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La Medicina en los
Libros y Literatura |
Título: Mens sana in
corpore sano. La salud en la época romana.

Autores: Ana Aliaga Pérez, María Estrada
Campmany, Nuria Pérez Pérez, Andreu Segura Benedicto
y Jaume Serra Farró.
Editorial: ACV Ediciones, Barcelona 2006. 127 páginas. |
| Autora de la reseña:
Carolina
Botella Dorta |
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Un libro para leer y recrearse la vista. Su
excelente diseño (tirando a cuadrado, papel de calidad, colores
llamativos, variados tipos de letras, muchísimas ilustraciones y algunas
fotografías) consigue que el pasar cada página se convierta en una
pequeña aventura. En cuanto a su contenido, está estructurado en cinco
capítulos: |
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DE PRAXI MEDICA. LA PRÁCTICA
MÉDICA
La medicina romana,
fiel heredera del conocimiento médico helenístico, transmitió
un sistema médico que fue el hegemónico durante toda la Edad
Media hasta la modernidad. Desde Roma, Galeno de Pérgamo
proyectó la medicina mucho más allá de los templos de Asclepio.
En este
apartado se abordan los siguientes temas:
Los
sacerdotes, los gimnastas y los médicos. Desde el culto a
Asclepio hasta la aparición de la medicina hipocrática, en
donde se preconiza la importancia de la dieta, el ejercicio,
la higiene y la actividad sexual y se insta a los médicos para
que no se limiten a dar buenos consejos, sino que se interesen
también por el examen físico del cuerpo, el diagnóstico de la
enfermedad y su pronóstico.
La medicina
y la cirugía en Alejandría. En el año 280 a.C. se funda
en esta ciudad el Museion, lugar en donde se realizaban
disecciones de cadáveres humanos. En esta práctica destacan
Herófilo de Calcedonia (identificó la dura y la piamadre,
distinguió los nervios sensitivos de los motores y describió
los principales humores y túnicas del ojo humano) y
Erasístrato de Quíos (afirmó que el corazón funcionaba como un
fuelle, expandiéndose para atraer la sangre hasta él y
contrayéndose para expelerla a las arterias).
Los médicos
y las escuelas médicas en el helenismo romano: los
racionalistas o dogmáticos, los empiristas, los metódicos y
los pneumáticos.
Galeno de
Pérgamo. Escribió un corpus del cual han llegado hasta
nuestros días 22 volúmenes: unos 400 textos, de los cuales se
conservan unos 150 en la actualidad. Su obra incorpora lo
mejor de la patología y terapéuticas griegas y contiene una
excelente explicación de la anatomía humana, a la vez que una
síntesis del pensamiento filosófico griego. Galeno ofrece una
filosofía médica completa; una excelente explicación de los
fenómenos de la salud, la enfermedad y la curación.
La salud y
la organización social. La medicina romana aporta las
siguientes mejoras: en el contexto de la sanidad militar, un
mayor desarrollo de la cirugía y el establecimiento de los
primeros hospitales; en el ámbito de la salud pública, la
consecución de un mejor saneamiento urbano (alcantarillado,
acueductos, letrinas y baños públicos); en el campo de la
práctica y la enseñanza médica, la elaboración de toda una
legislatura. |
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DE APOTHECA USQUE AD MEDICATRINA. LA FARMACIA
Las “apothecas” griegas impulsaron la creación y la intensa
actividad de las “medicatrinas”, que se engendraron gracias a
los conocimientos científicos de los griegos. En estos
establecimientos ejercían farmacéuticos, elaboradores,
recolectores, dispensadores o vendedores de drogas, junto con
el resto de sanadores.
Destaca la figura de
Pedanio Dioscórides (siglo I d.C.), que ya utilizaba
procedimientos químicos y físicos tan sofisticados como la
sublimación, la cristalización o la destilación, el “baño
María” o extracciones de mercurio de otros minerales, como el
cinabrio. Utilizó las primeras cápsulas de origen vegetal,
empleando la piel de las habas.
Los romanos
emplearon los preparados farmacéuticos que inventaron
los griegos (jarabes, infusiones, ungüentos nasales, pomadas,
purgantes, vomitivos y píldoras), pero también crearon nuevas
fórmulas: los colirios, los sinapismos (cataplasmas de mostaza
que se aplicaban en el pecho), los esparadrapos (emplastos que
se extendían sobre la zona enferma y se arrancaban al
finalizar el tratamiento) y los trosciscos (pastillas). |
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DE REBUS NUTRICIIS. LA ALIMENTACIÓN
En el mundo antiguo y en la Roma clásica, el concepto de dieta
iba mucho más allá de una noción exclusivamente alimenticia.
La dietética era una de las bases de la medicina, tanto en su
versión promotora de la salud como curativa para el enfermo.
Los romanos
realizaban tres comidas al día:
El desayuno o
ientaculum, que consistía en pan solo o untado con ajo
y sal, queso, miel y fruta fresca o seca.
La ingesta del
mediodía o prandium, que era frugal, vegetariana y
fría. Sus alimentos habituales solían ser: pan, aceitunas,
cebollas, hortalizas, lechuga, higos, vino, etc.
La cena, que
era la comida principal del día y un momento para la
convivencia (por lo que podía durar desde las dos de la tarde
hasta el anochecer). Su menú se dividía en tres servicios: la
gustatio (entremeses y platos ligeros), la cena (platos
fuertes, especialmente de carne) y la secundae mensae
(toda clase de frutos, tanto frescos como desecados o secos).
En cuanto a
los alimentos, los clasificaban en fruges
(productos de la tierra) y pecudes (productos animales
criados por su carne). Para la elaboración de los platos
empleaban varios condimentos: el aceite, la miel, la
sal y el garum (cuya base era la carne de pescado). |
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DE CORPORIS CULTU. EL CUIDADO DEL CUERPO
En Roma, el cuidado de la imagen era muy importante. Se
disimulaban los olores corporales y se luchaba contra las
arrugas. Estética e higiene iban de la mano, y se trataba, en
definitiva, de guardar las apariencias.
El uso de los
cosméticos estaba ampliamente difundido. Según Galeno,
podían ser de dos clases:
“Kosmetike
techné”. Ungüentos limpiadores y preservantes de la piel,
relativos a la higiene y el embellecimiento, que constituían
el “ars ornatrix”, desprovistos de sustancias tóxicas.
“Kommotiké
techné”. Cosméticos de adorno, encaminados a disimular el
paso del tiempo, que eran propios de “ars fucatrix”, e
incluían sustancias nocivas como el plomo blanco, usado para
ocultar arrugas.
Por otro lado,
se le daba gran importancia al baño. Los romanos se
lavaban todos los días en su baño doméstico (balneum) y
acudían con asiduidad a los baños públicos (termas), que
además eran lugares de esparcimiento social. |
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DE SALUTE PUBLICA. LA SALUD PÚBLICA
La mayor aportación de los romanos fue la creación de un
sistema completo de salud pública, mediante la efectiva
coordinación de los diversos servicios públicos relacionados
con la salud. Una decisión tomada por Augusto quien, al crear
un Consejo del Agua, incorporó una comisión específica para
los aspectos relativos a la salud. Entre los deberes de
Agripa, nombrado edil en el año 33 d.C., destacaba la
supervisión de los baños públicos; lo que incluía la
comprobación de los calentadores, su limpieza y
mantenimiento. En tiempos de Nerón, los ediles supervisaban
también la limpieza de las calles –cuya responsabilidad
directa correspondía a los vecinos-, inspeccionaban los
mercados y prohibían, en su caso, la venta de alimentos en mal
estado.
La otra gran aportación romana al urbanismo
y la higiene fue la construcción de las siguientes
estructuras: los acueductos, las alcantarillas, las cloacas
y las letrinas. |
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