Fisterra

    Vacunas recomendables en adultos portadores del VIH

    Introducción


    Las personas infectadas por VIH presentan una mayor susceptibilidad a determinadas infecciones frente a las que se puede hacer frente con una adecuada protección vacunal (neumococo e influenza). Estas personas también tienen un mayor riesgo de exposición a otros virus (hepatitis A y B) frente a los que también existen vacunas eficaces. Los datos actualmente disponibles no permiten identificar un mayor riesgo en estas personas, por lo que respecta a otras enfermedades prevenibles por vacunas, en relación con la población general.

    Los tratamientos antirretrovirales abren la perspectiva de una larga evolución de esta enfermedad, por lo que la producción de anticuerpos frente a patógenos infecciosos representa un factor defensivo de primordial importancia frente a infecciones en el futuro. Por ello, la inmunoterapia precoz representa una de las medidas de mayor peso para el futuro de estos pacientes. Las personas infectadas por el VIH de cualquier edad, cuya enfermedad está bien controlada con el tratamiento antirretroviral responden, en general, de forma satisfactoria a la vacunación.

    Desde luego debe quedar claro que, a priori, ser portador del virus de la inmunodeficiencia humana no es una contraindicación para la vacunación.

    El calendario de vacunación en estas personas vendrá determinado por la edad, el grado de inmunocompromiso (recuento de T CD4) y el riesgo de infección. A la hora de decidir el tipo y momento de administración de una vacuna en este tipo de pacientes debe tenerse en cuenta algunas consideraciones de carácter general:

    • Al igual que en otras situaciones de inmunocompromiso, hay una disminución en la inmunogenicidad de las vacunas que se correlaciona, en este caso, con el recuento de linfocitos T CD4. Generalmente, los adultos infectados con porcentajes de linfocitos T CD4 menor de 200 células/mm3 tienen una peor respuesta serológica a la vacunación.
    • Lo ideal es vacunar cuando la carga viral del VIH es indetectable y, desde luego mejor, cuando el recuento de CD4 es mayor de 200/mm3.
    • Las personas infectadas por el VIH, que desarrollan una respuesta inicial de anticuerpos a la vacunación, sufren con mayor frecuencia una disminución/desaparición de los títulos de anticuerpos con mayor rapidez que las personas sin infección, lo que en ocasiones obliga a la administración de dosis de recuerdo.
    • Las vacunas vivas (víricas o bacterianas), están contraindicadas en aquellas personas con recuentos de CD4 <200 cels/microlitro. Recuentos mayores de 200/microlitro no contraindican la vacunación con vacunas vivas (triple vírica, varicela, etc.).
    • En ocasiones, la estimulación de las células T por la inmunización, puede inducir a un aumento de la carga viral, especialmente en pacientes no tratados; este aumento de carga viral suele ser transitorio, volviendo a su estado basal en 4 a 6 semanas y no tiene consecuencias clínicas.
    • Hay que tener en cuenta el entorno del paciente y la valoración del riesgo, con la conveniencia de vacunar a los convivientes como método indirecto de protección para el paciente VIH.

    Vacunas vivas atenuadas: triple vírica (rubéola, parotiditis, sarampión), varicela y otras

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    Vacunas recomendadas en convivientes de personas con infección por VIH

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    Bibliografía

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    Vacunas recomendables en adultos portadores del VIH

    Fecha de revisión: 11/06/2019
    • Guía
    Índice de contenidos

    Introducción


    Las personas infectadas por VIH presentan una mayor susceptibilidad a determinadas infecciones frente a las que se puede hacer frente con una adecuada protección vacunal (neumococo e influenza). Estas personas también tienen un mayor riesgo de exposición a otros virus (hepatitis A y B) frente a los que también existen vacunas eficaces. Los datos actualmente disponibles no permiten identificar un mayor riesgo en estas personas, por lo que respecta a otras enfermedades prevenibles por vacunas, en relación con la población general.

    Los tratamientos antirretrovirales abren la perspectiva de una larga evolución de esta enfermedad, por lo que la producción de anticuerpos frente a patógenos infecciosos representa un factor defensivo de primordial importancia frente a infecciones en el futuro. Por ello, la inmunoterapia precoz representa una de las medidas de mayor peso para el futuro de estos pacientes. Las personas infectadas por el VIH de cualquier edad, cuya enfermedad está bien controlada con el tratamiento antirretroviral responden, en general, de forma satisfactoria a la vacunación.

    Desde luego debe quedar claro que, a priori, ser portador del virus de la inmunodeficiencia humana no es una contraindicación para la vacunación.

    El calendario de vacunación en estas personas vendrá determinado por la edad, el grado de inmunocompromiso (recuento de T CD4) y el riesgo de infección. A la hora de decidir el tipo y momento de administración de una vacuna en este tipo de pacientes debe tenerse en cuenta algunas consideraciones de carácter general:

    • Al igual que en otras situaciones de inmunocompromiso, hay una disminución en la inmunogenicidad de las vacunas que se correlaciona, en este caso, con el recuento de linfocitos T CD4. Generalmente, los adultos infectados con porcentajes de linfocitos T CD4 menor de 200 células/mm3 tienen una peor respuesta serológica a la vacunación.
    • Lo ideal es vacunar cuando la carga viral del VIH es indetectable y, desde luego mejor, cuando el recuento de CD4 es mayor de 200/mm3.
    • Las personas infectadas por el VIH, que desarrollan una respuesta inicial de anticuerpos a la vacunación, sufren con mayor frecuencia una disminución/desaparición de los títulos de anticuerpos con mayor rapidez que las personas sin infección, lo que en ocasiones obliga a la administración de dosis de recuerdo.
    • Las vacunas vivas (víricas o bacterianas), están contraindicadas en aquellas personas con recuentos de CD4 <200 cels/microlitro. Recuentos mayores de 200/microlitro no contraindican la vacunación con vacunas vivas (triple vírica, varicela, etc.).
    • En ocasiones, la estimulación de las células T por la inmunización, puede inducir a un aumento de la carga viral, especialmente en pacientes no tratados; este aumento de carga viral suele ser transitorio, volviendo a su estado basal en 4 a 6 semanas y no tiene consecuencias clínicas.
    • Hay que tener en cuenta el entorno del paciente y la valoración del riesgo, con la conveniencia de vacunar a los convivientes como método indirecto de protección para el paciente VIH.

    Vacunas vivas atenuadas: triple vírica (rubéola, parotiditis, sarampión), varicela y otras

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    Introducción


    Las personas infectadas por VIH presentan una mayor susceptibilidad a determinadas infecciones frente a las que se puede hacer frente con una adecuada protección vacunal (neumococo e influenza). Estas personas también tienen un mayor riesgo de exposición a otros virus (hepatitis A y B) frente a los que también existen vacunas eficaces. Los datos actualmente disponibles no permiten identificar un mayor riesgo en estas personas, por lo que respecta a otras enfermedades prevenibles por vacunas, en relación con la población general.

    Los tratamientos antirretrovirales abren la perspectiva de una larga evolución de esta enfermedad, por lo que la producción de anticuerpos frente a patógenos infecciosos representa un factor defensivo de primordial importancia frente a infecciones en el futuro. Por ello, la inmunoterapia precoz representa una de las medidas de mayor peso para el futuro de estos pacientes. Las personas infectadas por el VIH de cualquier edad, cuya enfermedad está bien controlada con el tratamiento antirretroviral responden, en general, de forma satisfactoria a la vacunación.

    Desde luego debe quedar claro que, a priori, ser portador del virus de la inmunodeficiencia humana no es una contraindicación para la vacunación.

    El calendario de vacunación en estas personas vendrá determinado por la edad, el grado de inmunocompromiso (recuento de T CD4) y el riesgo de infección. A la hora de decidir el tipo y momento de administración de una vacuna en este tipo de pacientes debe tenerse en cuenta algunas consideraciones de carácter general:

    • Al igual que en otras situaciones de inmunocompromiso, hay una disminución en la inmunogenicidad de las vacunas que se correlaciona, en este caso, con el recuento de linfocitos T CD4. Generalmente, los adultos infectados con porcentajes de linfocitos T CD4 menor de 200 células/mm3 tienen una peor respuesta serológica a la vacunación.
    • Lo ideal es vacunar cuando la carga viral del VIH es indetectable y, desde luego mejor, cuando el recuento de CD4 es mayor de 200/mm3.
    • Las personas infectadas por el VIH, que desarrollan una respuesta inicial de anticuerpos a la vacunación, sufren con mayor frecuencia una disminución/desaparición de los títulos de anticuerpos con mayor rapidez que las personas sin infección, lo que en ocasiones obliga a la administración de dosis de recuerdo.
    • Las vacunas vivas (víricas o bacterianas), están contraindicadas en aquellas personas con recuentos de CD4 <200 cels/microlitro. Recuentos mayores de 200/microlitro no contraindican la vacunación con vacunas vivas (triple vírica, varicela, etc.).
    • En ocasiones, la estimulación de las células T por la inmunización, puede inducir a un aumento de la carga viral, especialmente en pacientes no tratados; este aumento de carga viral suele ser transitorio, volviendo a su estado basal en 4 a 6 semanas y no tiene consecuencias clínicas.
    • Hay que tener en cuenta el entorno del paciente y la valoración del riesgo, con la conveniencia de vacunar a los convivientes como método indirecto de protección para el paciente VIH.

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