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Un libro interesantísimo. Lleno de
contenido reclama, durante y después de su lectura, una
reflexiva y pausada asimilación. Tres estudios. Tres
estilos. Tres acercamientos diferentes al asunto de la
eutanasia.
¡NO HAY SALIDA! EUTANASIA Y CINE.
BENAJMÍN RIVAYA
Benjamín
Rivaya dedica su ensayo al cine de la eutanasia. En él
aborda de manera crítica y extensa los siguientes ítems:
Trilogía
cinematográfica de la eutanasia: Las invasiones bárbaras,
Mar adentro, Million Dollar Baby.
- Pero ¿qué es la eutanasia?
- La asociación DMD versus la Iglesia Católica.
Otra filmografía sobre la eutanasia.
-
El cine del suicidio.
-
Y algunas referencias a la
deshumanización de la medicina y el encarnizamiento
terapéutico en el cine.
-
Hitos para una historia del cine de la
eutanasia.
-
Tópicos del cine de la eutanasia.
¿Un cine contra la eutanasia?
-
Capra, el suicidio y la eutanasia.
-
Cuidados paliativos en el cine.
-
Una mirada realista sobre la eutanasia:
Sydney Lumet.
-
Eutanasia, cine antropológico y de
ciencia ficción.
Una conclusión y algunos temores.
¿Nos ha enseñado algo el cine sobre la
eutanasia? Algo muy importante, creo yo: el cambio que
respecto a esta práctica se está produciendo o se ha producido
en la mentalidad social, que hoy parece que emite un juicio
favorable sobre la misma. El cine, además, parece que trabaja
en la misma línea de afianzar esa tendencia. ¿Ha servido para
hacer la luz donde antes había oscuridad? Evidentemente, no.
Del recorrido expuesto, sin embargo, pueden extraerse algunas
conclusiones. Unas, compartidas por todos: 1) La condena del
encarnizamiento terapéutico. 2) La necesidad de desarrollar
los cuidados paliativos. 3) La necesidad de implantar
instituciones donde los enfermos terminales sean tratados
adecuadamente. Otras, que lo único que hacen es reafirmar la
complejidad del problema: 1) Los seres humanos tienen o
deberían tener derecho a una muerte digna, incluyendo el
derecho a la eutanasia activa en caso de grave sufrimiento
[…] 2) Reconocer ese derecho (y si es un derecho no puede
dejar de reconocerse) es muy arriesgado (es decir, existe
riesgo serio de que traiga consigo la vulneración de otros
derechos, de los derechos de otros) es muy arriesgado –decía-
en sociedades tan envejecidas como las nuestras, precisamente
las sociedades en las que hoy día se solicita la eutanasia.
MILLION
DOLLAR BABY. RICARDO GARCÍA MANRIQUE
¿Se puede
volver a ver una película cuatro años después sustituyendo la
imagen por la palabra? Desde luego que sí. Además -¡oh
deliciosa sorpresa!- no solo veremos, sino que también
sentiremos.
Ricardo García
en su ensayo analiza de manera muy sensible varios aspectos de
la película de Clint Eastwood, pero hace especial hincapié en
dos cuestiones: la importancia del contexto y el carácter
íntimo de la decisión eutanásica.
El
equilibrio, concepto central de la película, tardará en
consumarse, pero se ve venir, porque la sincronía entre los
tres personajes […] resulta inmediata […]. La tríada que
componen las nociones de equilibrio, compromiso y fidelidad
[…] permite comprender de forma cabal la parte final de la
película, que es la que contiene todo lo directamente
relacionado con la eutanasia y que, por tanto, se supone que
debería interesarnos prioritariamente aquí, y así es, pero ya
veremos cómo una de las enseñanzas de la película en relación
con la eutanasia es que, para comprender mejor su sentido, hay
que ponerla en su contexto; y el contexto, cuanto más extenso
y profundo, mejor. Es decir, que para comprender la parte
final de la película hay que verla entera, y al verla lo que
se ve es una historia de equilibrio, compromiso y fidelidad,
desde el principio y también en particular en esa parte final
[…].
Observo dos
aspectos de la cuestión que pueden resultar de interés […]: la
importancia del contexto […] y el carácter íntimo de la
decisión eutanásica, es decir, su carácter personal e
intransferible, por mucho que alrededor del agente se muevan,
gesticulantes, legisladores, jueces, sacerdotes y médicos
[…]. No da lo mismo cuándo ni cómo se muere. Todos los que
valoran una vida libre, autónoma o independiente aceptarán de
buen grado que el acto de morir debe ser también, en la medida
de lo posible, el resultado de una decisión de ese carácter,
sobre todo de una decisión que permita que ese acto final no
contradiga toda la trayectoria vital anterior: queremos morir
como hemos vivido, porque morir es vivir todavía.
SALIDA, VOZ
Y EUTANASIA. VÍCTOR MÉNDEZ BAIGES
¿Ustedes
habían oído mencionar alguna vez a Albert O. Hirschman? Yo
les aseguro que no. Víctor Méndez nos habla de la evolución
de las ideas sobre la eutanasia en los últimos años y de la
explicación que se le puede dar a este proceso a través del
modelo de la salida y la voz.
Albert O.
Hirschman publicó en 1970 un libro titulado Salida, voz y
lealtad. Respuestas al deterioro de empresas, organizaciones
y estados. La idea fundamental de este texto es que, ante
el deterioro de una relación, el individuo puede hacer
básicamente dos cosas: o bien hacer oír su voz y quejarse, o
bien simplemente marcharse. Según este autor, aunque los
mecanismos de la salida y de la voz pueden combinarse de
diferente manera, en general siempre va a predominar uno de
ellos. Sin embargo, a principios de los años noventa –a
raíz de la caída del muro de Berlín-, Hirschman volvió a
reformular su modelo para las relaciones entre la salida y la
voz, centrándose ahora en la forma en la que ambas pueden
convivir entre sí para arreglar un deterioro.
Durante el
siglo pasado la muerte dejó de ser un acontecimiento
esencialmente doméstico para transformase en un proceso
técnico y hospitalario. Había una administración médica de
todo el proceso de morir en la que, tras la introducción de
avances técnicos espectaculares, ni los pacientes estaban
autorizados a decidir por sí mismos sobre el momento de
abandonar la vida ni tan siquiera podían rechazar el
tratamiento en todos los casos. Se puede afirmar que en
estos momentos la institución vida humana carecía de
salida y de voz. Sin embargo, como bien nos señala Méndez, ni
siquiera ese modo tecnológico de morir –tan férreamente
sometido al poder de la técnica- carecía de contradicciones.
Se estaba preparando, por tanto, la inevitable cooperación
entre la salida y la voz. Y esta cooperación se manifestó,
primero, con una reivindicación del derecho de salida
-especialmente en Holanda- para que luego fuera haciendo su
aparición la voz: Lo significativo […] fue la manera en la
que el aumento de la salida fue induciendo progresivamente la
aparición de la voz, según el modelo de cooperación entre las
dos que Hirschman comprobó en el caso de la RDA. Noticias en
la prensa, sociedades en defensa de la eutanasia y de la
muerte digna […], manifiestos, libros académicos y no
académicos, sentencias de los tribunales, modificaciones
legales, películas de éxito, sirvieron como canales para
expresar la insatisfacción pública que causaba el incremento
de la salida y la necesidad de responder ante él […]. Ya que
tanto la salida como la voz pueden ser consideradas como “dos
ingredientes básicos y complementarios de la libertad
democrática”, y puesto que el totalitarismo médico tendió a
restringir ambos por igual, en lo que posiblemente constituya
el mejor anuncio de su próximo final pudo verse a ambas
expresiones de libertad, la privada de hacer por uno mismo y
la pública de cooperar con otros, manifestarse de forma
conjunta y co-implicarse: la salida acabó induciendo la voz. |