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Dr. José Letamendi
"El médico que solo sabe de Medicina, ni Medicina sabe..." |
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Filostrato
"Al igual que otros pueblos viven
sin médicos sin por ello vivir sin medicinas,... (…) se explica así aquella
inscripción funeraria que asegura que el difunto murió de demasiados
médicos"
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Nicocles
"El sol ilumina sus triunfos y la
tierra cubre sus faltas" |
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Quevedo
"¿Tú sabes qué es Medicina?
Sangrar ayer, purgar hoy.
Mañana ventosas secas
y es otro Kirieleyson.
Dar dineros al concejo,
presentes al que sanó
por milagro o por ventura,
barbar bien, comer mejor.
Contradecir opiniones.
Culpar siempre al que murió
de que era desordenado
y ordenar su talegón.
Que con esto y buena mula,
matar cada año un lechón
y veinte amigos enfermos;
no hay Sócrates* como yo."
*El falso doctor Blas Mojón, confunde a Sócrates con
Hipócrates.
Entremés "EL MÉDICO".
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Quevedo
"... todos enferman del exceso o
destemplanza de humores; pero lo que es morir, todos mueren de los médicos
que los curan." |
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Cervantes
Preguntóle entonces uno que qué sentía de los médicos
, y respondió esto:
- "Honra al médico por la necesidad, porque el
Altísimo lo crió. Porque de Dios viene toda medicina, y el rey recibirá
donativos. La ciencia del médico exaltará su cabeza, y será alabado ante los
magnates. El Altísimo crió de la tierra los medicamentos, y el hombre prudente
no los desechará". Esto dice - dijo - el Eclesiástico* de la
medicina y de los buenos médicos, y de los malos se podría decir todo al
revés, porque no hay gente más dañosa a la república que ellos. El juez nos
puede torcer o dilatar la justicia; el letrado, sustentar por su interés
nuestra injusta demanda; el mercader chuparnos la hacienda; finalmente, todas
las personas con quien de necesidad tratamos nos pueden hacer algún daño; pero
quitarnos la vida sin quedar sujetos al temor del castigo, ninguno. Sólo los
médicos nos pueden matar y nos matan sin temor y a pie quedo, sin desenvainar
otra espada que la de un récipe. Y no hay descubrirse sus delictos , porque
al momento los meten debajo de la tierra."
* Eclesiastés, XXXVIII, 1- 4.
EL LICENCIADO VIDRIERA
Novelas Ejemplares. Eds. Cátedra, Madrid 1980. Edición de Harry Sieber:
tomo II; págs 62-63.
BERGANZA.- Desa manera no haré yo mucho en tener por señal
portentosa lo que oí decir los días pasados a un estudiante, pasando por
Alcalá de Henares.
CIPIÓN.- ¿Qué le oíste decir?
BERGANZA.- Que de cinco mil estudiantes que cursaban aquel
año en la Universidad, los dos mil oían Medicina.
CIPIÓN.- ¿Pues, ¿qué vienes inferir deso?
BERGANZA.- Infiero, o que estos dos mil médicos han de tener
enfermos que curar (que sería harta plaga y mala ventura), o ellos se han de
morir de hambre.
EL COLOQUIO DE LOS PERROS
Novelas Ejemplares. Eds. Cátedra, Madrid 1980. Edición de
Harry Sieber: tomo II; págs 300-301.
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Lope de Vega
Enseñé, no me escucharon;
Escribí, no me leyeron;
Curé mal, no me entendieron;
Maté, no me castigaron;
Ya con morir satisfice
¡Oh muerte! quiero quejarme;
bien pudieras perdonarme
por servicios que te hice.
Epigrama para el epitafio de un eminente médico madrileño.
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Tirso de Molina
(…) Dad al diablo los Galenos,
si se os han de hacer tanto daño
¿qué importa al cabo de año
veinte muertos más o menos? (…)
"Subía a ver al paciente:
escribía dos recetas
destas que ordinariamente
se alegan sin estudiar;
y luego las embaucaba
con unos modos que usaba
extraordinarios de hablar. (…)
Encajábanle un doblón
y asombrados de escucharle
no cesaban de adularle
hasta hacerle un Salomón."
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Leonardo da Vinci
"Intentad manteneros con buena salud, y lo conseguiréis más
fácilmente evitando a los médicos, porque sus medicinas son una especie de
alquimia que ha producido muchos libros como remedios."
"La gente elige para sanarse a personas que no saben nada de la
enfermedad que tratan"
Llama a los médicos "destruttore di vite",
"matasanos".
"I medici me crearono edesstrussono". Aunque algunos lo traducen
como "Los Medici me crearon y me destruyeron" no faltan quién
cambia Medici por "médicos".
White, Michael. Leonardo: El primer científico. Ed Plaza Janés, 2001.
Barcelona. p. 264-265.
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Jardiel Poncela
"La medicina no es otra cosa que el arte de acompañar
con palabras griegas al sepulcro."
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Rudyard Kipling
Vibró con el noble orgullo (que puede convertirse en una
trampa mortal) producido por los elogios profesionales: elogios tanto más
cautivadores por venir de un colega y referirse a un trabajo apreciado por otros
colegas. No hay nada en el mundo comparable a eso.
Rudyard Kipling. KIM. p. 221. Unidad Editorial SA. Madrid,
1999.
[…] Es el Cuerpo, el necio, el estúpido Cuerpo, el que
habla ahora. No el Alma llena de seguridad. ¡Tranquilízate! Reconoce al menos
los demonios con los que peleas. […] Me había olvidado del estúpido Cuerpo…
[…] esa bestia tan mal comprendida, nuestro Cuerpo, que,
sin ser más que un espejismo, insiste en hacerse pasar por el alma, para
oscurecimiento de la Senda …
… aprende esto: hay muchas mentiras en el mundo, y no pocos
mentirosos, pero nadie tan mentiroso como nuestro cuerpo, si se exceptúan las
sensaciones de nuestro cuerpo.
Rudyard Kipling. KIM. p. 272. Unidad Editorial SA. Madrid,
1999.
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Francesco Petrarca (1304-1374)
La profesión médica, criticada por uno de los primeros
humanistas.
Puesto que, como siempre, especialmente en este
estado, conviene ser breve a quien con Tu Santidad quiera razonar, te diré
pocas cosas con ánimo sincero y devoto. Sé que tu lecho está asediado por los
médicos: y ésta es la primera razón de mis temores. Expresamente están
discordes entre si; cada uno estima vergonzoso para él no decir nada nuevo y
andar sobre las pisadas de otro. Y no es dudoso (por decirlo con Plinio)
que todos cuantos son, mientras que de hallazgos nuevos esperan la fama, hacen
su tráfico de nuestras vidas; y (singular privilegio de esta profesión) basta
que alguno se diga médico para que ciegamente se le preste fe, cuando en
ningún arte la impostura es tan peligrosa como en éste. Y nosotros les
atendemos, tan potentes son para cada uno los artificios de la esperanza. No hay
leyes que castiguen la ignorancia que mata; y no hay ejemplo de castigo;
aprenden a expensas nuestras y se hacen expertos a fuerza de matar.
Sólo al médico le es concedido dar muerte a los hombres
impunemente. La turba de ellos, ¡oh clementísimo Padre!, hay que mirarla como
una escuadra de enemigos. Sea documento la memoria de aquel que en su tumba no
quiso otro epitafio que: "He muerto por demasiados médicos". En
nuestros días parece que se ha realizado aquel vaticinio de Marco Catón el
Viejo, de que todo andaría mal cuando los griegos nos transmitieran su
literatura y, sobre todo, sus médicos. Pero como hemos llegado a tiempos en que
sin médicos no nos atrevemos a vivir, sin pensar que, sin ellos, innumerables
pueblos vinieron y viven más que nosotros y en mejor salud, como del pueblo
romano en su edad más bella y por seiscientos años atestigua Plinio,
debes escoger entre tantos uno solo que sea, no famoso por su elocuencia,
sino ilustre por la ciencia y la fe. Olvidándose del arte que profesan, invaden
los bosques del poeta, el campo de los oradores y no se preocupan de curar las
enfermedades, y alrededor del lecho de los infelices hablan con altisonantes
palabras, y mientras éstos se mueren miserablemente, mezclan las doctrinas
hipocráticas con las exquisiteces tulianas, y cualquier suceso, aun siniestro,
es motivo de orgullo para ellos, que no del éxito de sus curaciones, sino de la
vacua elegancia de sus palabras. Tus médicos no me atribuyan falsas
acusaciones: en todas las cosas que he dicho en esta carta me atengo a la guía
de Plinio, quien más que cualquier otro escribió sobre los médicos y la
medicina, y si viviera hoy todavía escribiría más; y el mismo Plinio
dice: "Quién más habla entre ellos suele ser el primero, y adquiere ipso
facto sobre vosotros el arbitrio de la vida o la muerte". En
conclusión, por consiguiente, debes guardar tu vida del médico, rico no de
consejos, sino de elocuencia, como de un sicario o de un envenenador traidor, al
que debe decirse merecidamente lo que el viejo de Plauto en la Aurularia
decía a un cocinero charlatán: "Vete, que te he llamado para cocinar, no
para hablar". Por lo demás, cuida de tu salud; ten buen ánimo y espera
bien, que tú, nosotros, toda la Iglesia, que contigo languidece y está
enferma, vuelva a la salvación. Dios te guarde."
Carta al papa Clemente VI. Trad. cast. por E. Capdevila y Casas
(Barcelona, 1941), en López Piñero JM. Medicina, historia y sociedad, p.
92-94. Ed Ariel, 3º ed. Barcelona, 1973.
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