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 El lado Humano - La Medicina en los Libros y la Literatura
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 La Medicina en los Libros y Literatura
Título: Mujeres en la medicina
Autores: 
Ángel Rodríguez Cabezas, María Isabel Rodríguez Idígoras y Begoña Rodríguez Idígoras.
Editorial: Grupo Editorial 33, Málaga 2006. 156 páginas.
Autora de la reseña: Carolina Botella Dorta
 

Un librito entrañable, de los que se lee con gusto y curiosidad y que proporciona unas cuantas horas de placer.  Los autores realizan un recorrido histórico acerca de la figura de la mujer en la medicina tanto desde una manera general como deteniéndose en algunos personajes o situaciones en particular.  Los temas que se abordan quedan reflejados en su índice:

  • Diosas médicas en la mitología.
  • El libre ejercicio de la medicina en Grecia: de Agnodice a las matronas latinas.
  • Cuatro matronas romanas.
  • Santa Hildegarga, la sibila renana.
  • Las mujeres de la Escuela de Salerno.
  • Las alquimistas.
  • Curanderas ilustres o ilustres brujas.
  • Las boticarias.
  • La medicina doméstica.
  • El libro de Oliva Sabuco.
  • La Condesa de Chinchón y la corteza de quina.
  • Los pantalones de Mary Walker.
  • El travestido Dr. Barry.
  • La mujer médico en los Estados Unidos de América.
  • La mujer médico en Europa.
  • El doble premio de María Sklodowska.
  • La mujer médico en España.
  • La mujer médico en el siglo XX.
  • Las imprescindibles enfermeras.
  • Las insustituibles comadronas.
  • Epílogo.  Las santas especialistas.
De entre ellos, y como aperitivo para ir abriendo boca, entresacamos los siguientes “pinchitos”:

Una de las diosas egipcias relacionada con la medicina es Tayt o Tayet.  Se la representa como una mujer que lleva en las manos una bandeja con tejidos y  se la conoce como “la señora del lino, pues su función era tejer las vendas para los difuntos de tal forma que éstos no se fragmentaran.  En sentido similar, ella era también la que tejía las vendas que utilizaban los médicos”.

Hildegarda von Bingen nació en 1098.  A los ocho años su padre la envió con una de sus tías, abadesa de un convento benedictino, orden que daba mucha importancia al cuidado de los enfermos.  Hildegarda no solo se ocupó de la curación de las enfermedades, sino que también se interesó por la prevención: hizo conducir agua caliente a todas las celdas monacales e inspeccionaba regularmente el estado higiénico dental de las monjas.  En Liber subtilitatum diversarum naturarum creaturarum plasma sus conocimientos médicos, los cuales quedan especialmente reflejados en dos de sus textos: Liber simplicis medicinae (physica) y Liber compositae medicine (causae et curare).

Trótula ejerció la medicina durante el siglo XI.  Se la considera la primera ginecóloga de la historia.  Desde su cargo al frente del departamento de mujeres de la Escuela de Salerno se preocupó tanto por las dolencias como por el bienestar de las féminas (propuso una serie de recomendaciones para llevar un vida saludable).  También apuntó que la infertilidad podía tener su origen tanto en la mujer como en el hombre.

Oliva Sabuco de Nantes Barrerra nació y vivió en Alcaraz (Albacete) en la segunda mitad del siglo XVI.  Su obra Nueva Filosofía de la Naturaleza del Hombre, no conocida ni alcanzada por los grandes filósofos, la cual mejora la vida y la salud humana, “tiene como propósito el ampliar el conocimiento que los hombres tienen de sí mismos, para que conozcan por qué se vive, se muere o se enferma”.  En su texto afirma que la salud emocional y la salud física del ser humano no son campos separados, sino que se interrelacionan entre sí.

En 1638 Doña Ana de Osorio, esposa del Conde de Chinchón, enfermó de malaria en las tierras del Perú, lugar del que su esposo era el virrey.  Los nativos guardaban celosamente el secreto de que los polvos elaborados a partir de la corteza de un árbol llamado quino curaba este proceso.  No se sabe cómo la condesa y su esposo consiguieron los polvos, lo que sí es cierto es que la condesa curó espectacularmente después de emplearlos.  A partir de entonces dedicó todos sus esfuerzos  para que su uso se extendiera tanto en el Perú como en España. 

Mary Walker fue la segunda mujer estadounidense que se graduó en medicina (1855). Su padre, librepensador y abolicionista, liberó a sus hijas del opresivo corsé, del peso de las largas faldas y del molesto miriñaque con el fin de que pudieran trabajar con más comodidad en la granja en la que vivían.  El día en que Mary Walker se casó, vestía pantalón.  Los bloomers (inventados por Amelia Bloomer) eran unos pantalones estilo bombacho, cerrados a la altura de los tobillos y que se acompañaban de una túnica corta ajustada con un cinturón.

 
 
DOS DESCUBRIMIENTOS PERSONALES: UNO MÁS TEMPRANO Y OTRO MÁS TARDÍO
 

Desde mi adolescencia he admirado profundamente a María Sklodowska.  De todos los textos que he leído sobre ella, guardo un recuerdo especial del que escribió su hija Eva: La vida heroica de Marie Curie, descubridora del radio.  Me gusta recordarme sosteniendo esa obra, un libro de la serie anaranjada (biografías y vidas novelescas) de la colección Austral.

A Florence Nightingale, sin embargo, la descubrí mucho más tarde.  En el año 2004, con 41 años, me decidí a estudiar enfermería.  Para aprobar la “Historia de la enfermería” no había que hacer ningún examen, sino elaborar un trabajo en grupo.  Así fue como me zambullí en la vida de la dama del candil.  A expensas de que esta reseña bibliográfica se alargue un poco más y dado que creo que los médicos ignoramos mucho datos acerca de Florence Nightingale, paso a reproducir dos fragmentos de algunas de las cosas que leí:  

 

“Hospital Barrack, (Hospital cuartel, es decir, del ejército).

Scutari, el 14 de noviembre de 1854.

...el jueves pasado tuvimos 1.715 enfermos y malheridos en este hospital (entre ellos 120 pacientes de cólera y 650 gravemente lesionados)...  Entonces recibí un mensaje pidiéndome que disponga el hospital para 510 heridos de los nuestros...  Nos avisaron con media hora de antelación...  Entre la una y las nueve, rellenamos y cosimos los colchones y los colocamos en el suelo, aunque, tengo que decirlo, dicho suelo estaba únicamente cubierto con estera; aseamos y encamamos a los hombres y todas sus heridas fueron vendadas...  Tenemos ahora 4 millas de camastros con menos de 18 pulgadas de separación.  Nuestros cuartos están en una Torre del Barrack (cuartel) y hemos tumbado en el suelo a toda esta afluencia de nuevos pacientes.  Los hemos colocado entre nosotros y el puesto principal de centinelas, en dos pasillos con una fila de camas a ambos lados y con espacio justo para que pase un solo hombre y cuatro practicantes...  Ni una esponja ni un trapo de lino, no me queda nada.  Todo ha sido rasgado y despedazado para confeccionar cabestrillos, almohadillas para proteger los muñones y camisas.  Hacía más de dos meses... que esta pobre gente no llevaba camisa limpia o se lavaba...  Pero carecemos de jofainas y palanganas, ni una toalla o pedacito de jabón, ni una escoba.  He pedido 300 cepillos para restregar...  La Sra. Roberts vale su peso en oro...  La Sra. Drake es un tesoro.  Los otros cuatro no son aptos para cuidar de sí mismos ni de nadie en un hospital militar...1

Florence Nightingale tenía claro que en los acuartelamientos y hospitales militares se producían, incluso en tiempos de paz, muchísimas muertes innecesarias.  Tal situación sólo podría finalizar si se introducían dentro de los Servicios Médicos Militares las mismas reformas sanitarias que tantas vidas habían salvado en Escutari.  Precisamente, fue en Escutari donde Nightingale sistematizó las caóticas prácticas de recogida de datos que habían impedido, hasta entonces, saber si quiera cuál era el número exacto de muertos.  A su vuelta a Inglaterra conoció al médico y estadístico William Farr, con quien aprendió a captar el valor potencial de la estadística médica como arma argumental para la mejora de la asistencia médica.  Los diversos métodos empleados por Florence Nightingale para calcular la mortalidad, comparando las cifras obtenidas entre la población civil y la militar participante o no en la guerra, resaltaban tanto el impacto de la enfermedad como los efectos de las mejoras sanitarias implementadas.  Por otro lado, Florence Nightingale fue también pionera de la representación gráfica de las estadísticas, al inventar los gráficos o diagramas polares.  En ellos, la muestra reseñada es proporcional al área de una cuña en un diagrama circular.  Nightingale utilizó estos gráficos, a los que llamó sus “peinetas” (por los vivos colores empleados), para destacar hasta qué punto habrían podido evitarse muchas de las muertes ocurridas en Crimea2.

 
  1. Nightingale F.  Carta a William Bowman.  En: 10 relatos de literatura médica.  Adaptación de M. Puertas.  Madrid: Olalla, 1997; 69-77.

  2. Bernard I.  Florence Nightingale.  Investigación y Ciencia 1984; mayo: 92-100.

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