Fisterra

    Ictus en fase aguda

    ¿De qué hablamos?


    Hablamos de enfermedad cerebrovascular cuando nos referimos a un trastorno de la circulación cerebral, generalmente de comienzo brusco, que puede ser consecuencia de la interrupción de flujo sanguíneo a una parte del encéfalo (isquemia cerebral) o de la rotura de un vaso sanguíneo (hemorragia cerebral). Aproximadamente el 75% de los ictus son isquémicos y el 25% hemorrágicos (Caplan LR, 2009).

    Por otra parte, en función de la duración de la sintomatología, se distingue entre accidente isquémico transitorio (AIT) cuando el episodio tiene una duración menor a una hora y no hay evidencia de infarto cerebral en la neuroimagen, e ictus establecido, cuando la isquemia es lo suficientemente prolongada para producir un área de necrosis tisular.

    En cuanto a la clasificación del ictus isquémico, suele hacerse según su mecanismo etiopatogénico, pudiendo así distinguir (Ropper A, 2007):

    1. Ictus aterotrombótico: debido a ateroesclerosis de arteria grande, intra o extracraneal.
    2. Ictus cardioembólico: debido a una cardiopatía estructural y/o arritmia potencialmente embolígena, siendo la fibrilación auricular (FA) la más frecuente.
    3. Ictus lacunar: enfermedad oclusiva de pequeño vaso arterial.
    4. Ictus de causa inhabitual: secundario a una causa diferente a las previas.

    Entre los factores de riesgo encontramos la hipertensión arterial (HTA) y la FA como los principales. Otros también importantes son la diabetes mellitus, la dislipemia y el tabaquismo (Peisker T, 2017). Estudios recientes han demostrado que algunas trombofilias hereditarias (factor V Leiden, mutación del gen protrombina G20210A, déficit de proteína C y S) se asocian a un aumento del riesgo de ictus isquémico (Chiasakul T, 2019).

    A pesar del gran progreso en cuanto a lo que estrategias de tratamiento se refiere, sigue siendo la primera causa de discapacidad en el mundo y es la tercera causa de muerte (Peisker T, 2017).

    ¿Cómo se diagnostica?

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    ¿Cuál es el manejo inicial?

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    ¿Cuál es el tratamiento específico del ictus isquémico?

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    ¿Cómo tratar en el hospital el ictus hemorrágico?

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    Bibliografía

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    Autores

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    Conflicto de intereses
    Los autores declaran no tener ningún conflicto de intereses.

    Ictus en fase aguda

    Fecha de revisión: 16/04/2020
    • Guía
    Índice de contenidos

    ¿De qué hablamos?


    Hablamos de enfermedad cerebrovascular cuando nos referimos a un trastorno de la circulación cerebral, generalmente de comienzo brusco, que puede ser consecuencia de la interrupción de flujo sanguíneo a una parte del encéfalo (isquemia cerebral) o de la rotura de un vaso sanguíneo (hemorragia cerebral). Aproximadamente el 75% de los ictus son isquémicos y el 25% hemorrágicos (Caplan LR, 2009).

    Por otra parte, en función de la duración de la sintomatología, se distingue entre accidente isquémico transitorio (AIT) cuando el episodio tiene una duración menor a una hora y no hay evidencia de infarto cerebral en la neuroimagen, e ictus establecido, cuando la isquemia es lo suficientemente prolongada para producir un área de necrosis tisular.

    En cuanto a la clasificación del ictus isquémico, suele hacerse según su mecanismo etiopatogénico, pudiendo así distinguir (Ropper A, 2007):

    1. Ictus aterotrombótico: debido a ateroesclerosis de arteria grande, intra o extracraneal.
    2. Ictus cardioembólico: debido a una cardiopatía estructural y/o arritmia potencialmente embolígena, siendo la fibrilación auricular (FA) la más frecuente.
    3. Ictus lacunar: enfermedad oclusiva de pequeño vaso arterial.
    4. Ictus de causa inhabitual: secundario a una causa diferente a las previas.

    Entre los factores de riesgo encontramos la hipertensión arterial (HTA) y la FA como los principales. Otros también importantes son la diabetes mellitus, la dislipemia y el tabaquismo (Peisker T, 2017). Estudios recientes han demostrado que algunas trombofilias hereditarias (factor V Leiden, mutación del gen protrombina G20210A, déficit de proteína C y S) se asocian a un aumento del riesgo de ictus isquémico (Chiasakul T, 2019).

    A pesar del gran progreso en cuanto a lo que estrategias de tratamiento se refiere, sigue siendo la primera causa de discapacidad en el mundo y es la tercera causa de muerte (Peisker T, 2017).

    ¿Cómo se diagnostica?

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