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 El lado Humano - La Medicina en los Libros y la Literatura
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 La Medicina en los Libros y Literatura
Título: Elegía
Autor: 
Philip Roth.
Editorial: Mondadori, 2006. 150 páginas.
Traducción: Jordi Fibra.
Autora de la reseña: Carolina Botella Dorta
 
EL AUTOR

Philip Roth nació en Nueva Jersey en 1933.  Fue profesor de literatura inglesa hasta 1992, año en que decidió abandonar la enseñanza para dedicarse por completo a la escritura.  Entre los premios que se le han concedido destacan: en dos ocasiones, el PEN/Faulkner Award y el National Book Critics Circle (una de ellas por Patrimonio), el Pulitzer, la Medalla Nacional de las Artes y la Medalla de Oro de Ficción.  En 2005 fue elegido el tercer escritor norteamericano vivo cuya obra será publicada por la Library of America en una edición completa y definitiva.

 
EL TÍTULO

Según el diccionario de la Real Academia Española, se entiende por elegía aquella “composición poética del género lírico, en que se lamenta la muerte de una persona o cualquier otro caso o acontecimiento digno de ser llorado.”

 
LA HISTORIA CLÍNICA DEL PROTAGONISTA
Varón de 71 años de edad que actualmente vive solo y está jubilado.
 
Antecedentes familiares:
  • Padre fallecido a los 73 años de edad y que en su madurez sufrió una peritonitis secundaria a una apendicitis no diagnosticada.

  • Madre fallecida.
  • Tío paterno fallecido a los 19 años de edad por una apendicitis aguda.
  • Un único hermano (77 años) sano.
  • Tres hijos sanos (dos varones y una hembra de un primer y un segundo matrimonio respectivamente; no tuvo descendencia en su tercer enlace).

Antecedentes personales:
  • No fumador.  Bebedor moderado.  Practicante diario de ejercicio (paseo y natación).  Peso adecuado para su estatura.

  • Amigdalectomía y herniorrafia inguinal izquierda en la infancia.

  • A los 34 años, peritonitis secundaria a una apendicitis no diagnosticada.

  • A los 56 años, obstrucción de varias arterias coronarias, con colocación de cinco by pass.

  • A los 65 años, hipertensión arterial no controlada secundaria a una obstrucción de la arteria renal, lo cual se resuelve con la inserción de un stent.

  • A los 66 años, obstrucción de la arteria carótida izquierda, realizándose una endarterectomía con anestesia local.

  • A los 67, 68 y 69 años obstrucción de diferentes territorios del árbol coronario, con colocación de uno, uno y tres stent respectivamente.

  • A los 70 años, colocación de un desfibrilador como prevención de las posibles arritmias que pudiera sufrir.

  • A los 71 años, obstrucción de la arteria carótida derecha.  Se le programa para una endarterectomía con anestesia general.  Fallece en la mesa de operaciones.

EL PROTAGONISTA

Se trata de una persona que a lo largo de la vida ha experimentado un gran amor por algunos de los seres con los que la ha compartido: sus padres, su hermano, su segunda mujer y la hija que tuvo con ésta.  Son bellísimos los pasajes en los que recuerda el tiempo que pasaba en la joyería de su padre (...el golpe de genio fue ponerle a la tienda no su nombre sino Joyería de Todos...) o nadando en las playas del lugar donde vivían (...Corría a casa descalzo y mojado y salado, recordando el poderío del inmenso mar que bullía en sus oídos y lamiéndose el antebrazo para saborear la piel recién bañada por el océano y horneada por el sol.  Junto con el éxtasis de todo un día retozando en el mar, el sabor y el olor le embriagaban tanto que poco le faltaba para clavarse los dientes, arrancar un pedazo de sí mismo y saborear su existencia carnal.).

Pero la plenitud física –aunque desconozcamos la fecha- suele tener un plazo.  Y es así como nuestro amigo comienza, sorprendido, su relación con la enfermedad:  Transcurrieron veintidós años.  Veintidós años de excelente salud y la ilimitada confianza en sí mismo que genera sentirse en buen forma... veintidós años escatimados al adversario que es la enfermedad y la calamidad que aguarda entre bambalinas...  Sabía por su desagradable experiencia con la apendicitis y la peritonitis que estaba expuesto como cualquiera a caer gravemente enfermo, pero, tras haber llevado siempre un estilo de vida saludable, le parecía absurdo acabar como candidato a someterse a cirugía cardiaca.  Simplemente no entraba en sus planes.

Y aunque intenta sobrellevar los cambios que acontecen en su salud con dignidad y reconocerse y amigarse con esa nueva realidad en la que se ha convertido, aunque se esfuerza en hacer suya aquella máxima de los estoicos que ha procurado inculcarle a su adorada hija (No se puede rehacer la realidad.  Tómala como viene.  No cedas terreno y tómala como viene.), hay momentos en que se apoderan de él los sentimientos encontrados, la rabia y el desánimo:

Pero ahora, en vez de terminar, aquello continuaba; ahora no pasaba un año sin que tuviera que ingresar en el hospital.  Hijo de unos padres longevos, hermano de un hombre seis años mayor que él que parecía en tan buena forma como cuando corría con el balón en el equipo del Instituto Thomas Jefferson, aún era solo sexagenario cuando su salud empezó a resentirse y su cuerpo parecía constantemente amenazado.  Se había casado tres veces, había tenido amantes e hijos y un trabajo interesante en el que había triunfado, pero ahora eludir la muerte parecía haberse convertido en el asunto central de su vida y la decadencia física en toda su historia.

Ahora, sin embargo, cuando hablaba con Howie, una frialdad injustificada se apoderaba de él, y reaccionaba con el silencio a la jovialidad de su hermano.  El motivo era ridículo.  Odiaba a Howie a causa de su rubicunda y excelente salud.  Odiaba a Howie porque nunca había estado hospitalizado, porque desconocía la enfermedad...

Ya nada despertaba su curiosidad ni respondía a sus necesidades, ni la pintura ni su familia ni sus vecinos, nada excepto las mujeres jóvenes que por la mañana hacían footing y pasaban por su lado en el paseo entarimado.  Dios mío, pensaba, ¡el hombre que fui!  ¡La vida que me rodeaba!  ¡La fuerza que tenía!  ¡Sin la menor sensación de “otredad”!  Hubo un tiempo en que fui un ser humano completo.

Durante horas, después de las tres llamadas consecutivas..., lo que quería hacer no solo era telefonear a su hija..., sino revivir su propio espíritu telefoneando a sus padres.  Sin embargo, lo que había sabido no era nada comparado con el ataque inevitable que es el final de la vida.  De haber sido consciente del sufrimiento mortal de cada hombre y mujer a los que había conocido durante sus años de vida profesional, de la dolorosa historia de pesar, pérdida y estoicismo de cada uno, de miedo, pánico, aislamiento y terror, de haber conocido cada cosa que les había sido arrebatada y que en otro tiempo había sido vitalmente suya, y la manera sistemática en que eran destruidos, habría tenido que permanecer junto al teléfono todo el día hasta la noche, haciendo otro centenar de llamadas por lo menos.  La vejez no es una batalla; la vejez es una masacre.

 
RESUMEN

Se trata de una persona, de un ser, de alguien que nace, discurre por las rectas y curvas de la vida, envejece y muere: ...Se sumió en la inconsciencia sintiéndose lejos de haber sido abatido, en absoluto condenado, deseoso de realizarse plenamente una vez más; sin embargo, no despertó.  Paro cardiaco.  Ya no existía, liberado de ser, entrando en la nada sin saberlo siquiera.  Tal como había temido desde el principio.

 

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