntura (mejoría en estudios multicéntricos). |
| Deterioro cognitivo y demencia | Rivastigmina (oral o parche): fármaco con evidencia más sólida en demencia asociada a EP. |
| Disautonomía |
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Tratamiento del paciente con enfermedad de Parkinson avanzada
Las terapias de segunda línea se reservan para pacientes en etapas intermedias o avanzadas de la enfermedad de Parkinson que presentan complicaciones motoras (fluctuaciones y discinesias) o temblor refractario que ya no se controlan de forma satisfactoria con medicación oral u optimización convencional (SEN, 2024; GATM, 2022).
La definición de EP avanzada se basa en la situación funcional del paciente, no en los años de enfermedad. Se considera avanzada cuando (SEN, 2024; GATM, 2022):
- Los síntomas y complicaciones repercuten de forma importante en la salud y responden de forma insuficiente al tratamiento convencional (oral, transdérmico o inhalado).
- Aparecen fluctuaciones motoras (periodos OFF) y discinesias que ya no se pueden controlar optimizando las tomas de medicación oral.
- Se utiliza a menudo la regla "5-2-1" para identificar a estos candidatos: tomar levodopa 5 o más veces al día, pasar 2 o más horas al día en OFF, o sufrir 1 hora o más de discinesias limitantes al día.
- Terapias de infusión (bombas): buscan proporcionar una estimulación dopaminérgica continua para evitar las fluctuaciones típicas de las tomas orales. Entre ellas está la perfusión intestinal continua de levodopa/carbidopa, la infusión subcutánea de levodopa y la perfusión subcutánea de apomorfina (Burton M, 2026; Deuschl G, 2022; SEN, 2024).
- Estimulación cerebral profunda (ECP o DBS): es la intervención quirúrgica más estudiada para la EP avanzada. Consiste en la implantación de electrodos en dianas específicas del cerebro (núcleo subtalámico [NST], globo pálido interno [GPi]). Mejora significativamente los síntomas motores, reduce el periodo OFF y las discinesias, permitiendo disminuir la medicación dopaminérgica. Su beneficio sobre la calidad de vida puede mantenerse hasta 15 años después (Foltynie T, 2024; Deuschl G, 2022; Tanner CM, 2024).
-
Técnicas lesionales (cirugía ablativa)
- Ultrasonidos focalizados de alta intensidad (HIFU o MRgFUS): es una técnica sin incisión que utiliza ultrasonidos guiados por resonancia magnética para realizar lesiones térmicas precisas. Se utiliza principalmente para el temblor parkinsoniano contralateral y síntomas asimétricos (Martínez- Fernández R, 2023; SEN, 2024).
- Radiofrecuencia: técnicas clásicas (talamotomía, palidotomía) que han sido desplazadas mayoritariamente por la ECP debido a su carácter irreversible, aunque se siguen utilizando en casos seleccionados (SEN, 2024; GATM, 2022).
Para el éxito de estas terapias, el paciente debe cumplir requisitos estrictos (adaptación de los criterios CAPSIT-PD) (Deuschl G, 2022; SEN, 2024):
- Inclusión: diagnóstico confirmado de EP idiopática (evolución ≥4-5 años), buena respuesta a la levodopa (excepto en temblor) y expectativas realistas.
- Exclusión: presencia de demencia, trastornos psiquiátricos graves activos (psicosis o depresión no controlada) o comorbilidades que comprometan el pronóstico vital a medio plazo. Para la cirugía: >70 años (individualizar), RM cerebral con atrofia o leucoaraiosis significativa, persistencia de síntomas axiales en ON (bloqueos de la marcha, inestabilidad).
- Quirúrgicos: hemorragia cerebral (1-3%), infecciones del hardware o erosiones cutáneas.
- Dispositivos: nódulos subcutáneos (apomorfina y levodopa subcutánea), peritonitis o infecciones del estoma (vía intestinal).
- Clínicos: posible aparición de disartria (problemas de habla), trastornos de la marcha, apatía o aumento de peso.
Deben iniciarse de forma temprana, realizar una planificación anticipada de cuidados que respete prioridades y valores del paciente, integrándose progresivamente según avanza la enfermedad. Se deben evaluar de manera sistemática los síntomas motores y especialmente los no motores. Se recomienda mantener la medicación dopaminérgica (simplificándola idealmente a monoterapia con levodopa) para evitar el dolor y la rigidez extrema hasta el final.El abordaje ha de ser multidisciplinar, involucrando a atención primaria, neurología y equipos de soporte (SEN, 2024; Sánchez-Cárdenas MA, 2023).
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Autoras
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Médico Especialista en Medicina Familiar y Comunitaria (1) |
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Médico Especialista en Medicina Familiar y Comunitaria (2) |
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(1) Hospital Can Misses. Ibiza, Illes Balears. España. (2) Centro de Salud de Vila. Ibiza, Illes Balears. España. |
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Los autores declaran no tener ningún conflicto de intereses.
Enfermedad de Parkinson
Índice de contenidos
¿De qué hablamos?
La enfermedad de Parkinson (EP) es un proceso crónico, progresivo y neurodegenerativo, que afecta al movimiento. Se debe sobre todo a la pérdida de neuronas dopaminérgicas, no solo en la sustancia nigra, sino también en otras zonas del cerebro y tronco encefálico, que estarían involucradas en la aparición de los síntomas no motores de la enfermedad.
La EP es más frecuente a medida que aumenta la edad. En mayores de 45 años, la prevalencia ronda las 500-600 por 100.000 personas. En mayores de 65 años, la incidencia llega a 108-212 casos por 100.000/año. Aproximadamente un 5% de los casos debuta antes de los 40 años de edad. La enfermedad es más frecuente en hombres, con un riesgo casi el doble que en mujeres, especialmente en edades más tempranas. A escala mundial se observa un incremento continuo de la prevalencia y la incidencia, relacionado con el envejecimiento de la población y con la exposición a diversos factores ambientales (Tanner CM, 2024; SEN 2024; GATM, 2022; Ben-Shlomo Y, 2024).
En su etiología está descrita la combinación de factores genéticos, edad, dieta (Peters M, 2025; Bianchi VE, 2023) y exposiciones ambientales (pesticidas, disolventes, traumatismo craneoencefálico, traumatismos, etc.). Por el contrario, la actividad física, la cafeína, la exposición a estrógenos (etapa fértil de la mujer) y ciertos factores metabólicos se asocian a menor riesgo (Tanner CM, 2024; SEN 2024; GATM, 2022; Grotewold N, 2024). Algunos factores ambientales como pesticidas y traumatismos son más frecuentes en hombres, mientras que otros, como la anemia, afectan más a mujeres. Es decir, que el sexo influye en los factores de riesgo (Patel R, 2023).
| Tabla 1. Factores de riego de EP (Patel R, 2023; Vieira SRL, 2024, Ben-Shlomo Y, 2024, Bianchi VE, 2023; SEN 2024; Tanner CM, 2024; Menozzi E, 2023). | |
| Factor de riesgo | Característica |
| Edad avanzada | Aumento progresivo del riesgo a partir de los 60 años. |
| Sexo masculino | Riesgo aproximadamente doble que en mujeres, especialmente en edades tempranas. |
| Antecedentes familiares / Genética | Aumenta el riesgo 2–3 veces en familiares de primer grado. Variantes en los genes GBA1 y LRRK2 son los factores de riesgo genético más comunes de la EP. En menores de 45 años el más frecuente es PRKN (herencia autosómica recesiva). |
|
Exposición a pesticidas (paraquat, rotenona, organoclorados) |
Uno de los factores ambientales más consistentes (≥40% del riesgo). |
|
Exposición a disolventes (tricloroetileno, percloroetileno) |
Asociado a mayor riesgo. |
| Trabajos agrícolas / vivir en áreas rurales | Por estar relacionado con mayor exposición ambiental a tóxicos. |
| Traumatismo craneoencefálico (TCE) | Riesgo aumentado incluso décadas después del TCE. |
|
Factores cardiovasculares (diabetes, obesidad, dislipemia) |
Relación variable, potencial factor de riesgo. |
| Anemia | Más frecuente en mujeres. |
¿Cómo se manifiesta clínicamente?
Su inicio es insidioso y progresivo, con combinación de síntomas motores y no motores. Estos últimos pueden preceder a la clínica motora más de una década e incluyen trastorno de conducta del sueño REM (el marcador prodrómico con mayor valor predictivo), hiposmia, estreñimiento, alteraciones autonómicas, síntomas afectivos y dolor, aunque su especificidad diagnóstica es limitada (Patel R, 2023; SEN, 2024; Balestrino R, 2020; Vieira SRL, 2024).
Síntomas motores
Los síntomas motores que guían el diagnóstico suelen comenzar de manera asimétrica y se vuelven bilaterales conforme progresa la enfermedad, generando limitación funcional progresiva (Tanner CM, 2024; SEN, 2024; Patel R, 2023, Armstrong MJ, 2020):
- Temblor de reposo: presente hasta en el 70% de los pacientes. Puede afectar manos (cuenta de monedas), pies, cara (mueca de conejo) o mandíbula; desaparece al iniciar el movimiento y puede reaparecer tras un periodo de latencia al mantener una postura (temblor reemergente). Suele ser de pronosupinación. Se puede evocar con la distracción (por ejemplo, contando hacia atrás). Desaparece con el sueño y empeora con el estrés (como cualquier temblor).
- Rigidez: aumento del tono muscular con resistencia al movimiento pasivo (“tubo de plomo” o “rueda dentada” -cuando hay temblor-). Se presenta hasta en el 90% de los pacientes y comienza en la misma extremidad que el temblor si este está presente.
- Bradicinesia (enlentecimiento de los movimientos), acinesia (ausencia de movimiento) e hipocinesia (reducción de la amplitud de los movimientos): debe demostrarse en extremidades para el diagnóstico de parkinsonismo, aunque puede afectar también a cara y músculos axiales. Es uno de los síntomas más incapacitantes, condiciona dificultades para iniciar actividades, caminar, girarse en la cama o realizar tareas finas como abotonarse o escribir (micrografía).
- Inestabilidad postural: característica de fases más avanzadas. Proporciona una postura en retropulsión al andar o un caminar inclinado hacia delante de hombros y cabeza. Aumenta el riesgo de caídas.
- Otros síntomas motores: hipomimia, disminución del parpadeo, disartria hipocinética, hipofonía, disfagia, sialorrea, alteraciones oculomotoras, distonía, alteración de la marcha y deformidades posturales (cifosis o escoliosis).
La EP es una enfermedad multisistémica y los síntomas no motores pueden aparecer en cualquier fase.
- Trastornos cognitivos y demencia en fases avanzadas.
- Depresión, ansiedad, apatía, alucinaciones y psicosis.
- Trastornos del sueño, incluidos insomnio, somnolencia diurna y trastorno de conducta del sueño REM.
- Problemas del habla y la deglución.
- Dolor, síndrome de piernas inquietas y síntomas sensoriales.
- Disfunción autonómica: estreñimiento, urgencia urinaria, incontinencia, hipotensión ortostática, alteración de la sudoración y termorregulación.
¿Cómo se diagnostica y qué pruebas complementarias son útiles?
Su diagnóstico es fundamentalmente clínico y debe reevaluarse periódicamente para detectar signos atípicos o datos que sugieran otros parkinsonismos (NICE, 2017, SEN, 2024). Los criterios diagnósticos actuales se basan en los propuestos por Movement Disorder Society (MDS) (ver tabla 2).
| Tabla 2. Criterios para el diagnóstico de la enfermedad de Parkinson (Postuma RB, 2018; Bloem BR, 2021; Patel R, 2023; SEN, 2024; GATM, 2022). | |
| Criterios de parkinsonismo |
Presencia de bradicinesia y, al menos, uno de los siguientes criterios:
|
| Criterios clínicos básicos de EP |
|
| Criterios de apoyo diagnóstico de EP |
|
| Criterios de exclusión diagnóstica de EP |
|
| "Banderas rojas" |
|
En función de la combinación de estos elementos, se habla de (Walter U, 2024; Postuma RB, 2018; Bloem BR, 2021):
- EP clínicamente establecida: criterio esencial más ≥2 criterios de apoyo, sin exclusiones ni banderas rojas.
- EP clínicamente probable: criterio clínico básico sin criterios de exclusión. Si existen banderas rojas (máx. 2), deben compensarse con criterios de apoyo; si >2 banderas rojas, no debe diagnosticarse EP.
- Analítica general: (hemograma, bioquímica, función tiroidea, vitamina B12, serologías, estudio de metales pesados o autoanticuerpos) se orienta a excluir causas secundarias de parkinsonismo (metabólicas, inflamatorias, tóxicas).
- Estudio genético: no se recomienda de forma rutinaria. Se reserva para: inicio precoz (<40–50 años), fuerte agregación familiar o fenotipos atípicos donde conocer la mutación pueda tener implicaciones pronósticas o de consejo genético (Vieira SRL, 2024).
- Pruebas de imagen: no existe evidencia suficiente para recomendar el uso rutinario de pruebas de imagen (resonancia magnética convencional [RM], RM volumétrica, espectroscópica, por difusión, tomografía de emisión de fotones o de positrones) para su diagnóstico, salvo en el contexto del diagnóstico diferencial o ensayos clínicos (NICE, 2017; Tönges L, 2024; Patel R, 2023; Torres-Parga A, 2025). La ecografía transcraneal (TCS) permite visualizar la hiperecogenicidad de la sustancia negra, presente en la mayoría de los pacientes con EP, y ayuda a diferenciarla del temblor esencial y de algunos parkinsonismos atípicos. La TCS no sustituye al examen clínico ni a otros estudios; su valor depende de que la realice un explorador acreditado y entrenado, y su uso queda reservado habitualmente a unidades especializadas (Walter U, 2024).
- Biomarcadores: actualmente no existe ningún biomarcador bioquímico aprobado para el diagnóstico rutinario de la EP, la α-sinucleína se encuentra en estudio y se restringe al ámbito de investigación (Walter U, 2024, Tönges L, 2024; Shu H, 2024; Torres-Parga A, 2025)
- Test olfativos: La hiposmia es frecuente, pero las pruebas olfatorias no se recomiendan como rutina; pueden apoyar el diagnóstico sin sustituir la evaluación clínica (NICE, 2017; Theyer C, 2026).
| Tabla 3. Escala de Hoehn y Yahr para valorar la progresión y gravedad de la enfermedad de Parkinson (SEN, 2024). | |
| Estadio 0 | No hay signos de enfermedad. |
| Estadio 1 | Enfermedad unilateral. |
| Estadio 2 | Enfermedad bilateral, sin alteración del equilibrio. |
| Estadio 3 | Enfermedad bilateral leve a moderada con inestabilidad postural; físicamente independiente. |
| Estadio 4 | Incapacidad grave, aún capaz de caminar o permanecer de pie sin ayuda. |
| Estadio 5 | Permanece en silla de ruedas o encamado si no tiene ayuda. |
El diagnóstico diferencial se debe hacer con las patologías que figuran en la tabla 4 (SEN, 2024; Balestrino R, 2020):
| Tabla 4. Diagnostico diferencial de EP. | |
| Patología | Características |
| Temblor esencial |
|
| Parkinsonismos degenerativos atípicos |
|
| Parkinsonismo secundario |
|
| Otras enfermedades degenerativas |
|
| Hidrocefalia normotensiva |
|
¿Cuál es su pronóstico y sus complicaciones?
Los pacientes con EP presentan un incremento del riesgo relativo de mortalidad, que se estima entre 1,8 y 2,3 (Bloem BR, 2021). La edad avanzada al diagnóstico y la presencia de rigidez/hipocinesia se consideran factores de riesgo para un deterioro motor más acelerado. Asimismo, la presencia de comorbilidades como accidente cerebrovascular, diabetes mellitus y déficits sensoriales (auditivos y visuales) aumentan la fragilidad y el riesgo de caídas recurrentes (Tanner CM, 2024; Peng Y, 2026).
Por el contrario, un debut con temblor predominante es un factor pronóstico favorable asociado a una progresión más lenta. El desarrollo de deterioro cognitivo y demencia se relaciona con la edad avanzada al inicio, la presencia de alucinaciones visuales y la gravedad de la inestabilidad postural y los trastornos de la marcha (Armstrong MJ, 2020; SEN, 2024).
¿Cómo se trata?
Tratamiento no farmacológico
Se recomienda realizar un abordaje multidisciplinar que incluya una correcta comunicación con el paciente y miembros del entorno familiar, adaptando la información que se transmita en función del grado evolutivo de la enfermedad, así como proporcionar apoyo emocional y psicológico (SEN, 2024; GATM, 2022).
Es importante mantener un buen estado nutricional, recomendar una dieta rica en fibra, equilibrada, y una adecuada hidratación, sin necesidad de restringir las proteínas, salvo en pacientes con EP en estadios avanzados que precisen control de los efectos secundarios de la levodopa. La dieta mediterránea se asocia a una menor incidencia y progresión del parkinsonismo en pacientes adultos mayores (NICE, 2017; Bianchi VE, 2023; Aktas E, 2025). Los probióticos podrían aportar mejoría en síntomas intestinales y algunos no motores, aunque con evidencia moderada (Foltynie T, 2024; SEN, 2024).
El ejercicio físico regular es la estrategia no farmacológica más eficaz, con demostrada mejoría de la función motora, el equilibrio, la marcha, el sueño y la calidad de vida. Incluye modalidades como ejercicio aeróbico, fuerza, qigong, tai chi o yoga. Los dos últimos destacan por ser los que cuentan con la evidencia científica más sólida para su recomendación en el equilibrio y la prevención de caídas. Más importante que el “tipo” de ejercicio es que la persona haga actividad física varias veces por semana de manera constante e intensidad moderada-alta (Li Z, 2025; Guidetti M, 2025; Ernst M, 2024, Foltynie T, 2024).
La derivación a fisioterapia forma parte del abordaje multidisciplinar recomendado en la enfermedad de Parkinson. Es especialmente útil cuando existen alteraciones de la marcha, inestabilidad o caídas, y cobra especial importancia en pacientes con estimulación cerebral profunda subtalámica, donde existe consenso en que potencia los beneficios del tratamiento quirúrgico (Guidetti M, 2025, Foltynie T, 2024).
La terapia ocupacional debe considerarse en pacientes con dificultades para realizar actividades de la vida diaria, como parte del mismo enfoque multidisciplinar orientado a optimizar la funcionalidad y la autonomía. No obstante, la evidencia sobre la efectividad de la terapia ocupacional en la enfermedad de Parkinson continúa siendo limitada (NICE, 2017; Ernst M, 2024; SEN, 2024).
Tratamiento farmacológico
El objetivo del tratamiento farmacológico es mantener la autonomía e independencia del paciente el mayor tiempo posible mediante el control de los síntomas. No existe ningún fármaco con eficacia demostrada para frenar la progresión de la EP (Tanner CM, 2024, SEN, 2024).
Debe comenzarse valorando la necesidad clínica de su uso y la discapacidad que provoca. La presencia de esta última sería indicación de comienzo de tratamiento, utilizando la dosis más baja posible de fármaco para el control de la sintomatología (Bloem BR, 2021). Así, la decisión debe hacerse de forma individualizada y para ello se tendrá en cuenta (NICE, 2017; GATM, 2022):
- Gravedad de los síntomas.
- Afectación de la mano dominante.
- Presencia de bradicinesia y trastornos de la marcha.
- Interferencia de los síntomas en las actividades laborales o de ocio.
- Riesgo de complicaciones motoras y neuropsiquiátricas.
- Preferencias del paciente.
Levodopa (LD)
Es el fármaco de primera elección, principalmente en estadios iniciales, cuando predominan los síntomas motores. Se administra combinada con un inhibidor periférico de la dopa-descarboxilasa (carbidopa o benserazida), que evita su metabolización extracerebral permitiendo reducir efectos adversos y disminuir los requerimientos diarios. (NICE, 2017; SEN, 2024; Aktas E, 2025).
Tras su absorción, produce picos breves de dopamina, que pueden desencadenar su efecto secundario más frecuente: discinesias. Su rápida metabolización provoca la caída de niveles dopaminérgicos, reapareciendo los síntomas de la enfermedad (periodos OFF). Con el tiempo, tanto las fluctuaciones motoras (periodos OFF) como las discinesias tienden a aumentar, en relación con la progresión de la enfermedad, la dosis acumulada de levodopa, el sexo femenino y el bajo peso corporal (Balestrino R, 2020; Burton M, 2026; Aktas E, 2025). Se podría considerar la necesidad de suplementar con vitaminas B12, B6, B9 para evitar la hiperhomocisteinemia provocada por el uso de levodopa prolongado (Foltynie T, 2024; SEN, 2024). Se puede asociar domperidona durante los primeros días para mejorar la tolerabilidad gastrointestinal y reducir el efecto hipotensor de la levodopa. Su uso debe ser individualizado, a la dosis mínima eficaz, durante el menor tiempo posible, con evaluación de QT y comorbilidades.
Está disponible en formulaciones de liberación inmediata y liberación prolongada. Estas últimas proporcionan un control más estable de los síntomas, especialmente durante la noche, sin incrementar de forma relevante las complicaciones motoras. En fases avanzadas está disponible la formulación enteral en gel para administración continua, indicada cuando las fluctuaciones son difíciles de manejar por vía oral. Como alternativa, existe la administración subcutánea continua, orientada principalmente a reducir los periodos OFF mediante el mantenimiento de niveles plasmáticos más estables y evitando la intervención quirúrgica requerida para la administración enteral de levodopa y la vía inhalatoria, terapia de rescate a demanda de acción rápida (20 minutos) para periodos OFF súbitos a acinesia matutina.
Otra vía de administración en desarrollo e investigación clínica es la vía intravenosa. (Balestrino R, 2020; Armstrong MJ, 2020; Bloem BR, 2021; Burton, M 2026). La dosis diaria del fármaco debe ser individualizada. Conviene iniciar el tratamiento con dosis bajas. Se recomienda ingerir el medicamento separado al menos 1 hora de las comidas, ya que la absorción de levodopa puede retrasarse por el vaciamiento gástrico lento y bloquearse por la ingesta simultánea de proteínas (Foltynie T, 2024; de Bie RMA, 2025). La respuesta al tratamiento es rápida, de forma que si con dosis de 1.000-1.500 mg/día los pacientes no mejoran habrá que pensar que no se trata de una EP idiopática (Foltynie T, 2024; Tanner CM, 2024).
Agonistas dopaminérgicos (AD)
Se clasifican en dos grupos: derivados ergóticos (bromocriptina, cabergolina, pergolida) y no ergóticos (pramipexol, ropinirol, rotigotina y apomorfina). Debido al riesgo de fibrosis pulmonar y valvulopatía cardiaca descrito con la bromocriptina, las guías actuales recomiendan priorizar el uso de agonistas no ergóticos, entre los que se incluyen apomorfina, pramipexol, ropinirol y rotigotina (NICE, 2017; SEN, 2024).
Los derivados ergóticos solamente estaría indicado utilizarlos asociados a levodopa cuando las discinesias y fluctuaciones no se controlan con un derivado no ergótico (NICE, 2017; SEN, 2024).
Pramipexol, ropinirol y rotigotina son una alternativa terapéutica a la levodopa en fases iniciales de la enfermedad, especialmente en pacientes jóvenes o cuando se desea retrasar la aparición de complicaciones motoras asociadas a la exposición acumulada a levodopa. Pueden emplearse como monoterapia en etapas tempranas o como tratamiento adyuvante para reducir el tiempo OFF en pacientes con fluctuaciones. Presentan menor riesgo inicial de discinesias que levodopa, pero mayor probabilidad de somnolencia, edema y trastornos del control de impulsos, como comportamiento sexual compulsivo, compras compulsivas, ludopatía, celotipia o cleptomanía. Este riesgo está incrementado si existen antecedentes de estas conductas o antecedentes de consumo de alcohol y/o tabaco y, aunque puede desarrollarse en cualquier momento del tratamiento, es más frecuente con el uso a largo plazo (NICE, 2017; SEN 2024; Tanner CM, 2024). Estos síntomas se resuelven con la retirada progresiva de los agonistas dopaminérgicos para evitar un posible síndrome de abstinencia si se realiza de forma brusca. Además, estos fármacos pueden aportar beneficios adicionales sobre síntomas no motores, como trastornos del sueño, dolor o disfunción autonómica. En el caso de pramipexol, es recomendable advertir al paciente sobre la posibilidad de episodios de somnolencia diurna de inicio súbito, especialmente si conduce vehículos o maneja maquinaria (SEN, 2024; GATM, 2022).
Están disponibles en diferentes formulaciones: pramipexol y ropinirol en administracion oral y rotigotina en formulación transdérmica. Esta última es útil en pacientes con disfagia o dificultades para mantener la adherencia. La apomorfina, debido a su vida media corta, se utiliza para el control de las fluctuaciones motoras en la EP avanzada y su vía de administración es subcutánea (bolus o infusión) o sublingual (Li H, 2025). Otras formulaciones, como la inhalada, se encuentran actualmente en desarrollo y evaluación clínica (SEN, 2024).
Inhibidores de la MAO-B
La rasagilina, la selegilina y la safinamida tienen un efecto sintomático moderado o leve. Se usan como monoterapia en fases tempranas o como coadyuvantes para reducir periodos OFF (SEN, 2024, Foltynie T, 2024). Aunque la interacción es infrecuente en la práctica clínica, se recomienda precaución en su asociación con antidepresivos (tricíclicos o ISRS), ante la posibilidad teórica de desarrollar un síndrome serotoninérgico. A diferencia de los inhibidores no selectivos, a dosis terapéuticas habituales estos fármacos no requieren restricciones dietéticas de tiramina (queso), ya que mantienen su selectividad por la enzima MAO-B (SEN, 2024).
La safinamida tiene un mecanismo de acción dual: IMAO-B y modulador del glutamato. A diferencia de rasagilina y selegilina, no está indicada en monoterapia. En combinación con levodopa reduce el tiempo en OFF, mayor que con rasigilina. Tiene gran selectividad por la MAO-B, por lo que hay menor riesgo de desarrollo de síndrome serotoninérgico.
Inhibidores de COMT
La tolcapona, la entacapona y la opicapona son fármacos que bloquean la degradación periférica de la levodopa, prolongando su vida media y aumentando su disponibilidad en el cerebro, llegando a reducir sus necesidades hasta en un 30%. Su uso está indicado solo en pacientes con fluctuaciones motoras que presenten periodos OFF (NICE, 2017; Balestrino R, 2020; SEN, 2024, Foltynie T, 2024). Su empleo puede incrementar la aparición de discinesias, que suelen manejarse mediante ajustes en la dosis total de levodopa. Otros efectos secundarios comunes incluyen diarrea y, en el caso de la entacapona, una coloración naranja inocua de las secreciones corporales. El uso de tolcapona está permitido bajo estricta vigilancia de la función hepática. La opicapona destaca por su alta potencia y la comodidad de una única administración diaria (SEN, 2024, Foltynie T, 2024).
Amantadina
Aunque no es un fármaco de primera elección, puede valorarse su empleo durante un periodo corto de tiempo en pacientes menores de 65 años con EP leve y presencia solo de temblor. Su uso está indicado en estadios avanzados de la enfermedad cuando aparecen discinesias que no puedan ser controladas de otra forma, siendo el único fármaco con eficacia demostrada en esta complicación. Este efecto antidiscinético se mantiene a largo plazo y su retirada brusca puede provocar un empeoramiento significativo de estos movimientos en pocos días (NICE, 2017; Balestrino R, 2020; SEN, 2024). Puede ofrecer beneficios adicionales sobre otros síntomas motores, incluyendo la fatiga y determinados episodios de freezing de la marcha, si bien su utilidad en estos ámbitos es más limitada (Foltynie T, 2024). Está disponible en formulaciones de liberación inmediata y prolongada (no comercializada en España), lo que permite adaptar su uso a las necesidades del paciente (de Bie RMA, 2025). Su empleo suele estar restringido por su perfil de efectos adversos, destacando la aparición de alucinaciones, confusión, edema maleolar y livedo reticularis, más frecuentes en pacientes de edad avanzada o con deterioro cognitivo (Foltynie T, 2024; SEN, 2024).
Anticolinérgicos
Los anticolinérgicos como el trihexifenidilo, la benztropina y el biperideno son fármacos cuyo papel principal en la EP es el control del temblor, especialmente cuando este no responde adecuadamente a la levodopa. Su empleo está más restringido por el riesgo de deterioro cognitivo y efectos anticolinérgicos en mayores. Se pueden usar en monoterapia en pacientes menores de 65 años con temblor predominante sin alteración de la marcha o bradicinesia. Están desaconsejados en pacientes de edad avanzada o con sospecha de deterioro cognitivo, por el alto riesgo de precipitar cuadros confusionales y alucinaciones (GATM, 2022; SEN, 2024).
Antagonista adenosina A2A
La istradefilina se utiliza como complemento de la levodopa para disminuir los periodos OFF, aunque su impacto clínico se considera modesto en comparación con otras opciones. Sus efectos secundarios más frecuentes incluyen el estreñimiento y la pérdida de peso (Foltynie T, 2024; de Bie RMA, 2025; Tanner CM, 2024). La Agencia Europea del Medicamento denegó su comercialización.| Tabla 5. Principales fármacos utilizados (SEN, 2024; Foltynie T, 2024; GATM, 2022; Li H 2025) | |||
| Fármaco |
Vías de administración |
Características descritas |
Efectos adversos señalados |
| Levodopa + carbidopa / benserazida |
Oral:
|
Tratamiento más eficaz para síntomas motores; recomendada como primera línea; Dosis: iniciar con <400 mg/día e ir progresando. | Discinesias, fluctuaciones motoras, riesgo de hiperhomocisteinemia (controlar B12/B6/B9 en pacientes con dosis altas). |
| Inhalatoria | Tratamiento a demanda para periodos OFF. Dosis:66 mg por dosis (rescate). | Tos, además de los propios efectos adversos de levodopa (discinesias, etc). | |
|
Levodopa/carbidopa intestinal (LCIG) Infusión intrayeyunal continua mediante PEG-Y |
Aporta estimulación dopaminérgica continua, reduce periodos OFF. | Efectos adversos frecuentes relacionados con dispositivo: infección, problemas de sonda. Neuropatía periférica. | |
|
Foslevodopa / foscarbidopa Subcutánea continua |
Alternativa menos invasiva a LCIG. | Reacciones locales en el punto de infusión. | |
|
Agonistas dopaminérgicos |
Oral:
|
Monoterapia (pacientes jóvenes) o coadyuvante en fluctuaciones. Pueden mejorar también síntomas afectivos y de sueño. Dosis: Pramipexol: 0,26-2,1 mg/día. Ropinirol: 2-24 mg/día. |
Náuseas, edemas, alucinaciones, trastornos del control de impulsos. Somnolencia diurna de inicio súbito (pramipexol) |
|
Rotigotina Transdérmico |
Útil si hay disfagia o mala adherencia. Liberación estable 24 horas. Dosis: 2-16 mg/24 horas. | Reacciones locales. | |
Apomorfina
|
Reduce periodos OFF; útil como rescate o como sistema continuo; indicada en fluctuaciones graves. Mejora nicturia, urgencia, fatiga e hiperhidrosis en EP avanzada. Dosis:
|
Efectos adversos más frecuentes que agonistas dopaminérgicos de administración oral. Reacciones locales en el punto de infusión. Reacciones locales en mucosa oral, como irritación o eritema |
|
| IMAO-B |
Oral: |
Monoterapia en EP inicial. Adyuvantes para fluctuaciones. Safinamida: acción dual (dopaminérgica y antiglutamatérgica), no en monoterapia. Dosis:
|
Insomnio (selegilina). Riesgo de síndrome serotoninérgico con ciertos antidepresivos. |
| ICOMT |
Oral:
|
Aumentan tiempo en “ON” sin discinesias o con discinesias no molestas. Dosis:
|
Diarrea. Discinesias. Entacapona: orina color marrón-anaranjado o rojizo (no significancia clínica).. Tolcapona: hepatotoxicidad. |
| Amantadina |
Oral:
|
Único fármaco con eficacia confirmada en discinesias. Puede mejorar fatiga y freezing. Dosis: 100 mg cada 8-12 horas. ER: hasta 340 mg/día. |
Alucinaciones, livedo reticularis, edemas. |
| Anticolinérgicos |
Oral: |
Utilizados principalmente para el temblor refractario en pacientes jóvenes (<60 años). Dosis Trihexifenidilo: inicio 1-2 mg cada 8 horas. |
Confusión, deterioro cognitivo, sequedad de boca, visión borrosa, retención urinaria. |
| Antagonista adenosina A2A |
Oral: Istradefilina |
Podría permitir una mejora del periodo OFF al tiempo que reducen la dosis dopaminérgica general. Dosis: 20-40 mg una vez al día. |
Estreñimiento y pérdida de peso. Denegada su comercialización en Europa por la EMA. |
| Notas adicionales |
|
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Otros tratamientos
- Melatonina: eficaz para el insomnio y los trastornos de conducta del sueño REM. Segura y bien tolerada en personas mayores. Se recomienda en dosis de 3 a 12 mg para el trastorno de conducta del sueño REM y trastornos del ritmo circadiano (SEN, 2024; Foltynie T, 2024).
- Acupuntura: puede emplearse como adyuvante, no como sustituto del tratamiento farmacológico. La electroacupuntura destaca como la modalidad más eficaz, especialmente para tratar complicaciones motoras inducidas por fármacos (discinesias) y síntomas no motores como el dolor, el insomnio, la depresión y la ansiedad (SEN, 2024; Yu P, 2025).
- Fitoterapia china: compuestos como la curcumina (de la cúrcuma) o el resveratrol (de la uva) están en estudio por su potencial neuroprotector. Actúan reduciendo el estrés oxidativo y la agregación de alfa-sinucleína. Sin embargo, por el momento no tienen una indicación establecida en el tratamiento de la EP (Aktas E, 2025).
- Trasplante de microbiota fecal: esta terapia se basa en la evidencia de que la disbiosis intestinal contribuye a la patogenia de la EP. Aunque se considera una estrategia prometedora para restaurar la diversidad microbiana y mejorar la función de la barrera intestinal, sigue siendo experimental y carece de indicación en esta enfermedad (Nabil Y, 2025; Peters M, 2026).
| Tabla 6. Opciones terapéuticas según síntoma no motor predominante (SEN, 2024; GATM, 2022). | |
| Síntoma | Tratamiento principal |
| Insomnio / sueño nocturno fragmentado | Higiene del sueño, melatonina, clonazepam, pramipexol, acupuntura (mejora calidad del sueño). |
| Somnolencia diurna |
Ajuste medicación dopaminérgica. Estimulación lumínica. |
| Depresión | ISRS / IRSN, pramipexol. |
| Ansiedad | ISRS / benzodiacepinas puntuales. |
| Alucinaciones/delirio |
|
| Fatiga |
Optimizar control motor. Acupuntura (eficacia variable en ensayos). |
| Estreñimiento |
Medidas dietéticas, laxantes. Electroacupuntura (mejoría en estudios multicéntricos). |
| Deterioro cognitivo y demencia | Rivastigmina (oral o parche): fármaco con evidencia más sólida en demencia asociada a EP. |
| Disautonomía |
|
Tratamiento del paciente con enfermedad de Parkinson avanzada
Las terapias de segunda línea se reservan para pacientes en etapas intermedias o avanzadas de la enfermedad de Parkinson que presentan complicaciones motoras (fluctuaciones y discinesias) o temblor refractario que ya no se controlan de forma satisfactoria con medicación oral u optimización convencional (SEN, 2024; GATM, 2022).
La definición de EP avanzada se basa en la situación funcional del paciente, no en los años de enfermedad. Se considera avanzada cuando (SEN, 2024; GATM, 2022):
- Los síntomas y complicaciones repercuten de forma importante en la salud y responden de forma insuficiente al tratamiento convencional (oral, transdérmico o inhalado).
- Aparecen fluctuaciones motoras (periodos OFF) y discinesias que ya no se pueden controlar optimizando las tomas de medicación oral.
- Se utiliza a menudo la regla "5-2-1" para identificar a estos candidatos: tomar levodopa 5 o más veces al día, pasar 2 o más horas al día en OFF, o sufrir 1 hora o más de discinesias limitantes al día.
- Terapias de infusión (bombas): buscan proporcionar una estimulación dopaminérgica continua para evitar las fluctuaciones típicas de las tomas orales. Entre ellas está la perfusión intestinal continua de levodopa/carbidopa, la infusión subcutánea de levodopa y la perfusión subcutánea de apomorfina (Burton M, 2026; Deuschl G, 2022; SEN, 2024).
- Estimulación cerebral profunda (ECP o DBS): es la intervención quirúrgica más estudiada para la EP avanzada. Consiste en la implantación de electrodos en dianas específicas del cerebro (núcleo subtalámico [NST], globo pálido interno [GPi]). Mejora significativamente los síntomas motores, reduce el periodo OFF y las discinesias, permitiendo disminuir la medicación dopaminérgica. Su beneficio sobre la calidad de vida puede mantenerse hasta 15 años después (Foltynie T, 2024; Deuschl G, 2022; Tanner CM, 2024).
-
Técnicas lesionales (cirugía ablativa)
- Ultrasonidos focalizados de alta intensidad (HIFU o MRgFUS): es una técnica sin incisión que utiliza ultrasonidos guiados por resonancia magnética para realizar lesiones térmicas precisas. Se utiliza principalmente para el temblor parkinsoniano contralateral y síntomas asimétricos (Martínez- Fernández R, 2023; SEN, 2024).
- Radiofrecuencia: técnicas clásicas (talamotomía, palidotomía) que han sido desplazadas mayoritariamente por la ECP debido a su carácter irreversible, aunque se siguen utilizando en casos seleccionados (SEN, 2024; GATM, 2022).
Para el éxito de estas terapias, el paciente debe cumplir requisitos estrictos (adaptación de los criterios CAPSIT-PD) (Deuschl G, 2022; SEN, 2024):
- Inclusión: diagnóstico confirmado de EP idiopática (evolución ≥4-5 años), buena respuesta a la levodopa (excepto en temblor) y expectativas realistas.
- Exclusión: presencia de demencia, trastornos psiquiátricos graves activos (psicosis o depresión no controlada) o comorbilidades que comprometan el pronóstico vital a medio plazo. Para la cirugía: >70 años (individualizar), RM cerebral con atrofia o leucoaraiosis significativa, persistencia de síntomas axiales en ON (bloqueos de la marcha, inestabilidad).
- Quirúrgicos: hemorragia cerebral (1-3%), infecciones del hardware o erosiones cutáneas.
- Dispositivos: nódulos subcutáneos (apomorfina y levodopa subcutánea), peritonitis o infecciones del estoma (vía intestinal).
- Clínicos: posible aparición de disartria (problemas de habla), trastornos de la marcha, apatía o aumento de peso.
Deben iniciarse de forma temprana, realizar una planificación anticipada de cuidados que respete prioridades y valores del paciente, integrándose progresivamente según avanza la enfermedad. Se deben evaluar de manera sistemática los síntomas motores y especialmente los no motores. Se recomienda mantener la medicación dopaminérgica (simplificándola idealmente a monoterapia con levodopa) para evitar el dolor y la rigidez extrema hasta el final.El abordaje ha de ser multidisciplinar, involucrando a atención primaria, neurología y equipos de soporte (SEN, 2024; Sánchez-Cárdenas MA, 2023).
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Autoras
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Médico Especialista en Medicina Familiar y Comunitaria (1) |
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Médico Especialista en Medicina Familiar y Comunitaria (2) |
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(1) Hospital Can Misses. Ibiza, Illes Balears. España. (2) Centro de Salud de Vila. Ibiza, Illes Balears. España. |
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Los autores declaran no tener ningún conflicto de intereses.