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¡Qué malo
es estar malo!, ¿verdad? Esta es una de las frases que
acostumbro decir a aquellos pacientes que vienen a la consulta
con un cuadro agudo que no compromete su vida pero que les
está haciendo sufrir. Normalmente suelen ser cólicos
nefríticos, lumbalgias severas o gastroenteritis que precisan
hidratación. El enfermo acude lo que se dice bien malito. O
sea, con gesto de dolor, pálido, sudoroso... Entonces le
coges una vía, le pones la medicación y lo dejas el rato que
haga falta tranquilito, esperando a que se mejore. De vez en
cuando sales de la consulta para echarle un vistazo y es
estupendo si ves que va mejorando, que el tratamiento le está
haciendo efecto, que va recuperando el buen aspecto y la
color. Y es entonces, cuando ya le voy a quitar el suero
y darle el alta, cuando le digo eso de viniste bien malito
¿eh?..., ¡qué malo es estar malo!..., pero ya solo con mirarte
la cara se ve que estás mucho mejor... Pues sí, ¡qué malo
es estar malo! y qué bueno es tener el privilegio de aliviar
ese sufrimiento e intervenir para que esa persona recupere el
sosiego.
Nanni Moretti
sabe bien lo malo que es estar malo y así nos lo trasmite en
su película. Caro diario está dividida en tres
capítulos: En vespa (paseando en moto por Roma),
Islas (visitando las Islas Eólicas, en el mar Tirreno) y
Médicos. En esta última parte nos cuenta cómo durante
un año padeció un horrible prurito –especialmente nocturno-
que no se calmaba con nada. Visitó a cinco dermatólogos, un
alergólogo, ingirió muchísimos fármacos, se aplicó una
variedad insultante de cremas, se dio baños con todo tipo de
productos, se sometió a la reflexoterapia y a la acupuntura y
todo ello sin resultado. Cada vez se encontraba peor, sudaba
por las noches e iba bajando de peso. Un día, cuando le
estaban aplicando la acupuntura con agujas eléctricas, se
dieron cuenta de que no paraba de toser, así que le hicieron
una radiografía de tórax. Le detectaron una masa pulmonar, le
realizaron un scanner con contraste y el radiólogo sentenció:
eso es un sarcoma pulmonar y no tiene cura. A
continuación, a Moretti lo operaron y, según le contaron,
cuando el cirujano estaba tomando una muestra del tumor para
llevarla luego al laboratorio de anatomía patológica, dijo en
voz alta y clara: me juego un huevo..., no los dos pero sí
un huevo a que esto es un linfoma de Hodking y que tiene
cura... Así fue. A Nanni Moretti le dieron
quimioterapia, está vivo y sigue haciendo películas. Al final
de ésta nos lee lo que escribió en su diario: cuando salí
de la operación busqué en una enciclopedia lo del linfoma de
Hodking y ponía que es una enfermedad cuyos síntomas son
prurito, sudoración nocturna y pérdida de peso. Después de
esto he aprendido dos cosas. Primera, que los médicos saben
hablar pero no escuchar. Segunda, que es bueno para el riñón
tomarse un vaso de agua antes del desayuno”.
¡Qué
complicada es esta profesión! ¡Cómo duelen los errores!
(sobre todo a los pacientes) ¡Qué carga de responsabilidad!
Siempre alerta, siempre nadando en la incertidumbre, siempre
estudiando... Porque, ¡qué malo es estar malo! pero, sin
embargo, ¡qué bueno es cuando aciertas y aportas alivio a ese
sufrimiento! |