Fisterra

    Esquizofrenia

    ¿Qué es la esquizofrenia?


    La esquizofrenia -o las esquizofrenias- es un trastorno mental que hasta la actualidad se define de modo sindrómico, puesto que así se denomina a un conjunto de síntomas, con una cierta duración en el tiempo; pero cuya etiología y fisiopatología no son aún suficientemente conocidas. Continúa siendo en algunos aspectos “una enfermedad enigmática” (Freedman R, 2003).

    En este sentido, y aunque las causas de la enfermedad sean inciertas o solo parcialmente conocidas, hay evidencias o pruebas de que en el desarrollo de los síntomas contribuyen diversos factores genéticos, biológicos, psicológicos y relacionales o sociales. En cada caso intervienen unos u otros en una proporción desigual, puede haber diferencias de unos pacientes a otros, y depende también del momento evolutivo del trastorno que estudiemos en cada paciente. Con todo, se trata del punto de vista de la “vulnerabilidad al estrés” como modelo que explica las condiciones en las que surge la enfermedad o es desencadenada, y en un contexto teórico más amplio, se enmarca dentro del modelo “biopsicosocial” de la enfermedad, ampliamente difundido en la psiquiatría (Lehman AF, 1997).

    Variables que intervienen:

    • En primer lugar, los factores genéticos. Revisión de la influencia genéticas en la esquizofrenia, entre otros excelentes textos, en: Sullivan PF, 2005.
    • En segundo lugar, anomalías neurobiológicas. Incluso desde antes de la detección clínica los síntomas de la enfermedad propiamente dichos, hay evidencia de anomalías neurobiológicas subyacentes (estructurales y funcionales, sobre todo en las áreas de neurotransmisión en las que predomina la dopamina) y cognitivas (déficit de atención y déficit en el procesamiento de la información), que preceden la aparición de los síntomas y muestran un funcionamiento neurobiológico/psicológico previos alteradosen algunos de los pacientes que desarrollarán la enfermedad (Wolkin A, 2003). Estas anomalías predisponen a la aparición de la enfermedad, o cuando menos hacen que algunas funciones cerebrales y mentales del sujeto, previas al desarrollo de la enfermedad, hagan a éste vulnerable a diversos factores estresantes, factores que actuarían como desencadenantes o precipitantes del desequilibrio patológico (modelo de estrés-vulnerabilidad) (Freedman R, 2003). El hallazgo más ampliamente contrastado en neuroimagen estructural es el aumento de volumen de los ventrículos laterales. También se ha observado la reducción del volumen de las estructuras temporales mediales (hipocampo, amígdala y córtex entorrinal) (APA, 2001). En los estudios funcionales es frecuente el hallazgo de hipofrontalidad (disminución de flujo sanguíneo o del metabolismo en lóbulo frontal; disminución de receptores dopamina D1) (Okubo Y, 1997). Los déficits neurocognitivos se observan con frecuencia, sobre todo en tareas de atención, memoria, y habilidades psicomotoras (APA, 2001).
    • En tercer lugar, el amplio grupo de variables psicosociales y familiares, así como de desarrollo personal psicológico, difíciles de objetivar en una metodología experimental (Lindau ST, 2003).

    A lo largo de su evolución, las manifestaciones de la enfermedad son distintas. No es lo mismo el periodo de un brote psicótico agudo en el que predomina la sintomatología productiva (delirios, alucinaciones, alteraciones del comportamiento), que por ejemplo las fases más avanzadas con la preponderancia de los síntomas negativos y de deterioro sobre los síntomas productivos (Andreasen NC, 1991).

    Varios autores dirigen preferentemente su atención tanto a los síntomas prodrómicos, antes de que comience propiamente la enfermedad (McGorry PD, 2000), como a los síntomas iniciales de la enfermedad (Larsen TK, 2001; Bola J, 2011), con la hipótesis de que la instauración de un tratamiento precoz, en fases muy iniciales de detección de síntomas o indicios precursores de los mismos, mejora el pronóstico a largo plazo (Norman RM, 2005).

    Véase como resumen global de este apartado: MacDonald AW, 2009.

    Diagnóstico y clasificación

    Para ver el texto completo debe de estar suscrito a Fisterra

    Morbilidad asociada a la esquizofrenia

    Para ver el texto completo debe de estar suscrito a Fisterra

    Evolución de la esquizofrenia

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    ¿Qué indicaciones terapéuticas generales hacer?

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    ¿Cómo se trata el episodio esquizofrénico agudo?

    Para ver el texto completo debe de estar suscrito a Fisterra

    ¿Cuál es el tratamiento de mantenimiento?

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    Tratamientos no-farmacológicos

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    Algoritmo

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    Bibliografía

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    Más en la red

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    Autores

    Para ver el texto completo debe de estar suscrito a Fisterra

    Conflicto de intereses
    Los autores declaran no tener ningún conflicto de intereses.

    Esquizofrenia

    Fecha de revisión: 17/04/2013
    • Guía
    Índice de contenidos

    ¿Qué es la esquizofrenia?


    La esquizofrenia -o las esquizofrenias- es un trastorno mental que hasta la actualidad se define de modo sindrómico, puesto que así se denomina a un conjunto de síntomas, con una cierta duración en el tiempo; pero cuya etiología y fisiopatología no son aún suficientemente conocidas. Continúa siendo en algunos aspectos “una enfermedad enigmática” (Freedman R, 2003).

    En este sentido, y aunque las causas de la enfermedad sean inciertas o solo parcialmente conocidas, hay evidencias o pruebas de que en el desarrollo de los síntomas contribuyen diversos factores genéticos, biológicos, psicológicos y relacionales o sociales. En cada caso intervienen unos u otros en una proporción desigual, puede haber diferencias de unos pacientes a otros, y depende también del momento evolutivo del trastorno que estudiemos en cada paciente. Con todo, se trata del punto de vista de la “vulnerabilidad al estrés” como modelo que explica las condiciones en las que surge la enfermedad o es desencadenada, y en un contexto teórico más amplio, se enmarca dentro del modelo “biopsicosocial” de la enfermedad, ampliamente difundido en la psiquiatría (Lehman AF, 1997).

    Variables que intervienen:

    • En primer lugar, los factores genéticos. Revisión de la influencia genéticas en la esquizofrenia, entre otros excelentes textos, en: Sullivan PF, 2005.
    • En segundo lugar, anomalías neurobiológicas. Incluso desde antes de la detección clínica los síntomas de la enfermedad propiamente dichos, hay evidencia de anomalías neurobiológicas subyacentes (estructurales y funcionales, sobre todo en las áreas de neurotransmisión en las que predomina la dopamina) y cognitivas (déficit de atención y déficit en el procesamiento de la información), que preceden la aparición de los síntomas y muestran un funcionamiento neurobiológico/psicológico previos alteradosen algunos de los pacientes que desarrollarán la enfermedad (Wolkin A, 2003). Estas anomalías predisponen a la aparición de la enfermedad, o cuando menos hacen que algunas funciones cerebrales y mentales del sujeto, previas al desarrollo de la enfermedad, hagan a éste vulnerable a diversos factores estresantes, factores que actuarían como desencadenantes o precipitantes del desequilibrio patológico (modelo de estrés-vulnerabilidad) (Freedman R, 2003). El hallazgo más ampliamente contrastado en neuroimagen estructural es el aumento de volumen de los ventrículos laterales. También se ha observado la reducción del volumen de las estructuras temporales mediales (hipocampo, amígdala y córtex entorrinal) (APA, 2001). En los estudios funcionales es frecuente el hallazgo de hipofrontalidad (disminución de flujo sanguíneo o del metabolismo en lóbulo frontal; disminución de receptores dopamina D1) (Okubo Y, 1997). Los déficits neurocognitivos se observan con frecuencia, sobre todo en tareas de atención, memoria, y habilidades psicomotoras (APA, 2001).
    • En tercer lugar, el amplio grupo de variables psicosociales y familiares, así como de desarrollo personal psicológico, difíciles de objetivar en una metodología experimental (Lindau ST, 2003).

    A lo largo de su evolución, las manifestaciones de la enfermedad son distintas. No es lo mismo el periodo de un brote psicótico agudo en el que predomina la sintomatología productiva (delirios, alucinaciones, alteraciones del comportamiento), que por ejemplo las fases más avanzadas con la preponderancia de los síntomas negativos y de deterioro sobre los síntomas productivos (Andreasen NC, 1991).

    Varios autores dirigen preferentemente su atención tanto a los síntomas prodrómicos, antes de que comience propiamente la enfermedad (McGorry PD, 2000), como a los síntomas iniciales de la enfermedad (Larsen TK, 2001; Bola J, 2011), con la hipótesis de que la instauración de un tratamiento precoz, en fases muy iniciales de detección de síntomas o indicios precursores de los mismos, mejora el pronóstico a largo plazo (Norman RM, 2005).

    Véase como resumen global de este apartado: MacDonald AW, 2009.

    Diagnóstico y clasificación

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    Morbilidad asociada a la esquizofrenia

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    Esquizofrenia

    Fecha de revisión: 17/04/2013

    ¿Qué es la esquizofrenia?


    La esquizofrenia -o las esquizofrenias- es un trastorno mental que hasta la actualidad se define de modo sindrómico, puesto que así se denomina a un conjunto de síntomas, con una cierta duración en el tiempo; pero cuya etiología y fisiopatología no son aún suficientemente conocidas. Continúa siendo en algunos aspectos “una enfermedad enigmática” (Freedman R, 2003).

    En este sentido, y aunque las causas de la enfermedad sean inciertas o solo parcialmente conocidas, hay evidencias o pruebas de que en el desarrollo de los síntomas contribuyen diversos factores genéticos, biológicos, psicológicos y relacionales o sociales. En cada caso intervienen unos u otros en una proporción desigual, puede haber diferencias de unos pacientes a otros, y depende también del momento evolutivo del trastorno que estudiemos en cada paciente. Con todo, se trata del punto de vista de la “vulnerabilidad al estrés” como modelo que explica las condiciones en las que surge la enfermedad o es desencadenada, y en un contexto teórico más amplio, se enmarca dentro del modelo “biopsicosocial” de la enfermedad, ampliamente difundido en la psiquiatría (Lehman AF, 1997).

    Variables que intervienen:

    • En primer lugar, los factores genéticos. Revisión de la influencia genéticas en la esquizofrenia, entre otros excelentes textos, en: Sullivan PF, 2005.
    • En segundo lugar, anomalías neurobiológicas. Incluso desde antes de la detección clínica los síntomas de la enfermedad propiamente dichos, hay evidencia de anomalías neurobiológicas subyacentes (estructurales y funcionales, sobre todo en las áreas de neurotransmisión en las que predomina la dopamina) y cognitivas (déficit de atención y déficit en el procesamiento de la información), que preceden la aparición de los síntomas y muestran un funcionamiento neurobiológico/psicológico previos alteradosen algunos de los pacientes que desarrollarán la enfermedad (Wolkin A, 2003). Estas anomalías predisponen a la aparición de la enfermedad, o cuando menos hacen que algunas funciones cerebrales y mentales del sujeto, previas al desarrollo de la enfermedad, hagan a éste vulnerable a diversos factores estresantes, factores que actuarían como desencadenantes o precipitantes del desequilibrio patológico (modelo de estrés-vulnerabilidad) (Freedman R, 2003). El hallazgo más ampliamente contrastado en neuroimagen estructural es el aumento de volumen de los ventrículos laterales. También se ha observado la reducción del volumen de las estructuras temporales mediales (hipocampo, amígdala y córtex entorrinal) (APA, 2001). En los estudios funcionales es frecuente el hallazgo de hipofrontalidad (disminución de flujo sanguíneo o del metabolismo en lóbulo frontal; disminución de receptores dopamina D1) (Okubo Y, 1997). Los déficits neurocognitivos se observan con frecuencia, sobre todo en tareas de atención, memoria, y habilidades psicomotoras (APA, 2001).
    • En tercer lugar, el amplio grupo de variables psicosociales y familiares, así como de desarrollo personal psicológico, difíciles de objetivar en una metodología experimental (Lindau ST, 2003).

    A lo largo de su evolución, las manifestaciones de la enfermedad son distintas. No es lo mismo el periodo de un brote psicótico agudo en el que predomina la sintomatología productiva (delirios, alucinaciones, alteraciones del comportamiento), que por ejemplo las fases más avanzadas con la preponderancia de los síntomas negativos y de deterioro sobre los síntomas productivos (Andreasen NC, 1991).

    Varios autores dirigen preferentemente su atención tanto a los síntomas prodrómicos, antes de que comience propiamente la enfermedad (McGorry PD, 2000), como a los síntomas iniciales de la enfermedad (Larsen TK, 2001; Bola J, 2011), con la hipótesis de que la instauración de un tratamiento precoz, en fases muy iniciales de detección de síntomas o indicios precursores de los mismos, mejora el pronóstico a largo plazo (Norman RM, 2005).

    Véase como resumen global de este apartado: MacDonald AW, 2009.

    Diagnóstico y clasificación

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