Fisterra

    Yodo y embarazo

    ¿De qué hablamos?


    Las hormonas tiroideas tienen un importante papel en el desarrollo neurológico del feto y recién nacido. La hipotiroxinemia materna, durante la fase precoz del embarazo, parece constituir un factor clave para el desarrollo neurológico normal (Donnay S, 2014).

    Durante el embarazo y la lactancia se produce un aumento en los requerimientos de yodo, además de un aumento en su eliminación durante el embarazo, por lo que aumentan también las necesidades de yodo (Donnay S, 2014).

    Cuando las necesidades diarias de yodo no se cubren, se produce hipotiroxinemia, un aumento de la estimulación tiroidea a través de la hipófisis (TSH) y la formación de bocio en la madre y el feto, que puede prevenirse con suplementos de yodo durante la gestación (Donnay S, 2014; De Groot L, 2012).

    La Organización Mundial de la Salud recomienda una ingesta diaria de 250 microgramos durante el embarazo (WHO, 2008). No se conoce con precisión cuál es el límite superior a partir del cual la ingesta de yodo se considera perjudicial. En general se recomienda no exceder dos veces la ingesta recomendada por día, es decir, 500 microgramos de yodo por día (Alexander EK, 2017; De Groot L, 2012).

    La excreción urinaria de yodo es el mejor parámetro para conocer el estado nutricional de yodo y sobre él debe elaborarse el indicador de referencia para decidir las recomendaciones generales y para evaluar los programas poblacionales. Para considerar que una población no tiene deficiencia de yodo, la concentración urinaria media de yodo en las mujeres embarazadas debería oscilar entre 150 y 250 mg/L. El volumen tiroideo no se considera válido debido a sus limitaciones de reproductibilidad, variabilidad entre observadores, escasa validez externa en estudios comparativos y porque no siempre se correlaciona de manera directa con el grado de deficiencia en yodo (WHO, 2008; De Groot L, 2012).

    ¿Es necesario dar suplementos de yodo en el embarazo?

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    Conflicto de intereses
    Los autores declaran no tener ningún conflicto de intereses.

    Yodo y embarazo

    Fecha de revisión: 10/05/2019
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    Índice de contenidos

    ¿De qué hablamos?


    Las hormonas tiroideas tienen un importante papel en el desarrollo neurológico del feto y recién nacido. La hipotiroxinemia materna, durante la fase precoz del embarazo, parece constituir un factor clave para el desarrollo neurológico normal (Donnay S, 2014).

    Durante el embarazo y la lactancia se produce un aumento en los requerimientos de yodo, además de un aumento en su eliminación durante el embarazo, por lo que aumentan también las necesidades de yodo (Donnay S, 2014).

    Cuando las necesidades diarias de yodo no se cubren, se produce hipotiroxinemia, un aumento de la estimulación tiroidea a través de la hipófisis (TSH) y la formación de bocio en la madre y el feto, que puede prevenirse con suplementos de yodo durante la gestación (Donnay S, 2014; De Groot L, 2012).

    La Organización Mundial de la Salud recomienda una ingesta diaria de 250 microgramos durante el embarazo (WHO, 2008). No se conoce con precisión cuál es el límite superior a partir del cual la ingesta de yodo se considera perjudicial. En general se recomienda no exceder dos veces la ingesta recomendada por día, es decir, 500 microgramos de yodo por día (Alexander EK, 2017; De Groot L, 2012).

    La excreción urinaria de yodo es el mejor parámetro para conocer el estado nutricional de yodo y sobre él debe elaborarse el indicador de referencia para decidir las recomendaciones generales y para evaluar los programas poblacionales. Para considerar que una población no tiene deficiencia de yodo, la concentración urinaria media de yodo en las mujeres embarazadas debería oscilar entre 150 y 250 mg/L. El volumen tiroideo no se considera válido debido a sus limitaciones de reproductibilidad, variabilidad entre observadores, escasa validez externa en estudios comparativos y porque no siempre se correlaciona de manera directa con el grado de deficiencia en yodo (WHO, 2008; De Groot L, 2012).

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    Las hormonas tiroideas tienen un importante papel en el desarrollo neurológico del feto y recién nacido. La hipotiroxinemia materna, durante la fase precoz del embarazo, parece constituir un factor clave para el desarrollo neurológico normal (Donnay S, 2014).

    Durante el embarazo y la lactancia se produce un aumento en los requerimientos de yodo, además de un aumento en su eliminación durante el embarazo, por lo que aumentan también las necesidades de yodo (Donnay S, 2014).

    Cuando las necesidades diarias de yodo no se cubren, se produce hipotiroxinemia, un aumento de la estimulación tiroidea a través de la hipófisis (TSH) y la formación de bocio en la madre y el feto, que puede prevenirse con suplementos de yodo durante la gestación (Donnay S, 2014; De Groot L, 2012).

    La Organización Mundial de la Salud recomienda una ingesta diaria de 250 microgramos durante el embarazo (WHO, 2008). No se conoce con precisión cuál es el límite superior a partir del cual la ingesta de yodo se considera perjudicial. En general se recomienda no exceder dos veces la ingesta recomendada por día, es decir, 500 microgramos de yodo por día (Alexander EK, 2017; De Groot L, 2012).

    La excreción urinaria de yodo es el mejor parámetro para conocer el estado nutricional de yodo y sobre él debe elaborarse el indicador de referencia para decidir las recomendaciones generales y para evaluar los programas poblacionales. Para considerar que una población no tiene deficiencia de yodo, la concentración urinaria media de yodo en las mujeres embarazadas debería oscilar entre 150 y 250 mg/L. El volumen tiroideo no se considera válido debido a sus limitaciones de reproductibilidad, variabilidad entre observadores, escasa validez externa en estudios comparativos y porque no siempre se correlaciona de manera directa con el grado de deficiencia en yodo (WHO, 2008; De Groot L, 2012).

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