Fisterra

    Celulitis

    ¿De qué hablamos?


    La celulitis es un proceso inflamatorio agudo de origen infeccioso que afecta a la dermis y tejido celular subcutáneo y que suele manifestarse como un área de piel eritematosa, edematosa y caliente (Raff AB, 2016).

    Es la infección de partes blandas más frecuente, con una incidencia estimada de 2 casos por 1.000 pacientes-año (McNamara DR, 2007). Existen ciertos factores predisponentes para su desarrollo (Quirke M, 2017):

    • Solución de continuidad de la piel (trauma, herida, úlcera, etc.).
    • Inflamación cutánea previa (eccema, etc.).
    • Insuficiencia venosa o linfática con edema.
    • Obesidad.
    • Inmunosupresión (diabetes mellitus, VIH, etc.).
    • Intertrigo interdigital (con fisuras o no).
    • Infección cutánea preexistente (impétigo, tinea pedis, etc.).
    • Celulitis previa.

    Se presenta habitualmente como una placa eritematosa, dolorosa y caliente, con bordes mal definidos y de crecimiento progresivo, prácticamente siempre unilateral. Su localización más frecuente es en las extremidades inferiores (Stevens DL, 2014). En ocasiones puede haber vesículas, ampollas y equimosis; ocasionalmente pueden desarrollarse colecciones purulentas en tejidos profundos (absceso cutáneo). Lo más habitual es que se acompañe de fiebre.

    En ocasiones la infección puede ser necrotizante y afectar a planos profundos. Los datos clínicos que sugieren la afectación de planos profundos son (Stevens DL, 2014):

    • Dolor desproporcionado para la lesión visible.
    • Fracaso en la respuesta a tratamiento antibiótico inicial.
    • Edema o induración del tejido celular subcutáneo, extendiéndose en un área mayor que la lesión cutánea.
    • Afectación del estado general, en ocasiones con confusión o estupor.
    • Crepitación (presencia de gas en tejidos).
    • Lesiones bullosas, equimosis o necrosis cutánea.

    Cabe diferenciar la erisipela como un cuadro infeccioso limitado a la dermis, sin afectación por tanto de tejido celular subcutáneo ni otros planos profundos, y caracterizado por una lesión cutánea más definida, con bordes bien demarcados entre la piel afecta y la sana (Gunderson CG, 2011).

    ¿Qué la causa?

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    ¿Cómo se diagnostica?

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    ¿Cómo se trata?

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    Bibliografía

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    Autores

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    Conflicto de intereses
    Los autores declaran no tener ningún conflicto de intereses.

    Celulitis

    Fecha de revisión: 28/02/2018
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    ¿De qué hablamos?


    La celulitis es un proceso inflamatorio agudo de origen infeccioso que afecta a la dermis y tejido celular subcutáneo y que suele manifestarse como un área de piel eritematosa, edematosa y caliente (Raff AB, 2016).

    Es la infección de partes blandas más frecuente, con una incidencia estimada de 2 casos por 1.000 pacientes-año (McNamara DR, 2007). Existen ciertos factores predisponentes para su desarrollo (Quirke M, 2017):

    • Solución de continuidad de la piel (trauma, herida, úlcera, etc.).
    • Inflamación cutánea previa (eccema, etc.).
    • Insuficiencia venosa o linfática con edema.
    • Obesidad.
    • Inmunosupresión (diabetes mellitus, VIH, etc.).
    • Intertrigo interdigital (con fisuras o no).
    • Infección cutánea preexistente (impétigo, tinea pedis, etc.).
    • Celulitis previa.

    Se presenta habitualmente como una placa eritematosa, dolorosa y caliente, con bordes mal definidos y de crecimiento progresivo, prácticamente siempre unilateral. Su localización más frecuente es en las extremidades inferiores (Stevens DL, 2014). En ocasiones puede haber vesículas, ampollas y equimosis; ocasionalmente pueden desarrollarse colecciones purulentas en tejidos profundos (absceso cutáneo). Lo más habitual es que se acompañe de fiebre.

    En ocasiones la infección puede ser necrotizante y afectar a planos profundos. Los datos clínicos que sugieren la afectación de planos profundos son (Stevens DL, 2014):

    • Dolor desproporcionado para la lesión visible.
    • Fracaso en la respuesta a tratamiento antibiótico inicial.
    • Edema o induración del tejido celular subcutáneo, extendiéndose en un área mayor que la lesión cutánea.
    • Afectación del estado general, en ocasiones con confusión o estupor.
    • Crepitación (presencia de gas en tejidos).
    • Lesiones bullosas, equimosis o necrosis cutánea.

    Cabe diferenciar la erisipela como un cuadro infeccioso limitado a la dermis, sin afectación por tanto de tejido celular subcutáneo ni otros planos profundos, y caracterizado por una lesión cutánea más definida, con bordes bien demarcados entre la piel afecta y la sana (Gunderson CG, 2011).

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    La celulitis es un proceso inflamatorio agudo de origen infeccioso que afecta a la dermis y tejido celular subcutáneo y que suele manifestarse como un área de piel eritematosa, edematosa y caliente (Raff AB, 2016).

    Es la infección de partes blandas más frecuente, con una incidencia estimada de 2 casos por 1.000 pacientes-año (McNamara DR, 2007). Existen ciertos factores predisponentes para su desarrollo (Quirke M, 2017):

    • Solución de continuidad de la piel (trauma, herida, úlcera, etc.).
    • Inflamación cutánea previa (eccema, etc.).
    • Insuficiencia venosa o linfática con edema.
    • Obesidad.
    • Inmunosupresión (diabetes mellitus, VIH, etc.).
    • Intertrigo interdigital (con fisuras o no).
    • Infección cutánea preexistente (impétigo, tinea pedis, etc.).
    • Celulitis previa.

    Se presenta habitualmente como una placa eritematosa, dolorosa y caliente, con bordes mal definidos y de crecimiento progresivo, prácticamente siempre unilateral. Su localización más frecuente es en las extremidades inferiores (Stevens DL, 2014). En ocasiones puede haber vesículas, ampollas y equimosis; ocasionalmente pueden desarrollarse colecciones purulentas en tejidos profundos (absceso cutáneo). Lo más habitual es que se acompañe de fiebre.

    En ocasiones la infección puede ser necrotizante y afectar a planos profundos. Los datos clínicos que sugieren la afectación de planos profundos son (Stevens DL, 2014):

    • Dolor desproporcionado para la lesión visible.
    • Fracaso en la respuesta a tratamiento antibiótico inicial.
    • Edema o induración del tejido celular subcutáneo, extendiéndose en un área mayor que la lesión cutánea.
    • Afectación del estado general, en ocasiones con confusión o estupor.
    • Crepitación (presencia de gas en tejidos).
    • Lesiones bullosas, equimosis o necrosis cutánea.

    Cabe diferenciar la erisipela como un cuadro infeccioso limitado a la dermis, sin afectación por tanto de tejido celular subcutáneo ni otros planos profundos, y caracterizado por una lesión cutánea más definida, con bordes bien demarcados entre la piel afecta y la sana (Gunderson CG, 2011).

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