No recuerdo bien cómo llegó esta postal hasta mi
colección. Tal vez me la regaló algún familiar que hubiese
visitado La Haya y conociese mi afición a coleccionar reproducciones
artísticas de tema médico. Y qué tema más "medico" y
más ligado al hombre que la muerte. No tanto la propia muerte, en
la que mejor no pensamos, sino la muerte de nuestros seres queridos y la
sensación de perplejidad, impotencia y desvalimiento que produce en
nosotros cuando se hace presente.
Todavía me causa extrañeza cuando acudo a certificar
una defunción de alguno de mis pacientes y pienso que sólo unos momentos
antes ese cuerpo que está frente a mí estaba vivo y ahora… ¿qué ha
cambiado?. ¿Qué se ha perdido?.
Sherwin Nuland en su libro
Cómo
morimos hace una descripción científica de la muerte.
Pero nada puede describir esa sensación de irrealidad que despierta en
nosotros la presencia de un cuerpo muerto. Irremediablemente
muerto. La misma que pudo tener el hombre de Cromagnon.
La composición de este cuadro, su iluminación
(fondo en penumbra, luz lateral a través de una ventana), el ambiente de
pobreza que reflejan los escasos objetos del ajuar doméstico, nos
recuerdan muchos de los cuadros de finales del s. XIX que tratan temas
similares. El escaso desarrollo de la medicina y las precarias
condiciones de vida de aquella época hacía que la muerte fuese una
experiencia frecuente. Muchos pintores, utilizaron estos temas como
medio de denuncia social.