El pulsímetro marca 152
latidos/minuto. La sudadera es un abrazo húmedo y frío que siluetea el
cuerpo. Las gotas de sudor resbalan por la nariz y la barbilla,
despeñándose sin remedio hacia el suelo. La garganta se regodea en
imaginar la siguiente escena, la del río desbocado, la de la catarata de
bebida isotónica que la recorrerá en toda su longitud. En el walkman,
la música acompaña el pedaleo. De pronto, la voz de Alaska grita ¡vértigooooo!
y pienso que ese puede ser un buen inicio para esta reseña porque,
cuando se apagan las luces de la sala de proyección, no es raro que me
encuentre así:
“Siempre que te veo siento
algo raro en mi interior.
Vértigo, cuando te acercas a mí siento vértigo, cuando te oigo reír.”(1)
“El primer plano ha sido
una de las grandes innovaciones estéticas y humanas del cine; porque en
la vida real es infrecuente privilegiado, y el cine lo ha hecho habitual
y comunicable, ha descubierto posibilidades que antes quedaban limitadas
a la reducida experiencia personal” (2).
Enrique Martínez-Salanova es profesor, pedagogo y
tecnólogo de la educación. Ha trabajado durante muchos años en la
universidad, dedicándose a la formación del profesorado, a la didáctica
de los medios de comunicación y a su aplicación en las aulas. En la
introducción de su texto comenta que ha querido “hacer un libro para
iniciarse en el cine desde las aulas”, con el fin de que “se pueda
aprender a ver el cine, analizarlo, descubrir sus valores más ocultos y
leerlo críticamente, con el fin de que sirva para aportar algo más que
entretenimiento”. Los aspectos que Martínez-Salanova aborda son, entre
otros, la historia y desarrollo del cine hasta la actualidad, el
lenguaje del cine, el guión, las tendencias y los temas del cine y cómo
se analiza una película, todo ello enfocado desde la docencia en las
aulas. Cada capítulo de la obra se dedica a un tema central el cual,
además, está aderezado con múltiples y atractivos documentos de apoyo:
fotografías, opiniones de expertos, semblanzas de personajes de
referencia, frases interesantes, curiosidades y anécdotas, reseñas sobre
películas, sugerencias didácticas, etc. Aunque todo el libro me parece
interesante destacaría, como médico de familia, el segundo capítulo, que
lleva por título “La magia del cine”. En él se explica cómo lo que le
interesa al cine es el drama humano, el adentrarse en la vida y sus
conflictos, contribuyendo así al conocimiento de las personas. Ver cine
asiduamente, además, desarrolla la sensibilidad (capacidad de
observación y de percepción), la capacidad creativa (asociación de
ideas, reflexiones, nuevas formas de pensamiento) y la dimensión
expresiva (exteriorización de sentimientos y emociones). Puede que en
la vida real el primer plano sea un “infrecuente privilegiado” pero, en
la medicina de familia, ello no es así. Como nos enseña McWhinney, “al
contrario que otros campos de la medicina, la medicina de familia o
general se define a sí misma en términos de relaciones, especialmente de
la relación médico-paciente” (3). Por eso,
fundamentalmente, es por lo que creo en la aplicabilidad del cine en
nuestro día a día.
(1) Canut I, Berlanga C G. Vértigo.
En el CD: Alaska. Delirios de grandeza. Hispavox, 1996.
(2) Marías J. Reflexiones sobre el cine. Discurso
del académico electo, leído en el acto de su recepción pública el día 16
de diciembre de 1990 en la Real Academia de la Bellas Artes de San
Fernando. Citado en la página 172 del libro del que se ocupa esta
reseña.
(3) McWhinney I R. El médico de familia: clínico y
sanador. Dimens Hum 2002; 6 (2): 67.