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Eugenio es un
hombre de mediana edad que padece un síndrome de Down y que,
pesar de su discapacidad, lleva una vida normal: vive
solo en la casona familiar, trabaja como jardinero municipal y
en su tiempo libre acompaña a los enfermos de una clínica de
rehabilitación. Eugenio, como todos los inocentes, es un
ejemplo a seguir porque no tiene doblez, porque ama sin
condiciones, porque sabe permanecer fiel a sí mismo y a
quienes comparten su entorno y todo eso -¡oh grandeza!-,
tanto cuando su vida se desliza por una apacible rutina como
cuando los acontecimientos se precipitan (¡y vaya si lo hacen
a lo largo de la película!). ¿Cuántos de nosotros seríamos
capaces de responder de esta manera? No lo sé. A veces, en
la consulta, me sorprende la poca capacidad de sufrimiento de
algunas personas (¿qué se pretende hoy en día?, ¿pasar por el
duelo, la enfermedad o cualquier otra dificultad sin dolor?
Que yo sepa –le digo a mis pacientes-, eso no existe).
Sin embargo, en otras ocasiones me descubro ante algunos
prójimos, aquellos que, a pesar del miedo y las dudas, son
capaces de sobrellevar con amor, eficacia y dignidad, una
complicada situación. Con sus enseñanzas, que intento
asimilar y transmitir, me quedo. Por cierto, yo también te
quiero, Eugenio.
ANEXO I.
DOS DEFINICIONES DEL DICCIONARIO DE LA REAL ACADEMIA ESPAÑOLA
DE LA LENGUA
Sufrimiento. 1. Paciencia, conformidad, tolerancia con
que se sufre algo. 2. Padecimiento, dolor, pena.
Prójimo.
(Del lat. proximus). Hombre respecto de otro,
considerados bajo el concepto de la solidaridad humana. |