Esta
serie de cuadros nos retrotrae a uno de los precedentes de los actuales
curanderos o de los colegas que utilizan la publicidad y los medios de
comunicación para multiplicar su mensaje y vender (y venderse) todo tipo
de remedios "milagrosos" como solución para las más variadas miserias
humanas. Afrodisíacos que invocan el vigor perdido, crecepelos que
poblarán cráneos hirsutos, ungüentos y afeites para las arrugas que nos
deparó la vida o para los tesoros de grasa en los que vino a parar nuestra
gula, nuestra malsana quietud, nuestra constitución ingrata.
Aquí los
vemos, como los vieron
Gerrit Dou o Victors Jan,
en las plazas del mercado de los Países Bajos, rodeados de la atención y
de la credulidad de las buenas gentes, siempre dispuestas a dejar
engañarse… "total,… por probar". ¡Cuánto necesitamos soñar!.
La
sombrilla es su distintivo y reclamo. Los recipientes conteniendo
bebedizos, filtros, elixires, pócimas,… se muestran sobre mesas
recubiertas por atractivos terciopelos. El ayudante que vende mientras el
charlatán embauca. El paisano, que se rasca la cabeza mientras contempla
su pierna descubierta, no acaba de verlo claro. Otros asisten curiosos o
divertidos.
William Hograth, pintor de
sátiras descarnadas de la sociedad británica de su tiempo, en la serie de
escenas de "El matrimonio a la moda", nos presenta "La visita al
charlatán" (quark doctor). La contemplación del célebre "colega"
nos ahorra más comentarios.