|
NACIMIENTO
DEL PRIMER CENTRO DE INVESTIGACIONES PRIMATOLÓGICAS DEL MUNDO:
LA ESTACIÓN DE ANTROPOIDES DE TENERIFE (PUERTO DE LA CRUZ
1913-1918)
En septiembre
de 1912 Max Rothmann, médico y neurofisiólogo de la
Universidad de Berlín, acudió a la LXXXIV Reunión de
naturalistas y médicos alemanes que se celebraba en Westfalia.
En su conferencia Sobre el establecimiento de una estación
de investigación de la psicología y fisiología del cerebro de
los antropoides, Rothmann reflejaba su interés
por los aspectos comparativos de la neuroanatomía y de la
fisiología cerebral para aclarar problemas clínicos como la
afasia y la apraxia, lo que le había llevado a investigar los
efectos de las lesiones cerebrales, concretamente del tracto
piramidal, en chimpancés. En tales ensayos se topó con las
grandes dificultades inherentes a este tipo de
investigaciones; entre ellas, el mantenimiento de los animales
en las condiciones adecuadas, especialmente las climáticas.
Otra era el alto precio que los antropoides llegaron a
alcanzar en Europa, por su creciente demanda para los intentos
de obtención de una vacuna para la sífilis y para su
exhibición en circos. Asimismo, se constataba la virtual
ausencia de datos sistemáticos, científicamente válidos, sobre
el comportamiento de estos animales […], con los que poder
contrastar los resultados de las manipulaciones cerebrales.
Como respuesta a este estado de cosas, Rothman propuso crear
una estación experimental para el estudio de las diversas
especies de grandes simios, africanas y asiáticas,
comparándolas. Allí, los experimentos sobre fisiología
cerebral habrían de postergarse a la obtención de un cuerpo
suficiente de observaciones psicológicas y estudios
sistemáticos sobre el comportamiento […] de estos primates
[…]. Era de la mayor importancia que dicha estación se
ubicase en un lugar que, reuniendo condiciones climáticas lo
más semejantes posibles a las de los hábitats de los animales
fuese, a la vez, viable en términos económicos, logísticos y
de calidad de vida para los investigadores. La isla de
Tenerife, concretamente el valle de La Orotava, parecía reunir
en un grado aceptable estos requisitos, ofreciendo un
razonable compromiso entre condiciones climáticas para los
animales, proximidad geográfica a su principal lugar de
procedencia (la entonces colonia alemana del Camerún) y, para
los investigadores, condiciones de habitabilidad más
tolerables y facilidad de comunicación con Europa. Residiendo
en la estación, y a su frente, se encontraría un investigador,
que rotaría anualmente, el cual debería enviar informes
periódicos sobre los experimentos realizados.
LOS
DIRECTORES DE LA ESTACIÓN DE ANTROPOIDES Y SUS ACTIVIDADES
Eugen
Teuber fue el primer director de la estación y quien la
puso en marcha. Sus actividades se centraron en la evaluación
del estado físico de los ocho primates con los que contaba
(edad, dentición, historia previa, etc.); en la observación de
sus conductas espontáneas (juegos, interacciones sociales,
etc.); y en el análisis de aquellos fenómenos que se pudieran
considerar como formas de comunicación y lenguaje (danzas,
vocalizaciones, expresiones faciales y lenguaje de gestos). A
través de sus estudios, Teuber llegó a la conclusión de que
la comunicación del hombre con los chimpancés era posible
mediante la expresión de gestos manuales.
A finales de
1913 se incorporó a la estación el que sería su segundo y
último director, Wolfgang Köhler. Köhler procedía del
Laboratorio de Psicología de la Universidad de Frankfurt.
Allí, junto a Max Wertheimer y Kart Koffka realizó los
históricos experimentos que establecieron la Psicología de la
Gestalt (1911). Influido por estas nuevas ideas, los
estudios de Köhler en la Estación de Antropoides se
centraron en la resolución de problemas, consistentes
fundamentalmente en la obtención de comida a la que se podía
acceder utilizando diversos medios (rodear vallas, apoyarse en
pértigas, apilar cajas, mover puertas, construir instrumentos,
etc.) […] Dichos estudios sirvieron de base para la gran obra
clásica en los anales de la psicología Pruebas de
inteligencia en los chimpancés (1921) […] cuya principal
conclusión estribaba en que los chimpancés exhiben una
conducta inteligente cualitativamente del mismo tipo que la
que conocemos en el hombre pero cuantitativamente inferior.
EL FINAL DE
LA ESTACIÓN Y SU SITUACIÓN ACTUAL
El comienzo de
la Primera Guerra Mundial (agosto de 1914) tuvo importantes
repercusiones sobre la Estación de Antropoides de Tenerife.
Köhler se vio forzado a permanecer en la isla durante toda
la contienda, en vez de producirse el recambio anual
inicialmente previsto. La estación fue objeto de diversas
presiones, especialmente por ciudadanos británicos residentes
en la isla, los cuales sostuvieron, infundadamente, que era
sede de actividades de espionaje. Tras el final de la
Guerra, el mantenimiento de la estación se hizo inviable.
Köhler regresó a Alemania en mayo de 1920, quedando los
chimpancés a cargo de Manuel González, la persona que se había
ocupado de su cuidado desde la apertura del recinto.
Siguiendo las instrucciones de Köhler, González envió los
primates al zoológico de Berlín, donde morirían en breve
plazo. La Estación de Antropoides de Tenerife fue formalmente
clausurada en octubre de 1920. El estado actual del edificio
y del recinto donde se realizaron tan importantes
investigaciones –para vergüenza y enfado de unos e
indiferencia de otros- deja mucho que desear.
ANEXO I.
SOBRE LOS AUTORES DEL LIBRO
Manuel Mas
es catedrático de Fisiología y Director del Centro de Estudios
Sexológicos de la Universidad de La Laguna. Además, es
vicepresidente de la Asociación Española de Andrología y
miembro de la Junta de Gobierno de la Confederación de
Sociedades Científicas de España. Ha desarrollado su
actividad investigadora en las universidades de Milán (Italia)
y Stanford (E.E.U.U.). Igualmente, es autor de más de un
centenar de trabajos de investigación, revisiones y capítulos
sobre fisiología y neuroquímica de la conducta sexual, de la
función reproductora y de sus trastornos. Otro dato de
importancia, pero esta vez referido a la biografía de la
autora de esta reseña es que, cuando en 1982 cursó el segundo
curso de la carrera de medicina en la Universidad de La
Laguna, tuvo la suerte de que el Profesor Mas le impartiera la
asignatura de fisiología.
Justo
Hernández cursó la carrera de Medicina en las Facultades
de Oviedo y Sevilla, licenciándose en esta última. Entre 1987
y 1992 realizó los estudios de doctorado en Historia de la
Medicina y Documentación en el Instituto López Piñero. En
1992 se incorporó a la Facultad de Medicina de la Universidad
de La Laguna como docente de la asignatura de Historia de la
Medicina. Desde 1997 es doctor en Medicina y Cirugía por la
Universidad de Valencia. Además, preside la Sociedad Canaria
de Historia de la Medicina.
ANEXO II.
SOBRE LA ESTRUCTURA DEL LIBRO LOS MONOS EN TENERIFE. EL
PRIMER LABORATORIO PRIMATOLÓGICO
Los capítulos
de los que consta la obra son:
- Casa desolada.
- El contexto intelectual: la psicofisiología del siglo
XIX.
- La estación de antropoides de Tenerife (Puerto de la
Cruz, 1912-1920).
- Wolfgang Köhler.
- La gestaltphsychologie.
Además, cuenta con un interesantísimo apéndice documental:
-
Documento 1. Sobre el establecimiento de
una estación de investigación de psicología y fisiología del
cerebro de los antropoides (1912). Max Rothmann.
-
Documento 2. Texto de una postal enviada
por Wolfgang Köhler a Manuel González desde Berlín (1921).
-
Documento 3. Sobre la psicología del
chimpancé de la estación de antropoides de Tenerife (1921).
Wolfgang Köhler.
-
Documento 4. Descripción de la prueba a
la que fue sometido Sultán y sus consecuencias (1927).
Wolfgang Köhler.
-
Documento 5. La inteligencia de los
chimpancés (1927). José Ortega y Gasset.
-
Documento 6. Rumores de espionaje,
Wolfgang Kóhler y los monos en Tenerife. Conclusión
(1990). Ronald Ley.
-
Documento 7. La travesía
documental-administrativa en el desierto de “La Casa
Amarilla” (2005). José Melchor Hernández Castilla.
Secretario de la Asociación Wolfgang Köhler.
ANEXO III.
LA CASA AMARILLA Y MANUEL EL DE
LOS MACHANGOS
Si a la
Estación de Antropoides de Tenerife se la denominaba
popularmente La Casa Amarilla -debido al color de sus
paredes-, a Manuel González y García –el cuidador de los
monos- sus convecinos lo conocían como Manuel el de los
machangos. Según el Diccionario de la Real Academia
Española de La Lengua, la palabra machango no existe. Sin
embargo, en la cuarta entrada de la segunda edición del Tesoro
Lexicográfico del Español en Canarias se puede leer: es voz
cubana que podemos llamar nuestra a justo título, ya que se
pueden contar por los dedos de la mano los canarios que llaman
“monos” a nuestros simpáticos ascendientes. Una
machangada es una payasada, una broma ligera no ofensiva1.
-
Corrales C. Corbella D. Álvarez M A.
Tesoro Lexicográfico del Español en Canarias (segunda
edición). Santa Cruz de Tenerife: Real Academia Española de
la Lengua y Consejería de Educación, Cultura y Deportes del
Gobierno de Canarias, 1996.
|