Fisterra

    Hernia epigástrica y diástasis de rectos

    ¿De qué hablamos?


    Las hernias epigástricas son un tipo de hernia primaria de la pared abdominal anterior. Son aquellas en las que el defecto en la pared se encuentra en la línea media abdominal (o línea alba), entre el apéndice xifoides y el ombligo, y pueden ser únicas o múltiples (Hinestroza J, 2020; López C, 2013; Najah H, 2021). Las formas más comunes de hernias externas son las inguinales, umbilicales, femorales e incisionales. Entre estas, las hernias epigástricas representan menos del 4% de los casos (Das S, 2022).

    La mayoría de las hernias epigástricas son asintomáticas (más del 75%), suelen ser más frecuentes en hombres y generalmente afectan a adultos entre los 20 y 50 años (Carrillo Naupari LF, 2025; Gil Galindo G, 2023; Hinestroza Barrios J, 2020; López C, 2013; Palacios GJG, 2023).

    El contenido del saco herniario suele ser grasa preperitoneal, siendo menos frecuente que contenga asas intestinales.

    Teniendo en cuenta la anatomía de la pared abdominal, esta presenta una forma hexagonal, estando limitada inferiormente por la pelvis y la sínfisis púbica, superiormente por el margen costal y el apéndice xifoides, y lateralmente por la línea axilar media. En la zona medial se encuentran los músculos rectos del abdomen y en la zona más lateral (de interior a zona más superficial), el músculo transverso, el músculo oblicuo interno y el músculo oblicuo externo. Estos músculos se encuentran rodeados por una vaina formada por sus aponeurosis (vaina de los rectos), que se entrecruzan en la línea media, constituyendo la línea alba (Gil Galindo G, 2023; Hinestroza Barrios J, 2020; López C, 2013; Najah H, 2021).

    Desde un punto de vista biomecánico, si tenemos en cuenta que la cavidad abdómino-pélvica es un cilindro, cualquier presión generada en la cavidad se transmitirá por igual al resto de paredes que la conforman. Como respuesta, las paredes de la cavidad se contraerán para generar contrapresión. Cuando la presión intraabdominal supere la presión generada por las paredes se producirá una hernia por el punto más débil de la cavidad, que en el caso de las hernias epigástricas se encontrará en la línea alba (Carrillo Naupari LF, 2025). Por lo tanto, todo aquello que debilite la línea alba (enfermedades del tejido conectivo, diabetes, tabaquismo, uso de corticoides, edad avanzada., etc.) o que aumente la presión intraabdominal (obesidad, tos crónica, embarazo, ascitis, estreñimiento, esfuerzo físico, etc.) va a ser un factor de riesgo para desarrollar una hernia epigástrica (Henriksen NA, 2020).

    La diástasis de rectos consiste en una separación anómala de los músculos rectos del abdomen. Se diferencia de la hernia epigástrica en que en este caso no hay defecto en la fascia y, por lo tanto, no hay riesgo de incarceración o estrangulación. En la mayoría de los estudios y bibliografía revisada se considera anormal una separación mayor a 2 cm, aunque algunos autores reportan una distancia menor de 2 cm como anormal (Bolívar-Rodríguez MA, 2023; López C, 2013; Treviño DM, 2019; Uriarte Terán JI, 2020; Vicente-Campos V, 2023).

    Esta alteración puede aparecer como consecuencia de una debilidad a nivel de la línea alba (congénita o adquirida) o de un aumento de la presión intraabdominal, causas también relacionadas con la hernia epigástrica. Además, cabe destacar dos grupos en los que suele aparecer de forma más frecuente:
    • En mujeres embarazadas o en el posparto, dado que durante esta etapa la pared abdominal se distiende conforme aumenta el tamaño fetal. Generalmente, tras el parto, esta distensión suele reducirse, pero en algunos casos puede continuar hasta 1 año después. La prevalencia de diástasis fue del 100% en la semana 35 de gestación y disminuyó al 39% a los 6 meses posteriores al parto (Bolívar-Rodríguez MA, 2023).
    • En obesos, dado que por ganancia ponderal se puede producir la separación de los músculos rectos del abdomen (López C, 2013; Martínez RA, 2023; Treviño DM, 2024; Uriarte Terán JI, 2020; Vicente-Campos V, 2023).

    ¿Cómo se diagnostica?

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    ¿Cómo se trata?

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    Bibliografía

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    Autoras

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    Conflicto de intereses
    Los autores declaran no tener ningún conflicto de intereses.

    Hernia epigástrica y diástasis de rectos

    Fecha de revisión: 21/09/2026
    • Guía
    Índice de contenidos

    ¿De qué hablamos?


    Las hernias epigástricas son un tipo de hernia primaria de la pared abdominal anterior. Son aquellas en las que el defecto en la pared se encuentra en la línea media abdominal (o línea alba), entre el apéndice xifoides y el ombligo, y pueden ser únicas o múltiples (Hinestroza J, 2020; López C, 2013; Najah H, 2021). Las formas más comunes de hernias externas son las inguinales, umbilicales, femorales e incisionales. Entre estas, las hernias epigástricas representan menos del 4% de los casos (Das S, 2022).

    La mayoría de las hernias epigástricas son asintomáticas (más del 75%), suelen ser más frecuentes en hombres y generalmente afectan a adultos entre los 20 y 50 años (Carrillo Naupari LF, 2025; Gil Galindo G, 2023; Hinestroza Barrios J, 2020; López C, 2013; Palacios GJG, 2023).

    El contenido del saco herniario suele ser grasa preperitoneal, siendo menos frecuente que contenga asas intestinales.

    Teniendo en cuenta la anatomía de la pared abdominal, esta presenta una forma hexagonal, estando limitada inferiormente por la pelvis y la sínfisis púbica, superiormente por el margen costal y el apéndice xifoides, y lateralmente por la línea axilar media. En la zona medial se encuentran los músculos rectos del abdomen y en la zona más lateral (de interior a zona más superficial), el músculo transverso, el músculo oblicuo interno y el músculo oblicuo externo. Estos músculos se encuentran rodeados por una vaina formada por sus aponeurosis (vaina de los rectos), que se entrecruzan en la línea media, constituyendo la línea alba (Gil Galindo G, 2023; Hinestroza Barrios J, 2020; López C, 2013; Najah H, 2021).

    Desde un punto de vista biomecánico, si tenemos en cuenta que la cavidad abdómino-pélvica es un cilindro, cualquier presión generada en la cavidad se transmitirá por igual al resto de paredes que la conforman. Como respuesta, las paredes de la cavidad se contraerán para generar contrapresión. Cuando la presión intraabdominal supere la presión generada por las paredes se producirá una hernia por el punto más débil de la cavidad, que en el caso de las hernias epigástricas se encontrará en la línea alba (Carrillo Naupari LF, 2025). Por lo tanto, todo aquello que debilite la línea alba (enfermedades del tejido conectivo, diabetes, tabaquismo, uso de corticoides, edad avanzada., etc.) o que aumente la presión intraabdominal (obesidad, tos crónica, embarazo, ascitis, estreñimiento, esfuerzo físico, etc.) va a ser un factor de riesgo para desarrollar una hernia epigástrica (Henriksen NA, 2020).

    La diástasis de rectos consiste en una separación anómala de los músculos rectos del abdomen. Se diferencia de la hernia epigástrica en que en este caso no hay defecto en la fascia y, por lo tanto, no hay riesgo de incarceración o estrangulación. En la mayoría de los estudios y bibliografía revisada se considera anormal una separación mayor a 2 cm, aunque algunos autores reportan una distancia menor de 2 cm como anormal (Bolívar-Rodríguez MA, 2023; López C, 2013; Treviño DM, 2019; Uriarte Terán JI, 2020; Vicente-Campos V, 2023).

    Esta alteración puede aparecer como consecuencia de una debilidad a nivel de la línea alba (congénita o adquirida) o de un aumento de la presión intraabdominal, causas también relacionadas con la hernia epigástrica. Además, cabe destacar dos grupos en los que suele aparecer de forma más frecuente:
    • En mujeres embarazadas o en el posparto, dado que durante esta etapa la pared abdominal se distiende conforme aumenta el tamaño fetal. Generalmente, tras el parto, esta distensión suele reducirse, pero en algunos casos puede continuar hasta 1 año después. La prevalencia de diástasis fue del 100% en la semana 35 de gestación y disminuyó al 39% a los 6 meses posteriores al parto (Bolívar-Rodríguez MA, 2023).
    • En obesos, dado que por ganancia ponderal se puede producir la separación de los músculos rectos del abdomen (López C, 2013; Martínez RA, 2023; Treviño DM, 2024; Uriarte Terán JI, 2020; Vicente-Campos V, 2023).

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    Fecha de revisión: 21/09/2026

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    Las hernias epigástricas son un tipo de hernia primaria de la pared abdominal anterior. Son aquellas en las que el defecto en la pared se encuentra en la línea media abdominal (o línea alba), entre el apéndice xifoides y el ombligo, y pueden ser únicas o múltiples (Hinestroza J, 2020; López C, 2013; Najah H, 2021). Las formas más comunes de hernias externas son las inguinales, umbilicales, femorales e incisionales. Entre estas, las hernias epigástricas representan menos del 4% de los casos (Das S, 2022).

    La mayoría de las hernias epigástricas son asintomáticas (más del 75%), suelen ser más frecuentes en hombres y generalmente afectan a adultos entre los 20 y 50 años (Carrillo Naupari LF, 2025; Gil Galindo G, 2023; Hinestroza Barrios J, 2020; López C, 2013; Palacios GJG, 2023).

    El contenido del saco herniario suele ser grasa preperitoneal, siendo menos frecuente que contenga asas intestinales.

    Teniendo en cuenta la anatomía de la pared abdominal, esta presenta una forma hexagonal, estando limitada inferiormente por la pelvis y la sínfisis púbica, superiormente por el margen costal y el apéndice xifoides, y lateralmente por la línea axilar media. En la zona medial se encuentran los músculos rectos del abdomen y en la zona más lateral (de interior a zona más superficial), el músculo transverso, el músculo oblicuo interno y el músculo oblicuo externo. Estos músculos se encuentran rodeados por una vaina formada por sus aponeurosis (vaina de los rectos), que se entrecruzan en la línea media, constituyendo la línea alba (Gil Galindo G, 2023; Hinestroza Barrios J, 2020; López C, 2013; Najah H, 2021).

    Desde un punto de vista biomecánico, si tenemos en cuenta que la cavidad abdómino-pélvica es un cilindro, cualquier presión generada en la cavidad se transmitirá por igual al resto de paredes que la conforman. Como respuesta, las paredes de la cavidad se contraerán para generar contrapresión. Cuando la presión intraabdominal supere la presión generada por las paredes se producirá una hernia por el punto más débil de la cavidad, que en el caso de las hernias epigástricas se encontrará en la línea alba (Carrillo Naupari LF, 2025). Por lo tanto, todo aquello que debilite la línea alba (enfermedades del tejido conectivo, diabetes, tabaquismo, uso de corticoides, edad avanzada., etc.) o que aumente la presión intraabdominal (obesidad, tos crónica, embarazo, ascitis, estreñimiento, esfuerzo físico, etc.) va a ser un factor de riesgo para desarrollar una hernia epigástrica (Henriksen NA, 2020).

    La diástasis de rectos consiste en una separación anómala de los músculos rectos del abdomen. Se diferencia de la hernia epigástrica en que en este caso no hay defecto en la fascia y, por lo tanto, no hay riesgo de incarceración o estrangulación. En la mayoría de los estudios y bibliografía revisada se considera anormal una separación mayor a 2 cm, aunque algunos autores reportan una distancia menor de 2 cm como anormal (Bolívar-Rodríguez MA, 2023; López C, 2013; Treviño DM, 2019; Uriarte Terán JI, 2020; Vicente-Campos V, 2023).

    Esta alteración puede aparecer como consecuencia de una debilidad a nivel de la línea alba (congénita o adquirida) o de un aumento de la presión intraabdominal, causas también relacionadas con la hernia epigástrica. Además, cabe destacar dos grupos en los que suele aparecer de forma más frecuente:
    • En mujeres embarazadas o en el posparto, dado que durante esta etapa la pared abdominal se distiende conforme aumenta el tamaño fetal. Generalmente, tras el parto, esta distensión suele reducirse, pero en algunos casos puede continuar hasta 1 año después. La prevalencia de diástasis fue del 100% en la semana 35 de gestación y disminuyó al 39% a los 6 meses posteriores al parto (Bolívar-Rodríguez MA, 2023).
    • En obesos, dado que por ganancia ponderal se puede producir la separación de los músculos rectos del abdomen (López C, 2013; Martínez RA, 2023; Treviño DM, 2024; Uriarte Terán JI, 2020; Vicente-Campos V, 2023).

    ¿Cómo se diagnostica?

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