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    Depresión mayor en el adulto: factores de riesgo y diagnósticos

    ¿De qué hablamos?


    La persona con un episodio depresivo experimenta un estado de ánimo deprimido (tristeza, irritabilidad, sensación de vacío) o una pérdida de disfrute o del interés en actividades, la mayor parte del día, casi todos los días, durante al menos dos semanas. Se presentan otros síntomas, entre los que se incluyen la dificultad de concentración, el sentimiento de culpa excesiva o de autoestima baja, la falta de esperanza en el futuro, pensamientos de muerte o de suicidio, alteraciones del sueño, cambios en el apetito o en el peso y sensación de cansancio acusado o de falta de energía.

    La sintomatología de la enfermedad puede ser distinta con la edad: los jóvenes muestran síntomas fundamentalmente comportamentales, mientras que los adultos mayores o en determinados contextos culturales pueden expresar más fácilmente sus cambios de estado de ánimo en forma de síntomas somáticos (por ejemplo: dolor, cansancio, astenia).

    Durante un episodio depresivo, la persona experimenta dificultades importantes en su funcionamiento personal, familiar, social, educativo, ocupacional y en otros ámbitos importantes.

    En algunos casos se asocia a otras entidades psicopatológicas como la ansiedad, la distimia, las crisis de pánico, el abuso de alcohol u otras sustancias, algunas enfermedades orgánicas cerebrales y sistémicas, y trastornos de la conducta alimentaria y algunos de la personalidad.

    La proporción de la población mundial con depresión se estima en el 4%; un 5,2% en España. Es más común en mujeres que en hombres (5,1 frente a 3,6%), varía según la región y está en aumento en los últimos años. Su prevalencia aumenta con la edad hasta los 60-64 años, para declinar luego, aunque puede aparecer en cualquier momento de la vida (WHO, 2017).

    ¿Cuáles son los factores de riesgo?

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    Autores

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    Conflicto de intereses
    Los autores declaran no tener ningún conflicto de intereses.

    Depresión mayor en el adulto: factores de riesgo y diagnósticos

    Fecha de revisión: 24/12/2021
    • Guía
    Índice de contenidos

    ¿De qué hablamos?


    La persona con un episodio depresivo experimenta un estado de ánimo deprimido (tristeza, irritabilidad, sensación de vacío) o una pérdida de disfrute o del interés en actividades, la mayor parte del día, casi todos los días, durante al menos dos semanas. Se presentan otros síntomas, entre los que se incluyen la dificultad de concentración, el sentimiento de culpa excesiva o de autoestima baja, la falta de esperanza en el futuro, pensamientos de muerte o de suicidio, alteraciones del sueño, cambios en el apetito o en el peso y sensación de cansancio acusado o de falta de energía.

    La sintomatología de la enfermedad puede ser distinta con la edad: los jóvenes muestran síntomas fundamentalmente comportamentales, mientras que los adultos mayores o en determinados contextos culturales pueden expresar más fácilmente sus cambios de estado de ánimo en forma de síntomas somáticos (por ejemplo: dolor, cansancio, astenia).

    Durante un episodio depresivo, la persona experimenta dificultades importantes en su funcionamiento personal, familiar, social, educativo, ocupacional y en otros ámbitos importantes.

    En algunos casos se asocia a otras entidades psicopatológicas como la ansiedad, la distimia, las crisis de pánico, el abuso de alcohol u otras sustancias, algunas enfermedades orgánicas cerebrales y sistémicas, y trastornos de la conducta alimentaria y algunos de la personalidad.

    La proporción de la población mundial con depresión se estima en el 4%; un 5,2% en España. Es más común en mujeres que en hombres (5,1 frente a 3,6%), varía según la región y está en aumento en los últimos años. Su prevalencia aumenta con la edad hasta los 60-64 años, para declinar luego, aunque puede aparecer en cualquier momento de la vida (WHO, 2017).

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    Conflicto de intereses
    Los autores declaran no tener ningún conflicto de intereses.

    Depresión mayor en el adulto: factores de riesgo y diagnósticos

    Fecha de revisión: 24/12/2021

    ¿De qué hablamos?


    La persona con un episodio depresivo experimenta un estado de ánimo deprimido (tristeza, irritabilidad, sensación de vacío) o una pérdida de disfrute o del interés en actividades, la mayor parte del día, casi todos los días, durante al menos dos semanas. Se presentan otros síntomas, entre los que se incluyen la dificultad de concentración, el sentimiento de culpa excesiva o de autoestima baja, la falta de esperanza en el futuro, pensamientos de muerte o de suicidio, alteraciones del sueño, cambios en el apetito o en el peso y sensación de cansancio acusado o de falta de energía.

    La sintomatología de la enfermedad puede ser distinta con la edad: los jóvenes muestran síntomas fundamentalmente comportamentales, mientras que los adultos mayores o en determinados contextos culturales pueden expresar más fácilmente sus cambios de estado de ánimo en forma de síntomas somáticos (por ejemplo: dolor, cansancio, astenia).

    Durante un episodio depresivo, la persona experimenta dificultades importantes en su funcionamiento personal, familiar, social, educativo, ocupacional y en otros ámbitos importantes.

    En algunos casos se asocia a otras entidades psicopatológicas como la ansiedad, la distimia, las crisis de pánico, el abuso de alcohol u otras sustancias, algunas enfermedades orgánicas cerebrales y sistémicas, y trastornos de la conducta alimentaria y algunos de la personalidad.

    La proporción de la población mundial con depresión se estima en el 4%; un 5,2% en España. Es más común en mujeres que en hombres (5,1 frente a 3,6%), varía según la región y está en aumento en los últimos años. Su prevalencia aumenta con la edad hasta los 60-64 años, para declinar luego, aunque puede aparecer en cualquier momento de la vida (WHO, 2017).

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    Los autores declaran no tener ningún conflicto de intereses.
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