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El 26 de junio de 1995 se exponía por primera vez, en
el Musée d'Orsay de París, L'origine du monde (El origen del
mundo), una tela de Gustave Courbet pintada entre 1865 y 1866 y que
llevaba 130 años oculta, sólo accesible a la mirada de sus sucesivos
compradores. Durante mucho tiempo no sólo no había existido imagen
pública de esa imagen púbica, sino que también había permanecido sin
nombre, sin título, víctima de esa misma pudibundez que impide llamarle
sexo al sexo y que impulsa a la invención de mil y un nombres, elusivos,
poéticos o procaces, para referirse a la cosa.
Bernard Teyss-edre acaba de publicar Le roman de
l'origine (La novela del origen), un relato de 420 páginas
protagonizado por la pintura de Courbet. Todo arranca cuando Jalil-Bey,
embajador turco en Paris, visita, en 1866, el taller del artista.
Quiere comprar una tela escandalosa, Vénus et Psyché, pero ésta ya
tiene propietario. Pide una copia, pero Courbet propone a cambio Les
dormeuses, también de tema lésbico. Jalil-Bey logra que le
regalen, sin que conste en la factura de 25.000 francos, un pequeño
cuadro de 55 por 46 centímetros que reproduce el vientre de una mujer o,
más concretamente, unas caderas y un pubis en el centro, los muslos en la
parte inferior y el vientre y el torso, incluidos los pechos, en la
superior. En el cuarto de baño del embajador, detrás de un
cortinaje verde, quedará oculto el cuadro sin nombre ni firma.
En 1868 el courbet pasa a manos de Jean Baptiste
Faure, barítono de la ópera de París. Ahora el cuadro se esconde
detrás de un paisaje nevado, obra del propio Courbet. Son pocos los
que lo han visto, pero ha generado ya suficiente literatura, desde versos
de Gautier hasta esa constatación de Edmond de Goncourt: "Un vientre
tan bello como la carne de un correggio". Pero a la
esposa del cantante no le gusta el tiempo que su marido pierde ante la
tela, ni las risas de los amigos privilegiados que la descubren. En
1888, la pintura aun innominada está en posesión de un marchante, De la
Narde, que la exhibe en la trastienda sólo a clientes de confianza.
Hasta 1912 nada se sabe del cuadro, del que se rumorea que pudo haber
pertenecido a un gobernador civil puritano y pervertido, a un ginecólogo
que lo utilizaba como reclamo o a un burdel. Sea cual sea la verdad,
en 1912 una galería prestigiosa compra la tela a una tal señorita Vial.
La carrera internacional comienza cuando François de
Hatvany, un coleccionista de Budapest, se lleva el courbet a su
ciudad. En 1935, Charles Léger, especialista en Courbet, se refiere
por primera vez a la obra como L'origine du monde. En marzo
de 1944 los nazis destituyen a Hodhy, su cómplice en Hungría. L'
origine du monde es robado por el ejército de ocupación y Bernard de
Teyss-edre propone las dudas del coronel Schweinkopf, que sopesa el pro
-el pintor era ario, despreciaba a los burgueses, pintaba bien y era
atlético- y el contra -participó en la Comuna, simpatizaba con los
anarquistas y probablemente era de moral abyecta-. La razón
determinante es una estimación rápida del propio Hatvany: vale 300.000
dólares. Pero tanta vacilación da tiempo a que llegue el Ejército
Rojo y a que el coronel Tatastrov aplique las normas del realismo
socialista: ¿acaso las mujeres socialistas no tienen vientre?; ¿acaso
liberar el desnudo de retórica no es tarea de los ingenieros de almas?;
¿acaso ése no es un vientre feliz, de una estajanovista capaz de parir
cantando?. Las respuestas fueron positivas y el cuadro se salvó.
En 1955, Sylvia Lacan, la protagonista de La regla del
juego, de Renoir, le pide a su marido, psicoanalista, que le regale L'origine
du monde: por 1.500.000 francos el cuadro es suyo. Pero descubre
que crea problemas: "Los vecinos y la mujer de la limpieza no lo
comprenderían". El cuñado, André Masson, hará una nueva
obra para esconder la de Courbet, un desnudo abstracto.
El sexo de Joanna Hiffernan, la pelirroja amante de
Courbet, sirvió durante años de motor de las cogitaciones de Lacan sobre
las diferencias "entre el objeto de la pulsión, del fantasma y del
deseo" o de sus conversaciones con Heidegger sobre "lo real, la
verdad y lo auténtico", para concluir que "la mirada es la
erección del ojo". En 1967, el sexólogo Zwang publica la
primera foto de la obra. En 1977, por primera vez, la pintura es
reproducida en un libro de arte. En 1988, el cuadro cuelga, también
por vez primera, de las paredes de un museo: The Brooklyn Museum of
Art. En 1994, Jacques Henric publica la novela Adoratíons
perpétuelles, cuya cubierta reproduce la tela y lleva al secuestro
del libro. El 26 de junio de 1995, el ministro de Cultura, Douste-Blazy,
hace el discurso de ingreso de la tela en las colecciones
nacionales. Evita ser fotografiado junto a ella y en su discurso se
sirve de opiniones ilustres. No citó, sin embargo, la frase
flaubertiana de Courbet: "El coño soy yo".
Texto: Octavi Martí en El País Semanal.
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