En el prefacio, Sacks nos ilustra sobre su
concepción de la medicina:
"…entre el médico y el naturalista…
(existe)… una duplicidad indudable en mí: me siento a la vez
médico y naturalista; me interesan en el mismo grado las enfermedades
y las personas.
…
Mi trabajo, mi vida, giran en torno a los enfermos… pero mi enfermo
y su enfermedad me hacen pensar cosas que de otro modo quizás no
pensaría.
…
Mis pacientes me hacen cavilar constantemente, y mis cavilaciones me
llevan constantemente a mis pacientes."
Una de sus aportaciones más interesantes del libro
es la del capítulo "Excesos". Estamos acostumbrados a
entender la enfermedad como el producto de una pérdida de
función. El caso de la anciana que se siente "demasiado
bien" y sospecha que tiene "la enfermedad de Cupido"
(neurosífilis) es precioso y da que pensar. Lo mismo ocurre con
el de "Ray, el tiqueur ingenioso" que aprovecha su
enfermedad de Gilles de La Tourette para hacer maravillosas
improvisaciones de jazz a la batería, que quedan
"insulsas" cuando toma Haloperidol para "curarse" de
sus tics.