Fisterra

    Estimación del riesgo cardiovascular

    Prevención de las enfermedades vasculares


    En España las enfermedades vasculares constituyen un problema de salud pública prioritario, al ser responsables de la pérdida de muchos años potenciales de vida y representar una gran carga económica para el sistema de salud (Haro JM, 2014). La prevención primaria es una de las estrategias más importantes para intentar reducir la incidencia de esta enfermedad y se fundamenta en dos estrategias básicas y complementarias: una poblacional, de promoción de la salud y de aquellos estilos de vida, factores ambientales, sociales y económicos que favorecen la salud y disminuyen la presentación de la enfermedad; y otra individual dirigida a reducir los factores de riesgo en aquellos individuos en que están más elevados.

    Para implementar esta última estrategia será necesario disponer de herramientas que nos permitan identificar a los individuos expuestos a un riesgo elevado. Con este objetivo, las guías de práctica clínica (Goff DC Jr, 2014; Perk J, 2012; National Institute for Health and Care Excellence, 2016) recomiendan estimar la exposición al riesgo cardiovascular de manera individual. Cuando estimamos el efecto de un determinado factor de riesgo en un individuo concreto, hay que tener en cuenta el contexto del resto de factores de riesgo, ya que las enfermedades cardiovasculares tienen una etiología multifactorial y la suma de estos factores puede tener un efecto multiplicativo. Este concepto forma parte de un principio fundamental de la atención médica, y específicamente de la atención primaria, que se basa en tratar integralmente los individuos en vez de aspectos concretos por separado. Además, se ha observado que el riesgo cardiovascular es la variable que mejor se asocia al número de acontecimientos cardiovasculares prevenibles por el tratamiento con estatinas, por encima incluso del colesterol de lipoproteínas de baja densidad (Mihaylova B, 2012).

    No obstante, esta aproximación no está exenta de limitaciones. La predicción de riesgo tiene sentido estricto si la aplicamos a grupos de individuos, en los que una cierta proporción de ellos (la probabilidad) presentará una enfermedad cardiovascular. Pero a nivel individual es evidente que cada individuo presentará o no la enfermedad y, por tanto, sólo los individuos destinados a padecerla pueden beneficiarse de las medidas de prevención. A modo de ejemplo, si tenemos una población de 100 personas cuyo riesgo promedio estimado por una ecuación de riesgo válida es del 10% a 10 años, y aplicamos una medida de prevención a los 100, que sea capaz de reducir un 30% la incidencia de enfermedad en ese periodo, el resultado será que de los 10 individuos destinados a tener la enfermedad, 7 la presentarán de toda formas, 3 se habrán beneficiado de la intervención y el resto, los 90, no la iban a presentar en ningún caso.

    De todo ello se deducen tres aspectos claves en la estrategia: 1) la validez de la ecuación utilizada, 2) el umbral de riesgo utilizado para recomendar intervenciones y 3) la efectividad y el riesgo de efectos secundarios de las intervenciones.

    Ecuaciones de riesgo

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    Umbral de riesgo

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    Estimación del riesgo cardiovascular

    Fecha de revisión: 18/05/2017
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    Prevención de las enfermedades vasculares


    En España las enfermedades vasculares constituyen un problema de salud pública prioritario, al ser responsables de la pérdida de muchos años potenciales de vida y representar una gran carga económica para el sistema de salud (Haro JM, 2014). La prevención primaria es una de las estrategias más importantes para intentar reducir la incidencia de esta enfermedad y se fundamenta en dos estrategias básicas y complementarias: una poblacional, de promoción de la salud y de aquellos estilos de vida, factores ambientales, sociales y económicos que favorecen la salud y disminuyen la presentación de la enfermedad; y otra individual dirigida a reducir los factores de riesgo en aquellos individuos en que están más elevados.

    Para implementar esta última estrategia será necesario disponer de herramientas que nos permitan identificar a los individuos expuestos a un riesgo elevado. Con este objetivo, las guías de práctica clínica (Goff DC Jr, 2014; Perk J, 2012; National Institute for Health and Care Excellence, 2016) recomiendan estimar la exposición al riesgo cardiovascular de manera individual. Cuando estimamos el efecto de un determinado factor de riesgo en un individuo concreto, hay que tener en cuenta el contexto del resto de factores de riesgo, ya que las enfermedades cardiovasculares tienen una etiología multifactorial y la suma de estos factores puede tener un efecto multiplicativo. Este concepto forma parte de un principio fundamental de la atención médica, y específicamente de la atención primaria, que se basa en tratar integralmente los individuos en vez de aspectos concretos por separado. Además, se ha observado que el riesgo cardiovascular es la variable que mejor se asocia al número de acontecimientos cardiovasculares prevenibles por el tratamiento con estatinas, por encima incluso del colesterol de lipoproteínas de baja densidad (Mihaylova B, 2012).

    No obstante, esta aproximación no está exenta de limitaciones. La predicción de riesgo tiene sentido estricto si la aplicamos a grupos de individuos, en los que una cierta proporción de ellos (la probabilidad) presentará una enfermedad cardiovascular. Pero a nivel individual es evidente que cada individuo presentará o no la enfermedad y, por tanto, sólo los individuos destinados a padecerla pueden beneficiarse de las medidas de prevención. A modo de ejemplo, si tenemos una población de 100 personas cuyo riesgo promedio estimado por una ecuación de riesgo válida es del 10% a 10 años, y aplicamos una medida de prevención a los 100, que sea capaz de reducir un 30% la incidencia de enfermedad en ese periodo, el resultado será que de los 10 individuos destinados a tener la enfermedad, 7 la presentarán de toda formas, 3 se habrán beneficiado de la intervención y el resto, los 90, no la iban a presentar en ningún caso.

    De todo ello se deducen tres aspectos claves en la estrategia: 1) la validez de la ecuación utilizada, 2) el umbral de riesgo utilizado para recomendar intervenciones y 3) la efectividad y el riesgo de efectos secundarios de las intervenciones.

    Ecuaciones de riesgo

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    Prevención de las enfermedades vasculares


    En España las enfermedades vasculares constituyen un problema de salud pública prioritario, al ser responsables de la pérdida de muchos años potenciales de vida y representar una gran carga económica para el sistema de salud (Haro JM, 2014). La prevención primaria es una de las estrategias más importantes para intentar reducir la incidencia de esta enfermedad y se fundamenta en dos estrategias básicas y complementarias: una poblacional, de promoción de la salud y de aquellos estilos de vida, factores ambientales, sociales y económicos que favorecen la salud y disminuyen la presentación de la enfermedad; y otra individual dirigida a reducir los factores de riesgo en aquellos individuos en que están más elevados.

    Para implementar esta última estrategia será necesario disponer de herramientas que nos permitan identificar a los individuos expuestos a un riesgo elevado. Con este objetivo, las guías de práctica clínica (Goff DC Jr, 2014; Perk J, 2012; National Institute for Health and Care Excellence, 2016) recomiendan estimar la exposición al riesgo cardiovascular de manera individual. Cuando estimamos el efecto de un determinado factor de riesgo en un individuo concreto, hay que tener en cuenta el contexto del resto de factores de riesgo, ya que las enfermedades cardiovasculares tienen una etiología multifactorial y la suma de estos factores puede tener un efecto multiplicativo. Este concepto forma parte de un principio fundamental de la atención médica, y específicamente de la atención primaria, que se basa en tratar integralmente los individuos en vez de aspectos concretos por separado. Además, se ha observado que el riesgo cardiovascular es la variable que mejor se asocia al número de acontecimientos cardiovasculares prevenibles por el tratamiento con estatinas, por encima incluso del colesterol de lipoproteínas de baja densidad (Mihaylova B, 2012).

    No obstante, esta aproximación no está exenta de limitaciones. La predicción de riesgo tiene sentido estricto si la aplicamos a grupos de individuos, en los que una cierta proporción de ellos (la probabilidad) presentará una enfermedad cardiovascular. Pero a nivel individual es evidente que cada individuo presentará o no la enfermedad y, por tanto, sólo los individuos destinados a padecerla pueden beneficiarse de las medidas de prevención. A modo de ejemplo, si tenemos una población de 100 personas cuyo riesgo promedio estimado por una ecuación de riesgo válida es del 10% a 10 años, y aplicamos una medida de prevención a los 100, que sea capaz de reducir un 30% la incidencia de enfermedad en ese periodo, el resultado será que de los 10 individuos destinados a tener la enfermedad, 7 la presentarán de toda formas, 3 se habrán beneficiado de la intervención y el resto, los 90, no la iban a presentar en ningún caso.

    De todo ello se deducen tres aspectos claves en la estrategia: 1) la validez de la ecuación utilizada, 2) el umbral de riesgo utilizado para recomendar intervenciones y 3) la efectividad y el riesgo de efectos secundarios de las intervenciones.

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