Comedia corta escrita en prosa por este
francés guasón, una de las ¡cinco! –ya le vale– que escribió para
burlarse de los galenos de la época.
Basada en una antigua trova, cuenta la
historia de un hombre del que su mujer dice que es médico pero sólo
admite su profesión al ser apaleado. El enredo se sirve cuando el
protagonista es reclamado para atender el extraño caso de una muchacha,
hija de un hombre poderoso, que ha perdido el habla. Tras una trama
atragantada con grandes palizas, nuestro “médico” descubre que la
paciente no tiene otra cosa que mal de amores: su padre se opone a que
se case con su amado. La cosa acaba bien.
Comedia saludable, como cualquier cosa escrita con inteligencia y
sentido del humor. Por cierto, la paciente se cura tras investigar el
origen de su mal más allá de su organismo; algo de esto me recuerda a
los pacientes de mi consulta diaria, ¿a ustedes no?