Fisterra

    Prevención primaria del duelo complicado: información para el doliente principal

    Información para el doliente principal


    Vivir la muerte de un ser querido es probablemente una de las experiencias más duras y difíciles por la que pueda pasar un ser humano.

    Esta vivencia es única y distinta para cada persona y ninguna pérdida es comparable a otra, por lo que cada doliente siente y expresa su dolor de una sola manera: la suya.

    El duelo es como un camino que hay que recorrer:

    • En el que tienes que aprender a andar sin la persona que has perdido.
    • Será muy largo y doloroso para unas personas y no lo será tanto para otras, porque cada persona tiene que hacer el suyo.
    • No tiene atajos, porque el dolor no se puede eludir.
    • No tiene una duración concreta, cada persona necesita su tiempo para recorrerlo.

    El duelo se expresa a través de manifestaciones tanto físicas como psicológicas. Es posible que en muchas ocasiones estas manifestaciones te asusten y pienses que estás enfermando o que estás enloqueciendo, pero procura tranquilizarte, date un poco de tiempo y verás cómo poco a poco las cosas volverán a su sitio.

    ----------------

    A continuación te presentamos algunas de las manifestaciones más habituales en las personas que están sufriendo un duelo.

    1. Puede que notes molestias físicas. Las más habituales son:

    • Sensación de tener como un nudo en la garganta.
    • Tensión muscular en el cuello, en la espalda, en otras partes o incluso en todo el cuerpo.
    • Dolores o molestias en el pecho, como algo que aprieta.
    • Falta de apetito o por el contrario más apetito de lo habitual.
    • Debilidad, falta de energía.
    • La sensación de tener como un casco entre la frente y la nuca, que aprieta toda la cabeza.
    • Sentir como un nudo en el estómago o malas digestiones.
    • Presentar dolores en el abdomen, estreñimiento o diarrea, o ambas cosas.

    2. Las manifestaciones psicológicas son mucho más abundantes y variadas, por lo que es muy posible que sientas algunas de estas:

    • Alteraciones psicológicas:
      • Mucho nerviosismo, ansiedad, la sensación de no poder parar por dentro.
      • Dificultades con el sueño. Te puede costar conciliar el sueño o te puedes despertar durante la noche o por la mañana temprano y ya no te puedes volver a dormir.
      • Dificultades para concentrarte, en la lectura, conversaciones... el pensamiento se va a la pena, es como una obsesión.
      • Falta de memoria, que suele estar relacionada con una menor atención a lo que sucede a tu alrededor.
      • Incomodidad cuando estás con otras personas o, por el contrario, no querer estar sola o solo por nada del mundo.
      • Sensación de que haces las cosas automáticamente, igual que un robot.
      • Deseos de desaparecer, de huir a no sé dónde, o de trabajar mucho para evitar el dolor.
      • Brotes de llanto incontrolado, cambios de humor repentinos.
    • Sentimientos:
      • Tristeza, melancolía, que a veces pueden llevar a la depresión.
      • Un vacío y falta de ganas de vivir o incluso deseos de morir para irte con él, con ella.
      • Miedo a la enfermedad, al futuro, a la soledad, a todo.
      • Culpa, te haces continuos reproches por cosas que ocurrieron, o por las que no ocurrieron, en tu relación con la persona fallecida.
      • Pena porque lo que no se dijo, por creer que no le demostraste todo el cariño que le tenías.
      • Enfado, irritabilidad o sentir verdadera rabia, dirigida contra familiares, médicos, enfermeras, contra tu persona, contra Dios o incluso contra la persona fallecida.
      • Incredulidad, que lo ocurrido no es cierto, que no ha muerto, que realmente no ha pasado nada, que todo era un sueño, una película.
      • Impotencia, fragilidad, vulnerabilidad, pequeñez, falta de control ante la vida.

    3. Hay ciertas ideas acerca del duelo que escucharás muchas veces y debes saber que están equivocadas.

    Existen cantidad de tópicos y frases hechas, de contenido totalmente negativo y perjudicial, que es mejor no tener en cuenta, tales como:

    • “El tiempo lo cura todo”. El tiempo puede mitigar tu sufrimiento, pero lo que realmente te ayudará es lo que hagas durante ese tiempo. El tener una actitud pasiva esperando a que el tiempo resuelva tu pena, sólo te lleva a cronificar el dolor.
    • “A él o a ella no le gustaría verte así”, “Si no lo superas, no le dejas descansar”. Además de inculcar una idea errónea, porque una persona fallecida no siente ni piensa, este tipo de mensajes sólo añaden culpa. Los cambios que hagas en tu vida debes hacerlos porque te vienen bien a ti.
    • “No pienses en él o en ella que es peor”. “Lo que tienes que hacer es irte de viaje, distraerte y olvidarte de todo”. La elaboración del duelo precisa que se sienta el dolor, que se expresen las emociones que nos despierta su ausencia y para ello es necesario recordar, revivir y sentir lo sucedido y lo que estás viviendo.
    • “Hay que ser fuerte”. Se transmite la idea de que expresar dolor o emociones es símbolo de debilidad, cuando es todo lo contrario ya que afrontar el dolor, sentirlo y manifestarlo, es el camino para su superación. Evitarlo sólo lleva a encapsular y prolongar el dolor.

    4. ¿Qué puedes hacer para sentir cierto alivio y consuelo?

    • Cuidarte física y mentalmente, darte tiempo.
    • Al principio no te fuerces a comer más de lo que te apetezca.
    • Trata de hacer ejercicio físico regular: pasear, correr, nadar, andar en bici… el ejercicio que más te guste es el mejor, esto te ayudará a relajarte.

    Intentar hacer una vida lo más parecida a la que hacías antes

    • Procura tener un horario para irte a la cama y para levantarte, aunque no duermas bien. Al principio es muy probable que te cueste dormir, pero poco a poco el sueño se irá normalizando. Si esto se alarga mucho, le puedes pedir ayuda a tu médico de familia.
    • Conviene que lleves una vida lo más equilibrada posible, donde haya un tiempo para el reposo, el trabajo y la reflexión o la oración si eres creyente.

    Cosas que te pueden aliviar

    • Quizás te pueda aliviar hablar con otras personas que están en duelo o con personas de tu confianza. Por eso conviene que mantengas contacto con familiares, amistades, vecinos... y a pesar de que muchas veces nos cuesta pedir ayuda, conviene que la solicites y aceptes la que se te ofrece.
    • Es habitual que sientas que no te comprenden, pero también debes entender que tus familiares tienen sus limitaciones. Piensa que cada uno tiene su propio duelo porque también era su hermano, su padre, su madre… y viven la pérdida a su ritmo, y seguro que es diferente del tuyo.
    • También te puede ayudar escribir una carta a tu ser querido o un diario; preparar un álbum con fotos de cuando él o ella vivía o hablarle a su foto diciéndole todo aquello que quedó sin decir o contarle simplemente cosas cotidianas, lo que te ha pasado ese día.
    • Revisa los recuerdos de la vida en común, los buenos… pero también los malos, esto alivia.

    Precauciones que debes tomar

    Ten cuidado con las adicciones. El café aumenta el nerviosismo y da más angustia. El alcohol, además de muchos otros problemas de salud, puede llevar a la depresión. Vigila el tabaco, ya que se puede convertir en un problema serio. Los medicamentos, si los usas, que sea de forma razonable. Siempre deberán ser prescritos y controlados por tu médico de familia.

    Es importante que te cuides por dentro y que trates de entenderte

    • Procura ser muy paciente contigo y recordar que lo que te ocurre es lo normal en tu situación, aunque es muy frecuente la sensación de desorientación y desbordamiento.
    • La culpa casi siempre está presente, pero generalmente es irracional, no tiene explicación. Cuando llega la culpa es bueno pararse y reflexionar, repasar lo que hiciste: “hice esto y lo otro y lo de más allá…”. ¿De verdad crees que podías haber hecho más de lo que hiciste?
      Piensa que, cuando miramos desde el presente (con la certeza de que la muerte ha ocurrido), para las situaciones que hemos vivido antes, nuestro punto de vista está “trucado”, totalmente cambiado, es irreal, porque la muerte cambia todas las miradas y da un sentido equivocado a lo que has vivido.
    • Hay que permitirse llorar. El llorar profundamente alivia de verdad, es un desahogo y una “salida” al dolor acumulado. El llanto no indica que la evolución del duelo vaya mejor o peor, es sólo un mecanismo natural para aliviar las tensiones emocionales, que no se debe reprimir.
    • El luto interior lleva su tiempo y las emociones van y vienen, a veces a golpes, por eso son normales los altibajos en el estado de ánimo.
    • Hay que evitar la excesiva autocrítica por no acabar de encontrarte bien. Suele estar influenciada por las personas cercanas que, a veces, se impacientan porque no acabas de recuperar la normalidad. Ten presente que cada persona necesita su tiempo para elaborar su pérdida.

    Recursos de ayuda

    • Si tienes dudas de si es normal lo que te está sucediendo o si presentas un insomnio que no cesa, un nerviosismo que te impide hacer la vida que hacías antes, o si ves que pasa el tiempo y no acaba de mejorar tu ánimo, que no acabas de retomar tu vida, debes acudir a tu médico de familia para solicitar ayuda. La gran mayoría de los duelos se acaban resolviendo sin necesidad de ayudas fuera de los recursos naturales: la familia, amistades, vecinas, vecinos…
    • Si quieres encontrar información acerca del duelo, en Internet existen múltiples recursos. Estos son algunos de los muchos que hay:

    Te aseguramos, que llegará un momento en el que tu vida volverá a encarrilarse, aunque así mismo te decimos: nada será igual; pero lo que sea, también puede ser bueno. Hay un antes y un después, y por eso te recomendamos que busques nuevas maneras de hacer las mismas cosas que antes hacías y también que hagas cosas diferentes, piensa que ahora siempre hay alguien que te puede ayudar desde “el otro lado”.

    ----------------

    Como resumen

    Por ti y por los que te rodean, TE DEBES PERMITIR VOLVER A VIVIR.

    Autores

    Víctor Landa Petralanda Médico Especialista en Medicina Familiar y Comunitaria (1)
    Jesús Ángel García García Médico Especialista en Medicina Familiar y Comunitaria (2)
    Mónica Moyano Lorenzo Médico Especialista en Medicina Familiar y Comunitaria (3)
    Máster en Cuidados Paliativos por la Universidad del País Vasco
    Belén Molina González Médico Especialista en Medicina Familiar y Comunitaria (4)
    Máster en Cuidados Paliativos por la Universidad del País Vasco

    (1) Centro de Salud de Basauri/Ariz. OSI Barrualde-Galdakao. Servicio Vasco de Salud (Osakidetza). Bizkaia. España.
    (2) Centro de Salud Kueto-Sestao. PALEQUI (equipo consultor de cuidados paliativos). OSI Barakaldo-Sestao. Servicio Vasco de Salud (Osakidetza). Bizkaia. España.
    (3) Unidad de Cuidados Paliativos. Hospital San Juan de Dios. Santurtzi. Bizkaia. España.
    (4) Centro de Salud de Zuazo. OSI Barakaldo-Sestao. Servicio Vasco de Salud (Osakidetza). Bizkaia. España.

    Conflicto de intereses
    Los autores declaran no tener ningún conflicto de intereses.

    Prevención primaria del duelo complicado: información para el doliente principal

    Fecha de revisión: 06/02/2017
    • Ficha
    • Relaciones
    Índice de contenidos

    Información para el doliente principal


    Vivir la muerte de un ser querido es probablemente una de las experiencias más duras y difíciles por la que pueda pasar un ser humano.

    Esta vivencia es única y distinta para cada persona y ninguna pérdida es comparable a otra, por lo que cada doliente siente y expresa su dolor de una sola manera: la suya.

    El duelo es como un camino que hay que recorrer:

    • En el que tienes que aprender a andar sin la persona que has perdido.
    • Será muy largo y doloroso para unas personas y no lo será tanto para otras, porque cada persona tiene que hacer el suyo.
    • No tiene atajos, porque el dolor no se puede eludir.
    • No tiene una duración concreta, cada persona necesita su tiempo para recorrerlo.

    El duelo se expresa a través de manifestaciones tanto físicas como psicológicas. Es posible que en muchas ocasiones estas manifestaciones te asusten y pienses que estás enfermando o que estás enloqueciendo, pero procura tranquilizarte, date un poco de tiempo y verás cómo poco a poco las cosas volverán a su sitio.

    ----------------

    A continuación te presentamos algunas de las manifestaciones más habituales en las personas que están sufriendo un duelo.

    1. Puede que notes molestias físicas. Las más habituales son:

    • Sensación de tener como un nudo en la garganta.
    • Tensión muscular en el cuello, en la espalda, en otras partes o incluso en todo el cuerpo.
    • Dolores o molestias en el pecho, como algo que aprieta.
    • Falta de apetito o por el contrario más apetito de lo habitual.
    • Debilidad, falta de energía.
    • La sensación de tener como un casco entre la frente y la nuca, que aprieta toda la cabeza.
    • Sentir como un nudo en el estómago o malas digestiones.
    • Presentar dolores en el abdomen, estreñimiento o diarrea, o ambas cosas.

    2. Las manifestaciones psicológicas son mucho más abundantes y variadas, por lo que es muy posible que sientas algunas de estas:

    • Alteraciones psicológicas:
      • Mucho nerviosismo, ansiedad, la sensación de no poder parar por dentro.
      • Dificultades con el sueño. Te puede costar conciliar el sueño o te puedes despertar durante la noche o por la mañana temprano y ya no te puedes volver a dormir.
      • Dificultades para concentrarte, en la lectura, conversaciones... el pensamiento se va a la pena, es como una obsesión.
      • Falta de memoria, que suele estar relacionada con una menor atención a lo que sucede a tu alrededor.
      • Incomodidad cuando estás con otras personas o, por el contrario, no querer estar sola o solo por nada del mundo.
      • Sensación de que haces las cosas automáticamente, igual que un robot.
      • Deseos de desaparecer, de huir a no sé dónde, o de trabajar mucho para evitar el dolor.
      • Brotes de llanto incontrolado, cambios de humor repentinos.
    • Sentimientos:
      • Tristeza, melancolía, que a veces pueden llevar a la depresión.
      • Un vacío y falta de ganas de vivir o incluso deseos de morir para irte con él, con ella.
      • Miedo a la enfermedad, al futuro, a la soledad, a todo.
      • Culpa, te haces continuos reproches por cosas que ocurrieron, o por las que no ocurrieron, en tu relación con la persona fallecida.
      • Pena porque lo que no se dijo, por creer que no le demostraste todo el cariño que le tenías.
      • Enfado, irritabilidad o sentir verdadera rabia, dirigida contra familiares, médicos, enfermeras, contra tu persona, contra Dios o incluso contra la persona fallecida.
      • Incredulidad, que lo ocurrido no es cierto, que no ha muerto, que realmente no ha pasado nada, que todo era un sueño, una película.
      • Impotencia, fragilidad, vulnerabilidad, pequeñez, falta de control ante la vida.

    3. Hay ciertas ideas acerca del duelo que escucharás muchas veces y debes saber que están equivocadas.

    Existen cantidad de tópicos y frases hechas, de contenido totalmente negativo y perjudicial, que es mejor no tener en cuenta, tales como:

    • “El tiempo lo cura todo”. El tiempo puede mitigar tu sufrimiento, pero lo que realmente te ayudará es lo que hagas durante ese tiempo. El tener una actitud pasiva esperando a que el tiempo resuelva tu pena, sólo te lleva a cronificar el dolor.
    • “A él o a ella no le gustaría verte así”, “Si no lo superas, no le dejas descansar”. Además de inculcar una idea errónea, porque una persona fallecida no siente ni piensa, este tipo de mensajes sólo añaden culpa. Los cambios que hagas en tu vida debes hacerlos porque te vienen bien a ti.
    • “No pienses en él o en ella que es peor”. “Lo que tienes que hacer es irte de viaje, distraerte y olvidarte de todo”. La elaboración del duelo precisa que se sienta el dolor, que se expresen las emociones que nos despierta su ausencia y para ello es necesario recordar, revivir y sentir lo sucedido y lo que estás viviendo.
    • “Hay que ser fuerte”. Se transmite la idea de que expresar dolor o emociones es símbolo de debilidad, cuando es todo lo contrario ya que afrontar el dolor, sentirlo y manifestarlo, es el camino para su superación. Evitarlo sólo lleva a encapsular y prolongar el dolor.

    4. ¿Qué puedes hacer para sentir cierto alivio y consuelo?

    • Cuidarte física y mentalmente, darte tiempo.
    • Al principio no te fuerces a comer más de lo que te apetezca.
    • Trata de hacer ejercicio físico regular: pasear, correr, nadar, andar en bici… el ejercicio que más te guste es el mejor, esto te ayudará a relajarte.

    Intentar hacer una vida lo más parecida a la que hacías antes

    • Procura tener un horario para irte a la cama y para levantarte, aunque no duermas bien. Al principio es muy probable que te cueste dormir, pero poco a poco el sueño se irá normalizando. Si esto se alarga mucho, le puedes pedir ayuda a tu médico de familia.
    • Conviene que lleves una vida lo más equilibrada posible, donde haya un tiempo para el reposo, el trabajo y la reflexión o la oración si eres creyente.

    Cosas que te pueden aliviar

    • Quizás te pueda aliviar hablar con otras personas que están en duelo o con personas de tu confianza. Por eso conviene que mantengas contacto con familiares, amistades, vecinos... y a pesar de que muchas veces nos cuesta pedir ayuda, conviene que la solicites y aceptes la que se te ofrece.
    • Es habitual que sientas que no te comprenden, pero también debes entender que tus familiares tienen sus limitaciones. Piensa que cada uno tiene su propio duelo porque también era su hermano, su padre, su madre… y viven la pérdida a su ritmo, y seguro que es diferente del tuyo.
    • También te puede ayudar escribir una carta a tu ser querido o un diario; preparar un álbum con fotos de cuando él o ella vivía o hablarle a su foto diciéndole todo aquello que quedó sin decir o contarle simplemente cosas cotidianas, lo que te ha pasado ese día.
    • Revisa los recuerdos de la vida en común, los buenos… pero también los malos, esto alivia.

    Precauciones que debes tomar

    Ten cuidado con las adicciones. El café aumenta el nerviosismo y da más angustia. El alcohol, además de muchos otros problemas de salud, puede llevar a la depresión. Vigila el tabaco, ya que se puede convertir en un problema serio. Los medicamentos, si los usas, que sea de forma razonable. Siempre deberán ser prescritos y controlados por tu médico de familia.

    Es importante que te cuides por dentro y que trates de entenderte

    • Procura ser muy paciente contigo y recordar que lo que te ocurre es lo normal en tu situación, aunque es muy frecuente la sensación de desorientación y desbordamiento.
    • La culpa casi siempre está presente, pero generalmente es irracional, no tiene explicación. Cuando llega la culpa es bueno pararse y reflexionar, repasar lo que hiciste: “hice esto y lo otro y lo de más allá…”. ¿De verdad crees que podías haber hecho más de lo que hiciste?
      Piensa que, cuando miramos desde el presente (con la certeza de que la muerte ha ocurrido), para las situaciones que hemos vivido antes, nuestro punto de vista está “trucado”, totalmente cambiado, es irreal, porque la muerte cambia todas las miradas y da un sentido equivocado a lo que has vivido.
    • Hay que permitirse llorar. El llorar profundamente alivia de verdad, es un desahogo y una “salida” al dolor acumulado. El llanto no indica que la evolución del duelo vaya mejor o peor, es sólo un mecanismo natural para aliviar las tensiones emocionales, que no se debe reprimir.
    • El luto interior lleva su tiempo y las emociones van y vienen, a veces a golpes, por eso son normales los altibajos en el estado de ánimo.
    • Hay que evitar la excesiva autocrítica por no acabar de encontrarte bien. Suele estar influenciada por las personas cercanas que, a veces, se impacientan porque no acabas de recuperar la normalidad. Ten presente que cada persona necesita su tiempo para elaborar su pérdida.

    Recursos de ayuda

    • Si tienes dudas de si es normal lo que te está sucediendo o si presentas un insomnio que no cesa, un nerviosismo que te impide hacer la vida que hacías antes, o si ves que pasa el tiempo y no acaba de mejorar tu ánimo, que no acabas de retomar tu vida, debes acudir a tu médico de familia para solicitar ayuda. La gran mayoría de los duelos se acaban resolviendo sin necesidad de ayudas fuera de los recursos naturales: la familia, amistades, vecinas, vecinos…
    • Si quieres encontrar información acerca del duelo, en Internet existen múltiples recursos. Estos son algunos de los muchos que hay:

    Te aseguramos, que llegará un momento en el que tu vida volverá a encarrilarse, aunque así mismo te decimos: nada será igual; pero lo que sea, también puede ser bueno. Hay un antes y un después, y por eso te recomendamos que busques nuevas maneras de hacer las mismas cosas que antes hacías y también que hagas cosas diferentes, piensa que ahora siempre hay alguien que te puede ayudar desde “el otro lado”.

    ----------------

    Como resumen

    Por ti y por los que te rodean, TE DEBES PERMITIR VOLVER A VIVIR.

    Autores

    Víctor Landa Petralanda Médico Especialista en Medicina Familiar y Comunitaria (1)
    Jesús Ángel García García Médico Especialista en Medicina Familiar y Comunitaria (2)
    Mónica Moyano Lorenzo Médico Especialista en Medicina Familiar y Comunitaria (3)
    Máster en Cuidados Paliativos por la Universidad del País Vasco
    Belén Molina González Médico Especialista en Medicina Familiar y Comunitaria (4)
    Máster en Cuidados Paliativos por la Universidad del País Vasco

    (1) Centro de Salud de Basauri/Ariz. OSI Barrualde-Galdakao. Servicio Vasco de Salud (Osakidetza). Bizkaia. España.
    (2) Centro de Salud Kueto-Sestao. PALEQUI (equipo consultor de cuidados paliativos). OSI Barakaldo-Sestao. Servicio Vasco de Salud (Osakidetza). Bizkaia. España.
    (3) Unidad de Cuidados Paliativos. Hospital San Juan de Dios. Santurtzi. Bizkaia. España.
    (4) Centro de Salud de Zuazo. OSI Barakaldo-Sestao. Servicio Vasco de Salud (Osakidetza). Bizkaia. España.

    Conflicto de intereses
    Los autores declaran no tener ningún conflicto de intereses.

    Prevención primaria del duelo complicado: información para el doliente principal

    Fecha de revisión: 06/02/2017

    Información para el doliente principal


    Vivir la muerte de un ser querido es probablemente una de las experiencias más duras y difíciles por la que pueda pasar un ser humano.

    Esta vivencia es única y distinta para cada persona y ninguna pérdida es comparable a otra, por lo que cada doliente siente y expresa su dolor de una sola manera: la suya.

    El duelo es como un camino que hay que recorrer:

    • En el que tienes que aprender a andar sin la persona que has perdido.
    • Será muy largo y doloroso para unas personas y no lo será tanto para otras, porque cada persona tiene que hacer el suyo.
    • No tiene atajos, porque el dolor no se puede eludir.
    • No tiene una duración concreta, cada persona necesita su tiempo para recorrerlo.

    El duelo se expresa a través de manifestaciones tanto físicas como psicológicas. Es posible que en muchas ocasiones estas manifestaciones te asusten y pienses que estás enfermando o que estás enloqueciendo, pero procura tranquilizarte, date un poco de tiempo y verás cómo poco a poco las cosas volverán a su sitio.

    ----------------

    A continuación te presentamos algunas de las manifestaciones más habituales en las personas que están sufriendo un duelo.

    1. Puede que notes molestias físicas. Las más habituales son:

    • Sensación de tener como un nudo en la garganta.
    • Tensión muscular en el cuello, en la espalda, en otras partes o incluso en todo el cuerpo.
    • Dolores o molestias en el pecho, como algo que aprieta.
    • Falta de apetito o por el contrario más apetito de lo habitual.
    • Debilidad, falta de energía.
    • La sensación de tener como un casco entre la frente y la nuca, que aprieta toda la cabeza.
    • Sentir como un nudo en el estómago o malas digestiones.
    • Presentar dolores en el abdomen, estreñimiento o diarrea, o ambas cosas.

    2. Las manifestaciones psicológicas son mucho más abundantes y variadas, por lo que es muy posible que sientas algunas de estas:

    • Alteraciones psicológicas:
      • Mucho nerviosismo, ansiedad, la sensación de no poder parar por dentro.
      • Dificultades con el sueño. Te puede costar conciliar el sueño o te puedes despertar durante la noche o por la mañana temprano y ya no te puedes volver a dormir.
      • Dificultades para concentrarte, en la lectura, conversaciones... el pensamiento se va a la pena, es como una obsesión.
      • Falta de memoria, que suele estar relacionada con una menor atención a lo que sucede a tu alrededor.
      • Incomodidad cuando estás con otras personas o, por el contrario, no querer estar sola o solo por nada del mundo.
      • Sensación de que haces las cosas automáticamente, igual que un robot.
      • Deseos de desaparecer, de huir a no sé dónde, o de trabajar mucho para evitar el dolor.
      • Brotes de llanto incontrolado, cambios de humor repentinos.
    • Sentimientos:
      • Tristeza, melancolía, que a veces pueden llevar a la depresión.
      • Un vacío y falta de ganas de vivir o incluso deseos de morir para irte con él, con ella.
      • Miedo a la enfermedad, al futuro, a la soledad, a todo.
      • Culpa, te haces continuos reproches por cosas que ocurrieron, o por las que no ocurrieron, en tu relación con la persona fallecida.
      • Pena porque lo que no se dijo, por creer que no le demostraste todo el cariño que le tenías.
      • Enfado, irritabilidad o sentir verdadera rabia, dirigida contra familiares, médicos, enfermeras, contra tu persona, contra Dios o incluso contra la persona fallecida.
      • Incredulidad, que lo ocurrido no es cierto, que no ha muerto, que realmente no ha pasado nada, que todo era un sueño, una película.
      • Impotencia, fragilidad, vulnerabilidad, pequeñez, falta de control ante la vida.

    3. Hay ciertas ideas acerca del duelo que escucharás muchas veces y debes saber que están equivocadas.

    Existen cantidad de tópicos y frases hechas, de contenido totalmente negativo y perjudicial, que es mejor no tener en cuenta, tales como:

    • “El tiempo lo cura todo”. El tiempo puede mitigar tu sufrimiento, pero lo que realmente te ayudará es lo que hagas durante ese tiempo. El tener una actitud pasiva esperando a que el tiempo resuelva tu pena, sólo te lleva a cronificar el dolor.
    • “A él o a ella no le gustaría verte así”, “Si no lo superas, no le dejas descansar”. Además de inculcar una idea errónea, porque una persona fallecida no siente ni piensa, este tipo de mensajes sólo añaden culpa. Los cambios que hagas en tu vida debes hacerlos porque te vienen bien a ti.
    • “No pienses en él o en ella que es peor”. “Lo que tienes que hacer es irte de viaje, distraerte y olvidarte de todo”. La elaboración del duelo precisa que se sienta el dolor, que se expresen las emociones que nos despierta su ausencia y para ello es necesario recordar, revivir y sentir lo sucedido y lo que estás viviendo.
    • “Hay que ser fuerte”. Se transmite la idea de que expresar dolor o emociones es símbolo de debilidad, cuando es todo lo contrario ya que afrontar el dolor, sentirlo y manifestarlo, es el camino para su superación. Evitarlo sólo lleva a encapsular y prolongar el dolor.

    4. ¿Qué puedes hacer para sentir cierto alivio y consuelo?

    • Cuidarte física y mentalmente, darte tiempo.
    • Al principio no te fuerces a comer más de lo que te apetezca.
    • Trata de hacer ejercicio físico regular: pasear, correr, nadar, andar en bici… el ejercicio que más te guste es el mejor, esto te ayudará a relajarte.

    Intentar hacer una vida lo más parecida a la que hacías antes

    • Procura tener un horario para irte a la cama y para levantarte, aunque no duermas bien. Al principio es muy probable que te cueste dormir, pero poco a poco el sueño se irá normalizando. Si esto se alarga mucho, le puedes pedir ayuda a tu médico de familia.
    • Conviene que lleves una vida lo más equilibrada posible, donde haya un tiempo para el reposo, el trabajo y la reflexión o la oración si eres creyente.

    Cosas que te pueden aliviar

    • Quizás te pueda aliviar hablar con otras personas que están en duelo o con personas de tu confianza. Por eso conviene que mantengas contacto con familiares, amistades, vecinos... y a pesar de que muchas veces nos cuesta pedir ayuda, conviene que la solicites y aceptes la que se te ofrece.
    • Es habitual que sientas que no te comprenden, pero también debes entender que tus familiares tienen sus limitaciones. Piensa que cada uno tiene su propio duelo porque también era su hermano, su padre, su madre… y viven la pérdida a su ritmo, y seguro que es diferente del tuyo.
    • También te puede ayudar escribir una carta a tu ser querido o un diario; preparar un álbum con fotos de cuando él o ella vivía o hablarle a su foto diciéndole todo aquello que quedó sin decir o contarle simplemente cosas cotidianas, lo que te ha pasado ese día.
    • Revisa los recuerdos de la vida en común, los buenos… pero también los malos, esto alivia.

    Precauciones que debes tomar

    Ten cuidado con las adicciones. El café aumenta el nerviosismo y da más angustia. El alcohol, además de muchos otros problemas de salud, puede llevar a la depresión. Vigila el tabaco, ya que se puede convertir en un problema serio. Los medicamentos, si los usas, que sea de forma razonable. Siempre deberán ser prescritos y controlados por tu médico de familia.

    Es importante que te cuides por dentro y que trates de entenderte

    • Procura ser muy paciente contigo y recordar que lo que te ocurre es lo normal en tu situación, aunque es muy frecuente la sensación de desorientación y desbordamiento.
    • La culpa casi siempre está presente, pero generalmente es irracional, no tiene explicación. Cuando llega la culpa es bueno pararse y reflexionar, repasar lo que hiciste: “hice esto y lo otro y lo de más allá…”. ¿De verdad crees que podías haber hecho más de lo que hiciste?
      Piensa que, cuando miramos desde el presente (con la certeza de que la muerte ha ocurrido), para las situaciones que hemos vivido antes, nuestro punto de vista está “trucado”, totalmente cambiado, es irreal, porque la muerte cambia todas las miradas y da un sentido equivocado a lo que has vivido.
    • Hay que permitirse llorar. El llorar profundamente alivia de verdad, es un desahogo y una “salida” al dolor acumulado. El llanto no indica que la evolución del duelo vaya mejor o peor, es sólo un mecanismo natural para aliviar las tensiones emocionales, que no se debe reprimir.
    • El luto interior lleva su tiempo y las emociones van y vienen, a veces a golpes, por eso son normales los altibajos en el estado de ánimo.
    • Hay que evitar la excesiva autocrítica por no acabar de encontrarte bien. Suele estar influenciada por las personas cercanas que, a veces, se impacientan porque no acabas de recuperar la normalidad. Ten presente que cada persona necesita su tiempo para elaborar su pérdida.

    Recursos de ayuda

    • Si tienes dudas de si es normal lo que te está sucediendo o si presentas un insomnio que no cesa, un nerviosismo que te impide hacer la vida que hacías antes, o si ves que pasa el tiempo y no acaba de mejorar tu ánimo, que no acabas de retomar tu vida, debes acudir a tu médico de familia para solicitar ayuda. La gran mayoría de los duelos se acaban resolviendo sin necesidad de ayudas fuera de los recursos naturales: la familia, amistades, vecinas, vecinos…
    • Si quieres encontrar información acerca del duelo, en Internet existen múltiples recursos. Estos son algunos de los muchos que hay:

    Te aseguramos, que llegará un momento en el que tu vida volverá a encarrilarse, aunque así mismo te decimos: nada será igual; pero lo que sea, también puede ser bueno. Hay un antes y un después, y por eso te recomendamos que busques nuevas maneras de hacer las mismas cosas que antes hacías y también que hagas cosas diferentes, piensa que ahora siempre hay alguien que te puede ayudar desde “el otro lado”.

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    Como resumen

    Por ti y por los que te rodean, TE DEBES PERMITIR VOLVER A VIVIR.

    Autores

    Víctor Landa Petralanda Médico Especialista en Medicina Familiar y Comunitaria (1)
    Jesús Ángel García García Médico Especialista en Medicina Familiar y Comunitaria (2)
    Mónica Moyano Lorenzo Médico Especialista en Medicina Familiar y Comunitaria (3)
    Máster en Cuidados Paliativos por la Universidad del País Vasco
    Belén Molina González Médico Especialista en Medicina Familiar y Comunitaria (4)
    Máster en Cuidados Paliativos por la Universidad del País Vasco

    (1) Centro de Salud de Basauri/Ariz. OSI Barrualde-Galdakao. Servicio Vasco de Salud (Osakidetza). Bizkaia. España.
    (2) Centro de Salud Kueto-Sestao. PALEQUI (equipo consultor de cuidados paliativos). OSI Barakaldo-Sestao. Servicio Vasco de Salud (Osakidetza). Bizkaia. España.
    (3) Unidad de Cuidados Paliativos. Hospital San Juan de Dios. Santurtzi. Bizkaia. España.
    (4) Centro de Salud de Zuazo. OSI Barakaldo-Sestao. Servicio Vasco de Salud (Osakidetza). Bizkaia. España.

    Conflicto de intereses
    Los autores declaran no tener ningún conflicto de intereses.
    © Descargado el 27/11/2022 11:46:25 Para uso personal exclusivamente. No se permiten otros usos sin autorización. Copyright © . Elsevier Inc. Todos los derechos reservados.