Fisterra

    Molluscum contagiosum

    ¿De qué hablamos?


    El molluscum contagiosum (MC) es una afección cutánea frecuente, benigna, generalmente autolimitada, de etiología vírica, que cursa con aparición de un número variable de pápulas umbilicadas generalmente no mayores de 5 mm en una o varias localizaciones.

    Ampliamente distribuida por todo el mundo, es una de las 50 enfermedades más prevalentes (Hay RJ, 2014). Más frecuente en zonas cálidas y húmedas. Distribución similar en ambos sexos. Mayor incidencia en niños, sobre todo de 2 a 5 años, pero también puede aparecer en adolescentes y adultos (Meza-Romero R, 2019). Su prevalencia clínica probablemente está infraestimada. Un metaanálisis realizado en 2014 estima en niños una incidencia anual de 12-14/1.000 y una prevalencia del 8,28% (Olsen JR, 2014), pero estudios de seroprevalencia realizados en población general en Alemania (Sherwani S, 2014) y Australia (Konya J, 1999) dan valores mayores (14,8% y 23% respectivamente).

    Es causado por el virus del molluscum contagiosum (VMC), virus ADN envuelto de doble cadena, que pertenece a la familia Poxviridae, siendo la única especie del género Molluscipox virus. Existen 4 genotipos, siendo el VMC 1 el más frecuente tanto en España (Agromayor M, 2002) como en otros países (75-96%), seguido del VMC 2, este muy frecuente en pacientes con infección por VIH (Meza-Romero R, 2019).

    El VCM afecta de forma casi exclusiva al ser humano, siendo este el único reservorio conocido. El periodo de incubación oscila entre dos semanas y seis meses (Badri T, 2021). Infecta de forma limitada la epidermis y se replica en el citoplasma de los queratinocitos sin atravesar la membrana basal. El VCM codifica proteínas que evitan la liberación de mediadores proinflamatorios y la activación de la respuesta inmune por las células dendríticas (Meza-Romero R, 2019). Una vez que el sistema inmune logra reconocer el virus se desencadena una fuerte respuesta en la que están implicados linfocitos T citotóxicos y células dendríticas. Se produce inflamación en las lesiones y en muchas ocasiones le regresión de las mismas (Chen X, 2013).

    La hiperplasia de la epidermis producida por el VMV puede estar favorecida por una sobrerregulación de receptores para el factor de crecimiento epidérmico y una interferencia con la regulación del ciclo celular (Chen X, 2013).

    A diferencia de otros virus que infectan la piel, como herpes virus y virus del papiloma humano, no persiste de forma latente en el organismo.

    El virus se trasmite por contacto directo (incluido contacto sexual, masajes, realización de deportes de contacto) y puede extenderse por autoinoculación tras rascado. También es reconocida la trasmisión por fómites (toallas, esponjas, instrumental de tatuaje), y se ha asociado al uso de piscinas y baños turcos. Existen casos de MC neonatal por trasmisión vertical en el momento del parto (Berbegal-DeGracia L, 2015).

    Varias patologías se asocian a una mayor prevalencia de MC. En la dermatitis atópica (DA) existen alteraciones en la inmunidad celular y en la barrera cutánea (sobre todo en pacientes con mutaciones en el gen de la filagrina) que favorecen la infección por MC (Olsen JR, 2016; Manti S, 2017). La prevalencia de MC en pacientes con infección por VIH puede llegar al 18%, siendo más frecuente en pacientes con menor número de linfocitos CD4 (Martin P, 2016). También es más frecuente en personas inmunosuprimidas por leucemias y linfomas, o con inmunosupresión farmacológica por quimioterapia, fármacos biológicos, ciclosporina, metotrexato, esteroides orales y trasplantados (Kaufman WS, 2018).

    ¿Cómo se manifiesta?

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    ¿Cómo se diagnostica?

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    Bibliografía

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    Los autores declaran no tener ningún conflicto de intereses.

    Molluscum contagiosum

    Fecha de revisión: 20/07/2021
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    ¿De qué hablamos?


    El molluscum contagiosum (MC) es una afección cutánea frecuente, benigna, generalmente autolimitada, de etiología vírica, que cursa con aparición de un número variable de pápulas umbilicadas generalmente no mayores de 5 mm en una o varias localizaciones.

    Ampliamente distribuida por todo el mundo, es una de las 50 enfermedades más prevalentes (Hay RJ, 2014). Más frecuente en zonas cálidas y húmedas. Distribución similar en ambos sexos. Mayor incidencia en niños, sobre todo de 2 a 5 años, pero también puede aparecer en adolescentes y adultos (Meza-Romero R, 2019). Su prevalencia clínica probablemente está infraestimada. Un metaanálisis realizado en 2014 estima en niños una incidencia anual de 12-14/1.000 y una prevalencia del 8,28% (Olsen JR, 2014), pero estudios de seroprevalencia realizados en población general en Alemania (Sherwani S, 2014) y Australia (Konya J, 1999) dan valores mayores (14,8% y 23% respectivamente).

    Es causado por el virus del molluscum contagiosum (VMC), virus ADN envuelto de doble cadena, que pertenece a la familia Poxviridae, siendo la única especie del género Molluscipox virus. Existen 4 genotipos, siendo el VMC 1 el más frecuente tanto en España (Agromayor M, 2002) como en otros países (75-96%), seguido del VMC 2, este muy frecuente en pacientes con infección por VIH (Meza-Romero R, 2019).

    El VCM afecta de forma casi exclusiva al ser humano, siendo este el único reservorio conocido. El periodo de incubación oscila entre dos semanas y seis meses (Badri T, 2021). Infecta de forma limitada la epidermis y se replica en el citoplasma de los queratinocitos sin atravesar la membrana basal. El VCM codifica proteínas que evitan la liberación de mediadores proinflamatorios y la activación de la respuesta inmune por las células dendríticas (Meza-Romero R, 2019). Una vez que el sistema inmune logra reconocer el virus se desencadena una fuerte respuesta en la que están implicados linfocitos T citotóxicos y células dendríticas. Se produce inflamación en las lesiones y en muchas ocasiones le regresión de las mismas (Chen X, 2013).

    La hiperplasia de la epidermis producida por el VMV puede estar favorecida por una sobrerregulación de receptores para el factor de crecimiento epidérmico y una interferencia con la regulación del ciclo celular (Chen X, 2013).

    A diferencia de otros virus que infectan la piel, como herpes virus y virus del papiloma humano, no persiste de forma latente en el organismo.

    El virus se trasmite por contacto directo (incluido contacto sexual, masajes, realización de deportes de contacto) y puede extenderse por autoinoculación tras rascado. También es reconocida la trasmisión por fómites (toallas, esponjas, instrumental de tatuaje), y se ha asociado al uso de piscinas y baños turcos. Existen casos de MC neonatal por trasmisión vertical en el momento del parto (Berbegal-DeGracia L, 2015).

    Varias patologías se asocian a una mayor prevalencia de MC. En la dermatitis atópica (DA) existen alteraciones en la inmunidad celular y en la barrera cutánea (sobre todo en pacientes con mutaciones en el gen de la filagrina) que favorecen la infección por MC (Olsen JR, 2016; Manti S, 2017). La prevalencia de MC en pacientes con infección por VIH puede llegar al 18%, siendo más frecuente en pacientes con menor número de linfocitos CD4 (Martin P, 2016). También es más frecuente en personas inmunosuprimidas por leucemias y linfomas, o con inmunosupresión farmacológica por quimioterapia, fármacos biológicos, ciclosporina, metotrexato, esteroides orales y trasplantados (Kaufman WS, 2018).

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    El molluscum contagiosum (MC) es una afección cutánea frecuente, benigna, generalmente autolimitada, de etiología vírica, que cursa con aparición de un número variable de pápulas umbilicadas generalmente no mayores de 5 mm en una o varias localizaciones.

    Ampliamente distribuida por todo el mundo, es una de las 50 enfermedades más prevalentes (Hay RJ, 2014). Más frecuente en zonas cálidas y húmedas. Distribución similar en ambos sexos. Mayor incidencia en niños, sobre todo de 2 a 5 años, pero también puede aparecer en adolescentes y adultos (Meza-Romero R, 2019). Su prevalencia clínica probablemente está infraestimada. Un metaanálisis realizado en 2014 estima en niños una incidencia anual de 12-14/1.000 y una prevalencia del 8,28% (Olsen JR, 2014), pero estudios de seroprevalencia realizados en población general en Alemania (Sherwani S, 2014) y Australia (Konya J, 1999) dan valores mayores (14,8% y 23% respectivamente).

    Es causado por el virus del molluscum contagiosum (VMC), virus ADN envuelto de doble cadena, que pertenece a la familia Poxviridae, siendo la única especie del género Molluscipox virus. Existen 4 genotipos, siendo el VMC 1 el más frecuente tanto en España (Agromayor M, 2002) como en otros países (75-96%), seguido del VMC 2, este muy frecuente en pacientes con infección por VIH (Meza-Romero R, 2019).

    El VCM afecta de forma casi exclusiva al ser humano, siendo este el único reservorio conocido. El periodo de incubación oscila entre dos semanas y seis meses (Badri T, 2021). Infecta de forma limitada la epidermis y se replica en el citoplasma de los queratinocitos sin atravesar la membrana basal. El VCM codifica proteínas que evitan la liberación de mediadores proinflamatorios y la activación de la respuesta inmune por las células dendríticas (Meza-Romero R, 2019). Una vez que el sistema inmune logra reconocer el virus se desencadena una fuerte respuesta en la que están implicados linfocitos T citotóxicos y células dendríticas. Se produce inflamación en las lesiones y en muchas ocasiones le regresión de las mismas (Chen X, 2013).

    La hiperplasia de la epidermis producida por el VMV puede estar favorecida por una sobrerregulación de receptores para el factor de crecimiento epidérmico y una interferencia con la regulación del ciclo celular (Chen X, 2013).

    A diferencia de otros virus que infectan la piel, como herpes virus y virus del papiloma humano, no persiste de forma latente en el organismo.

    El virus se trasmite por contacto directo (incluido contacto sexual, masajes, realización de deportes de contacto) y puede extenderse por autoinoculación tras rascado. También es reconocida la trasmisión por fómites (toallas, esponjas, instrumental de tatuaje), y se ha asociado al uso de piscinas y baños turcos. Existen casos de MC neonatal por trasmisión vertical en el momento del parto (Berbegal-DeGracia L, 2015).

    Varias patologías se asocian a una mayor prevalencia de MC. En la dermatitis atópica (DA) existen alteraciones en la inmunidad celular y en la barrera cutánea (sobre todo en pacientes con mutaciones en el gen de la filagrina) que favorecen la infección por MC (Olsen JR, 2016; Manti S, 2017). La prevalencia de MC en pacientes con infección por VIH puede llegar al 18%, siendo más frecuente en pacientes con menor número de linfocitos CD4 (Martin P, 2016). También es más frecuente en personas inmunosuprimidas por leucemias y linfomas, o con inmunosupresión farmacológica por quimioterapia, fármacos biológicos, ciclosporina, metotrexato, esteroides orales y trasplantados (Kaufman WS, 2018).

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