Urgencias y emergencias hipertensivas
Índice de contenidos
¿De qué hablamos?
Las elevaciones severas de la presión arterial (PA) constituyen un espectro de condiciones clínicas que, según la presencia o ausencia de daño agudo a órgano diana (DAOD), se clasifican como urgencias hipertensivas (UH) o emergencias hipertensivas (EH). Esta distinción es fundamental, ya que determina la necesidad de intervención inmediata y el tipo de manejo.
El abordaje en los Servicios de Urgencias sigue siendo complejo, debido en parte a la ausencia de una definición universalmente aceptada. Las principales guías internacionales, como las de la American Heart Association (AHA) y la European Society of Hypertension (ESH), presentan criterios divergentes (McEvoy JW, 2024). Esta disparidad, junto con la confusión en el uso de términos como “crisis hipertensiva” y “urgencia hipertensiva”, dificulta la comparación de resultados epidemiológicos y limita la calidad de la evidencia (Amraoui F, 2014; Saladini F, 2020; Shantsila A, 2017; Van den Born BL, 2011).
Otro aspecto clave es la correcta medición de la PA en urgencias. Con frecuencia, las cifras registradas no cumplen las recomendaciones técnicas, lo que puede conducir a decisiones clínicas inapropiadas. Hasta el 48% de los pacientes presentan cifras elevadas (Skoglund PH, 2016), muchas veces secundarias a dolor, ansiedad o estrés agudo, y pueden normalizarse tras una observación adecuada (Brody AM, 2018; Skoglund PH, 2016). Por ello, no se recomienda basar el diagnóstico definitivo o la estratificación de riesgo únicamente en las cifras obtenidas en urgencias (Oras P, 2020). En ausencia de EH, repetir las mediciones en un ambiente tranquilo puede mostrar un descenso espontáneo en cerca del 30% de los casos, evitando tratamientos y hospitalizaciones innecesarias.
Frente a esta problemática, se plantea la necesidad de estandarizar protocolos de medición, mejorar la capacitación del personal y emplear de manera racional los recursos diagnósticos y terapéuticos. El objetivo central es identificar a los pacientes con riesgo inmediato de complicaciones, diferenciándolos de aquellos que pueden beneficiarse de seguimiento ambulatorio. Sin embargo, el seguimiento tras el alta sigue siendo poco definido y con frecuencia inadecuado (Saladini F, 2020).
Clasificación de las crisis hipertensivas
- Urgencia hipertensiva: elevación severa de la PA (≥180/110 mmHg) sin evidencia de DAOD, aunque puede acompañarse de síntomas inespecíficos como cefalea, ansiedad o palpitaciones (Saladini F, 2020). Se maneja con tratamiento oral y seguimiento ambulatorio. Su objetivo es evitar el sobretratamiento y la hospitalización innecesaria.
-
Emergencia hipertensiva: elevación severa de la PA, habitualmente ≥180/110 mmHg, con evidencia de DAOD. Prioriza el contexto clínico y los signos de DAOD sobre el número exacto de presión arterial. Requiere tratamiento intravenoso, descenso controlado y hospitalización. La rapidez de la elevación puede ser tan determinante como el nivel absoluto de PA en la magnitud del daño (Van den Born BH, 2019; Vaughan CJ, 2000). Principales escenarios clínicos de EH:
- Patologías cardiovasculares y neurológicas graves: accidente cerebrovascular, disección aórtica, insuficiencia cardíaca aguda, síndrome coronario agudo e insuficiencia renal aguda (Van den Born BH, 2019; Vaughan CJ, 2000; McEvoy JW, 2024).
- Crisis adrenérgicas: secundarias a feocromocitoma o consumo de simpaticomiméticos (McEvoy JW, 2024).
- Embarazo: preeclampsia, eclampsia y síndrome HELLP, que requieren manejo inmediato para prevenir complicaciones maternas y fetales (McEvoy JW, 2024).
- Hipertensión maligna: definida por daño microvascular con afectación de tres o más órganos diana (Miller JB, 2024).
¿Cómo se diagnostican?
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¿Cuál es su tratamiento?
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¿Cómo se tratan las situaciones especiales?
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Bibliografía
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Autores
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Conflicto de intereses
Los autores declaran no tener ningún conflicto de intereses.
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Urgencias y emergencias hipertensivas
Fecha de revisión: 25/11/2025
Índice de contenidos
¿De qué hablamos?
Las elevaciones severas de la presión arterial (PA) constituyen un espectro de condiciones clínicas que, según la presencia o ausencia de daño agudo a órgano diana (DAOD), se clasifican como urgencias hipertensivas (UH) o emergencias hipertensivas (EH). Esta distinción es fundamental, ya que determina la necesidad de intervención inmediata y el tipo de manejo.
El abordaje en los Servicios de Urgencias sigue siendo complejo, debido en parte a la ausencia de una definición universalmente aceptada. Las principales guías internacionales, como las de la American Heart Association (AHA) y la European Society of Hypertension (ESH), presentan criterios divergentes (McEvoy JW, 2024). Esta disparidad, junto con la confusión en el uso de términos como “crisis hipertensiva” y “urgencia hipertensiva”, dificulta la comparación de resultados epidemiológicos y limita la calidad de la evidencia (Amraoui F, 2014; Saladini F, 2020; Shantsila A, 2017; Van den Born BL, 2011).
Otro aspecto clave es la correcta medición de la PA en urgencias. Con frecuencia, las cifras registradas no cumplen las recomendaciones técnicas, lo que puede conducir a decisiones clínicas inapropiadas. Hasta el 48% de los pacientes presentan cifras elevadas (Skoglund PH, 2016), muchas veces secundarias a dolor, ansiedad o estrés agudo, y pueden normalizarse tras una observación adecuada (Brody AM, 2018; Skoglund PH, 2016). Por ello, no se recomienda basar el diagnóstico definitivo o la estratificación de riesgo únicamente en las cifras obtenidas en urgencias (Oras P, 2020). En ausencia de EH, repetir las mediciones en un ambiente tranquilo puede mostrar un descenso espontáneo en cerca del 30% de los casos, evitando tratamientos y hospitalizaciones innecesarias.
Frente a esta problemática, se plantea la necesidad de estandarizar protocolos de medición, mejorar la capacitación del personal y emplear de manera racional los recursos diagnósticos y terapéuticos. El objetivo central es identificar a los pacientes con riesgo inmediato de complicaciones, diferenciándolos de aquellos que pueden beneficiarse de seguimiento ambulatorio. Sin embargo, el seguimiento tras el alta sigue siendo poco definido y con frecuencia inadecuado (Saladini F, 2020).
Clasificación de las crisis hipertensivas
- Urgencia hipertensiva: elevación severa de la PA (≥180/110 mmHg) sin evidencia de DAOD, aunque puede acompañarse de síntomas inespecíficos como cefalea, ansiedad o palpitaciones (Saladini F, 2020). Se maneja con tratamiento oral y seguimiento ambulatorio. Su objetivo es evitar el sobretratamiento y la hospitalización innecesaria.
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Emergencia hipertensiva: elevación severa de la PA, habitualmente ≥180/110 mmHg, con evidencia de DAOD. Prioriza el contexto clínico y los signos de DAOD sobre el número exacto de presión arterial. Requiere tratamiento intravenoso, descenso controlado y hospitalización. La rapidez de la elevación puede ser tan determinante como el nivel absoluto de PA en la magnitud del daño (Van den Born BH, 2019; Vaughan CJ, 2000). Principales escenarios clínicos de EH:
- Patologías cardiovasculares y neurológicas graves: accidente cerebrovascular, disección aórtica, insuficiencia cardíaca aguda, síndrome coronario agudo e insuficiencia renal aguda (Van den Born BH, 2019; Vaughan CJ, 2000; McEvoy JW, 2024).
- Crisis adrenérgicas: secundarias a feocromocitoma o consumo de simpaticomiméticos (McEvoy JW, 2024).
- Embarazo: preeclampsia, eclampsia y síndrome HELLP, que requieren manejo inmediato para prevenir complicaciones maternas y fetales (McEvoy JW, 2024).
- Hipertensión maligna: definida por daño microvascular con afectación de tres o más órganos diana (Miller JB, 2024).
¿Cómo se diagnostican?
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Los autores declaran no tener ningún conflicto de intereses.
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