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- Psiquiatra: Buenos días...,
siéntate por favor..., ¿cómo estás?
- Paciente: Bueno..., hoy por la mañana volví a ver al
diablo...
- Psiquiatra: ¿Y qué hiciste?
- Paciente: Nada..., no le hice caso..., seguí fumando...
- Psiquiatra: Eso está muy bien.
Cuando era estudiante
de medicina presencié esta conversación durante las prácticas
de la asignatura de psiquiatría. ¿Qué quieren que les diga?
A mí, aquello de ver al diablo, me impresionó. Salí de allí
nerviosa... No hacía más que darle vueltas al asunto... O
sea, que yo voy por el pasillo ¿y de repente veo al
diablo?... Pero, ¿cómo va a ser eso si el pibe este (unos 23
años) llevaba una vida normal hasta hace un par de meses?...
Y entonces así..., como quien no quiere la cosa, ¿empieza a
ver al diablo?... Pero es que eso tiene que ser algo
espantoso..., vamos, que te puede dar por salir corriendo o
lanzarte desde cualquier sitio para escapar de semejante
visión...
Eso fue en el año
1985. Cuando en 1991 vi “El rey pescador” volví a recordar
esas prácticas de psiquiatría y mis sentimientos. Parry, uno
de los protagonistas de la película, sufre alucinaciones
auditivas y visuales. De entre éstas, la más terrorífica, se
repite varias veces. Se trata de un jinete medieval envuelto
en llamas que lo persigue.... Primero lo ve a lo lejos,
llameante pero al mismo tiempo tenebroso, la armadura pesada,
la cabeza cubierta por el yelmo... El caballo, inquieto e
imponente, no deja de piafar de manera amenazadora... Es el
preludio del galope..., ¡a la carga!... Y entonces Parry
sale corriendo como un poseso... No le importa si empuja a la
gente o si ha estado a punto de que lo atropelle un coche...
Solo quiere huir, huir, huir, alejarse de ese horror que le
persigue... Mientras Parry corría yo, seis años después, me
acordaba de aquel paciente y pensaba: desde luego, ver al
diablo tiene que ser algo bastante parecido a esto...
Bueno..., esas eran
mis lucubraciones. Lo que sigue es el argumento de la
película: Jack Lucas es el conductor de un programa de radio
en el que los escuchantes pueden llamar para exponer sus
problemas. Los comentarios de Jack son, como mínimo,
mordaces, cuando no claramente agresivos e irrespetuosos. Un
día, inducido por las palabras del locutor, uno de sus
radioyentes entra en un bar y asesina a siete personas antes
de suicidarse. Parry era una de las personas que estaba en
ese restaurante y, su mujer, una de las que falleció. Tres
años después del suceso, Jack y Parry se encuentran por
casualidad... |