Fisterra

    Vulvovaginitis

    ¿De qué hablamos?


    Las molestias vulvovaginales constituyen la consulta sobre patología ginecológica más común en atención primaria. Se diagnostican en una cuarta parte de las mujeres que acuden a la consulta por un problema ginecológico y cerca de un 20% las han sufrido en el año anterior (Foxman B, 1998; Kent HL, 1991). Llamamos “vulvovaginitis” a los diferentes grados de inflamación de la vulva, la vagina y el tejido endocervical ectópico.

    La epidemiología y las causas de vaginitis no están bien definidas, ya que en muchos casos son autodiagnosticadas y autotratadas. Además, con relativa frecuencia, las vaginitis no son sintomáticas o tienen más de un factor desencadenante (Ortega del Moral A, 2007). Más de la mitad de los casos son de origen infeccioso, en los que la transmisión sexual ocupa un papel importante. Los restantes se deben a otros procesos, como reacciones alérgicas, traumatismos, problemas hormonales, etc. En ocasiones estas causas se encuentran solapadas, siendo el diagnóstico más difícil y pudiendo cronificarse el proceso.

    Entre las causas infecciosas destacan la vaginosis bacteriana, la vulvovaginitis por cándida y las tricomoniasis (Sobel JD, 1999). Las tres se abordan en guías diferentes de esta sección, así como las causadas por otros microorganismos como herpes, gonococo, clamidias, etc.

    Las vulvovaginitis de etiología no infecciosa suponen el 15% del total. Entre sus causas principales destacan las producidas por reacciones alérgicas o irritación química (espermicidas, ropa interior, productos de higiene íntima, etc.); traumatismos (cuerpos extraños, maniobras masturbatorias, etc.) (Kent HL, 1991); factores térmicos; hormonales (hipoestrogenismo y vaginitis atrófica); factores neoplásicos e iatrogenia (DIU, pesarios, productos químicos, etc.). Todo lo que produce un aumento del pH vaginal favorece la inflamación. Todas estas vulvovaginitis se suelen corregir al desaparecer las causas que las producen, por ejemplo, tratar el hipoestrogenismo con pomadas y óvulos, corregir alteraciones endocrinas, cambiar de método anticonceptivo o detectar cuanto antes patologías graves (carcinoma vulvar).

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    Conflicto de intereses
    Los autores declaran no tener ningún conflicto de intereses.

    Vulvovaginitis

    Fecha de revisión: 04/07/2019
    • Guía
    Índice de contenidos

    ¿De qué hablamos?


    Las molestias vulvovaginales constituyen la consulta sobre patología ginecológica más común en atención primaria. Se diagnostican en una cuarta parte de las mujeres que acuden a la consulta por un problema ginecológico y cerca de un 20% las han sufrido en el año anterior (Foxman B, 1998; Kent HL, 1991). Llamamos “vulvovaginitis” a los diferentes grados de inflamación de la vulva, la vagina y el tejido endocervical ectópico.

    La epidemiología y las causas de vaginitis no están bien definidas, ya que en muchos casos son autodiagnosticadas y autotratadas. Además, con relativa frecuencia, las vaginitis no son sintomáticas o tienen más de un factor desencadenante (Ortega del Moral A, 2007). Más de la mitad de los casos son de origen infeccioso, en los que la transmisión sexual ocupa un papel importante. Los restantes se deben a otros procesos, como reacciones alérgicas, traumatismos, problemas hormonales, etc. En ocasiones estas causas se encuentran solapadas, siendo el diagnóstico más difícil y pudiendo cronificarse el proceso.

    Entre las causas infecciosas destacan la vaginosis bacteriana, la vulvovaginitis por cándida y las tricomoniasis (Sobel JD, 1999). Las tres se abordan en guías diferentes de esta sección, así como las causadas por otros microorganismos como herpes, gonococo, clamidias, etc.

    Las vulvovaginitis de etiología no infecciosa suponen el 15% del total. Entre sus causas principales destacan las producidas por reacciones alérgicas o irritación química (espermicidas, ropa interior, productos de higiene íntima, etc.); traumatismos (cuerpos extraños, maniobras masturbatorias, etc.) (Kent HL, 1991); factores térmicos; hormonales (hipoestrogenismo y vaginitis atrófica); factores neoplásicos e iatrogenia (DIU, pesarios, productos químicos, etc.). Todo lo que produce un aumento del pH vaginal favorece la inflamación. Todas estas vulvovaginitis se suelen corregir al desaparecer las causas que las producen, por ejemplo, tratar el hipoestrogenismo con pomadas y óvulos, corregir alteraciones endocrinas, cambiar de método anticonceptivo o detectar cuanto antes patologías graves (carcinoma vulvar).

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    Conflicto de intereses
    Los autores declaran no tener ningún conflicto de intereses.

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    Fecha de revisión: 04/07/2019

    ¿De qué hablamos?


    Las molestias vulvovaginales constituyen la consulta sobre patología ginecológica más común en atención primaria. Se diagnostican en una cuarta parte de las mujeres que acuden a la consulta por un problema ginecológico y cerca de un 20% las han sufrido en el año anterior (Foxman B, 1998; Kent HL, 1991). Llamamos “vulvovaginitis” a los diferentes grados de inflamación de la vulva, la vagina y el tejido endocervical ectópico.

    La epidemiología y las causas de vaginitis no están bien definidas, ya que en muchos casos son autodiagnosticadas y autotratadas. Además, con relativa frecuencia, las vaginitis no son sintomáticas o tienen más de un factor desencadenante (Ortega del Moral A, 2007). Más de la mitad de los casos son de origen infeccioso, en los que la transmisión sexual ocupa un papel importante. Los restantes se deben a otros procesos, como reacciones alérgicas, traumatismos, problemas hormonales, etc. En ocasiones estas causas se encuentran solapadas, siendo el diagnóstico más difícil y pudiendo cronificarse el proceso.

    Entre las causas infecciosas destacan la vaginosis bacteriana, la vulvovaginitis por cándida y las tricomoniasis (Sobel JD, 1999). Las tres se abordan en guías diferentes de esta sección, así como las causadas por otros microorganismos como herpes, gonococo, clamidias, etc.

    Las vulvovaginitis de etiología no infecciosa suponen el 15% del total. Entre sus causas principales destacan las producidas por reacciones alérgicas o irritación química (espermicidas, ropa interior, productos de higiene íntima, etc.); traumatismos (cuerpos extraños, maniobras masturbatorias, etc.) (Kent HL, 1991); factores térmicos; hormonales (hipoestrogenismo y vaginitis atrófica); factores neoplásicos e iatrogenia (DIU, pesarios, productos químicos, etc.). Todo lo que produce un aumento del pH vaginal favorece la inflamación. Todas estas vulvovaginitis se suelen corregir al desaparecer las causas que las producen, por ejemplo, tratar el hipoestrogenismo con pomadas y óvulos, corregir alteraciones endocrinas, cambiar de método anticonceptivo o detectar cuanto antes patologías graves (carcinoma vulvar).

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