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 El lado Humano - Curiosidades, Miscelánea
 Citas sobre los médicos y la Medicina  Mapa    Buscador Avanzado
 
 Contenido
Einstein
Woody Allen
Dios y los médicos
Rosseau
Saramago
 De los médicos
José Letamendi
Filostrato
Nicocles
Quevedo
Cervantes
Lope de Vega
Tirso de Molina
Leonardo da Vinci
Jardiel Poncela
Rudyard Kipling
Petrarca
 
 
 
 

Arriba Albert Einstein

Respondiendo a la mujer de Michele Besso, que había sido compañero de Einstein en la Oficina de Patentes de Berna, su amigo y confidente durante toda la vida, al preguntarle ella por qué Besso no había hecho grandes descubrimientos intelectuales como los de Einstein.

"Este es una buena señal. Michele es un humanista, un espíritu universal demasiado interesado en las cosas como para convertirse en un monomaníaco. Sólo un monomaníaco consigue lo que llamamos resultados".

Tomado de Highfield R y Carter P. Las vidas privadas de Albert Eisntein. Ediciones Folio SA. Barcelona, 2003.

 
 
 
 

Arriba Woody Allen, el mayor hipocondríaco del cine

"The most beautiful expression in the English language is not "I love you", it is "it’s benign". 

(Woody Allen a un médico en Deconstructing Harry).

Tomado de Medicina basada en la afectividad.

 
 
 
 

Arriba Dios y los médicos

"La diferencia fundamental entre Dios y un médico es que Dios no se cree un médico".

(Law & Order).

Tomado de La enfermedad de Sachs,  p. 350.

 
 
 
 

Arriba Rosseau y los médicos

"Un cuerpo débil debilita el alma.  Y de ahí deriva el imperio de la medicina, arte más pernicioso a los hombres que todos los males que pretende curar.  No sé, por mi parte, de qué enfermedad nos curan los médicos, pero sé que nos provocan otras muchas funestas: la dejadez, la pusilanimidad, la credulidad, el terror de la muerte.  Si curan el cuerpo, matan el valor.  ¿Qué nos importa que hagan andar a los cadáveres?.  Lo que necesitamos son hombres, cosa que no vemos salir de sus manos."

(Emilio, libro I . 1761).

Tomado de Mauricio Wiesenthal en Jano.

 
 
 
 

Arriba José Saramago

"Diferente fue lo que pasó con el oculista, […] porque, siendo médico, no iba a entregarse sin más a la desesperación, como hacen aquellos que de su cuerpo sólo saben cuando les duele. Hasta en una situación como ésta, angustiado, teniendo por delante una noche de ansiedad. fue aún capaz de recordar lo que Homero escribió en La Ilíada, poema de la muerte y el sufrimiento sobre cualquier otro, Un médico, sólo por sí, vale por varios hombres, palabras que no vamos a entender como directamente cuantitativas sino cualitativamente…"

José Saramago. Ensayo sobre la ceguera. 1996.

 
 
 De los médicos

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Arriba Dr. José Letamendi

"El médico que solo sabe de Medicina, ni Medicina sabe..."

 
 
 
 

Arriba Filostrato

"Al igual que otros pueblos viven sin médicos sin por ello vivir sin medicinas,... (…) se explica así aquella inscripción funeraria que asegura que el difunto murió de demasiados médicos"

 
 
 
 

Arriba Nicocles

"El sol ilumina sus triunfos y la tierra cubre sus faltas"

 
 
 
 

Arriba Quevedo

"¿Tú sabes qué es Medicina?
Sangrar ayer, purgar hoy.
Mañana ventosas secas
y es otro Kirieleyson.
Dar dineros al concejo,
presentes al que sanó
por milagro o por ventura,
barbar bien, comer mejor.
Contradecir opiniones.
Culpar siempre al que murió
de que era desordenado
y ordenar su talegón.
Que con esto y buena mula,
matar cada año un lechón
y veinte amigos enfermos;
no hay Sócrates* como yo."

*El falso doctor Blas Mojón, confunde a Sócrates con Hipócrates.

Entremés "EL MÉDICO".

 
 
 
 

Arriba Quevedo

"... todos enferman del exceso o destemplanza de humores; pero lo que es morir, todos mueren de los médicos que los curan."

 
 
 
 

Arriba Cervantes

Preguntóle entonces uno que qué sentía de los médicos , y respondió esto:

- "Honra al médico por la necesidad, porque el Altísimo lo crió. Porque de Dios viene toda medicina, y el rey recibirá donativos. La ciencia del médico exaltará su cabeza, y será alabado ante los magnates. El Altísimo crió de la tierra los medicamentos, y el hombre prudente no los desechará". Esto dice - dijo - el Eclesiástico* de la medicina y de los buenos médicos, y de los malos se podría decir todo al revés, porque no hay gente más dañosa a la república que ellos. El juez nos puede torcer o dilatar la justicia; el letrado, sustentar por su interés nuestra injusta demanda; el mercader chuparnos la hacienda; finalmente, todas las personas con quien de necesidad tratamos nos pueden hacer algún daño; pero quitarnos la vida sin quedar sujetos al temor del castigo, ninguno. Sólo los médicos nos pueden matar y nos matan sin temor y a pie quedo, sin desenvainar otra espada que la de un récipe. Y no hay descubrirse sus delictos , porque al momento los meten debajo de la tierra."

* Eclesiastés, XXXVIII, 1- 4.

EL LICENCIADO VIDRIERA

Novelas Ejemplares. Eds. Cátedra, Madrid 1980. Edición de Harry Sieber: tomo II; págs 62-63.

BERGANZA.- Desa manera no haré yo mucho en tener por señal portentosa lo que oí decir los días pasados a un estudiante, pasando por Alcalá de Henares.

CIPIÓN.- ¿Qué le oíste decir?

BERGANZA.- Que de cinco mil estudiantes que cursaban aquel año en la Universidad, los dos mil oían Medicina.

CIPIÓN.- ¿Pues, ¿qué vienes inferir deso?

BERGANZA.- Infiero, o que estos dos mil médicos han de tener enfermos que curar (que sería harta plaga y mala ventura), o ellos se han de morir de hambre.

EL COLOQUIO DE LOS PERROS

Novelas Ejemplares. Eds. Cátedra, Madrid 1980. Edición de Harry Sieber: tomo II; págs 300-301.

 
 
 
 

Arriba Lope de Vega

Enseñé, no me escucharon;
Escribí, no me leyeron;
Curé mal, no me entendieron;
Maté, no me castigaron;
Ya con morir satisfice
¡Oh muerte! quiero quejarme;
bien pudieras perdonarme
por servicios que te hice.

Epigrama para el epitafio de un eminente médico madrileño.

 
 
 
 

Arriba Tirso de Molina

(…) Dad al diablo los Galenos,
si se os han de hacer tanto daño
¿qué importa al cabo de año
veinte muertos más o menos? (…)

"Subía a ver al paciente:
escribía dos recetas
destas que ordinariamente
se alegan sin estudiar;
y luego las embaucaba
con unos modos que usaba
extraordinarios de hablar. (…)
Encajábanle un doblón
y asombrados de escucharle
no cesaban de adularle
hasta hacerle un Salomón."

 
 
 
 

Arriba Leonardo da Vinci

"Intentad manteneros con buena salud, y lo conseguiréis más fácilmente evitando a los médicos, porque sus medicinas son una especie de alquimia que ha producido muchos libros como remedios."

"La gente elige para sanarse a personas que no saben nada de la enfermedad que tratan"

Llama a los médicos "destruttore di vite", "matasanos".

"I medici me crearono edesstrussono". Aunque algunos lo traducen como "Los Medici me crearon y me destruyeron" no faltan quién cambia Medici por "médicos".

White, Michael. Leonardo: El primer científico. Ed Plaza Janés, 2001. Barcelona.  p. 264-265.

 
 
 
 

Arriba Jardiel Poncela

"La medicina no es otra cosa que el arte de acompañar con palabras griegas al sepulcro."

 
 
 
 

Arriba Rudyard Kipling

Vibró con el noble orgullo (que puede convertirse en una trampa mortal) producido por los elogios profesionales: elogios tanto más cautivadores por venir de un colega y referirse a un trabajo apreciado por otros colegas. No hay nada en el mundo comparable a eso.

Rudyard Kipling. KIM. p. 221. Unidad Editorial SA. Madrid, 1999.

[…] Es el Cuerpo, el necio, el estúpido Cuerpo, el que habla ahora. No el Alma llena de seguridad. ¡Tranquilízate! Reconoce al menos los demonios con los que peleas. […] Me había olvidado del estúpido Cuerpo…

[…] esa bestia tan mal comprendida, nuestro Cuerpo, que, sin ser más que un espejismo, insiste en hacerse pasar por el alma, para oscurecimiento de la Senda …

… aprende esto: hay muchas mentiras en el mundo, y no pocos mentirosos, pero nadie tan mentiroso como nuestro cuerpo, si se exceptúan las sensaciones de nuestro cuerpo.

Rudyard Kipling. KIM. p. 272. Unidad Editorial SA. Madrid, 1999.

 
 
 
 

Arriba Francesco Petrarca (1304-1374)

La profesión médica, criticada por uno de los primeros humanistas.

Puesto que, como siempre, especialmente en este estado, conviene ser breve a quien con Tu Santidad quiera razonar, te diré pocas cosas con ánimo sincero y devoto. Sé que tu lecho está asediado por los médicos: y ésta es la primera razón de mis temores. Expresamente están discordes entre si; cada uno estima vergonzoso para él no decir nada nuevo y andar sobre las pisadas de otro. Y no es dudoso (por decirlo con Plinio) que todos cuantos son, mientras que de hallazgos nuevos esperan la fama, hacen su tráfico de nuestras vidas; y (singular privilegio de esta profesión) basta que alguno se diga médico para que ciegamente se le preste fe, cuando en ningún arte la impostura es tan peligrosa como en éste. Y nosotros les atendemos, tan potentes son para cada uno los artificios de la esperanza. No hay leyes que castiguen la ignorancia que mata; y no hay ejemplo de castigo; aprenden a expensas nuestras y se hacen expertos a fuerza de matar.

Sólo al médico le es concedido dar muerte a los hombres impunemente. La turba de ellos, ¡oh clementísimo Padre!, hay que mirarla como una escuadra de enemigos. Sea documento la memoria de aquel que en su tumba no quiso otro epitafio que: "He muerto por demasiados médicos". En nuestros días parece que se ha realizado aquel vaticinio de Marco Catón el Viejo, de que todo andaría mal cuando los griegos nos transmitieran su literatura y, sobre todo, sus médicos. Pero como hemos llegado a tiempos en que sin médicos no nos atrevemos a vivir, sin pensar que, sin ellos, innumerables pueblos vinieron y viven más que nosotros y en mejor salud, como del pueblo romano en su edad más bella y por seiscientos años atestigua Plinio, debes escoger entre tantos uno solo que sea, no famoso por su elocuencia, sino ilustre por la ciencia y la fe. Olvidándose del arte que profesan, invaden los bosques del poeta, el campo de los oradores y no se preocupan de curar las enfermedades, y alrededor del lecho de los infelices hablan con altisonantes palabras, y mientras éstos se mueren miserablemente, mezclan las doctrinas hipocráticas con las exquisiteces tulianas, y cualquier suceso, aun siniestro, es motivo de orgullo para ellos, que no del éxito de sus curaciones, sino de la vacua elegancia de sus palabras. Tus médicos no me atribuyan falsas acusaciones: en todas las cosas que he dicho en esta carta me atengo a la guía de Plinio, quien más que cualquier otro escribió sobre los médicos y la medicina, y si viviera hoy todavía escribiría más; y el mismo Plinio dice: "Quién más habla entre ellos suele ser el primero, y adquiere ipso facto sobre vosotros el arbitrio de la vida o la muerte". En conclusión, por consiguiente, debes guardar tu vida del médico, rico no de consejos, sino de elocuencia, como de un sicario o de un envenenador traidor, al que debe decirse merecidamente lo que el viejo de Plauto en la Aurularia decía a un cocinero charlatán: "Vete, que te he llamado para cocinar, no para hablar". Por lo demás, cuida de tu salud; ten buen ánimo y espera bien, que tú, nosotros, toda la Iglesia, que contigo languidece y está enferma, vuelva a la salvación. Dios te guarde."

Carta al papa Clemente VI. Trad. cast. por E. Capdevila y Casas (Barcelona, 1941), en López Piñero JM. Medicina, historia y sociedad, p. 92-94. Ed Ariel, 3º ed. Barcelona, 1973.

 

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Asclepio
 
Médico de Familia  


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