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 El lado Humano - La Medicina en los Libros y la Literatura
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 La Medicina en los Libros y Literatura
Título: Aquí no eres un extraño
Autor: 
Adam Haslett.
Editorial: Salamandra, 2004.  237 páginas.
Autora de la reseña: Carolina Botella Dorta
 
 

El publico escucha extasiado la interpretación musical de la orquesta.  El señor Jones, uno de los espectadores, es incapaz de resistir tanta belleza y, en plena fase maniaca, sube al escenario agitando rítmicamente los brazos mientras se coloca al lado del asombrado director.  Esta es una de las imágenes que se me quedaron grabadas de la película Mr. Jones, de Mike Figgis (1993).  Kay R. Jamison es psicóloga y una autoridad en lo referente a la psicosis maniaco depresiva.  En el libro Una mente inquieta 1 narra su experiencia personal como enferma de dicha dolencia.  Una de las cosas que cuenta Jamison es la resistencia a tomarse la mediación cuando se está en fase maniaca y lo razona con los mismos argumentos que emplea Figgis en su película: ¿cómo renunciar a esa vida tan rica, tan llena de matices y en la que te encuentras poseído por una energía arrolladora que te permite dominarlo todo?

Los nueve relatos de Aquí no eres un extraño tratan todos sobre la mente y, en su mayoría, de la enfermedad mental.  En Los asuntos de mi padre y en Notas para mi biógrafo se aborda la enfermedad bipolar, pero es en esta segunda narración donde el autor construye un retrato magistral y tan veraz que el lector -a no ser que también se encuentre en fase maniaca- acaba literalmente agotado y desbordado por la verborrea y la frenética actividad del protagonista. 

El buen doctor y el El fin de la guerra son narraciones que discurren por los senderos de la depresión desde dos puntos de vista diferentes. Si en el primero el coprotagonista es un médico que acabamos descubriendo que está demasiado pagado de sí mismo,  en el segundo se detalla el sufrimiento que significa vivir bajo la pesada losa de esta enfermedad:  “El último psiquiatra de Paul, que apenas pueden pagar, ha dicho que un cambio de escenario podría ayudar, sería un cambio de rutina de los días vacíos.  Ya ha pasado un año desde que empezó a viajar y se siente deprimido, como siempre, y cansado...Mientras contempla la oscura pared de los acantilados, su mente se acelera lo suficiente para concebir cómo podría suceder, y durante un momento, allí sentado en el taxi, sosteniendo la mano de su esposa, siente alivio”.  El escritor William Styron también pormenorizó su padecimiento en el libro Esa visible oscuridad 2: “En la depresión, esta fe en el rescate, en el final restablecimiento, falta por completo.  El sufrimiento es inconmovible, y lo que hace intolerable la situación es saber de antemano que no llegará ningún remedio: ni en un día, una hora, un mes o un minuto”.  Sin embargo, el final de la obra es mucho más luminoso y esperanzador: “Pero no necesita uno hacer sonar la nota de la ficción o de la inspiración para destacar la verdad de que la depresión no es la aniquilación del alma; hombres y mujeres que se han repuesto del mal -y son incontables- dan testimonio de la que quizá constituya su única merced: no es invencible”.

La sexualidad y las relaciones amorosas aparecen con mayor o menor intensidad en varias de las piezas del libro que nos ocupa.  El despertar de la homosexualidad y el masoquismo se dan la mano en la figura del confundido protagonista de En el principio del dolor. En Devoción se tratan los lazos fraternos y los pactos implícitos y muchas veces nocivos que existen en todas las familias.  En  Reunión se abordan los postreros días de quien sabe que el Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida está acabando con su vida: “James intentaba leer un libro sentado junto a la ventana.  Era por la tarde, y fuera caía una lluvia constante...Se desmayó ese mismo día, más tarde, cuando sujetaba un vaso de agua de pie junto al fregadero”.  En este sentido quisiéramos recordar, por el paralelismo de la historia, a Harold Brodkey (1930-1996), quien comenzaba así su excelente última obra (Esta salvaje oscuridad.  La historia de mi muerte 3): “Tengo SIDA.  Me sorprende.  Desde 1977 no he estado expuesto, es decir, que mis experiencias, mis aventuras homosexuales ocurrieron en gran medida durante los años sesenta y setenta, y que a partir de entonces confié en que el tiempo y la abstinencia indicaran si estaba libre de la infección y me protegerían a mi y a los demás”.

Premonición, la penúltima narración que queda por comentar, me ha hecho rememorar la película El protegido de M. Night Shyamalan (2001), donde un horrorizado David Dunn (Bruce Willis) descubre los terribles crímenes que ha cometido Elijah Price (Samuel L. Jackson), gracias a unos poderes especiales que él mismo desconocía poseer.  Igualmente de espantado se siente el niño protagonista de Premonición cuando se apercibe de su capacidad para vislumbrar suceso futuros: “Un espíritu roto... Un corazón roto y contrito.  ¿Sería el Dios del vasto paisaje, aquel lugar donde Samuel sabía que pasaría el resto de sus días?  Un lugar silencioso, al otro lado de las paredes de la morada atestada”.

Por último, pero en absoluto menos importante, Adam Haslett comparte con nosotros una amistad especial, la que se establece entre un joven adolescente que acude altruistamente a una residencia de la tercera edad (El voluntario) y una anciana esquizofrénica. Las escenas que ambos comparten y la descripción de los delirios de la añosa Elizabeth no tienen desperdicio.

  1. Jamison K R.  Una mente inquieta.  Testimonio sobre afectos y locura.  Barcelona: Tusquets, 1996.

  2. Styron W.  Esa visible oscuridad.  Barcelona: Grijalbo Mondadori, 1991.

  3. Brodkey H.  Esta salvaje oscuridad.  La historia de mi muerte.  Barcelona: Anagrama, 2001.

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