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La última entrega de este neurólogo genial.
Quien espere nuevas “neurohistorias” se sorprenderá al
encontrarse con los recuerdos autobiográficos de la infancia
de este londinense hijo de una familia judía emigrada desde
Lituania. ¡Y qué familia!
La 2ª Guerra Mundial obliga a evacuar a los niños de
Londres. Con tan sólo 6 años, Oliver y su hermano Michael,
cuatro años mayor que él, se ven separados de sus padres en un
internado en el campo, dirigido por un sádico. El maltrato y
el aislamiento, la persecución de los compañeros harán que
Michael termine psicótico y él mismo se refugie en la belleza
y perfección de la ciencia como una manera de aislarse de un
mundo intolerable.
Conoceremos a sus padres, ambos médicos. Acompañaremos al
pequeño Oliver en las visitas de su padre, médico general en
la comunidad judía de Hampstead, en el Norte de Londres,
disgregada tras la Guerra Mundial. Su madre, cirujana y
ginecóloga, trae a casa fetos malformados para mostrárselos y
diseccionarlos junto a Sacks niño, llevándole a que él mismo
diseccione en la sala de autopsias de un hospital
universitario.
Sin embargo, los momentos relacionados con la medicina del
libro son anecdóticos. Sacks no quiere ser lo que se espera de
él, un nuevo médico en la familia.
Poco a poco Sacks va presentándonos a su extensa y
extraordinaria familia, en particular a su tío materno Dave,
el tío Tungsteno, quien se encarga de dirigir una fábrica de
bombillas, en la que el tungsteno es un componente primordial.
Sus maravillosos tíos y tías son científicos prácticos que
animan a Sacks en sus experimentos y responden sin descanso a
su interminable batería de preguntas. Su tío Abe, enamorado de
la fosforescencia y la fluorescencia. Su tía Len, conocedora
botánica, otros tíos geólogos y mineros, emigraron a Sudáfrica
y son fuentes de información de geología y minerales. Vemos a
Sacks niño, con diez u once años, visitando asiduamente los
maravillosos museos de Historia Natural y de Ciencias de South
Kensington, extasiándose con los cristales, los colores y las
formas de los minerales y rocas.
Los intereses de Sacks se dirigen paulatinamente hacia la
química. Todas sus iniciativas son alentadas sin
restricciones. Se provee de productos químicos para sus
experimentos en la fábrica de su tío o en un almacén cercano.
Accede sin prohibiciones a productos sumamente tóxicos
(cianuro) y peligrosos (explosivos). Las efervescencias,
calentamientos, nubes pestíferas, irritantes o tóxicas obligan
a sus padres a instalarle un auténtico laboratorio en un
cuarto bien ventilado de la planta baja. Dispone de cubetas,
matraces, mecheros Bunsen, extractores de gases,
espectroscopios…. y la ventana al jardín es el último remedio
ante reacciones químicas incontrolables (las calvas y manchas
en el césped su mudo testigo). Sacks se sorprende de su enorme
suerte: jamás se lesionó, quemó o intoxicó, algo que no puede
afirmarse de los pioneros de la investigación química que
comienzan a convertirse en sus héroes.
Sus lecturas son las biografías y experimentos de los
padres de la química. Con él vamos repasando los
descubrimientos de los siglos XVII, XVIII y XIX. Por las
páginas del libro pasan Boyle, Lavoisier, Davy, Mendeleiev,
Kelvin, Roentgen, Marie Curie, Ruthenford, Moseley, Roentgen,
Bohr,…
Una gran parte del libro se dedica a la apasionante
búsqueda de los elementos que componen la materia, su
aislamiento, los errores que esconden las impurezas y las
mezclas, las tierras raras, los intentos de clasificación
hasta la genial intuición de Mendeleiev, la predicción de
elementos no conocidos pero que deberían existir (los huecos
de la tabla periódica), las diferentes épocas de la química:
las teorías de los enlaces químicos, la electroquímica, las
valencias, los modelos del átomo, la sorpresa de los rayos X,
la revolución de la radioactividad, la fusión y la fisión…
Acompañamos a
los científicos en sus intuiciones y dudas, en las
dificultades para enlazar sus hallazgos con las teorías
reconocidas en cada momento, las descalificaciones cuando se
rompen los paradigmas, las autocensuras cuando las propias
teorías llegan “demasiado pronto”, para que años más tarde,
otro las saque del olvido o las “redescubra” y todo cobre
significado. Vemos como una teoría explica algunas de las
anomalías conocidas pero plantea otras nuevas.
Un libro para recomendar a jóvenes lectores que muestren un
primer interés por la ciencia, por el reto intelectual de la
investigación.
Una maravilla para cualquiera de nosotros,... siempre que
no busquemos las populares neurohistorias de Sacks. |