Fisterra

    Disfunción sexual femenina

    ¿De qué hablamos?


    La disfunción sexual femenina (DSF) es un problema común que afecta a más de 1/3 de las mujeres en algún momento de su vida (Shifren JL, 2018). Su incidencia está influenciada por la edad, situación socioeconómica y comorbilidades (Dawson ML, 2017). A pesar de su alta frecuencia, la fisiología de la sexualidad femenina es poco conocida, en ella intervienen numerosos factores y con gran variabilidad entre las mujeres, por lo que un diagnóstico y tratamiento acertados constituyen un desafío médico.

    La DSF se presenta de diferentes formas y se suele clasificar según la última versión del manual diagnóstico y estadístico de trastornos mentales (DSM-5) (ACOG, 2011; Faubion SS, 2015; Seehusen DA, 2014) en:

    • Interés sexual femenino y trastorno de la excitación: es el tipo más común de DSF. Es la ausencia o deficiencia persistente de interés o deseo sexual, que puede ir asociado a angustia y respuesta adversa al contacto genital con una pareja sexual. Puede haber también poca lubricación, disminución de la sensación genital y escasa relajación. Este trastorno puede asociarse a problemas emocionales o psicológicos y estar relacionado con fármacos o deberse a alteraciones pélvicas, enfermedades neurológicas, vasculares o problemas endocrinos.
    • Trastornos del orgasmo: describe un retraso recurrente o falta de orgasmo después de una fase de excitación. Es primario si la ausencia de un orgasmo se acompaña de niveles normales de deseo sexual. Puede ser idiopático, o ir asociado a falta de adecuada educación sexual, mala comunicación con la pareja o historia personal de abusos; o secundario, típicamente el resultado de otro tipo de disfunción sexual, otras enfermedades (cirugía pélvica, toma de medicamentos como antidepresivos) o factores psicosociales (edad, estado civil, creencias religiosas, etc.).
    • Trastorno por dolor génito-pélvico/de la penetración: dispareunia (dolor persistente o recurrente antes, durante o después de las relaciones sexuales), y vaginismo (dificultad para la penetración a pesar de existencia de deseo), con frecuencia en relación a una conducta de evitación fóbica en relación con experiencias previas con dolor y/o miedo o por una contracción involuntaria del músculo pélvico. Estos trastornos se suelen acompañar de disminución en el deseo sexual.

    Sin embargo, algunos autores consideran la DSF una falsa enfermedad creada por la industria farmacéutica y otras entidades interesadas en la medicalización que se apoyan en la ausencia de criterios claros entre normalidad y patología (Tiefer L, 2006).

    ¿Cómo diagnosticarla?

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    ¿Cómo se trata?

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    Bibliografía

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    Conflicto de intereses
    Los autores declaran no tener ningún conflicto de intereses.

    Disfunción sexual femenina

    Fecha de revisión: 25/03/2019
    • Guía
    Índice de contenidos

    ¿De qué hablamos?


    La disfunción sexual femenina (DSF) es un problema común que afecta a más de 1/3 de las mujeres en algún momento de su vida (Shifren JL, 2018). Su incidencia está influenciada por la edad, situación socioeconómica y comorbilidades (Dawson ML, 2017). A pesar de su alta frecuencia, la fisiología de la sexualidad femenina es poco conocida, en ella intervienen numerosos factores y con gran variabilidad entre las mujeres, por lo que un diagnóstico y tratamiento acertados constituyen un desafío médico.

    La DSF se presenta de diferentes formas y se suele clasificar según la última versión del manual diagnóstico y estadístico de trastornos mentales (DSM-5) (ACOG, 2011; Faubion SS, 2015; Seehusen DA, 2014) en:

    • Interés sexual femenino y trastorno de la excitación: es el tipo más común de DSF. Es la ausencia o deficiencia persistente de interés o deseo sexual, que puede ir asociado a angustia y respuesta adversa al contacto genital con una pareja sexual. Puede haber también poca lubricación, disminución de la sensación genital y escasa relajación. Este trastorno puede asociarse a problemas emocionales o psicológicos y estar relacionado con fármacos o deberse a alteraciones pélvicas, enfermedades neurológicas, vasculares o problemas endocrinos.
    • Trastornos del orgasmo: describe un retraso recurrente o falta de orgasmo después de una fase de excitación. Es primario si la ausencia de un orgasmo se acompaña de niveles normales de deseo sexual. Puede ser idiopático, o ir asociado a falta de adecuada educación sexual, mala comunicación con la pareja o historia personal de abusos; o secundario, típicamente el resultado de otro tipo de disfunción sexual, otras enfermedades (cirugía pélvica, toma de medicamentos como antidepresivos) o factores psicosociales (edad, estado civil, creencias religiosas, etc.).
    • Trastorno por dolor génito-pélvico/de la penetración: dispareunia (dolor persistente o recurrente antes, durante o después de las relaciones sexuales), y vaginismo (dificultad para la penetración a pesar de existencia de deseo), con frecuencia en relación a una conducta de evitación fóbica en relación con experiencias previas con dolor y/o miedo o por una contracción involuntaria del músculo pélvico. Estos trastornos se suelen acompañar de disminución en el deseo sexual.

    Sin embargo, algunos autores consideran la DSF una falsa enfermedad creada por la industria farmacéutica y otras entidades interesadas en la medicalización que se apoyan en la ausencia de criterios claros entre normalidad y patología (Tiefer L, 2006).

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    Los autores declaran no tener ningún conflicto de intereses.

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    La disfunción sexual femenina (DSF) es un problema común que afecta a más de 1/3 de las mujeres en algún momento de su vida (Shifren JL, 2018). Su incidencia está influenciada por la edad, situación socioeconómica y comorbilidades (Dawson ML, 2017). A pesar de su alta frecuencia, la fisiología de la sexualidad femenina es poco conocida, en ella intervienen numerosos factores y con gran variabilidad entre las mujeres, por lo que un diagnóstico y tratamiento acertados constituyen un desafío médico.

    La DSF se presenta de diferentes formas y se suele clasificar según la última versión del manual diagnóstico y estadístico de trastornos mentales (DSM-5) (ACOG, 2011; Faubion SS, 2015; Seehusen DA, 2014) en:

    • Interés sexual femenino y trastorno de la excitación: es el tipo más común de DSF. Es la ausencia o deficiencia persistente de interés o deseo sexual, que puede ir asociado a angustia y respuesta adversa al contacto genital con una pareja sexual. Puede haber también poca lubricación, disminución de la sensación genital y escasa relajación. Este trastorno puede asociarse a problemas emocionales o psicológicos y estar relacionado con fármacos o deberse a alteraciones pélvicas, enfermedades neurológicas, vasculares o problemas endocrinos.
    • Trastornos del orgasmo: describe un retraso recurrente o falta de orgasmo después de una fase de excitación. Es primario si la ausencia de un orgasmo se acompaña de niveles normales de deseo sexual. Puede ser idiopático, o ir asociado a falta de adecuada educación sexual, mala comunicación con la pareja o historia personal de abusos; o secundario, típicamente el resultado de otro tipo de disfunción sexual, otras enfermedades (cirugía pélvica, toma de medicamentos como antidepresivos) o factores psicosociales (edad, estado civil, creencias religiosas, etc.).
    • Trastorno por dolor génito-pélvico/de la penetración: dispareunia (dolor persistente o recurrente antes, durante o después de las relaciones sexuales), y vaginismo (dificultad para la penetración a pesar de existencia de deseo), con frecuencia en relación a una conducta de evitación fóbica en relación con experiencias previas con dolor y/o miedo o por una contracción involuntaria del músculo pélvico. Estos trastornos se suelen acompañar de disminución en el deseo sexual.

    Sin embargo, algunos autores consideran la DSF una falsa enfermedad creada por la industria farmacéutica y otras entidades interesadas en la medicalización que se apoyan en la ausencia de criterios claros entre normalidad y patología (Tiefer L, 2006).

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