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Paco Roca
(Valencia, 1969) es ilustrador y escritor de cómics. Ha sido
galardonado con el Premio al Mejor Guión de Historieta
Realista del periódico Diario de Avisos de Tenerife por su
obra El faro (2004). Además, acaba de recibir el
Premio a la Mejor Obra de Autor Español y el Premio al Mejor
Guión del último Salón Internacional del Cómic de Barcelona
(abril 2008) por Arrugas.
Como su nombre
sugiere, Arrugas es una crónica sobre las personas
mayores. Esto es: sobre el paso del tiempo, sobre el
deterioro físico y psíquico, sobre la dependencia, sobre las
residencias de ancianos y sobre la enfermedad de Alzheimer.
Pero también es un relato sobre el amor, la lealtad y la
amistad; sobre los recuerdos y los sueños. La obra de Roca
destila un acertado conocimiento de la situación y una enorme
sensibilidad, lo cual no es de extrañar, ya que antes de
desarrollarla se dedicó a visitar varias residencias de
mayores y a recopilar las historias de las personas ancianas
de su entorno. Y así, como no podía ser sino impregnados de
realidad, es como surgieron sus personajes-personas: el
señor Emilio, que cada día se viste y come peor y cuya
demencia avanza inexorablemente; la señora Sol, que se pasa el
día buscando un teléfono para llamar a su hijo; la señora
Rosario, que está siempre sentada al lado del ventanal, camino
de Estambul en el Orient Express; la señora Dolores, que cuida
amorosamente a su esposo, el señor Modesto; la señora
Carmencita, que nunca puede estar sola por temor a que la
secuestren los marcianos; la señora Antonia, que se dedica a
guardar en su bolso las cosas más inverosímiles para luego
dárselas a su nieto; o el señor Pellicer, que siempre va
vestido con ropa deportiva y con una medalla de bronce colgada
del cuello, la que ganó en el Campeonato Nacional de Atletismo
del año 53. En fin, una obra preciosa que, además, nos enseña
en catorce extraordinarias viñetas cómo se le puede traer una
nube a alguien que te la está pidiendo.
LOS CÓMICS
Y YO
En todas las
casas hay rutinas. Cuando mi hermana Mónica y yo acompañábamos
a mi madre a las compras del sábado, sabíamos que una de las
paradas obligadas era la “Librería Bilbao”. Allí Maite, una
vasca que había recalado en Tenerife, ya tenía preparado
nuestro pedido semanal el cual incluía, además de un par de
revistas para mis padres, una serie de tebeos para sus siete
hijos. Según salíamos de la librería, yo ya me estaba
diciendo lo mismo de todas las semanas: los colorines
(así llamábamos en mi casa a los tebeos) te tienen que durar
hasta el sábado que viene, así que no te los vayas a
despalillar todos hoy. Pero eso, precisamente, era lo que
invariablemente ocurría. Y así, uno detrás de otro, iban
pasando por mis manos el Pulgarcito, el Din Dan,
el Tío Vivo, el TBO, el DDT y, años más
tardes, también el Mortadelo y el Zipi y Zape.
En casa, además, teníamos las colecciones completas de
Astérix, Mortadelo y Filemón y Tintín.
Sería incapaz de columbrar cuántas veces me he podido leer
cada uno de estos libros pero, desde luego, han sido
muchísimas. Con el paso de los años seguí comprando cómics y
logré reunir una buena colección que, no hace mucho, he
regalado a uno de mis sobrinos. Harold Foster, Carlos Giménez,
Will Eisner, Abulí, Bernet, Segura, Daniel Torres, Edgar P.
Jacobs, Mora, Ambrós y tantos otros me hicieron compañía, me
entretuvieron y me aportaron otra manera distinta de contar
historias y de plasmar la ficción y la realidad. Por eso, al
leer Arrugas, he vuelto a los cómics y también a mi
infancia y a mi juventud. Tal vez sea ya hora de comenzar una
nueva colección. ¡Quién sabe! |