“Disponemos de
abundantes descripciones del autismo que abarcan desde el niño ingresado
en una institución médica, que se autolesiona, hasta personas con
extraordinarias capacidades artísticas y musicales... Han
aparecido algunas biografías, incluso autobiografías, que nos permiten
conocer mejor a estos enfermos1”.
Cuando aún no había
cumplido dos años, la vida de Birger Sellin y de su familia cambió
radicalmente. En pocas semanas Birger dejó de hablar y comenzó a
comportarse de manera extraña. Pasaba las horas balanceando la parte
superior del cuerpo, ensimismado mientras dejaba resbalar entre sus
dedos arena o canicas o pasando las hojas de los libros que cogía de las
estanterías de su casa. La comunicación con el mundo exterior se
extinguió por completo. Los padres de Birger, un juez y una psicóloga
afincados en Berlin, consultaron con numerosos médicos. Dos años y
medio más tarde les dirían que Birger era autista. El tiempo fue
pasando. Birger Sellin fue creciendo. También lo hicieron los
problemas que se derivaban de su enfermedad. Convivir con Birger se
convirtió en algo absorbente y agotador. Sus padres y su hermano Jonás
acabaron, como él, desesperados y aislados.
En 1990 Dankward y
Annemarie Sellin asistieron a una serie de conferencias que impartió la
linguoterapeuta americana Annegret Schubert. Fue así como conocieron la
“Facilitated Communication”, un método mediante el cual a las personas
con trastornos fónicos y con bloqueo motórico o psíquico, se les puede
facilitar el contacto con su entorno. El 27 de agosto de ese año
Annnemarie y Birger se sentaron por primera vez delante de un
ordenador. Con enormes dosis de paciencia, de tiempo y de esfuerzo,
Annemarie pudo descubrir que su hijo de diecinueve años, además de saber
leer y escribir, poseía un rico y complejo mundo interior:
“lo que más me gustaria
es llorar como las personas llamadas importantes pero no es posible es
como un ser de piedra que me tiene aherrojado y que valora la tristeza
como peligro para la seguridad es como una anilla de hierro en torno a
mi pecho”
“de hielo es el mundo
por fuera
y por dentro en cambio totalmente ardiente
yo vivo sinmi en un verdadero inmenso crater de volcan
yo soy personalmente quien mas sufro por mis arrebatos
los vivo como tremendas derrotas
y al cabo no he avanzado un solo paso
no quiero esos arrebatos”
“...sigo elaborando
incesantemente sistemas fantasticos para dejar de ser un sinmi y un
dentrodemi
en mi mundo soy un supertraridor despreciable sin dignidad sin caracter
sin patria y en el mundo superior soy un principiante irresponsable de
sus actos un enajenado mental
me preparo para una larga marcha para largos años de aprendizaje
nadie puede civilizar en poco tiempo a un insular”
“el saber y la
claridaddeideas significan escapar del caos-uniforme
el agua busca un camino hacia el mar
birger busca un camino hacia la vida”
Tanto “quiero dejar de
ser un dentrodemi” como “yo desertor de una raza de autistas” recogen
amplios comentarios acerca de la vida y de la evolución de Briger, todos
ellos elaborados por Michael Klonovsky, su editor. Además, en “quiero
dejar de ser un dentrodemi”, se puede disfrutar del excepcional prólogo
escrito por Domingo García-Sabell, del cual extraemos el siguiente
fragmento: “¿Queda algo más? Sí. Queda el esfuerzo titánico, prometeico,
de una criatura humana que no se resigna. Y que, pase lo que pase, no
se entrega. He aquí la dignidad del hombre en su más exquisita forma
existencial. He aquí lo que de humano, de asombrosamente humano hay en
el libro”. Yo, por mi parte, el día que acabe de leer los libros de
Birger, garabateé estas pocas frases2: Hundir dedos y manos
en el propio sí. Buscar, remover. Hallar lo que pugna por salir.
Extraer jubilosamente manos y dedos. Sacudirlos al aire y crear fuegos
artificiales. Expresarse.
(1) Cole J. Del
rostro. Barcelona: Alba Editorial, 1999; 148.
(2) Botella C. Relatos
en primera persona. “quiero dejar de ser un dentrodemi” de Birger
Sellin. Dimensión Humana 1999; 3 (4): 15-17.