Fisterra

    Fallo de medro

    ¿De qué hablamos?


    No existe una definición universal para el término fallo de medro, acuñado ya en los años 30, y que hace referencia a una descripción clínica y no a un diagnóstico específico.

    Este término se usa para describir casos de retraso del crecimiento tanto en peso como en talla o, más específicamente, problemas para ganar peso de forma apropiada, habitualmente durante los 2-3 primeros años de vida. En los casos más severos, el crecimiento longitudinal o el perímetro cefálico pueden verse afectados también.

    En niños mayores de esta edad, la reducción en la velocidad de crecimiento suele denominarse como fallo de crecimiento o de maduración sexual.

    Una amplia variedad de problemas médicos y psicosociales pueden contribuir al mismo, sin embargo la causa subyacente en la mayoría de los casos es la utilización insuficiente de los nutrientes o la realización de una dieta inapropiada.

    La malnutrición severa puede provocar estatura corta persistente, inmunodeficiencias secundarias o daños permanentes del sistema nervioso central. Una identificación y tratamiento tempranos puede prevenir problemas en el desarrollo a largo plazo (Kirkland RT, 2014).

    Existen tres criterios para definir el fallo de medro usando las gráficas de crecimiento propias de cada país (Harper NS, 2014; Cole SZ, 2011; Zenel JA, 1997):

    • Niños menores de 2 años de edad cuyo peso está por debajo de los percentiles 3 ó 5 para la edad, en más de una ocasión.
    • Niños menores de 2 años de edad cuyo peso es inferior al 80% del peso ideal para la edad.
    • Niños menores de 2 años de edad cuyo peso cae dos percentiles, a lo largo del tiempo, en una gráfica de crecimiento estandarizada (Shields B, 2012).

    Los criterios de exclusión a los citados anteriormente serían: niños con estatura corta de origen genético que crecen según su potencial genético, retrasos de crecimiento intrauterino, prematuros, niños con sobrepeso cuya velocidad de crecimiento en talla aumenta mientras la ganancia ponderal disminuye, niños constitucionalmente delgados y niños grandes para la edad gestacional, que durante la etapa de lactancia hacen una regresión a la media (Cole SZ, 2011).

    Dado que el crecimiento es continuo y escalonado, debe exigirse que sean varios los registros de peso y talla, ya que hasta el 5% de los lactantes a término sanos suben o bajan un percentil desde el nacimiento hasta las 6 semanas de edad; desde esta edad y hasta el año, otro 5% cruzarán dos percentiles e incluso un 1% cruzarán tres (Wright CM, 2000). Es importante conocer que más del 20% de los niños sanos pueden presentar periodos de falta de crecimiento de hasta 3 meses de duración sin que esto suponga una alarma sobre la que se deba actuar.

    Por tanto, para confirmar el cuadro clínico, la situación de retraso del crecimiento tendrá que confirmarse en 2 o más controles sucesivos, preverse persistente o prolongarse durante, al menos, 12 meses (Bueno Pardo S, 2015).

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    Bibliografía

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    Autores

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    No disponible.

    Fallo de medro

    Fecha de revisión: 23/03/2016
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    ¿De qué hablamos?


    No existe una definición universal para el término fallo de medro, acuñado ya en los años 30, y que hace referencia a una descripción clínica y no a un diagnóstico específico.

    Este término se usa para describir casos de retraso del crecimiento tanto en peso como en talla o, más específicamente, problemas para ganar peso de forma apropiada, habitualmente durante los 2-3 primeros años de vida. En los casos más severos, el crecimiento longitudinal o el perímetro cefálico pueden verse afectados también.

    En niños mayores de esta edad, la reducción en la velocidad de crecimiento suele denominarse como fallo de crecimiento o de maduración sexual.

    Una amplia variedad de problemas médicos y psicosociales pueden contribuir al mismo, sin embargo la causa subyacente en la mayoría de los casos es la utilización insuficiente de los nutrientes o la realización de una dieta inapropiada.

    La malnutrición severa puede provocar estatura corta persistente, inmunodeficiencias secundarias o daños permanentes del sistema nervioso central. Una identificación y tratamiento tempranos puede prevenir problemas en el desarrollo a largo plazo (Kirkland RT, 2014).

    Existen tres criterios para definir el fallo de medro usando las gráficas de crecimiento propias de cada país (Harper NS, 2014; Cole SZ, 2011; Zenel JA, 1997):

    • Niños menores de 2 años de edad cuyo peso está por debajo de los percentiles 3 ó 5 para la edad, en más de una ocasión.
    • Niños menores de 2 años de edad cuyo peso es inferior al 80% del peso ideal para la edad.
    • Niños menores de 2 años de edad cuyo peso cae dos percentiles, a lo largo del tiempo, en una gráfica de crecimiento estandarizada (Shields B, 2012).

    Los criterios de exclusión a los citados anteriormente serían: niños con estatura corta de origen genético que crecen según su potencial genético, retrasos de crecimiento intrauterino, prematuros, niños con sobrepeso cuya velocidad de crecimiento en talla aumenta mientras la ganancia ponderal disminuye, niños constitucionalmente delgados y niños grandes para la edad gestacional, que durante la etapa de lactancia hacen una regresión a la media (Cole SZ, 2011).

    Dado que el crecimiento es continuo y escalonado, debe exigirse que sean varios los registros de peso y talla, ya que hasta el 5% de los lactantes a término sanos suben o bajan un percentil desde el nacimiento hasta las 6 semanas de edad; desde esta edad y hasta el año, otro 5% cruzarán dos percentiles e incluso un 1% cruzarán tres (Wright CM, 2000). Es importante conocer que más del 20% de los niños sanos pueden presentar periodos de falta de crecimiento de hasta 3 meses de duración sin que esto suponga una alarma sobre la que se deba actuar.

    Por tanto, para confirmar el cuadro clínico, la situación de retraso del crecimiento tendrá que confirmarse en 2 o más controles sucesivos, preverse persistente o prolongarse durante, al menos, 12 meses (Bueno Pardo S, 2015).

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    No existe una definición universal para el término fallo de medro, acuñado ya en los años 30, y que hace referencia a una descripción clínica y no a un diagnóstico específico.

    Este término se usa para describir casos de retraso del crecimiento tanto en peso como en talla o, más específicamente, problemas para ganar peso de forma apropiada, habitualmente durante los 2-3 primeros años de vida. En los casos más severos, el crecimiento longitudinal o el perímetro cefálico pueden verse afectados también.

    En niños mayores de esta edad, la reducción en la velocidad de crecimiento suele denominarse como fallo de crecimiento o de maduración sexual.

    Una amplia variedad de problemas médicos y psicosociales pueden contribuir al mismo, sin embargo la causa subyacente en la mayoría de los casos es la utilización insuficiente de los nutrientes o la realización de una dieta inapropiada.

    La malnutrición severa puede provocar estatura corta persistente, inmunodeficiencias secundarias o daños permanentes del sistema nervioso central. Una identificación y tratamiento tempranos puede prevenir problemas en el desarrollo a largo plazo (Kirkland RT, 2014).

    Existen tres criterios para definir el fallo de medro usando las gráficas de crecimiento propias de cada país (Harper NS, 2014; Cole SZ, 2011; Zenel JA, 1997):

    • Niños menores de 2 años de edad cuyo peso está por debajo de los percentiles 3 ó 5 para la edad, en más de una ocasión.
    • Niños menores de 2 años de edad cuyo peso es inferior al 80% del peso ideal para la edad.
    • Niños menores de 2 años de edad cuyo peso cae dos percentiles, a lo largo del tiempo, en una gráfica de crecimiento estandarizada (Shields B, 2012).

    Los criterios de exclusión a los citados anteriormente serían: niños con estatura corta de origen genético que crecen según su potencial genético, retrasos de crecimiento intrauterino, prematuros, niños con sobrepeso cuya velocidad de crecimiento en talla aumenta mientras la ganancia ponderal disminuye, niños constitucionalmente delgados y niños grandes para la edad gestacional, que durante la etapa de lactancia hacen una regresión a la media (Cole SZ, 2011).

    Dado que el crecimiento es continuo y escalonado, debe exigirse que sean varios los registros de peso y talla, ya que hasta el 5% de los lactantes a término sanos suben o bajan un percentil desde el nacimiento hasta las 6 semanas de edad; desde esta edad y hasta el año, otro 5% cruzarán dos percentiles e incluso un 1% cruzarán tres (Wright CM, 2000). Es importante conocer que más del 20% de los niños sanos pueden presentar periodos de falta de crecimiento de hasta 3 meses de duración sin que esto suponga una alarma sobre la que se deba actuar.

    Por tanto, para confirmar el cuadro clínico, la situación de retraso del crecimiento tendrá que confirmarse en 2 o más controles sucesivos, preverse persistente o prolongarse durante, al menos, 12 meses (Bueno Pardo S, 2015).

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