Tratamiento empírico de las infecciones cutáneas bacterianas
Índice de contenidos
¿De qué hablamos?
La piel es la principal barrera estructural de defensa del organismo y cualquier alteración, ya sea por factores ambientales (humedad, falta de higiene, etc.), lesiones, enfermedades dérmicas o sistémicas, favorece el desarrollo de infecciones cutáneas.
Las infecciones cutáneas bacterianas son uno de los motivos de consulta más frecuentes en atención primaria, seguidas de las infecciones respiratorias y las urinarias. El diagnóstico es fundamentalmente clínico, y para realizarlo es esencial obtener una historia clínica detallada que incluya una valoración del entorno epidemiológico (contacto con animales o aguas contaminadas, viajes, estilos de vida, profesión, etc.), preguntas sobre traumatismos previos, lesiones o enfermedades de base, y una exploración clínica cuidadosa de las lesiones y los síntomas. En ocasiones pueden ser necesarias pruebas complementarias (microbiológicas o de imagen) en situaciones de mala evolución, síntomas sistémicos o signos de complicación, o para descartar afectación de estructuras profundas (huesos, tendones, etc.) en caso de sospecha (Agirrezabala JR, 2018; Madrilejos Mora R, 2021; Saavedra J, 2024).
El tipo de infección depende de la profundidad y del compartimento de la piel involucrado, e incluye un amplio espectro de gravedad que va desde procesos banales, los más frecuentes, como el impétigo o la paroniquia, hasta letales, como la fascitis necrotizante. Las bacterias más frecuentes implicadas en las infecciones cutáneas son Staphylococcus aureus y Streptococcus pyognes, y el tratamiento es generalmente empírico, excepto en caso de evolución tórpida, donde es recomendable un estudio microbiológico de muestras. En este caso, se recomienda desbridamiento y limpieza previa de la herida para obtener una muestra representativa, preferiblemente mediante aspirado, drenaje, PAAF o biopsia. La selección del tratamiento empírico dependerá de la localización y la gravedad de la infección, de cuál sea el microorganismo más frecuente, de las resistencias locales y de factores individuales del paciente.
Las infecciones superficiales (como el impétigo o la foliculitis superficial) pueden tratarse con higiene, curas y antisépticos tópicos; el drenaje es fundamental en el tratamiento de lesiones con colecciones purulentas fluctuantes (forúnculos, paroniquia, dactilitis, hidrosadenitis, abscesos). Algunos casos requerirán antibioterapia tópica, y los antibióticos sistémicos se reservarán para formas extensas o pacientes con factores de riesgo de complicaciones. La duración del tratamiento dependerá de la evolución de las lesiones y la clínica, siendo suficiente pautas cortas de 5 días para la mayoría de los casos. Se debe tener en cuenta que un uso inadecuado de antibióticos tiene consecuencias importantes en salud pública, por un aumento del coste, una mayor toxicidad para el paciente y un aumento de resistencias bacterianas (Agirrezabala JR, 2018; González F, 2023; Saavedra J, 2024; Wilson HL, 2019).
En las últimas décadas se ha descrito un aumento progresivo de cepas de S. aureus resistentes a meticilina (SARM) que suponen un riesgo para el control de las infecciones. Por este motivo, algunos países proponen limitar especialmente el uso de antibióticos tópicos con los que se relacionan mecanismos de aparición de resistencias, y en caso de ser necesarios, dejar la mupirocina para los casos de infección por SARM y como tratamiento descolinizador. Entre los factores de riesgo de infección por SARM se describen: la hospitalización o cirugía reciente, uso de catéteres, institucionalizados, inmunodeprimidos, toma de antibióticos en los últimos 6 meses, vivir en condiciones de hacinamiento o antihigiénicas, participar en deportes o actividades de contacto, compartir toallas o equipos de deportes, colonización conocida por SARM o contacto cercano reciente. Aunque en España se describe un elevado porcentaje de SARM, dado que su incidencia en la comunidad se considera baja, no se recomienda cubrir SARM en el tratamiento empírico inicial de las infecciones cutáneas (NICE, 2018; Bpacnz, 2018).
Las guías proporcionan un importante marco para la toma de decisiones clínicas, se deben seguir las recomendaciones de vigilancia y control de las infecciones y de uso racional de antibióticos, y utilizar los antibióticos recomendados por las guías clínicas, de espectro más reducido posible y tras una cuidadosa valoración de la relación beneficio-riesgo. En este sentido es importante recordar que toda alergia a penicilina debe estudiarse y confirmarse o descartarse, dado que son antibióticos de elección frecuentes en infecciones. Desde la perspectiva de seguridad, debe tenerse en cuenta que los antibióticos son responsables de un número importante de reacciones adversas, como es el caso de la hepatotoxicidad por amoxicilina-ácido clavulánico, alteraciones del ritmo cardiaco por macrólidos o riesgo de hiperpotasemia aumentado en pacientes tratados con IECA o ARA II (Agirrezabala JR, 2018; AEMPS, 2023; Wilson HL, 2019).
En la presente guía se exponen las infecciones cutáneas bacterianas más frecuentes, su etiología, actitud diagnóstico-terapéutica y antibioterapia recomendada. Respecto a la versión anterior, se han reestructurado empezando por las infecciones más superficiales a las más profundas, seguidas de infecciones que afectan a anexos y las infecciones por mordeduras. Se han incorporado algunas entidades relevantes por su frecuencia o gravedad, como es la paroniquia bacteriana, la dactilitis distal ampollosa, la queratolisis punctata, la linfangitis, el absceso, la fascitis necrotizante o las mordeduras. También se han incluido datos específicos de orientación diagnóstico-terapéutica de cada proceso como ayuda para la toma de decisiones, y se ha incorporado el icono de clasificación AWaRe de la OMS, que clasifica los antibióticos en tres grupos, “Access”, “Watch” y “Reserve” en función de su indicación, espectro de actividad y potencial para inducir resistencias a los antimicrobianos (WHO, 2022). La amoxicilina-ácido clávulánico ha sido clasificada en esta guía dentro del grupo “Watch” y no en el grupo “Access” como en la clasificación actual de la OMS, siguiendo las guías del Sistema Nacional de Salud y del Plan Nacional frente a la Resistencia a los Antibióticos (PRAN), recomendación trasladada a la OMS.
- A: Access
- W: Watch
- R: Reserve
Impétigo y ectima
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Eritrasma
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Celulitis y erisipela
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Erisipeloide
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Paroniquia bacteriana
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Dactilitis distal ampollosa
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Queratolisis punctata
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Absceso cutáneo
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Linfangitis
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Fascitis necrotizante
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Foliculitis, forunculosis y ántrax
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Hidrosadenitis
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Mordeduras
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Bibliografía
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Más en la red
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Autores
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Conflicto de intereses
Los autores declaran no tener ningún conflicto de intereses.
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Tratamiento empírico de las infecciones cutáneas bacterianas
Fecha de revisión: 27/05/2026
Índice de contenidos
¿De qué hablamos?
La piel es la principal barrera estructural de defensa del organismo y cualquier alteración, ya sea por factores ambientales (humedad, falta de higiene, etc.), lesiones, enfermedades dérmicas o sistémicas, favorece el desarrollo de infecciones cutáneas.
Las infecciones cutáneas bacterianas son uno de los motivos de consulta más frecuentes en atención primaria, seguidas de las infecciones respiratorias y las urinarias. El diagnóstico es fundamentalmente clínico, y para realizarlo es esencial obtener una historia clínica detallada que incluya una valoración del entorno epidemiológico (contacto con animales o aguas contaminadas, viajes, estilos de vida, profesión, etc.), preguntas sobre traumatismos previos, lesiones o enfermedades de base, y una exploración clínica cuidadosa de las lesiones y los síntomas. En ocasiones pueden ser necesarias pruebas complementarias (microbiológicas o de imagen) en situaciones de mala evolución, síntomas sistémicos o signos de complicación, o para descartar afectación de estructuras profundas (huesos, tendones, etc.) en caso de sospecha (Agirrezabala JR, 2018; Madrilejos Mora R, 2021; Saavedra J, 2024).
El tipo de infección depende de la profundidad y del compartimento de la piel involucrado, e incluye un amplio espectro de gravedad que va desde procesos banales, los más frecuentes, como el impétigo o la paroniquia, hasta letales, como la fascitis necrotizante. Las bacterias más frecuentes implicadas en las infecciones cutáneas son Staphylococcus aureus y Streptococcus pyognes, y el tratamiento es generalmente empírico, excepto en caso de evolución tórpida, donde es recomendable un estudio microbiológico de muestras. En este caso, se recomienda desbridamiento y limpieza previa de la herida para obtener una muestra representativa, preferiblemente mediante aspirado, drenaje, PAAF o biopsia. La selección del tratamiento empírico dependerá de la localización y la gravedad de la infección, de cuál sea el microorganismo más frecuente, de las resistencias locales y de factores individuales del paciente.
Las infecciones superficiales (como el impétigo o la foliculitis superficial) pueden tratarse con higiene, curas y antisépticos tópicos; el drenaje es fundamental en el tratamiento de lesiones con colecciones purulentas fluctuantes (forúnculos, paroniquia, dactilitis, hidrosadenitis, abscesos). Algunos casos requerirán antibioterapia tópica, y los antibióticos sistémicos se reservarán para formas extensas o pacientes con factores de riesgo de complicaciones. La duración del tratamiento dependerá de la evolución de las lesiones y la clínica, siendo suficiente pautas cortas de 5 días para la mayoría de los casos. Se debe tener en cuenta que un uso inadecuado de antibióticos tiene consecuencias importantes en salud pública, por un aumento del coste, una mayor toxicidad para el paciente y un aumento de resistencias bacterianas (Agirrezabala JR, 2018; González F, 2023; Saavedra J, 2024; Wilson HL, 2019).
En las últimas décadas se ha descrito un aumento progresivo de cepas de S. aureus resistentes a meticilina (SARM) que suponen un riesgo para el control de las infecciones. Por este motivo, algunos países proponen limitar especialmente el uso de antibióticos tópicos con los que se relacionan mecanismos de aparición de resistencias, y en caso de ser necesarios, dejar la mupirocina para los casos de infección por SARM y como tratamiento descolinizador. Entre los factores de riesgo de infección por SARM se describen: la hospitalización o cirugía reciente, uso de catéteres, institucionalizados, inmunodeprimidos, toma de antibióticos en los últimos 6 meses, vivir en condiciones de hacinamiento o antihigiénicas, participar en deportes o actividades de contacto, compartir toallas o equipos de deportes, colonización conocida por SARM o contacto cercano reciente. Aunque en España se describe un elevado porcentaje de SARM, dado que su incidencia en la comunidad se considera baja, no se recomienda cubrir SARM en el tratamiento empírico inicial de las infecciones cutáneas (NICE, 2018; Bpacnz, 2018).
Las guías proporcionan un importante marco para la toma de decisiones clínicas, se deben seguir las recomendaciones de vigilancia y control de las infecciones y de uso racional de antibióticos, y utilizar los antibióticos recomendados por las guías clínicas, de espectro más reducido posible y tras una cuidadosa valoración de la relación beneficio-riesgo. En este sentido es importante recordar que toda alergia a penicilina debe estudiarse y confirmarse o descartarse, dado que son antibióticos de elección frecuentes en infecciones. Desde la perspectiva de seguridad, debe tenerse en cuenta que los antibióticos son responsables de un número importante de reacciones adversas, como es el caso de la hepatotoxicidad por amoxicilina-ácido clavulánico, alteraciones del ritmo cardiaco por macrólidos o riesgo de hiperpotasemia aumentado en pacientes tratados con IECA o ARA II (Agirrezabala JR, 2018; AEMPS, 2023; Wilson HL, 2019).
En la presente guía se exponen las infecciones cutáneas bacterianas más frecuentes, su etiología, actitud diagnóstico-terapéutica y antibioterapia recomendada. Respecto a la versión anterior, se han reestructurado empezando por las infecciones más superficiales a las más profundas, seguidas de infecciones que afectan a anexos y las infecciones por mordeduras. Se han incorporado algunas entidades relevantes por su frecuencia o gravedad, como es la paroniquia bacteriana, la dactilitis distal ampollosa, la queratolisis punctata, la linfangitis, el absceso, la fascitis necrotizante o las mordeduras. También se han incluido datos específicos de orientación diagnóstico-terapéutica de cada proceso como ayuda para la toma de decisiones, y se ha incorporado el icono de clasificación AWaRe de la OMS, que clasifica los antibióticos en tres grupos, “Access”, “Watch” y “Reserve” en función de su indicación, espectro de actividad y potencial para inducir resistencias a los antimicrobianos (WHO, 2022). La amoxicilina-ácido clávulánico ha sido clasificada en esta guía dentro del grupo “Watch” y no en el grupo “Access” como en la clasificación actual de la OMS, siguiendo las guías del Sistema Nacional de Salud y del Plan Nacional frente a la Resistencia a los Antibióticos (PRAN), recomendación trasladada a la OMS.
- A: Access
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Impétigo y ectima
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Los autores declaran no tener ningún conflicto de intereses.
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© Descargado el 23/07/2026 1:15:00 Para uso personal exclusivamente. No se permiten otros usos sin autorización. Copyright © . Elsevier Inc. Todos los derechos reservados.