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Según una de las personas que es
entrevistada en este documental, el arte outsider es
aquél cuya única finalidad es la expresión de algo por parte
del artista y no la búsqueda de una remuneración, ya sea
económica o de cualquier otra índole. Judith Scott es una
escultora outsider norteamericana de 62 años de edad a
la que le encanta adornar su cabeza con varios pañuelos y un
gran y llamativo sombrero. Debajo de este atavío hay una mujer
sordomuda y con síndrome de Down. A través de la historia de
Judith, contada por su hermana gemela Joyce, nos acercamos al
Creative Growth Art Center de California, un lugar donde
conocemos a otros discapacitados y su obra. He aquí, pues, un
relato sorprendente y conmovedor, tanto como los enormes y
expresivos ojos de Judith y sus trenzadas esculturas, el
tarareo musical de Donald Mitchell y las multitudes que dibuja
o las enmarañadas repeticiones de Dwigth Mackintosh, cuya
cabeza siempre está protegida por un casco. Esta es, también,
una historia de amor y de lucha por la comunicación, la que
pudo conseguir Judith gracias al esfuerzo de su hermana Joyce,
quien recuerda con tanto dolor como indulgencia cómo sus
padres ingresaron a su hermana en una institución psiquiátrica
cuando ésta tenía alrededor de 8 años y cómo, 30 años después,
pudo conseguir su custodia legal, ocuparse de ella y sentirse
en paz. |