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 El lado Humano - La Medicina en los Libros y la Literatura
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 La Medicina en los Libros y Literatura
Título: El tío Tungsteno. Recuerdos de un químico precoz.
Autor: Oliver Sacks.
Ed Anagrama, colección Argumentos nº 298. Barcelona, abril 2003.
350 págs.
Traducción: Damián Alou.
Autor de la reseña: Asclepio. Médico de Familia.
 

La última entrega de este neurólogo genial. Quien espere nuevas “neurohistorias” se sorprenderá al encontrarse con los recuerdos autobiográficos de la infancia de este londinense hijo de una familia judía emigrada desde Lituania.  ¡Y qué familia!

La 2ª Guerra Mundial obliga a evacuar a los niños de Londres. Con tan sólo 6 años, Oliver y su hermano Michael, cuatro años mayor que él, se ven separados de sus padres en un internado en el campo, dirigido por un sádico. El maltrato y el aislamiento, la persecución de los compañeros harán que Michael termine psicótico y él mismo se refugie en la belleza y perfección de la ciencia como  una manera de aislarse de un mundo intolerable.

Conoceremos a sus padres, ambos médicos. Acompañaremos al pequeño Oliver en las visitas de su padre, médico general en la comunidad judía de Hampstead, en el Norte de Londres, disgregada tras la Guerra Mundial. Su madre, cirujana y ginecóloga, trae a casa fetos malformados para mostrárselos y diseccionarlos junto a Sacks niño, llevándole a que él mismo diseccione en la sala de autopsias de un hospital universitario.

Sin embargo, los momentos relacionados con la medicina del libro son anecdóticos. Sacks no quiere ser lo que se espera de él, un nuevo médico en la familia.

Poco a poco Sacks va presentándonos a su extensa y extraordinaria familia, en particular a su tío materno Dave, el tío Tungsteno, quien se encarga de dirigir una fábrica de bombillas, en la que el tungsteno es un componente primordial. Sus maravillosos tíos y tías son científicos prácticos que animan a Sacks en sus experimentos y responden sin descanso a su interminable batería de preguntas. Su tío Abe, enamorado de la fosforescencia y la fluorescencia. Su tía Len, conocedora botánica, otros tíos geólogos y mineros, emigraron a Sudáfrica y son fuentes de información de geología y minerales. Vemos a Sacks niño, con diez u once años, visitando asiduamente los maravillosos museos de Historia Natural y de Ciencias de South Kensington, extasiándose con los cristales, los colores y las formas de los minerales y rocas.

Los intereses de Sacks se dirigen paulatinamente hacia la química. Todas sus iniciativas son alentadas sin restricciones. Se provee de productos químicos para sus experimentos en la fábrica de su tío o en un almacén cercano. Accede sin prohibiciones a productos sumamente tóxicos (cianuro) y peligrosos (explosivos). Las efervescencias, calentamientos, nubes pestíferas, irritantes o tóxicas obligan a sus padres a instalarle un auténtico laboratorio en un cuarto bien ventilado de la planta baja. Dispone de cubetas, matraces, mecheros Bunsen, extractores de gases, espectroscopios…. y la ventana al jardín es el último remedio ante reacciones químicas incontrolables (las calvas y manchas en el césped su mudo testigo). Sacks se sorprende de su enorme suerte: jamás se lesionó, quemó o intoxicó, algo que no puede afirmarse de los pioneros de la investigación química que comienzan a convertirse en sus héroes.

Sus lecturas son las biografías y experimentos de los padres de la química. Con él vamos repasando los descubrimientos de los siglos XVII, XVIII y XIX. Por las páginas del libro pasan Boyle, Lavoisier, Davy, Mendeleiev, Kelvin, Roentgen, Marie Curie, Ruthenford, Moseley, Roentgen, Bohr,…

Una gran parte del libro se dedica a la apasionante búsqueda de los elementos que componen la materia, su aislamiento, los errores que esconden las impurezas y las mezclas, las tierras raras, los intentos de clasificación hasta la genial intuición de Mendeleiev, la predicción de elementos no conocidos pero que deberían existir (los huecos de la tabla periódica), las diferentes épocas de la química: las teorías de los enlaces químicos, la electroquímica, las valencias, los modelos del átomo, la sorpresa de los rayos X, la revolución de la radioactividad, la fusión y la fisión…

Acompañamos a los científicos en sus intuiciones y dudas, en las dificultades para enlazar sus hallazgos con las teorías reconocidas en cada momento, las descalificaciones cuando se rompen los paradigmas, las autocensuras  cuando las propias teorías llegan “demasiado pronto”, para que años más tarde, otro las saque del olvido o las “redescubra” y todo cobre significado. Vemos como una teoría explica algunas de las anomalías conocidas pero plantea otras nuevas.

Un libro para recomendar a jóvenes lectores que muestren un primer interés por la ciencia, por el reto intelectual de la investigación.

Una maravilla para cualquiera de nosotros,... siempre que no busquemos las populares neurohistorias de Sacks.

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