Nota:
Algunas de estas anécdotas me hicieron recordar los
comentarios oídos a mis colegas durante las guardias hospitalarias.
Había mucho de sarcasmo y poca comprensión en aquellos chascarrillos.
Si nos paramos a pensar, la mayoría de las "anécdotas" se
originan porque el enfermo no entiende nuestras palabras de jerga
médica o no entendió suficientemente nuestras explicaciones para
seguir correctamente una prueba diagnóstica o un tratamiento.
Lejos de divertirnos, debería sonrojarnos que un
paciente se haya tragado un supositorio porque nosotros damos por
supuesto que sabe cómo debe usarlo. Si diéramos menos cosas por
supuestas y comprobáramos más si el paciente nos entendió,
evitaríamos muchos de estos errores de comunicación, cuando no errores
médicos.
Una actitud de menos superioridad y de mayor
comprensión nos llevaría a ir corrigiendo con delicadeza las palabras
mal utilizadas por nuestros pacientes.
Mas que para reírnos, estas situaciones son
excelentes oportunidades para abandonar nuestros sillones de supremacía
y colocarnos "del
otro lado de la mesa".