Fisterra

    Tratamiento empírico de las infecciones: utilización de antibióticos en situaciones especiales

    ¿De qué hablamos?


    Muchas de las infecciones atendidas en atención primaria son de origen vírico y no necesitan tratamiento antibiótico (ATB), y un porcentaje importante de las infecciones de origen bacteriano localizadas, autolimitadas y que cursan en pacientes sin comorbilidad curan espontáneamente sin tratamiento ATB. Además, uno de los efectos adversos más importantes relacionado con los ATB es el incremento de las resistencias bacterianas por un exceso de su utilización en situaciones no necesarias. Las causas más frecuentes de prescripción incorrecta de ATB están relacionadas con la indicación, la selección del ATB, la pauta posológica utilizada y el incumplimiento del tratamiento (Baos Vicente V, 2006; ECDC, 2017; Grupo de trabajo de enfermedades infecciosas SemFYC, 2017; Nix DE, 2002; Palop Larrea V, 2006b; WHO, 2014; Wilson HL, 2019).

    El objetivo perseguido a la hora de administrar un ATB es controlar la enfermedad sobre la que se actúa. Para ello es necesario alcanzar un determinado nivel de fármaco en el lugar de la infección y durante el tiempo necesario. La administración rutinaria de la pauta posológica estándar recomendada por el laboratorio fabricante del medicamento es satisfactoria solo con aquellos ATB que presentan un amplio margen de seguridad. La necesidad de individualizar los tratamientos radica en que son muchos los factores que intervienen para que no exista una respuesta homogénea a una misma pauta posológica. Hay que recordar que el cálculo de la dosis debe hacerse en mg/día atendiendo a la edad y peso del paciente, el intervalo entre dosis dependerá de la farmacocinética del ATB y la duración del tratamiento, de la gravedad, localización de la infección e importancia de erradicar el microorganismo responsable (Armijo JA, 2014; Mediavilla A, 2014b; Sánchez MB, 2014; Wilson HL, 2019).

    La utilización empírica adecuada de ATB en atención primaria para el tratamiento de enfermedades infecciosas necesita de las siguientes consideraciones (Armijo JA, 2014; Baos Vicente V, 2006; Mediavilla A, 2014b; Palop Larrea V, 1999; Sánchez MB, 2014):

    • Aplicar una práctica clínica correcta que permita determinar la existencia de infección (anamnesis, exploración física completa y exploraciones complementarias).
    • Conocer la localización de la infección que permita sospechar el germen potencialmente implicado.
    • Determinar la necesidad o no de tratamiento ATB.
    • Conocer las resistencias bacterianas del área geográfica. Para ello es necesario la utilización de mapas de resistencias bacterianas (ECDC, 2017).
    • Seleccionar el ATB atendiendo al proceso infeccioso, a los agentes etiológicos mas probables y a las resistencias bacterianas locales de la zona.
    • Conocer la farmacología del ATB seleccionado para establecer la relación beneficio-riesgo en cada paciente: mecanismo de acción, indicaciones aprobadas, pauta posológica, precauciones, contraindicaciones, interacciones y reacciones adversas (RA). Es imprescindible tener un amplio conocimiento actualizado de las RA y de las interacciones farmacológicas de cualquier ATB antes de prescribirlo (AEMPS, 2016; EMA, 2019).
    • Adecuar el tratamiento ATB a la situación del paciente, como son las alergias e intolerancias, edad, peso, sexo (especialmente embarazo y lactancia), función renal y hepática, hábitos alimentarios y tóxicos, determinantes genéticos y adherencia al tratamiento.
    • Informar al paciente sobre el proceso infeccioso y el tratamiento prescrito.
    • Controlar la adherencia y la eficacia del tratamiento.

    Las guías sobre ATB proporcionan un importante marco para la toma de decisiones clínicas (Gilbert DN, 2019; Mensa J, 2019; Montón Álvarez JL, 2008; Organización Panamericana de la Salud, 2013). Ahora bien, no deberían aplicarse sin una evaluación cuidadosa de las situaciones individuales, aspecto especialmente necesario en el caso de los ATB (Nix DE, 2002). En este sentido, cobra especial interés la utilización de ATB en pacientes con insuficiencia renal (IR) o hepática (IH), en mujeres embarazadas y lactantes y en pacientes polimedicados (Armijo JA, 2014; Mediavilla A, 2014b; Sánchez MB, 2014). La presente guía incluye los ATB recomendados en las guías Fisterra de 2018 y 2019 sobre tratamiento empírico de las enfermedades infecciosas del aparato respiratorio, genitourinarias y ETS, y cutáneas (Folch Marín B, 2018; Folch Marín B, 2019; Palop Larrea V, 2018).

    Situaciones especiales que condicionan la respuesta de antibióticos

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    Bibliografía

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    Más en la red

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    Autores

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    Conflicto de intereses
    Los autores declaran no tener ningún conflicto de intereses.

    Tratamiento empírico de las infecciones: utilización de antibióticos en situaciones especiales

    Fecha de revisión: 27/07/2019
    • Guía
    Índice de contenidos

    ¿De qué hablamos?


    Muchas de las infecciones atendidas en atención primaria son de origen vírico y no necesitan tratamiento antibiótico (ATB), y un porcentaje importante de las infecciones de origen bacteriano localizadas, autolimitadas y que cursan en pacientes sin comorbilidad curan espontáneamente sin tratamiento ATB. Además, uno de los efectos adversos más importantes relacionado con los ATB es el incremento de las resistencias bacterianas por un exceso de su utilización en situaciones no necesarias. Las causas más frecuentes de prescripción incorrecta de ATB están relacionadas con la indicación, la selección del ATB, la pauta posológica utilizada y el incumplimiento del tratamiento (Baos Vicente V, 2006; ECDC, 2017; Grupo de trabajo de enfermedades infecciosas SemFYC, 2017; Nix DE, 2002; Palop Larrea V, 2006b; WHO, 2014; Wilson HL, 2019).

    El objetivo perseguido a la hora de administrar un ATB es controlar la enfermedad sobre la que se actúa. Para ello es necesario alcanzar un determinado nivel de fármaco en el lugar de la infección y durante el tiempo necesario. La administración rutinaria de la pauta posológica estándar recomendada por el laboratorio fabricante del medicamento es satisfactoria solo con aquellos ATB que presentan un amplio margen de seguridad. La necesidad de individualizar los tratamientos radica en que son muchos los factores que intervienen para que no exista una respuesta homogénea a una misma pauta posológica. Hay que recordar que el cálculo de la dosis debe hacerse en mg/día atendiendo a la edad y peso del paciente, el intervalo entre dosis dependerá de la farmacocinética del ATB y la duración del tratamiento, de la gravedad, localización de la infección e importancia de erradicar el microorganismo responsable (Armijo JA, 2014; Mediavilla A, 2014b; Sánchez MB, 2014; Wilson HL, 2019).

    La utilización empírica adecuada de ATB en atención primaria para el tratamiento de enfermedades infecciosas necesita de las siguientes consideraciones (Armijo JA, 2014; Baos Vicente V, 2006; Mediavilla A, 2014b; Palop Larrea V, 1999; Sánchez MB, 2014):

    • Aplicar una práctica clínica correcta que permita determinar la existencia de infección (anamnesis, exploración física completa y exploraciones complementarias).
    • Conocer la localización de la infección que permita sospechar el germen potencialmente implicado.
    • Determinar la necesidad o no de tratamiento ATB.
    • Conocer las resistencias bacterianas del área geográfica. Para ello es necesario la utilización de mapas de resistencias bacterianas (ECDC, 2017).
    • Seleccionar el ATB atendiendo al proceso infeccioso, a los agentes etiológicos mas probables y a las resistencias bacterianas locales de la zona.
    • Conocer la farmacología del ATB seleccionado para establecer la relación beneficio-riesgo en cada paciente: mecanismo de acción, indicaciones aprobadas, pauta posológica, precauciones, contraindicaciones, interacciones y reacciones adversas (RA). Es imprescindible tener un amplio conocimiento actualizado de las RA y de las interacciones farmacológicas de cualquier ATB antes de prescribirlo (AEMPS, 2016; EMA, 2019).
    • Adecuar el tratamiento ATB a la situación del paciente, como son las alergias e intolerancias, edad, peso, sexo (especialmente embarazo y lactancia), función renal y hepática, hábitos alimentarios y tóxicos, determinantes genéticos y adherencia al tratamiento.
    • Informar al paciente sobre el proceso infeccioso y el tratamiento prescrito.
    • Controlar la adherencia y la eficacia del tratamiento.

    Las guías sobre ATB proporcionan un importante marco para la toma de decisiones clínicas (Gilbert DN, 2019; Mensa J, 2019; Montón Álvarez JL, 2008; Organización Panamericana de la Salud, 2013). Ahora bien, no deberían aplicarse sin una evaluación cuidadosa de las situaciones individuales, aspecto especialmente necesario en el caso de los ATB (Nix DE, 2002). En este sentido, cobra especial interés la utilización de ATB en pacientes con insuficiencia renal (IR) o hepática (IH), en mujeres embarazadas y lactantes y en pacientes polimedicados (Armijo JA, 2014; Mediavilla A, 2014b; Sánchez MB, 2014). La presente guía incluye los ATB recomendados en las guías Fisterra de 2018 y 2019 sobre tratamiento empírico de las enfermedades infecciosas del aparato respiratorio, genitourinarias y ETS, y cutáneas (Folch Marín B, 2018; Folch Marín B, 2019; Palop Larrea V, 2018).

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    ¿De qué hablamos?


    Muchas de las infecciones atendidas en atención primaria son de origen vírico y no necesitan tratamiento antibiótico (ATB), y un porcentaje importante de las infecciones de origen bacteriano localizadas, autolimitadas y que cursan en pacientes sin comorbilidad curan espontáneamente sin tratamiento ATB. Además, uno de los efectos adversos más importantes relacionado con los ATB es el incremento de las resistencias bacterianas por un exceso de su utilización en situaciones no necesarias. Las causas más frecuentes de prescripción incorrecta de ATB están relacionadas con la indicación, la selección del ATB, la pauta posológica utilizada y el incumplimiento del tratamiento (Baos Vicente V, 2006; ECDC, 2017; Grupo de trabajo de enfermedades infecciosas SemFYC, 2017; Nix DE, 2002; Palop Larrea V, 2006b; WHO, 2014; Wilson HL, 2019).

    El objetivo perseguido a la hora de administrar un ATB es controlar la enfermedad sobre la que se actúa. Para ello es necesario alcanzar un determinado nivel de fármaco en el lugar de la infección y durante el tiempo necesario. La administración rutinaria de la pauta posológica estándar recomendada por el laboratorio fabricante del medicamento es satisfactoria solo con aquellos ATB que presentan un amplio margen de seguridad. La necesidad de individualizar los tratamientos radica en que son muchos los factores que intervienen para que no exista una respuesta homogénea a una misma pauta posológica. Hay que recordar que el cálculo de la dosis debe hacerse en mg/día atendiendo a la edad y peso del paciente, el intervalo entre dosis dependerá de la farmacocinética del ATB y la duración del tratamiento, de la gravedad, localización de la infección e importancia de erradicar el microorganismo responsable (Armijo JA, 2014; Mediavilla A, 2014b; Sánchez MB, 2014; Wilson HL, 2019).

    La utilización empírica adecuada de ATB en atención primaria para el tratamiento de enfermedades infecciosas necesita de las siguientes consideraciones (Armijo JA, 2014; Baos Vicente V, 2006; Mediavilla A, 2014b; Palop Larrea V, 1999; Sánchez MB, 2014):

    • Aplicar una práctica clínica correcta que permita determinar la existencia de infección (anamnesis, exploración física completa y exploraciones complementarias).
    • Conocer la localización de la infección que permita sospechar el germen potencialmente implicado.
    • Determinar la necesidad o no de tratamiento ATB.
    • Conocer las resistencias bacterianas del área geográfica. Para ello es necesario la utilización de mapas de resistencias bacterianas (ECDC, 2017).
    • Seleccionar el ATB atendiendo al proceso infeccioso, a los agentes etiológicos mas probables y a las resistencias bacterianas locales de la zona.
    • Conocer la farmacología del ATB seleccionado para establecer la relación beneficio-riesgo en cada paciente: mecanismo de acción, indicaciones aprobadas, pauta posológica, precauciones, contraindicaciones, interacciones y reacciones adversas (RA). Es imprescindible tener un amplio conocimiento actualizado de las RA y de las interacciones farmacológicas de cualquier ATB antes de prescribirlo (AEMPS, 2016; EMA, 2019).
    • Adecuar el tratamiento ATB a la situación del paciente, como son las alergias e intolerancias, edad, peso, sexo (especialmente embarazo y lactancia), función renal y hepática, hábitos alimentarios y tóxicos, determinantes genéticos y adherencia al tratamiento.
    • Informar al paciente sobre el proceso infeccioso y el tratamiento prescrito.
    • Controlar la adherencia y la eficacia del tratamiento.

    Las guías sobre ATB proporcionan un importante marco para la toma de decisiones clínicas (Gilbert DN, 2019; Mensa J, 2019; Montón Álvarez JL, 2008; Organización Panamericana de la Salud, 2013). Ahora bien, no deberían aplicarse sin una evaluación cuidadosa de las situaciones individuales, aspecto especialmente necesario en el caso de los ATB (Nix DE, 2002). En este sentido, cobra especial interés la utilización de ATB en pacientes con insuficiencia renal (IR) o hepática (IH), en mujeres embarazadas y lactantes y en pacientes polimedicados (Armijo JA, 2014; Mediavilla A, 2014b; Sánchez MB, 2014). La presente guía incluye los ATB recomendados en las guías Fisterra de 2018 y 2019 sobre tratamiento empírico de las enfermedades infecciosas del aparato respiratorio, genitourinarias y ETS, y cutáneas (Folch Marín B, 2018; Folch Marín B, 2019; Palop Larrea V, 2018).

    Situaciones especiales que condicionan la respuesta de antibióticos

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