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 El lado Humano - La Medicina en los Libros y la Literatura
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 La Medicina en los Libros y Literatura
Título: Tiempo de silencio
Autor: 
Luis Martín Santos.
Ed Séix-Barral SA, colec Biblioteca Breve.  11ª ed (1976).  Barcelona.
Autor de la reseña: Asclepio. Médico de Familia.
 
 

Pedro es un joven médico que investiga, o pretende investigar, en el Madrid de finales de los 50.  Sus sueños tienen que ver con "el premio entregado por escandinavo monarca" (el premio Nobel) y su héroe es Cajal, que logró imponerse sobre la mediocridad y la falta de medios que le rodeaban.

Sus investigaciones sobre el cáncer se realizan sobre una determinada cepa de ratones, que no se reproducen en el animalario del laboratorio.  Un personaje lumpen, el Muecas, se encarga de proporcionarle más ratones de la cepa requerida, pues ha logrado que críen en su miserable chabola.  El secreto no es otro que el calor de los pechos de Florita, una de las hijas de el Muecas.

Es así es como Pedro, "don Pedro" para el Muecas, se pone en contacto con los estratos más miserables de la sociedad.  Es así como se ve envuelto en las consecuencias de un aborto criminal, en el que Florita, embarazada de un rufián (Cartucho), acaba muriendo entre las manos de Pedro, quien pretendía hacer un legrado para cortar la hemorragia que la desangraba.

Sin declarar la muerte de Florita, huye y se refugia en un burdel que frecuenta.  Allí lo encuentra la policía.  Cuando sólo espera la cárcel, la declaración de la madre de Florita ("Cuando él llegó, ya estaba muerta") logra que no sea procesado.

Este incidente provoca su expulsión del centro investigador (descrito en el fragmento del final de esta reseña, con clara alusión a la mediocridad del CSIC de aquel tiempo) y la aceptación por Pedro de "ese tiempo de silencio" que supuso la España anterior al desarrollo económico de los años 60.  Se casa con Dorita, la prostituta que le acogió, pero Dorita es asesinada por Cartucho en la misma verbena en la que celebran la boda.

La novela, tan amarga y desconsoladora como la época en la que fue escrita, termina con Pedro en un tren, dirigiéndose algún pueblo, dispuesto a aceptar su aniquilación personal y la de todas sus ilusiones o sueños ("me he dejado capar").

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Hasta aquí el simple relato del argumento.  Alejada del melodrama, como pudiera parecer, esta novela, es experimental en lo formal y ácida en el trasfondo de su denuncia social, y constituye uno de los acontecimientos de la literatura de posguerra.  Ha sido objeto de la publicación de multitud de ensayos monográficos sobre su alcance y significado, por lo que no cometeremos la insolencia de hacerlo nosotros.

Sólo reseñar que está repleta de reflexiones sobre el hecho investigador y científico, la injusticia social y las condiciones de vida de los desfavorecidos de la época.

"Estos sublimes principios e intenciones informan los Institutos, los Consejos, las doctas Corporaciones, las venerables Casas matrices a tan importantes trabajos dedicados.  Gracias a ese conjunto de instituciones (excesivamente complejo para que pueda aquí ser descrito) no hay juventud inquieta ni iniciativa original que no encuentre su puesto en el gran desfile de los constructores del futuro.  Como un ejército aguerrido, llevando al brazo no armas destructoras, no bayonetas relampagueantes, sino microscopios, teodolitos, reglas de cálculo y pipetas capilares, las falanges de la ciencia marchan así en grandes pelotones bien organizados.  ¡Guay de quien desprecie la menguada apariencia de alguno de estos fabulosos constructores!  Bajo un traje arrugado puede ocultarse el afortunado poseedor de un cerebro que -aunque enclenque, voluminoso- emanará pensamientos todavía por nadie sospechados, fórmulas de nuevas partículas elementales, antiuniversos y semielectrones; bajo un rostro de apariencia estólida y frente estrecha puede yacer un capaz archivero incansable devorador de palimpsestos y microfílmenes.  Esta multitud estudiosa e investigante dispone de edificios con amplias ventanas, escaleras y pasillos fabricados con auténtico cemento armado.  Aunque su dieta sea deficiente v el corte de su traje poco afortunado, aunque oculten en su cartera de cuero negro un bocadillo con el que sustituir la deseada cena caliente, el bedel no les cortará el paso sino que les dejará con respeto encaminarse hacia los locales donde unas veces unas ratas desparejadas, otras veces unos volúmenes en alemán, otras veces una colección incompleta de una revista norteamericana les proporcionarán los útiles necesarios para la puesta en ejecución de sus ideas.  Confortados con tan eficaces estímulos ¿qué de extraño tiene que cada día más y más abundantemente nos sorprendan con los altos productos de su genio?  ¡Cuántas patentes industriales no surgen en nuestro suelo que apresuradamente adquieren los rapaces industriales extranjeros!  ¡Cuántas drogas inéditas y eficaces no vienen cada día a mejorar los medios de lucha de nuestros voluminosos hospitales!  ¡Cuántos teóricos desarrollos de las ciencias más abstrusas, la Física, el cálculo de matrices vectoriales, la química de las macroproteínas, la balística astronáutica no son comunicados a las Academias de los países cultos para su estudio y admirada comprobación  ¡Cuántos ingeniosos prodigios de las ciencias aplicadas no sorprenden al visitante de cualquiera de nuestras exposiciones de Inventores!. "  p. 206-8.

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