Fisterra

    Síndrome del intestino irritable

    ¿De qué hablamos?


    El síndrome del intestino irritable (SII) es una afectación crónica que cursa con episodios recurrentes de dolor abdominal acompañados de alteraciones en el hábito intestinal y en la consistencia de las heces sin causa orgánica que lo justifique (Mearin F, 2016). Es una de las patologías gastrointestinales diagnosticadas con más frecuencia y supone cerca del 28% de las derivaciones al gastroenterólogo (Furman DL, 2011). Su prevalencia varía mucho entre diferentes países y estudios por la utilización de distintos criterios diagnósticos. Afecta a un 5-15% de la población con un ligero predominio de mujeres; con más frecuencia éstas presentan dolor abdominal y estreñimiento así como la diarrea es más frecuente en los hombres. Tiene un pico de edad entre los 30-50 años y desciende a partir de los 50 (Chey WD, 2015; Halland M, 2015; Lovell RM, 2012; Ford AC, 2014). Puede ser hasta 8 veces más frecuente en pacientes con dispepsia (Ford AC, 2010).

    Es una enfermedad que disminuye la calidad de vida de las personas que la padecen, entre el 13 al 88% demandarán consulta por sus síntomas y lo harán más cuanto mayor sea la intensidad del malestar y menores los recursos sociales (Chey WD, 2015). Su etiología es desconocida, se cree que es de causa multifactorial en la que pueden coexistir distintos factores de riesgo relacionados con la enfermedad:

    • Genéticos: los estudios no han podido determinar si se debe a los factores genéticos o ambientales del entorno familiar, sin embargo existen antecedentes de primer grado de SII en el 33-42% de los pacientes (Halland M, 2015; Camilleri M, 2012; Surdea-Blaga T, 2012).
    • Alteraciones en la secreción o motilidad intestinal en respuesta a diferentes estímulos mediados por serotonina: comidas, distensión, estrés emocional o inflamación. No todos los estudios han podido reproducir estos hallazgos y no existe un patrón predominante de actividad motora que sirva como marcador de la enfermedad (Camilleri M, 2012).
    • Hipersensibilidad intestinal con una percepción visceral de dolor aumentada. Ha podido demostrarse en algunos pacientes con SII pero tampoco constituye un marcador específico (Feng B, 2012).
    • Alteración en la función inmune del tracto gastrointestinal. Algunos estudios han demostrado en estos pacientes la presencia de un aumento de células y de mediadores inflamatorios como los mastocitos en la mucosa del colon (Ford AC, 2011; Feng B, 2012; Camilleri M, 2012).
    • Aumento de la permeabilidad intestinal (Chey WD, 2015).
    • Alteración en la inervación extrínseca autonómica que podría asociarse con predominio de estreñimiento cuando la disfunción es vagal, o con diarrea si es adrenérgica.
    • Alteración en la regulación del eje cerebral-intestinal. Puede ocasionar una mayor reactivación ante situaciones estresantes y modificar la percepción de los estímulos viscerales aferentes en el intestino (Surdea-Blaga T, 2012).
    • Los factores psicosociales juegan un papel muy importante en el comportamiento de la enfermedad en el paciente. Cerca del 50% de los afectados de SII padecen depresión, ansiedad, hipocondría o somatización y algunos tienen antecedentes de haber sufrido abusos en la infancia (Halland M, 2015; Malone MA, 2011; Surdea-Blaga T, 2012). Algunos autores han observado un aumento de la enfermedad en los estudiantes de medicina (Ibrahim NK, 2016).
    • Más de un tercio de los pacientes con SII de predominio de diarrea presentan malabsorción de ácidos biliares (Slattery SA, 2015).
    • Alteración de la microflora fecal. Se ha observado una colonización bacteriana en las heces de pacientes con SII diferente a los que no la padecen, que puede generar alteraciones en la fermentación del intestino (Shukla R, 2015; Malone MA, 2011; Carroll IM, 2012).
    • Antecedente de infecciones del tracto gastrointestinal que han cursado con diarrea previa a los síntomas del SII (Rostami A, 2017; Zanini B, 2012; Ruigómez A, 2007; Thabane M, 2007). Son factores de riesgo el haberla padecido en edad temprana (más frecuente entre los 19-44 años que a partir de los 45), mujeres, mayor duración, síntomas de más gravedad y en los que presentan trastornos de ansiedad o depresión (Dai C, 2012).
    • Por el momento sigue sin haberse demostrado de forma clara el papel de los alimentos en la fisiopatología de la enfermedad, las alergias alimentarias en la EII solo alcanzan del 1-3% en países occidentales, sin embargo son frecuentes las intolerancias a los alimentos en estos pacientes, así como los ricos en oligosacáridos, disacáridos, monosacáridos y polioles fermentables (FODMAP) se han reconocido como desencadenantes de los síntomas de la enfermedad (Chey WD, 2015; Ford AC, 2014; Malone MA, 2011).

    La presencia de alguno de estos factores influye en que el SII sea también más prevalente en pacientes con enfermedades inflamatorias del tracto digestivo como son la enfermedad celiaca, colitis ulcerosa (CU), enfermedad de Crohn (EC) o tras las infecciones gastrointestinales (Chey WD, 2015).

    ¿Cuáles son sus síntomas?

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    ¿Cómo se diagnostica?

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    ¿Cuál es su tratamiento?

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    Bibliografía

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    Más en la red

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    Autoras

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    Conflicto de intereses
    Los autores declaran no tener ningún conflicto de intereses.

    Síndrome del intestino irritable

    Fecha de revisión: 29/10/2018
    • Guía
    Índice de contenidos

    ¿De qué hablamos?


    El síndrome del intestino irritable (SII) es una afectación crónica que cursa con episodios recurrentes de dolor abdominal acompañados de alteraciones en el hábito intestinal y en la consistencia de las heces sin causa orgánica que lo justifique (Mearin F, 2016). Es una de las patologías gastrointestinales diagnosticadas con más frecuencia y supone cerca del 28% de las derivaciones al gastroenterólogo (Furman DL, 2011). Su prevalencia varía mucho entre diferentes países y estudios por la utilización de distintos criterios diagnósticos. Afecta a un 5-15% de la población con un ligero predominio de mujeres; con más frecuencia éstas presentan dolor abdominal y estreñimiento así como la diarrea es más frecuente en los hombres. Tiene un pico de edad entre los 30-50 años y desciende a partir de los 50 (Chey WD, 2015; Halland M, 2015; Lovell RM, 2012; Ford AC, 2014). Puede ser hasta 8 veces más frecuente en pacientes con dispepsia (Ford AC, 2010).

    Es una enfermedad que disminuye la calidad de vida de las personas que la padecen, entre el 13 al 88% demandarán consulta por sus síntomas y lo harán más cuanto mayor sea la intensidad del malestar y menores los recursos sociales (Chey WD, 2015). Su etiología es desconocida, se cree que es de causa multifactorial en la que pueden coexistir distintos factores de riesgo relacionados con la enfermedad:

    • Genéticos: los estudios no han podido determinar si se debe a los factores genéticos o ambientales del entorno familiar, sin embargo existen antecedentes de primer grado de SII en el 33-42% de los pacientes (Halland M, 2015; Camilleri M, 2012; Surdea-Blaga T, 2012).
    • Alteraciones en la secreción o motilidad intestinal en respuesta a diferentes estímulos mediados por serotonina: comidas, distensión, estrés emocional o inflamación. No todos los estudios han podido reproducir estos hallazgos y no existe un patrón predominante de actividad motora que sirva como marcador de la enfermedad (Camilleri M, 2012).
    • Hipersensibilidad intestinal con una percepción visceral de dolor aumentada. Ha podido demostrarse en algunos pacientes con SII pero tampoco constituye un marcador específico (Feng B, 2012).
    • Alteración en la función inmune del tracto gastrointestinal. Algunos estudios han demostrado en estos pacientes la presencia de un aumento de células y de mediadores inflamatorios como los mastocitos en la mucosa del colon (Ford AC, 2011; Feng B, 2012; Camilleri M, 2012).
    • Aumento de la permeabilidad intestinal (Chey WD, 2015).
    • Alteración en la inervación extrínseca autonómica que podría asociarse con predominio de estreñimiento cuando la disfunción es vagal, o con diarrea si es adrenérgica.
    • Alteración en la regulación del eje cerebral-intestinal. Puede ocasionar una mayor reactivación ante situaciones estresantes y modificar la percepción de los estímulos viscerales aferentes en el intestino (Surdea-Blaga T, 2012).
    • Los factores psicosociales juegan un papel muy importante en el comportamiento de la enfermedad en el paciente. Cerca del 50% de los afectados de SII padecen depresión, ansiedad, hipocondría o somatización y algunos tienen antecedentes de haber sufrido abusos en la infancia (Halland M, 2015; Malone MA, 2011; Surdea-Blaga T, 2012). Algunos autores han observado un aumento de la enfermedad en los estudiantes de medicina (Ibrahim NK, 2016).
    • Más de un tercio de los pacientes con SII de predominio de diarrea presentan malabsorción de ácidos biliares (Slattery SA, 2015).
    • Alteración de la microflora fecal. Se ha observado una colonización bacteriana en las heces de pacientes con SII diferente a los que no la padecen, que puede generar alteraciones en la fermentación del intestino (Shukla R, 2015; Malone MA, 2011; Carroll IM, 2012).
    • Antecedente de infecciones del tracto gastrointestinal que han cursado con diarrea previa a los síntomas del SII (Rostami A, 2017; Zanini B, 2012; Ruigómez A, 2007; Thabane M, 2007). Son factores de riesgo el haberla padecido en edad temprana (más frecuente entre los 19-44 años que a partir de los 45), mujeres, mayor duración, síntomas de más gravedad y en los que presentan trastornos de ansiedad o depresión (Dai C, 2012).
    • Por el momento sigue sin haberse demostrado de forma clara el papel de los alimentos en la fisiopatología de la enfermedad, las alergias alimentarias en la EII solo alcanzan del 1-3% en países occidentales, sin embargo son frecuentes las intolerancias a los alimentos en estos pacientes, así como los ricos en oligosacáridos, disacáridos, monosacáridos y polioles fermentables (FODMAP) se han reconocido como desencadenantes de los síntomas de la enfermedad (Chey WD, 2015; Ford AC, 2014; Malone MA, 2011).

    La presencia de alguno de estos factores influye en que el SII sea también más prevalente en pacientes con enfermedades inflamatorias del tracto digestivo como son la enfermedad celiaca, colitis ulcerosa (CU), enfermedad de Crohn (EC) o tras las infecciones gastrointestinales (Chey WD, 2015).

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    Los autores declaran no tener ningún conflicto de intereses.

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    ¿De qué hablamos?


    El síndrome del intestino irritable (SII) es una afectación crónica que cursa con episodios recurrentes de dolor abdominal acompañados de alteraciones en el hábito intestinal y en la consistencia de las heces sin causa orgánica que lo justifique (Mearin F, 2016). Es una de las patologías gastrointestinales diagnosticadas con más frecuencia y supone cerca del 28% de las derivaciones al gastroenterólogo (Furman DL, 2011). Su prevalencia varía mucho entre diferentes países y estudios por la utilización de distintos criterios diagnósticos. Afecta a un 5-15% de la población con un ligero predominio de mujeres; con más frecuencia éstas presentan dolor abdominal y estreñimiento así como la diarrea es más frecuente en los hombres. Tiene un pico de edad entre los 30-50 años y desciende a partir de los 50 (Chey WD, 2015; Halland M, 2015; Lovell RM, 2012; Ford AC, 2014). Puede ser hasta 8 veces más frecuente en pacientes con dispepsia (Ford AC, 2010).

    Es una enfermedad que disminuye la calidad de vida de las personas que la padecen, entre el 13 al 88% demandarán consulta por sus síntomas y lo harán más cuanto mayor sea la intensidad del malestar y menores los recursos sociales (Chey WD, 2015). Su etiología es desconocida, se cree que es de causa multifactorial en la que pueden coexistir distintos factores de riesgo relacionados con la enfermedad:

    • Genéticos: los estudios no han podido determinar si se debe a los factores genéticos o ambientales del entorno familiar, sin embargo existen antecedentes de primer grado de SII en el 33-42% de los pacientes (Halland M, 2015; Camilleri M, 2012; Surdea-Blaga T, 2012).
    • Alteraciones en la secreción o motilidad intestinal en respuesta a diferentes estímulos mediados por serotonina: comidas, distensión, estrés emocional o inflamación. No todos los estudios han podido reproducir estos hallazgos y no existe un patrón predominante de actividad motora que sirva como marcador de la enfermedad (Camilleri M, 2012).
    • Hipersensibilidad intestinal con una percepción visceral de dolor aumentada. Ha podido demostrarse en algunos pacientes con SII pero tampoco constituye un marcador específico (Feng B, 2012).
    • Alteración en la función inmune del tracto gastrointestinal. Algunos estudios han demostrado en estos pacientes la presencia de un aumento de células y de mediadores inflamatorios como los mastocitos en la mucosa del colon (Ford AC, 2011; Feng B, 2012; Camilleri M, 2012).
    • Aumento de la permeabilidad intestinal (Chey WD, 2015).
    • Alteración en la inervación extrínseca autonómica que podría asociarse con predominio de estreñimiento cuando la disfunción es vagal, o con diarrea si es adrenérgica.
    • Alteración en la regulación del eje cerebral-intestinal. Puede ocasionar una mayor reactivación ante situaciones estresantes y modificar la percepción de los estímulos viscerales aferentes en el intestino (Surdea-Blaga T, 2012).
    • Los factores psicosociales juegan un papel muy importante en el comportamiento de la enfermedad en el paciente. Cerca del 50% de los afectados de SII padecen depresión, ansiedad, hipocondría o somatización y algunos tienen antecedentes de haber sufrido abusos en la infancia (Halland M, 2015; Malone MA, 2011; Surdea-Blaga T, 2012). Algunos autores han observado un aumento de la enfermedad en los estudiantes de medicina (Ibrahim NK, 2016).
    • Más de un tercio de los pacientes con SII de predominio de diarrea presentan malabsorción de ácidos biliares (Slattery SA, 2015).
    • Alteración de la microflora fecal. Se ha observado una colonización bacteriana en las heces de pacientes con SII diferente a los que no la padecen, que puede generar alteraciones en la fermentación del intestino (Shukla R, 2015; Malone MA, 2011; Carroll IM, 2012).
    • Antecedente de infecciones del tracto gastrointestinal que han cursado con diarrea previa a los síntomas del SII (Rostami A, 2017; Zanini B, 2012; Ruigómez A, 2007; Thabane M, 2007). Son factores de riesgo el haberla padecido en edad temprana (más frecuente entre los 19-44 años que a partir de los 45), mujeres, mayor duración, síntomas de más gravedad y en los que presentan trastornos de ansiedad o depresión (Dai C, 2012).
    • Por el momento sigue sin haberse demostrado de forma clara el papel de los alimentos en la fisiopatología de la enfermedad, las alergias alimentarias en la EII solo alcanzan del 1-3% en países occidentales, sin embargo son frecuentes las intolerancias a los alimentos en estos pacientes, así como los ricos en oligosacáridos, disacáridos, monosacáridos y polioles fermentables (FODMAP) se han reconocido como desencadenantes de los síntomas de la enfermedad (Chey WD, 2015; Ford AC, 2014; Malone MA, 2011).

    La presencia de alguno de estos factores influye en que el SII sea también más prevalente en pacientes con enfermedades inflamatorias del tracto digestivo como son la enfermedad celiaca, colitis ulcerosa (CU), enfermedad de Crohn (EC) o tras las infecciones gastrointestinales (Chey WD, 2015).

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