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 El lado Humano - La Medicina en los Libros y la Literatura
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Francisco Balmis

 

 La Medicina en los Libros y Literatura

Título: En el nombre de los niños: la Real Expedición Filantrópica de la vacuna (1803-1806)
Autor: Emilio Balaguer Perigüel y Rosa Ballester Añón.
Edición electrónica. 197 páginas.

Título: El barco de la viruela. La escala de Balmis en Tenerife
Autor: Victor García Nieto.
Editorial: Idea, Santa Cruz de Tenerife, 2004.  134 páginas.
Título: Para salvar el mundo
Autor: Julia Álvarez.
Editorial: Alfaguara, Madrid, 2007.  443 páginas
Autora de la reseña: Carolina Botella Dorta
 

En 1796 Edward Jenner descubrió que el padecer la viruela de las vacas podía proteger al hombre contra la viruela humana.  Hasta esa fecha era corriente decir que “un niño no era de su madre hasta que había superado la viruela”, pues la letalidad media de esta enfermedad rondaba el 30%.  En 1798 Jenner publicó sus trabajos, llegando la vacuna a España a finales de 1800.

Como consecuencia de la gran morbimortalidad que la viruela producía en los territorios de ultramar de la Corona de España, el 1 de septiembre de 1803 el rey Carlos IV emitió un edicto dirigido a todos los funcionarios de la Corona y a las autoridades  civiles y religiosas de sus dominios de Asia y América, en el cual se anunciaba la llegada de una expedición y ordenaba su pleno apoyo.  Los objetivos de la expedición eran tres:

  • Vacunar gratuitamente a toda la población.

  • Enseñar a preparar la vacuna antivariólica en los dominios de ultramar.

  • Organizar Juntas Municipales de vacunación para llevar a cabo un registro de las vacunas realizadas y mantener suero para vacunaciones futuras.

De este modo, el 30 de noviembre de 1803 partía del puerto de La Coruña la Real Expedición Filantrópica de la vacuna con los siguientes componentes: Francisco X. Balmis y Berenguer (director); José Salvany i Lleopart (subdirector); Manuel Julián Grajales y Antonio Gutiérrez y Robredo (ayudantes); Francisco Pastor y Balmis y Rafael Lozano Pérez (practicantes); Basilio Bolaños, Antonio Pastor y Pedro Ortega (enfermeros); y 22 niños de la Casa de Expósitos de la Coruña y su rectora, Isabel Sendales y Gómez.  La vacuna se pensaba transportar a través de las inoculaciones brazo a brazo que se les irían realizando a los niños a lo largo de la travesía.  Igualmente, se contaba con una carga de suero de la vacuna guardada entre placas de vidrio sellado, así como miles de ejemplares de un tratado en el cual se detallaba cómo se debía de vacunar y cómo había que conservar el suero de la vacuna.  En cuanto al derrotero de la Real Expedición, aunque estaba previamente diseñado, la ruta que finalmente se llevó a cabo comprendió las cuatro siguientes etapas: 

  • La Coruña-Tenerife-Puerto Rico-La Guayra (Venezuela).  Esta etapa se llevó a cabo entre 1803-1804 y participaron todos sus miembros.

  • Subexpedición del norte: La Habana-Sisal-Acapulco.  Fue dirigida por Balmis  entre 1804-1805.

  • Subexpedición del sur: Cartagena de Indias-Santa Fe-Quito-Lima-Arequipa-La Paz-Santiago de Chile-Concepción-Valdivia-San Carlos (1804-1812).  Fue dirigida por Salvany, quien falleció en Cochabamba (Bolivia) en 1810.

  • Acapulco-Manila-Cantón-Macao-Santa Elena-Lisboa, dirigida por Balmis (1805-1806).

Los libros que integran esta reseña abordan la gesta que constituyó la Real Expedición Filantrópica de la vacuna desde tres puntos de vista diferentes y complementarios:

 
EN EL NOMBRE DE LOS NIÑOS: LA REAL EXPEDICIÓN FILANTRÓPICA DE LA VACUNA (1803-1806)

Según los autores, el objeto de esta monografía es el estudio histórico de cómo un determinado país en un determinado momento histórico, la España tardoilustrada, afrontó un formidable reto: la eliminación de la viruela en las colonias españolas de ultramar a través de una medida preventiva, la vacunación antivariólica.  Para ello, Emilio Balaguer y Rosa Ballester han estructurado su concienzuda y apasionante obra en los siguientes capítulos:

INTRODUCCIÓN

  • El problema de la viruela y las estrategias preventivas frente a la enfermedad.

  • Los estudios históricos sobre la imagen de Balmis y de la Expedición de la vacuna.

LOS NIÑOS EN LA ESPAÑA DEL ANTIGUO RÉGIMEN: CIENCIA, ACTITUDES SOCIALES Y POLÍTICA DE PROTECCIÓN A LA VIDA

  • Población, utilitarismos y filantropía.

  • La medicina de los niños en el contexto europeo.

  • Los conocimientos médicos y su aplicación al cuidado de la infancia en España.

  • Los niños expósitos en la España Ilustrada.

  • Los niños que participaron en la Expedición.

EL VIAJE DE BALMIS EN EL MARCO DE LAS EXPEDICIONES CIENTÍFICAS DE LA ESPAÑA ILUSTRADA

VIRUELA Y VACUNACIÓN EN ESPAÑA Y EN LOS TERRITORIOS COLONIALES DE ULTRAMAR ANTES DE LA LLEGADA DE LA EXPEDICIÓN

  • El problema sanitario de la viruela.

  • La inoculación antivariólica en España y en las colonias de ultramar.

  • La introducción de la vacunación jenneriana.

LA REAL EXPEDICIÓN FILANTRÓPICA DE LA VACUNA Y SU SIGNIFICADO HISTÓRICO

  • Los preliminares del viaje.

  • Los protagonistas.

  • Itinerario o derrotero: diario de viaje.

  • Los acontecimientos posteriores a la llegada de Balmis a España.

ANEXO

Andrés Bello, “Venezuela consolada” (ca. 1804).

MAPAS

 

EL BARCO DE LA VIRUELA.  LA ESCALA DE BALMIS EN TENERIFE

Los tres objetivos de la Real Expedición Filantrópica de la vacuna se cubrieron con creces en Canarias.  Además, el hecho de que las islas constituyeran la primera etapa del viaje tuvo su importancia ya que aquí Balmis pudo, por un lado, comprobar que su proyecto de vacunación era posible y, por el otro, adquirir una experiencia que le sería muy útil para afrontar los sucesivos problemas que se le irían presentando a lo largo de su periplo.  Víctor García Nieto, en su interesante librito, transcribe numerosos testimonios de cómo fue la llegada y la estadía de la Real Expedición en Canarias.  De este modo, a través de los coetáneos, nos acerca y nos hace partícipe de lo que suponía este evento en una determinada población:

En efecto subieron ayer por la mañana los médicos españoles [peninsulares] de la expedición.  Hubo en todo el día un numeroso concurso de niños que fueron vacunados, llevando los españoles [peninsulares] apuntados el nombre de cada uno, sus padres y el lugar de nacimiento.  No subió ayer el director Balmis, a quien se espera hoy que es el día destinado para función de iglesia.

He visto un tratado de la vacuna escrito en francés y traducido al castellano por el director de la expedición philantropica don Francisco Javier de Balmis.  Es una colección de las experiencias hechas sobre este descubrimiento.  La historia de su invención, reflexiones sobre sus utilidades y la práctica de su inoculación.  Contiene los prólogos del autor y del traductor, el retrato del doctor Eduardo Tenner (sic), descubridor de la vacuna en el condado de Gloucester y una estampa que representa el carácter y progresos de estas viruelas, impreso el libro en Madrid en el presente año.  Fragmentos del Diario I de J. Primo de la Guerra.

 

PARA SALVAR EL MUNDO

Una de las figuras centrales de la muy bien documentada novela de Julia Álvarez es Isabel Sendales y Gómez, la rectora de la Casa de Expósitos de la Coruña.  Empleando la voz de la única mujer que viajó en la Real Expedición, la autora refleja las luces y las sombras  de una de las empresas de salud pública más extraordinarias de toda la historia de la Humanidad. Los deslumbrantes aspectos positivos de la Real Expedición ya quedaron expuestos al enumerar sus ambiciosos objetivos.  Detengámonos ahora en algunos elementos que, cuando menos, merecen que les dediquemos unos minutos de reflexión:

Antes de marcharse, don Francisco me pidió que comenzara la selección de los niños.  Los que habían padecido o estado expuestos a las viruelas debían ser eliminados.  Si tenía la más mínima duda, había que excluir al niño; bastaban uno o dos errores de selección para poner en peligro la expedición.  Don Francisco había calculado que se necesitarían exactamente veintidós portadores para cruzar el océano y proporcionar la primera ronda de vacunas una vez que hubiésemos desembarcado.  Había que vacunar a dos a la vez, para evitar que la misma no prendiera y se perdiera la preciosa cura.  En las colonias, se escogerían nuevos huérfanos para llevar la misión a su término.

Por eso no seguí escribiendo, pues no quería dejar evidencias de nuestro fracaso en Puerto Rico […]  Resulta que en diciembre la ciudad se vio amenazada por una epidemia de viruelas, y, al saber que la vacuna había sido transportada sin problemas –con hilos empapados en pus- por los británicos a Saint Thomas, el Dr. Oller había tomado la iniciativa de que fuese traída en el brazo de una niña esclava, y se vacunó a cientos de personas, con lo que se pudo contrarrestar la epidemia […]  Sin embargo, pensé, en breve nuestro director dejaría a un lado el desencanto para reconocer un hecho más relevante: la isla había estado bajo amenaza de epidemia.  ¿Por qué esperar un barco que tardaría semanas y semanas en llegar con una vacuna que podría haber expirado en medio del océano, cuando la cura estaba a la distancia de un viaje en bote?  Una razón convincente que deberíamos tener en cuenta, independientemente de nuestra frustración.

-¿Las compró? -¿por qué me sorprendía tanto?  Ya había visto el mercado de esclavos en Tenerife […]  Y las tres negritas pasaron a formar parte de nuestra expedición  […]  Tal vez cometí el error de cuestionar la decisión de nuestro director.  Y él había revelado lo que mi delicadeza moral había intentado ocultar.  ¿Qué libertad tenían mis propios niños de elegir sus destinos?  Independientemente de que fueran niñas esclavas o niños huérfanos, el éxito de nuestra misión dependía de los que habían llevado sobre sí la carga del sacrificio: los pobres, los desvalidos, entre ellos los niños que yo misma había comprometido para unirme a la expedición.

Pero algo había ocurrido desde nuestra estancia en Cuba y la compra de aquellas niñas esclavas.  Estaba desesperanzada, cansada de la envidia de los funcionarios que obstaculizaban nuestra labor; hastiada de la importancia que se daba a sí mismo nuestro director, quien confundía la vacuna con su propia estima; hastiada de vigilar los actos de nuestra expedición; hasta de los niños, con sus palabrotas, su dependencia, su mal comportamiento.

 

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