Fisterra

    Patologías frecuentes de tobillo y pie

    Tendinitis aquílea


    Es la inflamación aguda del peritenón que recubre al tendón de Aquiles. Este tendón está constituido por la convergencia de los músculos gastrocnemio y sóleo, comienza en la zona media de la pantorrilla y continúa hacia abajo, insertándose en la región posterior del calcáneo. Se vuelve redondeado y estrecho por encima del calcáneo (aproximadamente a 5 cm por encima de éste) que es donde se suele establecer la tendinitis y luego se ensancha, uniéndose perpendicularmente al calcáneo posterior.

    Suele ocurrir tras abuso o mal uso de la articulación del tobillo. Son factores predisponentes actividades como la carrera, especialmente de largas distancias o en cuesta, la parada y el arranque brusco (tenis), el estiramiento incorrecto antes del ejercicio o el incremento de la distancia por parte de corredores a fondo.

    También se han descrito casos de tendinitis aquílea como reacción adversa a medicamentos, específicamente a las quinolonas (BestBets, 2017). Dentro de éstas, el mayor riesgo se atribuye al pefloxacino (22,8%) comparado con el ciprofloxacino, cuyo riesgo se estima en 4,5%. En este caso, la tendinitis puede ocurrir desde el segundo día hasta la sexta semana de tratamiento, la afectación suele ser bilateral y se resuelve al retirar el antibiótico (García-Muñiz D, 2008).

    Así mismo, levofloxacino y ofloxacino, pueden aumentar el riesgo de tendinitis y rotura tendinosa en cualquier localización, siendo el tendón de Aquiles, el más susceptible; principalmente en pacientes mayores de 60 años, que sufran de insuficiencia renal crónica, que reciban tratamiento con corticoides o que hayan sido receptores de órganos sólidos (Bidell MR, 2016; BestBets, 2017).

    El comienzo de los síntomas suele ser agudo, con dolor constante e intenso (interrumpe el sueño), localizado en la región posterior del tobillo, frecuentemente al levantarse de la cama o después de estar tiempo sentado. El paciente adopta una marcha con el pie plano para evitar la flexión plantar del tendón.

    El dolor suele reproducirse con la flexión plantar del pie contra resistencia y puede evidenciarse sensación de fricción o crepitación durante la flexión plantar pasiva del pie, además de edema y calor local, con engrosamiento de la parte posterior del pie que dificulta el uso de calzado.

    Su diagnóstico se obtiene sobre la base de una buena historia clínica y un examen físico cuidadoso. En los casos difíciles, la ecografía, o bien la RMN, son las pruebas de elección.

    Debe diferenciarse de:

    • Tendinosis: degeneración del parénquima con ocasional calcificación secundaria. Tiende a ocurrir en personas mayores, el dolor es crónico, se relaciona menos con la actividad y puede haber engrosamiento y formación de nódulos en el tendón.
    • Deformidad de Haglund: prominencia de la tuberosidad calcánea posterosuperior con compresión del tendón sobre el contrafuerte del calzado. Suele observarse al comienzo de la adolescencia.
    • Bursitis retrocalcánea: inflamación de la bolsa anterior del tendón de Aquiles. Coexiste muchas veces con tendinosis. Se experimenta dolor por la compresión del zapato contra la inserción engrosada e inflamada del tendón de Aquiles y con la actividad de este tendón.
    • Rotura del tendón de Aquiles: generalmente ocurre en personas mayores de 30 años, con ocasión de la realización de ejercicio físico sin tener hábito. En las pre-roturas, los síntomas son iguales a los de las tendinitis; en las roturas agudas el dolor es muy agudo y el paciente refiere una sensación previa de disparo o puntapié en la pierna. Prueba de Thompson positiva (al presionar la parte posterior de la pierna con el paciente acostado en decúbito ventral, no se produce la flexión plantar obligatoria del tobillo). La rotura tardía o ignorada se reconoce después de 6 meses de la rotura aguda; los síntomas son más sutiles con dificultad para sostenerse sobre los dedos de los pies contra gravedad e hiperdorsiflexión en el lado afecto. Suele haber edema, equimosis y a veces defecto palpable del tendón. El tratamiento es quirúrgico.

    Se trata inicialmente con antiinflamatorios no esteroideos (AINEs) durante 6 semanas, reposo y prohibición de actividades intensas, fisioterapia (ejercicios de fortalecimiento y estiramiento graduales) y calor o frío local. Cuando no hay respuesta a estas medidas puede valorarse la infiltración con anestésico local (1-2 cc de mepivacaína/bupivacaína al 0,25%) y corticoides (betametasona/triamcinolona) en la inserción del tendón y/o en su zona más estrecha, aunque una de sus complicaciones es la rotura del tendón de Aquiles. Así como la atrofia del tendón y disminución de su elasticidad (Hong-Yun L, 2016); por lo que es una medida muy controvertida.

    En última instancia, se puede recurrir al tratamiento quirúrgico, cuya finalidad es descomprimir el tendón mediante la liberación longitudinal del peritenón, seguido de reposo e inmovilización.

    Neurinoma de Morton

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    Hallux valgus

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    Fracturas por estrés

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    Dedos en martillo

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    Metatarsalgia

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    Síndrome del túnel tarsiano anterior

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    Fascitis plantar

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    Bibliografía

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    Más en la red

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    Autora

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    Conflicto de intereses
    Los autores declaran no tener ningún conflicto de intereses.

    Patologías frecuentes de tobillo y pie

    Fecha de revisión: 11/06/2018
    • Guía
    Índice de contenidos

    Tendinitis aquílea


    Es la inflamación aguda del peritenón que recubre al tendón de Aquiles. Este tendón está constituido por la convergencia de los músculos gastrocnemio y sóleo, comienza en la zona media de la pantorrilla y continúa hacia abajo, insertándose en la región posterior del calcáneo. Se vuelve redondeado y estrecho por encima del calcáneo (aproximadamente a 5 cm por encima de éste) que es donde se suele establecer la tendinitis y luego se ensancha, uniéndose perpendicularmente al calcáneo posterior.

    Suele ocurrir tras abuso o mal uso de la articulación del tobillo. Son factores predisponentes actividades como la carrera, especialmente de largas distancias o en cuesta, la parada y el arranque brusco (tenis), el estiramiento incorrecto antes del ejercicio o el incremento de la distancia por parte de corredores a fondo.

    También se han descrito casos de tendinitis aquílea como reacción adversa a medicamentos, específicamente a las quinolonas (BestBets, 2017). Dentro de éstas, el mayor riesgo se atribuye al pefloxacino (22,8%) comparado con el ciprofloxacino, cuyo riesgo se estima en 4,5%. En este caso, la tendinitis puede ocurrir desde el segundo día hasta la sexta semana de tratamiento, la afectación suele ser bilateral y se resuelve al retirar el antibiótico (García-Muñiz D, 2008).

    Así mismo, levofloxacino y ofloxacino, pueden aumentar el riesgo de tendinitis y rotura tendinosa en cualquier localización, siendo el tendón de Aquiles, el más susceptible; principalmente en pacientes mayores de 60 años, que sufran de insuficiencia renal crónica, que reciban tratamiento con corticoides o que hayan sido receptores de órganos sólidos (Bidell MR, 2016; BestBets, 2017).

    El comienzo de los síntomas suele ser agudo, con dolor constante e intenso (interrumpe el sueño), localizado en la región posterior del tobillo, frecuentemente al levantarse de la cama o después de estar tiempo sentado. El paciente adopta una marcha con el pie plano para evitar la flexión plantar del tendón.

    El dolor suele reproducirse con la flexión plantar del pie contra resistencia y puede evidenciarse sensación de fricción o crepitación durante la flexión plantar pasiva del pie, además de edema y calor local, con engrosamiento de la parte posterior del pie que dificulta el uso de calzado.

    Su diagnóstico se obtiene sobre la base de una buena historia clínica y un examen físico cuidadoso. En los casos difíciles, la ecografía, o bien la RMN, son las pruebas de elección.

    Debe diferenciarse de:

    • Tendinosis: degeneración del parénquima con ocasional calcificación secundaria. Tiende a ocurrir en personas mayores, el dolor es crónico, se relaciona menos con la actividad y puede haber engrosamiento y formación de nódulos en el tendón.
    • Deformidad de Haglund: prominencia de la tuberosidad calcánea posterosuperior con compresión del tendón sobre el contrafuerte del calzado. Suele observarse al comienzo de la adolescencia.
    • Bursitis retrocalcánea: inflamación de la bolsa anterior del tendón de Aquiles. Coexiste muchas veces con tendinosis. Se experimenta dolor por la compresión del zapato contra la inserción engrosada e inflamada del tendón de Aquiles y con la actividad de este tendón.
    • Rotura del tendón de Aquiles: generalmente ocurre en personas mayores de 30 años, con ocasión de la realización de ejercicio físico sin tener hábito. En las pre-roturas, los síntomas son iguales a los de las tendinitis; en las roturas agudas el dolor es muy agudo y el paciente refiere una sensación previa de disparo o puntapié en la pierna. Prueba de Thompson positiva (al presionar la parte posterior de la pierna con el paciente acostado en decúbito ventral, no se produce la flexión plantar obligatoria del tobillo). La rotura tardía o ignorada se reconoce después de 6 meses de la rotura aguda; los síntomas son más sutiles con dificultad para sostenerse sobre los dedos de los pies contra gravedad e hiperdorsiflexión en el lado afecto. Suele haber edema, equimosis y a veces defecto palpable del tendón. El tratamiento es quirúrgico.

    Se trata inicialmente con antiinflamatorios no esteroideos (AINEs) durante 6 semanas, reposo y prohibición de actividades intensas, fisioterapia (ejercicios de fortalecimiento y estiramiento graduales) y calor o frío local. Cuando no hay respuesta a estas medidas puede valorarse la infiltración con anestésico local (1-2 cc de mepivacaína/bupivacaína al 0,25%) y corticoides (betametasona/triamcinolona) en la inserción del tendón y/o en su zona más estrecha, aunque una de sus complicaciones es la rotura del tendón de Aquiles. Así como la atrofia del tendón y disminución de su elasticidad (Hong-Yun L, 2016); por lo que es una medida muy controvertida.

    En última instancia, se puede recurrir al tratamiento quirúrgico, cuya finalidad es descomprimir el tendón mediante la liberación longitudinal del peritenón, seguido de reposo e inmovilización.

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    Tendinitis aquílea


    Es la inflamación aguda del peritenón que recubre al tendón de Aquiles. Este tendón está constituido por la convergencia de los músculos gastrocnemio y sóleo, comienza en la zona media de la pantorrilla y continúa hacia abajo, insertándose en la región posterior del calcáneo. Se vuelve redondeado y estrecho por encima del calcáneo (aproximadamente a 5 cm por encima de éste) que es donde se suele establecer la tendinitis y luego se ensancha, uniéndose perpendicularmente al calcáneo posterior.

    Suele ocurrir tras abuso o mal uso de la articulación del tobillo. Son factores predisponentes actividades como la carrera, especialmente de largas distancias o en cuesta, la parada y el arranque brusco (tenis), el estiramiento incorrecto antes del ejercicio o el incremento de la distancia por parte de corredores a fondo.

    También se han descrito casos de tendinitis aquílea como reacción adversa a medicamentos, específicamente a las quinolonas (BestBets, 2017). Dentro de éstas, el mayor riesgo se atribuye al pefloxacino (22,8%) comparado con el ciprofloxacino, cuyo riesgo se estima en 4,5%. En este caso, la tendinitis puede ocurrir desde el segundo día hasta la sexta semana de tratamiento, la afectación suele ser bilateral y se resuelve al retirar el antibiótico (García-Muñiz D, 2008).

    Así mismo, levofloxacino y ofloxacino, pueden aumentar el riesgo de tendinitis y rotura tendinosa en cualquier localización, siendo el tendón de Aquiles, el más susceptible; principalmente en pacientes mayores de 60 años, que sufran de insuficiencia renal crónica, que reciban tratamiento con corticoides o que hayan sido receptores de órganos sólidos (Bidell MR, 2016; BestBets, 2017).

    El comienzo de los síntomas suele ser agudo, con dolor constante e intenso (interrumpe el sueño), localizado en la región posterior del tobillo, frecuentemente al levantarse de la cama o después de estar tiempo sentado. El paciente adopta una marcha con el pie plano para evitar la flexión plantar del tendón.

    El dolor suele reproducirse con la flexión plantar del pie contra resistencia y puede evidenciarse sensación de fricción o crepitación durante la flexión plantar pasiva del pie, además de edema y calor local, con engrosamiento de la parte posterior del pie que dificulta el uso de calzado.

    Su diagnóstico se obtiene sobre la base de una buena historia clínica y un examen físico cuidadoso. En los casos difíciles, la ecografía, o bien la RMN, son las pruebas de elección.

    Debe diferenciarse de:

    • Tendinosis: degeneración del parénquima con ocasional calcificación secundaria. Tiende a ocurrir en personas mayores, el dolor es crónico, se relaciona menos con la actividad y puede haber engrosamiento y formación de nódulos en el tendón.
    • Deformidad de Haglund: prominencia de la tuberosidad calcánea posterosuperior con compresión del tendón sobre el contrafuerte del calzado. Suele observarse al comienzo de la adolescencia.
    • Bursitis retrocalcánea: inflamación de la bolsa anterior del tendón de Aquiles. Coexiste muchas veces con tendinosis. Se experimenta dolor por la compresión del zapato contra la inserción engrosada e inflamada del tendón de Aquiles y con la actividad de este tendón.
    • Rotura del tendón de Aquiles: generalmente ocurre en personas mayores de 30 años, con ocasión de la realización de ejercicio físico sin tener hábito. En las pre-roturas, los síntomas son iguales a los de las tendinitis; en las roturas agudas el dolor es muy agudo y el paciente refiere una sensación previa de disparo o puntapié en la pierna. Prueba de Thompson positiva (al presionar la parte posterior de la pierna con el paciente acostado en decúbito ventral, no se produce la flexión plantar obligatoria del tobillo). La rotura tardía o ignorada se reconoce después de 6 meses de la rotura aguda; los síntomas son más sutiles con dificultad para sostenerse sobre los dedos de los pies contra gravedad e hiperdorsiflexión en el lado afecto. Suele haber edema, equimosis y a veces defecto palpable del tendón. El tratamiento es quirúrgico.

    Se trata inicialmente con antiinflamatorios no esteroideos (AINEs) durante 6 semanas, reposo y prohibición de actividades intensas, fisioterapia (ejercicios de fortalecimiento y estiramiento graduales) y calor o frío local. Cuando no hay respuesta a estas medidas puede valorarse la infiltración con anestésico local (1-2 cc de mepivacaína/bupivacaína al 0,25%) y corticoides (betametasona/triamcinolona) en la inserción del tendón y/o en su zona más estrecha, aunque una de sus complicaciones es la rotura del tendón de Aquiles. Así como la atrofia del tendón y disminución de su elasticidad (Hong-Yun L, 2016); por lo que es una medida muy controvertida.

    En última instancia, se puede recurrir al tratamiento quirúrgico, cuya finalidad es descomprimir el tendón mediante la liberación longitudinal del peritenón, seguido de reposo e inmovilización.

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