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Pocos días antes de ir a pasar las vacaciones a
Málaga en 1896, la familia Ruiz se trasladó a un piso de la calle
Merced, número 3, y don José alquiló para su hijo un estudio en la
calle de la Plata, número 4, situado a mitad del trayecto del domicilio
paterno a la Lonja. Así, al iniciarse el curso de 1896-97, Pablo, a
sus quince años, ya tenía un taller propio. En él pintó, en
1897, su primera gran obra, Ciencia y Caridad.
El tema, la idea y la composición de la obra
partieron de don José y en ella quedan reflejadas las influencias de la
época: la búsqueda del efecto luminoso heredado del impresionismo, pero
también cierto provincialismo, se mezclan con la intención social y
humanitaria de algunos modernistas. En el colorido, también se ven
dos tendencias: la paleta académica de ocres y marrones acoge tonos «fin
de siglo», como son el malva, lila y blanco. La escena
representa un médico tomando el pulso a una enferma postrada en la cama
de una modesta alcoba; al mismo tiempo, una monja le ofrece un tazón
sosteniendo a su hijo. La rigidez y estructura de la obra contrasta
con la libertad de los bocetos preparatorios, que se guardan, salvo uno,
en el museo (110.099, 110.089, 110.229, 110.214 y 110.046 R). Para
la figura del médico, posó el padre del artista; para la enferma, una
pordiosera que pedía limosna en las inmediaciones del estudio y que fue
contratada con el niño a dos duros por sesión, más los regalos y
golosinas que le diesen al pequeño. El hábito de hermana de la
caridad fue facilitado por sor Josefa González, de la comunidad de San
Vicente de Paúl, que había sido atendida médicamente en algunas
ocasiones por don Salvador.
Picasso presentó Ciencia y Caridad a la
Exposición General de Bellas Artes de 1897 celebrada en Madrid con el nº
944 del catálogo oficial, donde constaba como discípulo de Muñoz
Degrain, y obtuvo una mención de honor. El presidente del jurado de
la sección de pintura era Modesto Urgell (que era profesor interino en la
Lonja) y los vocales eran Luis Sainz, José Nogales, Serafín de Avendaño
y Manuel Ramírez. Entre los pintores participantes, destacan: J.
Mir, L. Masriera, Sorolla, Darío de Regoyos, Ramón Casas, Matilla.
Las medallas de primera clase fueron conseguidas por Ignacio Pinazo y
Sebastián Gessa. La temática elegida por Picasso debía ser del
agrado del jurado, ya que el cuadro Caridad del gallego Jenaro
Carrera Femández (1874-1902) obtuvo también una mención honorífica.
Según cuenta Sabartés, Picasso le dijo: «en las
manos se ven las manos, decía mi padre». Y por lo visto esta
máxima era compartida por parte de la crítica, ya que para desmerecer el
éxito oficial del joven pintor, un periodista jocoso publicó la
siguiente quintilla:
«Siento ante tanto dolor reírme como un bergante,
pero el caso es superior. ¡Pues no está el señor doctor tomándole el
pulso a un guante!»
Esta composición, que parece había sido premiada con
una medalla de oro en la exposición provincial de Málaga, fue regalada
al tío Salvador y estuvo colgada en su casa hasta 1918, posiblemente como
agradecimiento a su protección y mecenazgo.
El mismo año que Pablo conseguía estos galardones en
certámenes oficiales, se produjo, en Barcelona, un acontecimiento que sería
de gran importancia para Picasso en el período siguiente: el 12 de junio
de 1897 se inauguraba el café-cervecería de Els Quatre Gats, donde
se reuniría la «intelligentzia» catalana y modernista.
Autora: Rosa Mª Subirana. Directora del Museo
Picasso
Museo Picasso, en Grandes Pinacotecas. Museos de
España, nº 1. Eds. Orgaz SA. Madrid, 1979.
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