Guías Clínicas      Ayuda en consulta      Medicamentos      Formación      Biblioteca virtual      Tienda 
 El lado Humano - La Medicina en los Libros y la Literatura
 De profundis  Mapa    Buscador Avanzado
 

LIBROS - DE PROFUNDIS

 

 La Medicina en los Libros y Literatura
Título: De profundis
Autor: 
José Cardoso Pires.
Prólogo: Joao Lobo Antunes
Editorial: Libros del Asteroide, 2006. 58 páginas.
Autora de la reseña: Carolina Botella Dorta
 

Entonces Jonás oró al Señor su Dios desde dentro del pez, diciendo:
“En mi angustia clamé a ti, Señor,
y tu me respondiste.
Desde las profundidades de la muerte
clamé a ti, y tú me oíste1.

 

José Cardoso Pires (1925-1998) nació en San Joao do Peso, Portugal.  Tras abandonar sus estudios de matemáticas y de marina mercante, se dedicó al periodismo y a la literatura.  Su obra está compuesta por novelas, cuentos, piezas teatrales, crónicas y ensayos.  Publicó su primer libro en el año 1949, aunque su verdadero éxito comenzó en 1964, cuando recibió el Premio Camilo Castelo Branco por El huésped de Job.  En 1997 fue el primer novelista en recibir el Premio Pessoa, el más importante de la cultura portuguesa.  En ese mismo año también fue galardonado con el Premio Don Diniz y con el Premio de la Crítica por De profundis.  En este texto cuenta su experiencia tras haber sufrido una isquemia cerebral en 1995, suceso del cual tuvo la fortuna de recuperarse.

Joao Lobo Antunes es uno de los neurocirujanos más eminentes de Portugal.  En el prólogo del libro reflexiona sobre la isquemia cerebral que sufrió Cardoso Pires y su sorprendente restitutio ad integrum.  De sus palabras queremos resaltar dos hechos.  El primero, lo impactado que lo dejó la traducción clínica del daño cerebral: El gran choque, para mí, fue su habla.  No había duda, José Cardoso Pires sufría una afasia fluente grave, o sea, no era capaz de generar palabras ni construir frases que transmitiesen las imágenes y pensamientos que iban irrumpiendo en algún lugar de su cerebro.  Su habla era desconsoladora: aturdida, incongruente, salpicada de parafasias, palabras en que los fonemas estaban parcial o totalmente sustituidos.  El segundo, la importancia de contar con una declaración de primera mano: Debo decirle que existe muy poca producción literaria sobre la enfermedad vascular cerebral.  La razón es simple: la enfermedad seca la fuente de donde brota el pensamiento o perturba el cauce por donde éste fluye y así es difícil, si no imposible, explicar a otros cómo se disuelve su memoria, se suspende el habla, se embota la sensibilidad, se contiene el gesto.  Y, muchas veces, la agresión, como la que usted sufrió, deja una cicatriz definitiva que impide el regreso al mundo de los realmente vivos.  Y por eso su testimonio es singular, como único es el lenguaje que utiliza para transmitirlo.

Toda experiencia es un viaje, el cual puede finalizar o no en el mismo punto geográfico en el que se inició.  Sin embargo, el viajero que parte nunca es el mismo que vuelve.  He aquí el periplo de Cardoso Pires.  He aquí su interior. Oreado y expuesto a la luz; listo para incorporarlo a nuestro equipaje, listo para enriquecernos:

José Cardoso Pires se sumerge en las profundidades:

Enero de 1995, jueves.  En bata y con el cigarrillo apagado en los dedos, me disponía a desayunar en la mesa a la que ya estaba sentada mi mujer [...]  Me detuve en la taza de té y ahí me quedé.  “Me siento mal, nunca me he sentido así”, murmuré con fría tranquilidad [...]  De repente me vuelvo hacia mi mujer: “¿Tú cómo te llamas?”
Pausa.  “¿Yo? Edite”.  Nueva pausa.  “¿Y tú?”
“Parece ser Cardoso Pires”, respondí entonces.

Aún hoy sigo oyendo aquel “parece ser”.  Resulta espantoso cómo mi yo se transformó bruscamente allí en “otro alguien”, en otro personaje menos inmediato, menos concreto.
En esta introducción a la pérdida de la identidad que un trastorno cerebral acababa de desencadenar, lo que me parece, desde luego, implacable e irreversible es la precisión con la que en tan rápido lapso me vi desposeído de mis relaciones con el mundo y conmigo mismo.

Sí, allí fue.  En la medida en que es posible localizar una fracción más que secreta de vida, fue en aquel lugar y en aquel instante cuando yo, cara a cara con mi imagen en el espejo, pero ya desligado de ella, me convertí en Otro sin nombre y sin memoria y, por consiguiente, incapacitado para la menor relación pasado-presente, de imagen-objeto, del yo con otro alguien o de lo real con la visión, que entraña lo abstracto.

 
 
La estancia de José Cardoso Pires en las profundidades:

“Pero, ¿qué hago aquí?” (se refiere al hospital donde ingresó), preguntaba él cuando lo dejaban solo con la mujer.
No sé, no puedo decir si en aquel momento aún hablaba con claridad o si ya había empezado a desmantelar las palabras con el silabear consonántico que todo el mundo fingía no advertir, pero, por intuición o por lo que fuera, él debía de tener alguna percepción de esa afasia, porque muchas veces cortaba la frase o cesaba de expresarse, al tiempo que hacía un gesto de renuncia y ponía una sonrisa de resignación.  Déjenlo, no vale la pena, era lo que aquello significaba.  Daba la idea de que de momento sabía lo que pretendía comunicar, pero ya no dominaba las palabras.

Por lo demás, la desmemoria no sólo lo aisló de la realidad objetiva, sino que, además, lo privó podríamos decir, de sentimientos [...]  Observen, obsérvenlo: llegan amigos a visitarlo, pero se le quedan en el umbral del recuerdo.  Por el desenfoque de la vista, por ciertas expresiones evasivas o ciertas insensibilidades, se nota que no puede localizarlos con claridad.  A uno de ellos sé que le vio los ojos nublados de lágrimas y tuvo una impensable vislumbre de extrañeza: qué era eso, parecía preguntar...  pero frío, terriblemente frío.

 
 
José Cardoso Pires emerge:

Hasta que cierta mañana me despierto con claridad transparente y carcajadas crepitantes a mi alrededor (se refiere a las de sus dos compañeros de habitación, cuyas conversaciones son realmente hilarantes) [...]  Y yo, en medio de tanta risa, descubrí (sin espanto, sin asombro: cuesta creer) que acababa de liberarme de una enfermedad más que maldita, de una ceguera o de una desconexión por la que había andado sin norte y sin días y, con un cambio de rumbo inesperado, todo –personas y luz, palabras y materia- había vuelto a la realidad.  Con su existencia palpable, el mundo había dejado de ser anónimo [...]  Un poco al azar, me dirigí al lavabo y, al acercarme, me reconocí en el espejo: Yo.  Yo, salido de la niebla, yendo al encuentro conmigo en la superficie de un cristal enmarcado y con la sensación o con la certeza (ah, sí, con la certeza y más que certeza) de que había recuperado la memoria.

Me siento embargado de gratitud.  Eso de que alguien vuelva a empezar así, después de haber quedado anulado, es algo que deslumbra y supera el entendimiento.

Ya sé, la muerte blanca no existe, pero yo estuve en ella.  Todo lo que me sucedió en esos parajes concernía a los otros, no me afectaba.
Era un glaciar, la muerte blanca: la memoria congelada.

 
 

Anexo primero.

El descubrimiento de este libro se lo debo a una compañera de carrera que acabó especializándose en neurología y, lo más importante, mi otra mitad en el primero de lo que considero mis viajes.  Aquellos días en Italia y Austria acabaron de consolidar los cimientos de una amistad que se iniciaba y que, hoy en día, sigue plenamente activa. 

Como no podía ser menos, al acabar de escribir la reseña se la envié a mi amiga que, además de neuróloga, es una avezada lectora.  Lo que a continuación sigue son sus impresiones las cuales, por su interés -y con su permiso-, reproduzco:

Tengo que decirte que a mí, de este libro, me llamaron la atención varias cosas:

En primer lugar: la devastación que puede producir una afasia precisamente en un escritor.
En segundo lugar: la narración de esa afasia por parte de un individuo crítico y con gran capacidad de introspección.  Como puedes imaginarte, en mi vida he oído a muchísimas personas contar una afasia de la que se han recuperado, total o parcialmente, y, aunque algunas frases son coincidentes, hay otros aspectos que (como neurólogo) me llaman poderosamente la atención, porque el resto de los pacientes no parece percibirlo, o referirlo, como el supuesto trastorno de memoria o la despersonalización (el ser Otro).  Creo que es la mayor capacidad de expresión verbal propia de un escritor lo que hace que describa de ese modo lo que yo, anatómicamente, me explico como una afectación del lóbulo frontal con esa “ausencia de sentimientos” y de empatía.  Lo curioso es que tanto este tipo de síntomas como los trastornos de memoria suelen corresponderse con lesiones bilaterales (frontobasales y temporomediales, en cada caso).  O quizá es que tanto la mayoría de los pacientes como de los médicos no le damos importancia a algunos trastornos a no ser que sean muy evidentes.  Por mi parte, yo siempre he estado agradecida por los (escasos) pacientes que he tenido que son capaces de explicar de forma detallada y precisa lo que les ha pasado: son los que más te enseñan.
Y, por fin, me ha sorprendido la similitud del ambiente hospitalario con el propio entorno en el que uno se movía, y los medios de que disponía, hace 10 años.  Las salas de espera, los pasillos, y hasta las conversaciones de los pacientes.  Parece un dejà vu.
También a mí, como a Lobo Antunes (el neurocirujano, no el escritor) me cuesta explicar la recuperación súbita y completa de un cuadro isquémico de varios días de duración, esto es, instaurado.  En estos casos la recuperación suele ser de carácter algo más progresivo y suele dejar alguna mínima secuela (que no es en absoluto evidente en la prosa de Cardoso Pires).  Lamentablemente, un segundo ictus devastador le mató unos años más tarde.

 
 

Anexo segundo: la oración de Jonás y el De profundis de Óscar Wilde.

La oración de Jonás1.

Entonces Jonás oró al Señor su Dios desde dentro del pez, diciendo:
“En mi angustia clamé a ti, Señor,
y tu me respondiste.
Desde las profundidades de la muerte
clamé a ti, y tú me oíste.
Me arrojaste a lo más hondo del mar,
y las corrientes me envolvieron.
Las grandes olas que tú mandas
pasaban sobre mí.
Llegué a sentirme echado de tu presencia;
pensé que no volvería a ver tu santo templo.
Las aguas me rodeaban por completo;
me cubría el mar profundo;
las algas se enredaban en mi cabeza.
Me hundí hasta el fondo de la tierra;
¡ya me sentía su eterno prisionero!
Pero tú, Señor, mi Dios,
me salvaste de la muerte.
Al sentir que la vida se me iba,
Me acordé de ti, Señor;
mi oración llegó a ti en tu santo templo.
Los que siguen a los ídolos
dejan de serte leales;
pero yo, con voz de gratitud,
te ofreceré sacrificios;
cumpliré las promesas que te hice.
¡Sólo tú, Señor, puedes salvar!”.

Entonces el Señor dispuso que el pez vomitara a Jonás en tierra firme.

 
 

De profundis2 es el título que se dio a la larga carta que Óscar Wilde escribió a su amigo Bosie desde la cárcel de Reading.  A continuación se reproducen su primer y su último párrafo: 

Querido Bosie:
Después de una larga e infructuosa espera, me he decidido a escribirte, y ello tanto en tu interés como en el mío, pues me repugna el pensar que he pasado en la cárcel dos años interminables sin haber recibido de ti una sola línea, una noticia cualquiera: que nada he sabido de ti, fuera de aquello que había de serme doloroso. 

Cuán lejos me hallo aún de la verdadera serenidad te lo demostrará claramente esta carta, con sus vacilantes y variables estados de ánimo, su desprecio y su amargura, sus anhelos y la impotencia de transformarlos en acción.  Pero no olvides cuán terrible es la escuela en que me veo sentado ante mi tarea.  Por muy imperfecto, muy incompleto que yo sea, mucho has de aprender todavía de mí.  Quisiste que yo te enseñara el placer de vivir y el placer del arte; tal vez esté yo llamado a enseñarte una cosa harto más hermosa: el valor y la belleza del dolor.

 
 
  1. Jonás.  Antiguo Testamento.  Sagrada Biblia.  Versión de E. Nacar y A. Colunga.  Madrid: Biblioteca de autores cristianos, 1970; 1194-5.

  2. Wilde O.  De profundis.  Madrid: Ediciones Busma, S. A., 1982.

Publicidad

 
 
 
 

Buscar o comprar
un libro...

 

Arriba  
© 2008 fisterra.com Imprimir Página Tamaño de letra pequeño Tamaño de letra normal Tamaño de letra grande Mis Datos | Contacto-Sugerencias | FAQ's |Condiciones de uso | Política de privacidad | Aviso legal