En la parte inferior del cuadro figura esta
inscripción, probablemente autógrafa, con la particular ortografía de
la época: "Goya agradecido, á su amigo Arrieta: por
el acierto y esmero con qe le salvo la vida en su aguda y / peligrosa
enfermedad, padecida á fines del año 1819, a los setenta y tres años de
su edad. Lo pinto en 1820". La pintura "es un
autorretrato del artista moribundo al que sostiene su médico y participa
de las visiones de pesadilla de sus Pinturas Negras (las figuras del
fondo, aunque pueden ser amigos o sirvientes del pintor, pudieran
representar demonios o Parcas que esperan su muerte). A la vez ex
voto y muestra de agradecimiento a su médico, anuncia el respeto y
exaltación de la ciencia que serán propios de finales del s-XIX,
abandonando la sátira y la crítica burda dieciochesca de los médicos (matasanos,
aliados de las Parcas)" que él mismo cultivara en alguno de sus Caprichos
o de sus Sueños.
"Goya presenta aquí a su médico, no sólo como
su salvador que le hace beber la medicina, sino como el amigo que le
abraza y le conforta ante la presencia de la muerte. Goya, se
imagina certeramente su sobrecogedora imagen en la agonía: la palidez del
rostro, la mirada perdida, la boca entreabierta por la falta de aire o las
manos que se aferran a los pliegues de la sábana nos transmiten su
vivencia de la falta de la plena consciencia y del camino a la
agonía". (Manuela B. Mena Marqués. Catálogo de la
exposición Goya y el espíritu de la Ilustración. Madrid, 1988).