La casa del médico ha sido una referencia urbana y
sentimental obligada en la mayoría de los pueblos de España.
"¡Niño! ¡Vete corriendo a la casa del médico, que al tío Venacio
le ha dado un ataque".
Como el Ayuntamiento o la Iglesia, "la casa del
médico" formaba parte de las pocas referencias espaciales en
cualquiera de nuestras poblaciones rurales.
La implantación de los turnos de guardia en el medio
rural, la centralización de las mismas en un municipio de cabecera, la
implantación de un horario que permitió romper con las jornadas de 24
horas con permanencia obligada en el pueblo, la mejora de la red de
comunicaciones,… y -por qué no decirlo- la falta de
"vocación" de los médicos rurales para las servidumbres y
exigencias que la vida en el pueblo conlleva, han propiciado el rápido
éxodo de los médicos y de sus familias a las ciudades, o a otros pueblos
grandes, más cercanos a su trabajo.
Para los que conocimos los inconvenientes y
ventajas (que las tenían) de esas "casas de médico", este
abandono que ya preveíamos no deja de causarnos una cierta
tristeza. Pero es inútil oponerse a las tendencias de la historia.
La vida en la mayoría de los pueblos no puede ni
compararse a la de 20 años atrás. Han ganado muchas cosas,… pero
han perdido al "médico del pueblo".
Por eso, nos resulta agradable encontrarnos con la
reutilización de esta "casa" de médico (más bien
"palacio"), convertida ahora en alojamiento de Turismo Rural.
No es mal fin para nuestras recordadas, y para algunos
queridas, "casas". Mejor que terminar realquiladas a los
vecinos o veraneantes, o -lo que es peor- acabar en ruinas, como las
viejas estaciones de tren o las casillas de peones camineros abandonadas a
lo largo de todo el país.