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Por su aspecto, Fyona y Grant ya deben de
haber sobrepasado los 70 años. He aquí un matrimonio
instalado en ese sosiego que se consigue tras haber compartido
durante muchísimos años el binomio amor-amistad. Sin embargo,
la placidez de la rutina se ve amargamente interrumpida cuando
Fyona comienza a sufrir pérdidas de memoria. La realidad está
ahí y los hechos la confirman: guardar la sartén en la nevera
y no recordar que el vino se llama vino no es ninguna cuestión
baladí. ¿Qué hacer? ¿Cómo seguir? La película de Sarah
Polley –basada en el relato The bear came over the mountain
de Alice Munro- nos muestra uno de tantos trayectos, el que
decidieron seguir Fyona y Grant. Porque caminos, como en
todas las enfermedades crónicas hay, a la vez, muchos y pocos.
Todos son distintos –el enfermo y su familia lo están
recorriendo por primera vez-, pero todos se parecen –siempre
hay sufrimiento y llanto, aunque también risas y sonrisas-.
La demencia senil es una enfermedad de
nuestro tiempo. Cada vez somos más longevos, así que los
nuevos casos seguirán apareciendo tanto en las frías
estadísticas como en las situaciones particulares:
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Los números. Debido a las notables
diferencias metodológicas de los estudios, es difícil
obtener una estimación definitiva de la incidencia de las
demencias. Para demencias de cualquier tipo se puede tomar,
como aproximación, una cifra inferior al 1% anual en
personas de más de 65 años. En cuanto a la prevalencia, en
España se sitúa entre el 5 y el 13% (del 10 al 20% en los
mayores de 65 años, multiplicándose por dos en los mayores
de 80 años)1.
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Un caso clínico. La paciente R. S. M.
de 80 años de edad es acompañada a la consulta por la hija
que vive con ella. La familiar está muy preocupada porque
ahora ya no la puede dejar sola en casa. Su madre no se
acuerda de lo que acaba de hacer ni dónde guarda las cosas,
se olvida de los nombres y de los aniversarios de sus nietos
que ella recordaba perfectamente, se ha perdido en su calle
de toda la vida y en casa no encuentra el baño. Todo esto
ha ido apareciendo a lo largo de estos 4-5 últimos años,
pero actualmente se ha acentuado hasta el punto de que la
han de ayudar, a veces, a seleccionar la ropa para vestirse2.
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Un par de situaciones cercanas. Uno de
mis primos dice que “la demencia senil es una enfermedad
asquerosa” y cada vez que se habla del Alzheimer observo
cómo su cara se contrae con un rictus de dolor. Seguramente
está acordándose de la no-persona en que se convirtió su
padre. Una de mis tías, que acaba de cumplir 73 saludables
años, me confesó el otro día: “estoy muerta de miedo...,
ahora mismo tengo tres primas con demencia...”.
¿Qué hacer cuando la demencia senil nos
visita? ¿Cómo seguir? No tengo ni idea, pero supongo que con
muchísimo amor y fortaleza. |