Fisterra

    Trastorno por consumo de cannabis en atención primaria

    ¿De qué hablamos?


    El cannabis es una droga que se extrae de la planta Cannabi sativa, a partir de la cual se elaboran las drogas ilegales más consumidas en España, Europa y en el resto del mundo: la marihuana y el hachís (UNODC, 2023).

    Cannabis sativa contiene más de 400 componentes químicos, de los cuales conocemos al menos 60 cannabinoides, fundamentalmente (por sus efectos psicoactivos) tetrahidrocannabinol THC, cannabidiol (CBD) y cannabinol. El primero es el responsable de la gran mayoría de los efectos del cannabis y se encuentra en proporciones distintas en función del preparado consumido:
    • Marihuana: sustancia obtenida tras la trituración de hojas secas, flores o pequeños tallos de la planta.
    • Hachís: sustancia obtenida a partir de la resina almacenada en las flores de la planta hembra.
    • Aceite de hachís: resina de hachís disuelta y concentrada.
    Farmacología del cannabis

    Se consume habitualmente fumado en un cigarrillo liado, muchas veces mezclado con tabaco. Al consumirse fumado, sus efectos son casi inmediatos y duran entre 2 y 3 horas. De la totalidad de THC contenido en el cigarro, un 10-25% llega al torrente sanguíneo. El THC se detecta en sangre inmediatamente tras la primera inhalación (1-2 minutos) y las concentraciones máximas se alcanzan entre los 3 y los 10 minutos (Freeman TP, 2021).

    Por vía oral (aceites, pasteles, infusiones, etc.) la absorción es más lenta. Su biodisponibilidad varía entre un 5-10%, debido a que es destruido parcialmente por el jugo gástrico y metabolizado por vía hepática como primer paso. La concentración máxima en plasma aparece a las 2-4 horas y el inicio de los efectos entre 30 minutos y 2 horas, de modo que, para obtener la misma intensidad de efectos, se requieren dosis unas 3 o 4 veces superiores a las usadas de forma inhalada.

    Tras la entrada del THC en el organismo, las concentraciones plasmáticas disminuyen. Los cannabinoides son muy liposolubles, por lo que se depositan en tejidos grasos (cerebro, pulmón, riñón, hígado, corazón, bazo y glándula mamaria, atraviesa la barrera placentaria y se excreta en leche materna), permaneciendo mucho tiempo en el organismo (vida media de hasta una semana). De estos tejidos se libera progresivamente sin producir efectos psicoactivos. La mayor parte del THC circula por el plasma unido a lipoproteínas.

    El THC se metaboliza fundamentalmente en el hígado por el citocromo P 450. Se han identificado alrededor de 100 metabolitos. La vida media de eliminación es de 25-36 horas, pudiéndose detectar metabolitos en orina durante 2-4 semanas. Un 80% se elimina a través de las heces y un 20% en la orina. Puede hallarse en orina el metabolito THC-COOH hasta una semana tras el consumo. En consumidores crónicos la detección puede ser positiva hasta un mes tras el abandono del consumo (Karschner EL, 2020).

    Efectos a largo plazo
    Se ha relacionado con sintomatología del aparato respiratorio, como tos, expectoración y enfermedad pulmonar obstructiva crónica. También, aunque con una evidencia menor, existen estudios de casos y controles en los que se demuestra un aumento del riesgo de enfermedades cardiovasculares, como infarto de miocardio, accidente isquémico transitorio e ictus (tanto isquémico como hemorrágico), especialmente en personas jóvenes (NASEM , 2017; Tsatsakis A, 2019). El resumen de los síntomas más habituales se resume en la tabla 1.

    Tabla 1. Signos y síntomas clínicos derivados del cannabis (Modificado de OEDA, 2022).
    Sistema nervioso central (SNC)
    Psicológicos Euforia, bienestar, relajación, ansiedad, risa fácil, locuacidad, síntomas paranoides, pánico, psicosis.
    Cognitivos Alteración de la memoria a corto plazo, dificultad en la concentración, irritabilidad.
    Psicomotores Relajante muscular, ataxia, disartria, temblores, incoordinación, debilidad y espasmos musculares.
    Sedativos Depresor del SNC, somnolencia, relajación.
    Otros Aumento de la percepción visual, auditiva y táctil, alucinaciones, distorsión del espacio y tiempo, aumento del apetito, disminución del dolor, aumento de la sensibilidad térmica.
    Cardiovascular
    Aumento de la frecuencia cardíaca, aumento de la presión arterial, aumento del gasto cardiaco.
    Respiratorio
    Tos, expectoración, enfermedad pulmonar obstructiva crónica, exposición al humo y sustancias cancerígenas del tabaco.
    Ocular
    Enrojecimiento ocular, disminución de la presión intraocular.
    Digestivo
    Sequedad bucal, antiemético.
    Inmunológico
    Alteración de la inmunidad celular.
    Endocrino y reproductor
    Disminución de hormonas sexuales, aumento de la prolactina, aumento de riesgos obstétricos y tumor de testículos.

    El consumo crónico también se asocia a un aumento del riesgo de padecer trastornos mentales, como depresión, esquizofrenia y otras psicosis. El riesgo aumenta a medida que aumenta la frecuencia de consumo, la potencia del cannabis utilizado (Di Forti M, 2019) y una edad temprana de inicio. Actualmente existen evidencias de que el riesgo aumenta cuanto más temprano se inicia el consumo, siendo 4 veces mayor si se iniciaa los 15 años (actualmente la edad media de comienzoen España son los 14,8 años) que a los 26 (UNODC, 2023; Callaghan RC, 2020). Asimismo, se ha demostrado un riesgo significativamente mayor de psicosis en aquellas personas que consumen cannabis de forma habitual en comparación con el estado de abstinencia (Robinson T, 2022).

    Además, se estima que hasta el 8% de la incidencia de esquizofrenia en jóvenes podría estar relacionada con el consumo de cannabis. El órgano más vulnerable al efecto del consumo de cannabis en los momentos de mayor desarrollo es el cerebro, desde el periodo prenatal, infancia y adolescencia hasta aproximadamente los 21 años (Gunn RL, 2020; Mustonen A, 2018). De hecho, entre adolescentes, la abstinencia mayor de 72 horas disminuye los déficits cognitivos derivados del consumo de cannabis (Scott JC, 2018; Cawkwell PB, 2021).

    El THC disminuye la secreción de hormonas sexuales, reduce la secreción de testosterona y del número y la motilidad de los espermatozoides. En mujeres, el consumo de cannabis reduce el ciclo menstrual, aumenta la prolactina y disminuye los andrógenos (OEDA, 2022).

    También son importantes las alteraciones de la esfera cognitivo emocional, incluyendo ansiedad y problemas de atención, relacionados con un aumento del riesgo de accidentes de tráfico. De hecho, existe una relación estadísticamente significativa entre el consumo de cannabis y el incremento del riesgo de accidentes de tráfico (Bloomfield MAP, 2019).

    En algunos estudios recientes se ha asociado la aparición de enfermedades como diabetes mellitus tipo 2 e hipertensión arterial al consumo abusivo de cannabis (Bloomfield MAP, 2019).

    ¿Cuál es su epidemiología?

    Para ver el texto completo debe de estar suscrito a Fisterra

    Trastorno por consumo de cannabis

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    ¿De qué instrumentos disponemos para la evaluación del paciente consumidor de cannabis?

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    ¿Cómo se tratan los trastornos relacionados con el consumo de cannabis?

    Para ver el texto completo debe de estar suscrito a Fisterra

    ¿Cuáles son los criterios de derivación?

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    Bibliografía

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    Más en la red

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    Autores

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    Conflicto de intereses
    Los autores declaran no tener ningún conflicto de intereses.

    Trastorno por consumo de cannabis en atención primaria

    Fecha de revisión: 09/11/2024
    • Guía
    Índice de contenidos

    ¿De qué hablamos?


    El cannabis es una droga que se extrae de la planta Cannabi sativa, a partir de la cual se elaboran las drogas ilegales más consumidas en España, Europa y en el resto del mundo: la marihuana y el hachís (UNODC, 2023).

    Cannabis sativa contiene más de 400 componentes químicos, de los cuales conocemos al menos 60 cannabinoides, fundamentalmente (por sus efectos psicoactivos) tetrahidrocannabinol THC, cannabidiol (CBD) y cannabinol. El primero es el responsable de la gran mayoría de los efectos del cannabis y se encuentra en proporciones distintas en función del preparado consumido:
    • Marihuana: sustancia obtenida tras la trituración de hojas secas, flores o pequeños tallos de la planta.
    • Hachís: sustancia obtenida a partir de la resina almacenada en las flores de la planta hembra.
    • Aceite de hachís: resina de hachís disuelta y concentrada.
    Farmacología del cannabis

    Se consume habitualmente fumado en un cigarrillo liado, muchas veces mezclado con tabaco. Al consumirse fumado, sus efectos son casi inmediatos y duran entre 2 y 3 horas. De la totalidad de THC contenido en el cigarro, un 10-25% llega al torrente sanguíneo. El THC se detecta en sangre inmediatamente tras la primera inhalación (1-2 minutos) y las concentraciones máximas se alcanzan entre los 3 y los 10 minutos (Freeman TP, 2021).

    Por vía oral (aceites, pasteles, infusiones, etc.) la absorción es más lenta. Su biodisponibilidad varía entre un 5-10%, debido a que es destruido parcialmente por el jugo gástrico y metabolizado por vía hepática como primer paso. La concentración máxima en plasma aparece a las 2-4 horas y el inicio de los efectos entre 30 minutos y 2 horas, de modo que, para obtener la misma intensidad de efectos, se requieren dosis unas 3 o 4 veces superiores a las usadas de forma inhalada.

    Tras la entrada del THC en el organismo, las concentraciones plasmáticas disminuyen. Los cannabinoides son muy liposolubles, por lo que se depositan en tejidos grasos (cerebro, pulmón, riñón, hígado, corazón, bazo y glándula mamaria, atraviesa la barrera placentaria y se excreta en leche materna), permaneciendo mucho tiempo en el organismo (vida media de hasta una semana). De estos tejidos se libera progresivamente sin producir efectos psicoactivos. La mayor parte del THC circula por el plasma unido a lipoproteínas.

    El THC se metaboliza fundamentalmente en el hígado por el citocromo P 450. Se han identificado alrededor de 100 metabolitos. La vida media de eliminación es de 25-36 horas, pudiéndose detectar metabolitos en orina durante 2-4 semanas. Un 80% se elimina a través de las heces y un 20% en la orina. Puede hallarse en orina el metabolito THC-COOH hasta una semana tras el consumo. En consumidores crónicos la detección puede ser positiva hasta un mes tras el abandono del consumo (Karschner EL, 2020).

    Efectos a largo plazo
    Se ha relacionado con sintomatología del aparato respiratorio, como tos, expectoración y enfermedad pulmonar obstructiva crónica. También, aunque con una evidencia menor, existen estudios de casos y controles en los que se demuestra un aumento del riesgo de enfermedades cardiovasculares, como infarto de miocardio, accidente isquémico transitorio e ictus (tanto isquémico como hemorrágico), especialmente en personas jóvenes (NASEM , 2017; Tsatsakis A, 2019). El resumen de los síntomas más habituales se resume en la tabla 1.

    Tabla 1. Signos y síntomas clínicos derivados del cannabis (Modificado de OEDA, 2022).
    Sistema nervioso central (SNC)
    Psicológicos Euforia, bienestar, relajación, ansiedad, risa fácil, locuacidad, síntomas paranoides, pánico, psicosis.
    Cognitivos Alteración de la memoria a corto plazo, dificultad en la concentración, irritabilidad.
    Psicomotores Relajante muscular, ataxia, disartria, temblores, incoordinación, debilidad y espasmos musculares.
    Sedativos Depresor del SNC, somnolencia, relajación.
    Otros Aumento de la percepción visual, auditiva y táctil, alucinaciones, distorsión del espacio y tiempo, aumento del apetito, disminución del dolor, aumento de la sensibilidad térmica.
    Cardiovascular
    Aumento de la frecuencia cardíaca, aumento de la presión arterial, aumento del gasto cardiaco.
    Respiratorio
    Tos, expectoración, enfermedad pulmonar obstructiva crónica, exposición al humo y sustancias cancerígenas del tabaco.
    Ocular
    Enrojecimiento ocular, disminución de la presión intraocular.
    Digestivo
    Sequedad bucal, antiemético.
    Inmunológico
    Alteración de la inmunidad celular.
    Endocrino y reproductor
    Disminución de hormonas sexuales, aumento de la prolactina, aumento de riesgos obstétricos y tumor de testículos.

    El consumo crónico también se asocia a un aumento del riesgo de padecer trastornos mentales, como depresión, esquizofrenia y otras psicosis. El riesgo aumenta a medida que aumenta la frecuencia de consumo, la potencia del cannabis utilizado (Di Forti M, 2019) y una edad temprana de inicio. Actualmente existen evidencias de que el riesgo aumenta cuanto más temprano se inicia el consumo, siendo 4 veces mayor si se iniciaa los 15 años (actualmente la edad media de comienzoen España son los 14,8 años) que a los 26 (UNODC, 2023; Callaghan RC, 2020). Asimismo, se ha demostrado un riesgo significativamente mayor de psicosis en aquellas personas que consumen cannabis de forma habitual en comparación con el estado de abstinencia (Robinson T, 2022).

    Además, se estima que hasta el 8% de la incidencia de esquizofrenia en jóvenes podría estar relacionada con el consumo de cannabis. El órgano más vulnerable al efecto del consumo de cannabis en los momentos de mayor desarrollo es el cerebro, desde el periodo prenatal, infancia y adolescencia hasta aproximadamente los 21 años (Gunn RL, 2020; Mustonen A, 2018). De hecho, entre adolescentes, la abstinencia mayor de 72 horas disminuye los déficits cognitivos derivados del consumo de cannabis (Scott JC, 2018; Cawkwell PB, 2021).

    El THC disminuye la secreción de hormonas sexuales, reduce la secreción de testosterona y del número y la motilidad de los espermatozoides. En mujeres, el consumo de cannabis reduce el ciclo menstrual, aumenta la prolactina y disminuye los andrógenos (OEDA, 2022).

    También son importantes las alteraciones de la esfera cognitivo emocional, incluyendo ansiedad y problemas de atención, relacionados con un aumento del riesgo de accidentes de tráfico. De hecho, existe una relación estadísticamente significativa entre el consumo de cannabis y el incremento del riesgo de accidentes de tráfico (Bloomfield MAP, 2019).

    En algunos estudios recientes se ha asociado la aparición de enfermedades como diabetes mellitus tipo 2 e hipertensión arterial al consumo abusivo de cannabis (Bloomfield MAP, 2019).

    ¿Cuál es su epidemiología?

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    Trastorno por consumo de cannabis

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    ¿Cuáles son los criterios de derivación?

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    Bibliografía

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    Trastorno por consumo de cannabis en atención primaria

    Fecha de revisión: 09/11/2024

    ¿De qué hablamos?


    El cannabis es una droga que se extrae de la planta Cannabi sativa, a partir de la cual se elaboran las drogas ilegales más consumidas en España, Europa y en el resto del mundo: la marihuana y el hachís (UNODC, 2023).

    Cannabis sativa contiene más de 400 componentes químicos, de los cuales conocemos al menos 60 cannabinoides, fundamentalmente (por sus efectos psicoactivos) tetrahidrocannabinol THC, cannabidiol (CBD) y cannabinol. El primero es el responsable de la gran mayoría de los efectos del cannabis y se encuentra en proporciones distintas en función del preparado consumido:
    • Marihuana: sustancia obtenida tras la trituración de hojas secas, flores o pequeños tallos de la planta.
    • Hachís: sustancia obtenida a partir de la resina almacenada en las flores de la planta hembra.
    • Aceite de hachís: resina de hachís disuelta y concentrada.
    Farmacología del cannabis

    Se consume habitualmente fumado en un cigarrillo liado, muchas veces mezclado con tabaco. Al consumirse fumado, sus efectos son casi inmediatos y duran entre 2 y 3 horas. De la totalidad de THC contenido en el cigarro, un 10-25% llega al torrente sanguíneo. El THC se detecta en sangre inmediatamente tras la primera inhalación (1-2 minutos) y las concentraciones máximas se alcanzan entre los 3 y los 10 minutos (Freeman TP, 2021).

    Por vía oral (aceites, pasteles, infusiones, etc.) la absorción es más lenta. Su biodisponibilidad varía entre un 5-10%, debido a que es destruido parcialmente por el jugo gástrico y metabolizado por vía hepática como primer paso. La concentración máxima en plasma aparece a las 2-4 horas y el inicio de los efectos entre 30 minutos y 2 horas, de modo que, para obtener la misma intensidad de efectos, se requieren dosis unas 3 o 4 veces superiores a las usadas de forma inhalada.

    Tras la entrada del THC en el organismo, las concentraciones plasmáticas disminuyen. Los cannabinoides son muy liposolubles, por lo que se depositan en tejidos grasos (cerebro, pulmón, riñón, hígado, corazón, bazo y glándula mamaria, atraviesa la barrera placentaria y se excreta en leche materna), permaneciendo mucho tiempo en el organismo (vida media de hasta una semana). De estos tejidos se libera progresivamente sin producir efectos psicoactivos. La mayor parte del THC circula por el plasma unido a lipoproteínas.

    El THC se metaboliza fundamentalmente en el hígado por el citocromo P 450. Se han identificado alrededor de 100 metabolitos. La vida media de eliminación es de 25-36 horas, pudiéndose detectar metabolitos en orina durante 2-4 semanas. Un 80% se elimina a través de las heces y un 20% en la orina. Puede hallarse en orina el metabolito THC-COOH hasta una semana tras el consumo. En consumidores crónicos la detección puede ser positiva hasta un mes tras el abandono del consumo (Karschner EL, 2020).

    Efectos a largo plazo
    Se ha relacionado con sintomatología del aparato respiratorio, como tos, expectoración y enfermedad pulmonar obstructiva crónica. También, aunque con una evidencia menor, existen estudios de casos y controles en los que se demuestra un aumento del riesgo de enfermedades cardiovasculares, como infarto de miocardio, accidente isquémico transitorio e ictus (tanto isquémico como hemorrágico), especialmente en personas jóvenes (NASEM , 2017; Tsatsakis A, 2019). El resumen de los síntomas más habituales se resume en la tabla 1.

    Tabla 1. Signos y síntomas clínicos derivados del cannabis (Modificado de OEDA, 2022).
    Sistema nervioso central (SNC)
    Psicológicos Euforia, bienestar, relajación, ansiedad, risa fácil, locuacidad, síntomas paranoides, pánico, psicosis.
    Cognitivos Alteración de la memoria a corto plazo, dificultad en la concentración, irritabilidad.
    Psicomotores Relajante muscular, ataxia, disartria, temblores, incoordinación, debilidad y espasmos musculares.
    Sedativos Depresor del SNC, somnolencia, relajación.
    Otros Aumento de la percepción visual, auditiva y táctil, alucinaciones, distorsión del espacio y tiempo, aumento del apetito, disminución del dolor, aumento de la sensibilidad térmica.
    Cardiovascular
    Aumento de la frecuencia cardíaca, aumento de la presión arterial, aumento del gasto cardiaco.
    Respiratorio
    Tos, expectoración, enfermedad pulmonar obstructiva crónica, exposición al humo y sustancias cancerígenas del tabaco.
    Ocular
    Enrojecimiento ocular, disminución de la presión intraocular.
    Digestivo
    Sequedad bucal, antiemético.
    Inmunológico
    Alteración de la inmunidad celular.
    Endocrino y reproductor
    Disminución de hormonas sexuales, aumento de la prolactina, aumento de riesgos obstétricos y tumor de testículos.

    El consumo crónico también se asocia a un aumento del riesgo de padecer trastornos mentales, como depresión, esquizofrenia y otras psicosis. El riesgo aumenta a medida que aumenta la frecuencia de consumo, la potencia del cannabis utilizado (Di Forti M, 2019) y una edad temprana de inicio. Actualmente existen evidencias de que el riesgo aumenta cuanto más temprano se inicia el consumo, siendo 4 veces mayor si se iniciaa los 15 años (actualmente la edad media de comienzoen España son los 14,8 años) que a los 26 (UNODC, 2023; Callaghan RC, 2020). Asimismo, se ha demostrado un riesgo significativamente mayor de psicosis en aquellas personas que consumen cannabis de forma habitual en comparación con el estado de abstinencia (Robinson T, 2022).

    Además, se estima que hasta el 8% de la incidencia de esquizofrenia en jóvenes podría estar relacionada con el consumo de cannabis. El órgano más vulnerable al efecto del consumo de cannabis en los momentos de mayor desarrollo es el cerebro, desde el periodo prenatal, infancia y adolescencia hasta aproximadamente los 21 años (Gunn RL, 2020; Mustonen A, 2018). De hecho, entre adolescentes, la abstinencia mayor de 72 horas disminuye los déficits cognitivos derivados del consumo de cannabis (Scott JC, 2018; Cawkwell PB, 2021).

    El THC disminuye la secreción de hormonas sexuales, reduce la secreción de testosterona y del número y la motilidad de los espermatozoides. En mujeres, el consumo de cannabis reduce el ciclo menstrual, aumenta la prolactina y disminuye los andrógenos (OEDA, 2022).

    También son importantes las alteraciones de la esfera cognitivo emocional, incluyendo ansiedad y problemas de atención, relacionados con un aumento del riesgo de accidentes de tráfico. De hecho, existe una relación estadísticamente significativa entre el consumo de cannabis y el incremento del riesgo de accidentes de tráfico (Bloomfield MAP, 2019).

    En algunos estudios recientes se ha asociado la aparición de enfermedades como diabetes mellitus tipo 2 e hipertensión arterial al consumo abusivo de cannabis (Bloomfield MAP, 2019).

    ¿Cuál es su epidemiología?

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    Bibliografía

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    Conflicto de intereses
    Los autores declaran no tener ningún conflicto de intereses.
    © Descargado el 28/04/2026 6:09:53 Para uso personal exclusivamente. No se permiten otros usos sin autorización. Copyright © . Elsevier Inc. Todos los derechos reservados.