Fisterra

    Síndrome de abstinencia alcohólica

    ¿De qué hablamos?


    El consumo de bebidas alcohólicas es habitual en muchas regiones del mundo, formando parte de las costumbres sociales y gastronómicas, situándose las prevalencias más altas en Europa y América del Norte. Su consumo en cantidades excesivas es un problema importante de salud pública no solo por su elevada prevalencia sino porque puede ocasionar múltiples problemas físicos, psíquicos y sociales. Llamamos consumo de riesgo al consumo que aún no ha ocasionado problemas y que supera los límites de riesgo establecidos (28 unidades de bebida estándar [UBE] semanales en varones, 17 en mujeres y 6 o más UBE por ocasión al menos una vez al mes) o a cualquier consumo en caso de contraindicación (por ejemplo, durante la gestación).

    Cuando el consumo ya ocasiona problemas, podemos encontrarnos con lo que la clasificación DSM-5 (American Psychiatric Association, 2013) llama trastornos por consumo de alcohol. Esta categoría diagnóstica aglutina tanto a la dependencia del alcohol como al consumo perjudicial, pues considera que estas entidades conforman un continuum fisiopatológico. Para poder diagnosticar a un paciente como de trastorno por consumo de alcohol, este manual exige cumplir más de dos de los once criterios que lo integran.

    Uno de estos criterios es el de presentar sintomatología de abstinencia al suspender o disminuir el consumo. Pero esta entidad no es solo un criterio diagnóstico sino que conforma una categoría diagnóstica en sí misma. Los criterios que incluye el DSM-5 para diagnosticar el síndrome de abstinencia de alcohol (SAA) son cuatro:

    1. Cese (o reducción) de un consumo de alcohol que ha sido muy intenso y prolongado.
    2. Aparecen dos (o más) de los signos o síntomas siguientes a las pocas horas o pocos días de cesar (o reducir) el consumo de alcohol descrito en el criterio A:
      1. Hiperactividad del sistema nervioso autónomo (por ejemplo, sudoración o ritmo del pulso superior a 100 latidos por minuto).
      2. Incremento del temblor de las manos.
      3. Insomnio.
      4. Náuseas o vómitos.
      5. Alucinaciones o ilusiones transitorias visuales, táctiles o auditivas.
      6. Agitación psicomotora.
      7. Ansiedad.
      8. Convulsiones tónico-clónicas generalizadas.
    3. Los signos o síntomas del criterio B provocan un malestar clínicamente significativo o deterioro en lo social, laboral u otras áreas importantes del funcionamiento.
    4. Los signos o síntomas no se pueden atribuir a otra afección médica y no se explica mejor por otro trastorno mental, incluida la intoxicación o abstinencia por otra sustancia.

    La prevalencia de este trastorno es del 50%, aproximadamente, entre las personas con un trastorno por consumo de alcohol de intensidad moderada o grave. Este porcentaje puede alcanzar más del 80% en personas sin hogar o que requieren hospitalización.

    ¿Cómo se diagnostica?

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    ¿Cómo se trata?

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    Bibliografía

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    Síndrome de abstinencia alcohólica

    Fecha de revisión: 06/04/2017
    • Guía
    Índice de contenidos

    ¿De qué hablamos?


    El consumo de bebidas alcohólicas es habitual en muchas regiones del mundo, formando parte de las costumbres sociales y gastronómicas, situándose las prevalencias más altas en Europa y América del Norte. Su consumo en cantidades excesivas es un problema importante de salud pública no solo por su elevada prevalencia sino porque puede ocasionar múltiples problemas físicos, psíquicos y sociales. Llamamos consumo de riesgo al consumo que aún no ha ocasionado problemas y que supera los límites de riesgo establecidos (28 unidades de bebida estándar [UBE] semanales en varones, 17 en mujeres y 6 o más UBE por ocasión al menos una vez al mes) o a cualquier consumo en caso de contraindicación (por ejemplo, durante la gestación).

    Cuando el consumo ya ocasiona problemas, podemos encontrarnos con lo que la clasificación DSM-5 (American Psychiatric Association, 2013) llama trastornos por consumo de alcohol. Esta categoría diagnóstica aglutina tanto a la dependencia del alcohol como al consumo perjudicial, pues considera que estas entidades conforman un continuum fisiopatológico. Para poder diagnosticar a un paciente como de trastorno por consumo de alcohol, este manual exige cumplir más de dos de los once criterios que lo integran.

    Uno de estos criterios es el de presentar sintomatología de abstinencia al suspender o disminuir el consumo. Pero esta entidad no es solo un criterio diagnóstico sino que conforma una categoría diagnóstica en sí misma. Los criterios que incluye el DSM-5 para diagnosticar el síndrome de abstinencia de alcohol (SAA) son cuatro:

    1. Cese (o reducción) de un consumo de alcohol que ha sido muy intenso y prolongado.
    2. Aparecen dos (o más) de los signos o síntomas siguientes a las pocas horas o pocos días de cesar (o reducir) el consumo de alcohol descrito en el criterio A:
      1. Hiperactividad del sistema nervioso autónomo (por ejemplo, sudoración o ritmo del pulso superior a 100 latidos por minuto).
      2. Incremento del temblor de las manos.
      3. Insomnio.
      4. Náuseas o vómitos.
      5. Alucinaciones o ilusiones transitorias visuales, táctiles o auditivas.
      6. Agitación psicomotora.
      7. Ansiedad.
      8. Convulsiones tónico-clónicas generalizadas.
    3. Los signos o síntomas del criterio B provocan un malestar clínicamente significativo o deterioro en lo social, laboral u otras áreas importantes del funcionamiento.
    4. Los signos o síntomas no se pueden atribuir a otra afección médica y no se explica mejor por otro trastorno mental, incluida la intoxicación o abstinencia por otra sustancia.

    La prevalencia de este trastorno es del 50%, aproximadamente, entre las personas con un trastorno por consumo de alcohol de intensidad moderada o grave. Este porcentaje puede alcanzar más del 80% en personas sin hogar o que requieren hospitalización.

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    El consumo de bebidas alcohólicas es habitual en muchas regiones del mundo, formando parte de las costumbres sociales y gastronómicas, situándose las prevalencias más altas en Europa y América del Norte. Su consumo en cantidades excesivas es un problema importante de salud pública no solo por su elevada prevalencia sino porque puede ocasionar múltiples problemas físicos, psíquicos y sociales. Llamamos consumo de riesgo al consumo que aún no ha ocasionado problemas y que supera los límites de riesgo establecidos (28 unidades de bebida estándar [UBE] semanales en varones, 17 en mujeres y 6 o más UBE por ocasión al menos una vez al mes) o a cualquier consumo en caso de contraindicación (por ejemplo, durante la gestación).

    Cuando el consumo ya ocasiona problemas, podemos encontrarnos con lo que la clasificación DSM-5 (American Psychiatric Association, 2013) llama trastornos por consumo de alcohol. Esta categoría diagnóstica aglutina tanto a la dependencia del alcohol como al consumo perjudicial, pues considera que estas entidades conforman un continuum fisiopatológico. Para poder diagnosticar a un paciente como de trastorno por consumo de alcohol, este manual exige cumplir más de dos de los once criterios que lo integran.

    Uno de estos criterios es el de presentar sintomatología de abstinencia al suspender o disminuir el consumo. Pero esta entidad no es solo un criterio diagnóstico sino que conforma una categoría diagnóstica en sí misma. Los criterios que incluye el DSM-5 para diagnosticar el síndrome de abstinencia de alcohol (SAA) son cuatro:

    1. Cese (o reducción) de un consumo de alcohol que ha sido muy intenso y prolongado.
    2. Aparecen dos (o más) de los signos o síntomas siguientes a las pocas horas o pocos días de cesar (o reducir) el consumo de alcohol descrito en el criterio A:
      1. Hiperactividad del sistema nervioso autónomo (por ejemplo, sudoración o ritmo del pulso superior a 100 latidos por minuto).
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      5. Alucinaciones o ilusiones transitorias visuales, táctiles o auditivas.
      6. Agitación psicomotora.
      7. Ansiedad.
      8. Convulsiones tónico-clónicas generalizadas.
    3. Los signos o síntomas del criterio B provocan un malestar clínicamente significativo o deterioro en lo social, laboral u otras áreas importantes del funcionamiento.
    4. Los signos o síntomas no se pueden atribuir a otra afección médica y no se explica mejor por otro trastorno mental, incluida la intoxicación o abstinencia por otra sustancia.

    La prevalencia de este trastorno es del 50%, aproximadamente, entre las personas con un trastorno por consumo de alcohol de intensidad moderada o grave. Este porcentaje puede alcanzar más del 80% en personas sin hogar o que requieren hospitalización.

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    © Descargado el 06/10/2022 10:55:54 Para uso personal exclusivamente. No se permiten otros usos sin autorización. Copyright © . Elsevier Inc. Todos los derechos reservados.

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