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Sam es un adulto con
un coeficiente intelectual de un niño de 7 años. Hace seis
tuvo una hija con una indigente, la cual se dio a la fuga nada
más dar a luz. Sam, con tanto amor como esfuerzo, se ha
encargado de la crianza de su hija Lucy. Ésta lo adora, pero
ya comienza a darse cuenta de que su padre es diferente a los
demás. El Estado, por su parte, duda de la capacidad de Sam
para educar a su hija...
Jorge, el hijo de una
amiga mía, terminó hace dos años los estudios de maestro en la
especialidad de educación física. Tras acabar la carrera,
realizó un máster sobre psicomotricidad en Barcelona. A la
vuelta lo llamaron para trabajar con un grupo de chicos, pero
no le advirtieron que eran discapacitados físicos y/o
psíquicos. Su madre me relataba así su primera jornada
laboral: Jorge llegó ayer revuelto... No le habían dicho
que los chicos eran discapacitados y cuando vio el panorama se
quedó patitieso... Que si uno gritaba, que si otro se vomitó,
que si otro se manoseaba todos los mocos... Él dice que no
sirve para eso, que mañana pide que le cambien de grupo o que
si no lo deja.... Pero Jorge continuó y, cuando acabó el
curso escolar, lo despidieron con una gran fiesta. Este año
lo han vuelto a llamar y él ha ido encantado porque la
verdad es que es muy gratificante trabajar con los disca...
No tienen nada de maldad, son los que ves y te lo dan todo...
Joseph M. Espinàs
tiene una hija con síndrome de Down. En su libro Tu nombre
es Olga. Cartas a mi hija1, escribe lo
siguiente:
No me parece, en
absoluto, que tengas una mente infantil, y estoy convencido de
que confundir el coeficiente intelectual con la auténtica edad
mental es un disparate. Tú estás gravemente incapacitada para
el aprendizaje de muchas materias que constituyen la
tradicional enseñanza escolar, pero la mente es otra cosa, y
tu mente funciona tan correctamente en determinados aspectos
–aspectos que yo valoro mucho, desde el punto de vista humano-
que me parece tan adulta como tu cuerpo.
Por ello, cada vez me cuesta más aceptar la expresión
deficiente mental en los casos como el tuyo. Y más aun
deficiente psíquico.
La deficiencia
intelectual es una cosa; y otra, asimismo cierta, es la
afectuosidad, la bondad de querer ayudar a todos, la capacidad
de alegría que tú tienes. Yo soy más inteligente que tú, pero
no estoy seguro de ser más humano.
Tener un hijo deficiente no es deseable. Pero sería yo, el
indeseable, si con los años no hubiera comprendido cómo nos
hemos enriquecido los dos, tú y yo, Olga, con el mutuo amor,
con el mutuo –sí, también por mi parte- aprendizaje.
No voy a entrar en el
debate ético de si Sam es la persona adecuada para educar a
Lucy (entre otras cosas, porque no me encuentro lo
suficientemente capacitada para ello). Lo único que
quiero es dedicarle la reseña a los otros, a Sam y a sus
cuatro incondicionales amigos, a los disca con los que
trabaja Jorge, a esos seres transparentes. |